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domingo, 22 de mayo de 2016

10 años de MisComis: Mis 10 cómics de cabecera.

Tal día como hoy, hace ya diez años abrí este blog cargado de ilusión y centrado en la idea de escribir ese “libro” de DD que al contrario que otras pelis, no trajo la peli de DD. A estas alturas el “libro” ya esta escrito superando con mucho mis expectativas iniciales y lo cierto es que desde que ese enfoque se completo el blog se ha mantenido apenas con respiración artificial ante mi creciente vagancia y la posibilidad de expresar mis opiniones de manera más rápida y sencilla por twitter. Con todo de vez en cuando por aquí siempre me apetece escribir algo por aquí y creo que hacer un top ten actualizado de mis cómics favoritos de siempre (al menos a día de hoy) puede ser divertido.

Y digo a día de hoy ya que hace más o menos seis años hice algo parecido, desde entonces he ampliado mis horizontes como lector y descubierto nuevas obras que van de cabeza a mis lecturas preferidas, aunque claro muchas obras de entonces se mantienen. La cosa estaría así a día de hoy:


10.- El Eternauta: Publicado es España por Norma Editorial la obra guionizada por H.G. Oesterheld y dibujada por Solano López no es solo una de las cumbres de la historieta argentina si no una de las obras claves del medio. Su poder evocador y lo vocación universalista de su discurso de tinte claramente humanista y comprometido hacen de este cómic una lectura tan agradable como interesante y al igual que pasa con todas las grandes obras, pese a los años trascurridos desde su publicación sigue siendo tremendamente moderno y vigente.


9.- Akira: Tengo muchas deudas pendientes con el manga que no se si alguna vez pagare, pero al menos esta de Akira ya ha sido abonada gracias de nuevo a Norma Editorial. Más allá de su discurso y estética ciberpunk, si por algo destaca la obra de Otomo es por el tremendo impacto visual de un cómic arrollador bajo este prisma. Cada página de Akira es una gozada para los sentidos y su fuerza narrativa sigue siendo la de una obra mayor por la que de nuevo no parece pasar el tiempo.


8.- Persépolis: Y seguimos con Norma Editorial en obra de Marjane Satrapi que permite ver el mundo desde un punto de vista que rara vez se nos muestra en los telediarios o en los programas de tertulias. Persépolis muestra un Irán alejado de las caricaturas que desde los mass media nos llegan a Europa a través de las vivencias personales de las propia autora. Un cómic autobiográfico que tiene la grandeza de ampliar el cuadro y servir de retrato de una época y una sociedad mu concretas y mostrarlas desde un punto de vista no muy habitual en occidente.


7.- Maus: Publicado en España por Reservoir Books, el Maus de Art Spiegelman es un cómic realmente especial. No solo por su importancia histórica como obra que permitió ver al mundo que en el cómic como medio se podía contar cualquier tipo de historia, si no también por el tema que trata y por como lo trata. A esto se añaden hallazgos narrativos y usos del medio que muestran la singularidad y el potencial del mismo. Una obra de capital importancia y una lectura absorbente e impactante desde el inicio.


6.- Calvin & Hobbes: Aunque la edición de Ediciones B es cuando menos caótica, este clásico absoluto de las tiras de prensa de Bill Watterson entra de cabeza entre mi lista de cómics favoritos por méritos propios. Tierna, divertida, siempre inteligente, la tira de Calvin & Hobbes es tanto una magnifico tebeo infantil como una lectura cargada de matices e interés para los adultos. Un equilibrio sin duda complejo del que Watterson sale más que airoso en un cómic que se lee con una sonrisa en los labios de principio a fin.


5.- Sandman: Actualmente editado por ECC en España, el Sandman de Neil Gaiman y múltiples dibujantes no solo es el emblema más reconocible de un sello (Vertigo) que cambio la historia del cómic comercial americano, si no un tebeo cargado de matices, segundas lecturas e inteligencia. Un cómic que se mantiene igual de fresco hoy que cuando se escribió y sobre el que nuevos acercamientos siempre terminan aportando nuevas cosas.


4.- Miracleman: Recientemente reeditado por Panini tras años de “secuestro” por problemas de derechos, Miraclamen es junto con V de Vendetta mi obra favorita de Alan Moore (acompañado aquí por múltiples dibujantes). El que hoy la haya escogido por encima de su trabajo junto a David Lloyd responde más al azar que a otra cosa. Aunque se puede decir que muchos de los aspectos planteados por Alan Moore en Miraclmenan han sido ampliamente superados incluso por el propio guionista, en mi caso el impacto que causo esta obra la primera vez que la leí sigue siendo imborrable y permanece siempre que me acerco a ella.


3-Odio: Publicado por La Cupula, este cómic de Peter Bagge resulta tan profundamente generacional que es casi imposible no disfrutarlo si naciste entre finales de los 70 y principios de los 80. Cargado de energía y tremendamente visceral Odio es un cómic que va creciendo de verdad con su lector y que no da nunca respuestas fáciles a las complejidades que rodean la vida de un adolescente que busca su propia identidad mientras crece y la vida poco a poco le va sobrepasando. Maravilloso.


2.- Animal Man de Grant Morrison y Chas Truog: A lo largo de su prolífica trayectoria, Morrison probablemente ha escrito mejores cómics que Animal Man y desde luego ha trabajado con mejores artistas que Truog, sin embargo y como pasa con el Miracleman de Alan Moore, en mi mente sigue imborrable el recuerdo de la primera vez que me acerque a este cómic y el tremendo impacto que me causo. Impacto que al igual que allí prosigue en cada nuevo acercamiento. Solo por eso tiene un lugar de privilegio garantizado entre mis cómics de cabecera. Pero es que además el Animal Man de Morrison/Truog (recientemente reeditado por ECC) sigue siendo un magnifico cómic que muestra el genio desbordante y caótico del guionista escoces que como un Kirby posmoderno esta continuamente pergeñando ideas y conceptos que luego tira a la basura para probar algo nuevo. Desbordante e imaginativa, la lectura de este tebeo sigue siendo tan gratificante hoy como entonces.


1.- Daredevil Born Again: Obra de Frank Miller y David Mazzuchelli: recientemente reeditada a todo lujo por Panini, esta Pasión según Frank Miller es sin ninguna duda el mejor tebeo que jamas haya sacado Marvel bajo su paraguas y sin duda el cómic que llevaría siempre conmigo si solo pudiese elegir uno. La historia de “muerte y renacimiento” de Matt Murdock, cargada de simbolismos y maravillosamente dibujada es una obra de sus genios en el probablemente mejor momento de sus respectivas carreras y se nota y se disfruta y se agradece. Cómic en estado puro y la esencia misma de todo lo que se puede contar con un superhéroe sin necesidad de pervertirlo o desmitificarlo.

Quedan fuera muchas cosas y muy buenas: el DK de Miller, el ya mencionado V de Vendetta, el Watchmen, la Promethea o La Cosa del Pantano de Alan Moore, los primeros cómics del Superlopez de Jan, el Agujero Negro de Charles Burns, el Thor de Simonson, la Patrulla X de Claremot/Byrne, obras de Warren Ellis como Transmetropolitan, 100 Balas, El Príncipe Valiente de Hal Foster, el 13 Rue del Percebe de Ibañez y un largo etc. A parte claro de la inmensa cantidad de obras de Ware, Crumb o Tezuka que no he leído, pero dentro de lo que es mi experiencia como lector este es un top con el que me encuentro muy agusto.

martes, 19 de febrero de 2013

MetaMaus: deconstruyendo una obra maestra.

De la mano de Random House Mondadori llego por fin a España una de las obras teóricas más interesantes y esperadas de las publicadas al otra lado de Atlántico: MetaMaus un análisis exhaustivo y a tumba abierta de una de la obras más importantes de la historia del medio de manos de su propio autor.

Señalar que Maus es una de las obras más trascendentales del medio resulta obvio a estas alturas. El estado actual del cómic de autor, el llamado movimiento de la “novela gráfica” no se puede entender sin Maus. La obra de Art Spiegelman abrió un camino apenas si explorado para el cómic y fue clave para demostrar las posibilidades de este como medio de expresión, para mostrar su validez para contar cualquier tipo de historias enfocadas a un público adulto. La importancia de Maus se refleja en MetaMaus, donde se narra de manera profusa la enorme odisea que supuso la concepción de un clásico que tardo más de una década en acabarse y que aún hoy persigue a Spiegelman haya por donde va. El grueso del libro, además de infinidad de material extra, es una extensísima entrevista al autor que se centra en contestar las tres preguntas clave que siempre se han cernido en torno a la obra: ¿por qué el holocausto?, ¿por qué ratones? y ¿por qué un cómic?

Son tres preguntas a las que el autor ha tenido que estar respondiendo casi desde el mismo momento en que concibió el cómic y que espera (tal vez de manera ingenua) que este libro de respuesta de una vez por todas. Estructurado en torno a esos grandes interrogantes, MetaMaus cuenta el enorme esfuerzo personal que supuso una obra del calado de Maus, obra que además de centrarse en uno de los momentos más oscuros de la historia de la humanidad lo hace además en torno a la figura de un familiar, con toda la carga emocional que eso suma a la complejidad y enormidad del tema. Las difíciles relaciones entre padre e hijo se plasman ya en las páginas del cómic y Spiegelman ahonda un poco más en el tema a lo largo de al entrevista. Como ahonda también en la compleja, exhaustiva y por momentos enfermiza reconstrucción realizada por el autor. Reconstrucción que se llevo a cabo tras una ingente labor investigadora que incluyó leer casi todos los libros publicados sobre el holocausto en aquel momento así como viajar dos veces a Polonia para poder ver Auschwitz. La obsesión por los detalles del autor, por ser fiel a la realidad y a lo que paso le lleva a buscar elementos en apariencia tan irrelevantes, pero para él claves para la credibilidad de lo que quiere contar, como son por ejemplo la forma de los baños del campo de concentración.

Más allá de la carga personal y emocional de la obra, si por algo ha trascendido Maus es sin duda porque se trata de una obra concebida para ser contada única y exclusivamente en cómic, lo que ha condicionado en gran medida el rechazo del autor a que se adaptara a otros medios. La utilización de recursos gráficos y narrativos que solo se pueden ver y entender en el medio cómic es una de la señas de identidad de la obra y Spiegelman se explaya a gusto a lo largo de la entrevista sobre el uso de esos recursos. Aquí vuelve a mostrar sus carácter obsesivo con sus continuas vueltas en torno a la mejor forma de componer la página, a la estructura de cada viñeta y la transición entre una y otra. Soluciones todas que hablan de un medio con un lenguaje narrativo propio y diferencial que tiene su propia tradición y que ha de buscar sus propias soluciones. Esta es, probablemente la parte más interesante de la entrevista donde Spiegelman se muestra como un entusiasta del medio y de sus posibilidades a la vez que habla de sus limitaciones y problemas.

A parte de la entrevista MetaMaus incluye muchísimo material extra donde destaca sobre todo la vertiente gráfica que permite visualizar la forma de trabajar del artista (y que complementa a la perfección sus explicaciones), acceder a materiales nunca vistos sobre la concepción de la obra o conocer diferentes trabajos del autor. Destaca también la reconstrucción del árbol genealógico familiar, a transcripción de las charlas mantenidas con su padre y que dieron origen a todo o el intento de reconstrucción de la historia de su madre. A esto se añade un CD cargado de material, desgraciadamente en inglés que incluye números artículos sobre la obra o la grabaciones de la charlas entre Art y Vladeck entre otras muchas cosas.

Con MetaMaus estamos pues ante obra imprescindible para conocer el “como se hizo” de un clásico fundamental de la historia del medio además de para entender tanto las claves que configuran los principales elementos narrativos de este, como su concepción desde el punto de vista del cómic de autor, un cómic de autor cuya actual relevancia no se podría entender sin la existencia de Maus.

viernes, 2 de noviembre de 2012

La Patrulla X de Claremont-Cokrum-Byrne: en permanente retorno.

Hay etapas creativas que define tanto a un personaje (a un grupo de personajes), que lo dejan tan marcado que a partir de ese momento solo se puede tirar hacia delante o en permanente remake de esa etapa o tratando de hacer todo lo contrario de lo que en ella sucedió, es decir avanzando por oposición. Pasa con el Daredevil de Miller y en cierta medida pasa lo mismo con La Patrulla X de Claremont-Cokrum-Byrne

Este mes llega en España y de la mano de Panini el tercer tomo de los llamados Omnigold dedicado a La Patrulla X. He de decir que nunca he sido demasiado partidario de este tipo de tochales demasiado grandes y que en cierta medida van en contra del espíritu (popular) con el que nacieron estos cómics. Aun así no se puede negar que la edición de Panini es muy buena. Buen papel (lejos del satinado que tan mal queda en obra no actuales), las portadas antes de cada cómic, precio ajustado en relación al volumen de páginas....

Los dos tomos publicados hasta ahora, incluyen la totalidad de la etapa Claremont-Cokrum-Byrne y lo cierto es que dice muy poco a favor de las editoriales de nuestro país, que esta sea la primera edición a color y en tamaño original que incluye los cómics con las potadas originales tal y como fueron publicados en su momento: sin añadidos de Classics X-Men, sin grapas partidas etc. Como decía que esa etapa, una de las cumbres de la historia de Marvel no haya tenido una edición así hasta ahora en España es como poco significativo.

Aunque lo realmente significativo, es que aún a estas alturas esta etapa aparezca en el horizonte no solo como la mejor que han vivido nunca los mutantes, si no que la inmensa mayoría de la grandes etapas que vienen a la mente de la ahora todopoderosa e inabarcable franquicia remiten directamente a esta fase primigenia de la Nueva Patrulla X. Como si no fuera posible ir más allá de lo aquí contado.

Si uno piensa en los X-Men de Alan Davis, en los de Morrison o en los de Whedon por citar solo algunas de las etapas más reconocidas de los mutantes, la labor de Claremont-Cokrum-Byrne se muestra no solo como referente ineludible sino es más, como losa insuperable a la que siempre hay que remitirse. Y es que pese a los cambios, la innegable evolución de los personajes y el talento que ha impregnado a los X-Men con los años, desde la macha de Byrne casi todo lo que se ha creado para la franquicia tiene ecos de lo que en esta etapa se narro. Como si los mutantes estuvieran envueltos en un remake permanente del que nadie quiere o sabe salir. El actual Avengers vs X-Men con el Fenix de por medio no hace si no confirmar esta impresión.

¿Pero que hace que la etapa Claremont-Cokrum-Byrne sea tan definitoria, tan en apariencia insuperable? Leída hoy en día, pese sus innegables defectos (la mala caracterización de personajes como Cíclope, la excesiva verborrea de un Claremont que subraya en exceso lo que ya esta dibujado y que abusa de diálogos en ocasiones demasiado rimbonbantes), La Patrulla X Claremont-Cokrum-Byrne conserva toda la fuerza y la energía que en su momento la hicieron tan especial. Momentos épicos como el sacrificio de Jean Grey/Fenix o Lobezno saliendo de las alcantarillas dispuesto a tomarse cumplida revancha de la derrota de La Patrulla X ante el Club del Fuego Infernal siguen poniendo los pelos como escarpias.

El cómic funciona a muchos niveles: desde la fastuosa space-opera de los Shi´ar, pasando por el exotismo de una primitiva Tierra Salvaje hasta el viaje a Japón,  ampliando el foco sobre el pasado y el carácter de Lobezno. La Patrulla X amplia el espectro de sus aventuras yendo mucho más lejos de lo que nunca llego la clásica y sentando las bases del futuro que ha seguido bebiendo de esta etapa sobre todo de sus tres pilares fundamentales: El Imperio Shi´ar, La Saga de Fenix Oscura y Días del Futuro Pasado. Elementos que de una forma u otra son siempre retomados en la franquicia. Ante Brian Michael Bendis, recién nombrado arquitecto de la franquicia se abre ahora la posibilidad de explorar otras vías. Y es que si el calvo de oro ya cambio (para bien o para mal, ese es otro tema) la faz de Los Vengadores, tal vez consiga hacer lo mismo con los X-Men. Yo desde luego tengo ganas de leerlo.

martes, 24 de abril de 2012

Junto al rey del sueño, conversaciones con Neil Gaiman y sus colaboradores.

En los últimos meses he estado leyendo bastantes libros teóricos acerca del mundo del cómic. Este de Neil Gaiman ha sido sin duda uno de los más interesantes ya que no solo se centra en el autor británico si no que al entrevistar a algunos de sus principales colaboradores permite mostrar tanto el carácter y la forma de trabajar del guionista como algunas de las claves del funcionamiento del mundo editorial por dentro.

Publicado por Norma Editorial hace unos años, Junto al rey del sueño se estructura en torno a entrevistas que el autor, Joseph McCabe hace a Gaiman (que abren y cierran el libro) y alguno de sus principales colaboradores a lo largo de los años. El libro se centra fundamentalmente en la génesis y el desarrollo de la que aún hoy es la obra más importante del guionista británico: The Sandman. Pero también va más allá ahondando en las diferentes facetas creativas del guionista de Violent Cases, con entrevistas a gente como el músico Alice Cooper (para quien escribiría el cómic La Última Tentación de Alice Cooper) o el novelista Terry Pratchett (con quien coescribiria el libro Buenos Presagios).

Resulta curioso comprobar como en casi todas las artes abundan los ejemplos de obras maestras que surgen un poco por casualidad, allí donde menos son esperadas y en cierta medida tal es el caso de The Sandman. Nacida bajo la premisa recuperar a un personaje olvidado del Universo DC y al principio plenamente integrado en el mismo, The Sandman se fue transformando pronto en algo mucho más grande, borrando desde el principio su presunta premisa inicial y situándose mucho más allá del universo de ficción que le diera cobijo. Daría de paso origen a todo un sello editorial y su influencia y recuerdo aún se palpan en el cómic comercial americano, con una forma mucho más adulta, oscura y sensible de acercarse a lo fantástico.  

Gaiman deja claro desde un principio la enorme influencia del Swamp Thing de Alan Moore para su trabajo a la vez que señala que aunque tenía claro el principio y el final de la obra, no lo tenía tanto su desarrollo y desde luego no esperaba el enorme éxito y prestigio que le proporcionaría el cómic. Sin embargo desde el momento en que fue consciente de este éxito y con el apoyo de su editora pudo en todo momento hacer en The Sandman todo aquello que quería hacer a parte de colaborar con prácticamente todos los autores con los que quiso colaborar. Una libertad creativa, producto primero de ser un cómic supuestamente menor por el que nadie se interesaba y asentada luego por el éxito obtenido, que explica en gran medida lo especial que es The Sandman. Todo un cómic de autor en el corazón del mainstream.

De las diferentes entrevistas que componen el libro me llama la atención la de Sam Kieth, que se muestra tremendamente agradecido a Gaiman por acreditarlo como cocreador (el mismo considera que no debería haber sido así) a la par que señala que nunca se termino de sentir a gusto en el cómic. Ni con el tono del mismo ni con el tipo de guión completo de Gaiman, pese a señalar (al igual que casi todos los autores que pasan por el libro) que el guionista de Orquídea Negra siempre se mostraba muy abierto a sugerencias. Kieth considera que sus estilo, su forma de enfocar el medio no terminaba de pegar con la colección de ahí su salida tras el primer arco argumental. También resulta interesante la entrevista a Karen Berger, que sirve de paso para conocer los orígenes del sello Vertigo, destinado en un principio tanto a agrupar a aquellos cómics con “una sensibilidad especial” casi siempre surgidos de la mano de guionista venidos del Reino Unido, como a proteger la libertad creativa de estos con el sello de “recomendado para lectores adultos”. Berger relata como se posiciono siempre en defensa y parapeto de Gaiman, algo que el propio guionista corrobora diciendo que toda su relación con DC pasaba únicamente por Berger, lo que facilito enormemente su labor.

En general las entrevistas están muy bien planteadas, se nota que McCabe sabe de lo que habla haciendo preguntas interesantes, combinando momentos de distensión con preguntas más incisivas, lo que permite que los distintos artistas entrevistados se explayen a gusto profundizando en los interiores del mundo editorial (no solo del cómic) y consiguiendo que los entrevistados se sientan cómodos, lo que se trasmite a lo largo de todo el texto. Y es que para una buena entrevista tanto como el entrevistado es clave el entrevistador, sus conocimientos y su capacidad para profundizar en temas relevantes.

El libro también viene a demostrar que aunque esta claro que el trabajo por el que Gaiman es y probablemente será más recordado es por The Sandaman, esta no es ni mucho menos su única obra, ni desde luego la única que merezca la pena. Así el libro nos muestra a un Gaiman multidisciplinar, letrista de diferentes grupos, novelista, poeta, ávido lector y dotado de un amplio bagaje cultural, lo que tiene un claro reflejo en todo su trabajo. Obras como Orquidea Negra, American Gods, Los Libros de la Magia, Coraline, Mr. Punch o incluso trabajos menores como 1602 (el libro incluye un entrevista a Andy Kubert) vienen a señalar a Gaiman como un autor inquieto, con un estilo propio claramente reconocible y cuyo trabajo siempre tiene un mínimo de calidad que le hace como poco destacar por encima de la media. Muy lejos desde luego de lo que muchos califican como “autor de una única obra”.

lunes, 12 de diciembre de 2011

El Thor de Walter Simonson.

El que sin duda es uno de mis cómics favoritos en la historia de Marvel sigue siendo a día de hoy, junto con el trabajo de Frank Miller en Daredevil o el de Alan Moore en La Cosa del Pantano, uno de los ejemplos más claros de como un autor con talento y personalidad puede relanzar y hacer suyo a un personaje con décadas de historias a sus espaldas.

Cuando Stan Lee y Jack Kirby crearon a Thor y tras un primer abandono del personaje, fijaron a fuego lo que sería la esencia del mismo. Divido entre la Tierra y Asgard, Thor sería siempre un personaje a medio camino de dos mundos sin pertenecer del todo a ninguno de los dos. Esta división se reflejaba en la propia división física del personaje: su identidad humana, Donald Blake un médico cojo, excepcionalmente capaz en su trabajo y el propio Thor, deidad nórdica del trueno dotado de grandes poderes e hijo del todopoderoso Odín, señor de Asgard y en cierto sentido freno y contrapunto del personaje.

Ya desde sus comienzos la aventuras de Thor en Asgard tenían un épica, una carga dramática, frente a la que palidecían las aventuras terrestres mucho más mundanas y con enemigos por lo general de escasa entidad y que rara vez suponían una amenaza real para Thor. Con el paso del tiempo además el papel de Donald Blake se fue haciendo cada vez más secundario, en lugar de ser una contrapartida humana que enseñara a Thor lo que significa ser un simple mortal, Blake era poco más que un recurso dramático, el punto débil de Thor que los guionistas usaban como herramienta para ponerlo en apuros, y es que cuando Thor estaba más de un minuto separado de sus mistisco martillo Mjolnir se tornaba en el Blake quedando así a merced de sus enemigos.

Cuando a mediados de los 80 Walter Simonson recibió el encargo de relanzar al personaje al borde mismo de la cancelación, Thor llevaba demasiado tiempo sin ser la serie épica y poderosa que había sido en sus mejores años. Demasiado atado a la Tierra y sin apenas nada nuevo que contar el excesivo poder del personaje hacía que pareciera bastante difícil tratar con él. La situación que se encontró Simonson era compleja si, pero le permitía gozar de una libertad casi absoluta para trabajar con un personaje que casi todos daban por desahuciado.

Lo primero que hizo Simonson nada más ocuparse de Thor fue regresar a las raíces, y con ello no me refiero a regresar a la etapa Lee-Kirby, no, me refiero a la raíces mismas del personaje. Thor era un dios nórdico, ¿por qué no regresar a los mitos que le vieron nacer para construir su relanzamiento? Desde el primer momento, Simonson fue revolucionario, consciente de la libertad que se tendía ante si y conocedor a fondo de la mitología nórdica, Simonson cambio la serie casi desde la primera página quitandole incluso a Thor su martillo para darselo a un alienigena de aspecto equino que demostro merecerlo de sobra. Todo en una historia que hoy en día sigue siendo recordada y aplaudida y que en cierta medida  se puede interpretar como una declaración de intenciones: Thor había dejado de merecer el martillo porque no había estado a la altura del mismo, como si Simonson viniera a decir que los ultimos años de aventuras del personaje había estado demasiado lejos de lo que se supone ha de ser una serie como esta.

La revolución de Simonson se plasmo en todos los ambitos de la serie: argumentalmente se deshizo de un Donald Blake cuya presencia ya no tenía sentido, asentó al personaje plenamente en Asgard, lugar que siempre debería ser el foco central de sus relatos dejando la Tierra en segundo plano y quitó  de en medido a un Odín que en no pocas ocasiones había sido usado como deux ex machina y que de ese modo solo hacía que frenar la evolución del personaje. Visualmente modifico la tecnificada y futurista Asgard de Kirby creando una visión mucho más mítica a medio camino entre lo medieval y lo tecnológic. Su trazo suelto y elegante vislumbro un Thor mucho más musculado e imponente y sus ya famosas onomatopeyas terminaron de redondear un conjunto que destilaba épica y grandeza, historias más grandes que la vida.En definitiva aquello que nunca debio dejar de ser una serie como Thor.

Simonson hizo totalmente suyo al personaje, creando casi un nuevo canon por el que este podría regirse, de esta forma consiguió que funcionase ver a Thor convertido en rana y viviendo una fabula de Esopo, que un grupo de asgardianos asaltase Hel armados con rifles y metralletas o que Thor tuviese un nuevo traje que resultara visualmente tan impactante con el clásico y hasta entonces casi inalterado diseño de Kirby. Por el camino realizo la que tal vez siga siendo aún la mejor historia de siempre de Thor: La Saga de Surtur. donde además de como dar una lección sobre crear tensión (esos DOOM!) trazo una historia que resume a la perfección lo que uno puede esperar y debería obtener de un cómic de Thor.

El trabajo de Simonson demostró que un personaje como Thor, con una mitología tan rica a su alrededor nunca puede ser desahuciado, sus sucesores, Tom DeFalco y Ron Frenz prefirieron ignorar en gran medida los avances de Simonson recuperando ahora si la raíces Lee-Kirbinyanas del personaje. Hicieron un trabajo más que aceptable, pero a años luz de un creador que se atrevió a tener su propia voz dejando su imborrable huella en un personaje que desde entonces esta en permanente deuda con él. Al igual que nosotros, los lectores que podemos disfrutar en primera fila de semejante espectáculo.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Lecturas pendientes: El Eternauta de H.G. Oesterheld y Solano Lopéz.

Por fin he podido resolver una de mis más prolongadas asignaturas pendientes: leer El Eternauta un clásico indiscutible del medio y una de sus más revindicadas obras cumbres.

Hay cómics míticos cuyo prestigio es tan grande que uno se acerca a ellos por primera vez con cierto recelo. Ya sea por miedo a quedar decepcionado como por la intimidación que pueda ejercer un cómic de tamaño calado y repercusión, ciertas obras ejercen a la vez un poder de fascinación y reparo hasta que por fin pueden ser leídas. Si El Eternauta forma parte de esas obras es algo que enseguida queda relegado a un segundo plano ante el inicio de una lectura tan apasionante como adictiva.

Y es que más allá de las disquisiciones políticas hechas a posteriori cuando el devenir de los acontecimientos trazaron el cruel destino final de H.G Oesterheld. El Eternauta es un cómic de ciencia ficción, concebido con una tremenda humanidad, en el que en un genial juego metalinguistico, un hastiado y perdido viajero temporal narra al propio guionista su lucha por sobrevivir ante una insólita invasión extraterrestre, un juego que por cierto tendrá en cierta medida su reflejo en su genial e inesperado final. Con ese comienzo, los autores ya tiene al lector ganado para su causa y a partir de ese punto solo queda crecer.

Con personajes llenos de humanidad y una brillante planificación de la obra, heredera sin duda de su origen folletenisco en la revista Hora Cero Semanal. El Eternauta, siguiendo los parámetros ya ensayados por H.G. Wells en la mítica “La Guerra de los Mundos”, nos acerca a la invasión desde un punto de vista intimo, de los afectados por la misma, y no de los grandes poderes que tratan de combatirla. A diferencia del clásico decimonónico, aquí son un grupo de amigos los protagonistas, un grupo que en circunstancias extremas forjaran vínculos más fuertes que los de la sangre. Este punto de vista grupal, es precisamente una de los elementos más interesantes de una obra que pese a que juega con la idea de que “el hombre es el lobo para el hombre” tan manida ya en este tipo de historias, termina revindicando nuestro carácter social y la necesidad de la colaboración como elemento clave en la supervivencia. Así las cosas la obra hace una decida y optimista apuesta por la esencia misma de la humanidad, con personajes llenos de vida y fuerza que se niegan a rendirse y que incluso están dispuestos a sacrificarse por los demás. Una concepción coral que, en definitiva dota a la obra de otra dimensión que la aleja de los tópicos y la hace mucho más atractiva.

El dinamismo de la historia, la sabia dosificación de la información y el que pocas veces las cosas sean lo que parecen, enmascaran con acierto una critica atroz a la guerra como mecanismo resolutor de conflictos. Critica no a los que hacen la guerra en el campo de batalla, si no a aquellos que están en las sombras, siempre ocultos, manejando a unos y a otros en defensa de sus propios intereses. Destacan en este aspecto el papel que juegan los invasores y los elementos que vamos descubriendo sobre “Los Ellos” (sobrenombre con el se conoce al misterioso y esquivo enemigo), un papel que tiene una carga metafórica tan fuerte que incluso tiene relevancia hoy en día cuando no es difícil imaginar esos “mercados” que nos manejan en las sombras como una suerte de “Ellos” que con múltiples agentes, más o menos conscientes, están invadiendo nuestras vidas.

Destaca el trabajo de Solano López, poderosamente realista, que consigue captar la terrible claustrofobia que implica estar encerrado primero en tu propia casa, cuya intimidad parece violada al tornarse en cárcel y ya después en los icónicos trajes de buzos caseros que mantiene a salvo a los protagonistas a la vez que le impide acceder a la libertad plena y al verdadero contacto humano. Es sobre todo, que no solo, en estos momentos cuando el cómic parece apostar decididamente por el terror, un terror a lo desconocido, al otro, a dejar la seguridad del hogar, pese a que este se ha tornado en prisión. Sensaciones todas que Solano López consigue transmitir con la atmósfera que crea su trabajo y que completan una obra a la altura de su fama.

lunes, 3 de octubre de 2011

Releyendo a Morrison: Animal Man.

Sigo con el repaso a algunas de las relecturas que he podido hacer últimamente de las obras del genial guionista escoces, en este caso con la que aún hoy sigue siendo la que más me gusta: Animal Man.

Animal Man es para mi un cómic especial.  Para ello convergen toda una serie de factores: por un lado fue el primer cómic de Morrison que leí, no tenía ni idea de quien era el guionista (este es su primer su primer trabajo en un major americana) y desde entonces su nombre se me quedo grabado como un tipo a seguir; por otro nunca había leído un cómic así. Me explico, cuando leí por primera vez Animal Man mi bagaje como lector de cómics no era demasiado amplio, si, había leído muchos cómics de superhéroes, de Mortadelo y SuperLopéz y gracias a la biblioteca cosas como Tintin y Asterix, pero nunca en mi vida había leído una ruptura de la cuarta pared llevada a cabo de manera tan magistral y coherente, he de reconocer que en su momento el cómic fue un autentica bomba para mi y desde entonces todos mis acercamientos a esta obra están condicionados por ese primer impacto, cuyo calibre solo recuerdo haber sentido con Born Again.

Pasado el tiempo y con varias relecturas a mis espaldas (intento leerlo al menos una vez al año), uno ya es consciente de las debilidades de la obra, un cómic tal vez excesivamente caótico en ocasiones que abre muchos frentes y cierra pocos, que exagera su ecologismo radical en sus comienzos y que se ve un tanto afectado por los vericuetos editoriales de la época, no olvidemos que por mucho que ahora se incluya en el sello Vertigo, Animal Man estaba en su momento plenamente integrado en el Universo DC e incluso formaba parte de la JLA.

Capitulo aparte merece el dibujo, donde Chas Toug ha sido machacado una y otra vez (al contrario que las maravillosas portadas de Brian Bollard, que en todo caso tienen algo de engaño: lo de dentro no tiene nada que ver, cualitativamente hablando, claro), cierto es que no estamos ante un gran artista, tal vez ni siquiera bueno, pero a mi desde luego me resulta cumplidor, no esta a la altura de los guiones de Morrison, es verdad, pero no diría que Animal Man es un destrozo visual, mas bien me resulta un dibujo muy de su época sin nada especial, demasiado convencional desde un punto de vista visual, algo por otra parte que pasa a menudo en la obra del guionista de Los Invisibles.

En todo caso y aún con sus debilidades, Animal Man sigue siendo aún hoy una obra de referencia en el cómic comercial americano y una muestra clara del trabajo de Morrison, que hará aquí por primera vez aquello en lo que luego sería un experto: coger un personaje/s ajeno y sin traicionarlo llevarlo a su terreno para tornarlo casi en uno propio, todo ello aderezado con una reivindicación del superhéroe clásico como único camino valido para el genero si este desea perdurar más allá de obras puntuales. En esta caso, además el autor de Final Crisis aprovecha su revisión de Animal Man para realizar una profunda reflexión sobre el papel del creador sobre su creación y del lector con respecto a aquello que lee. Tal vez el de Glasgow se paso de chauvinista en un final demasiado personalista pero en todo caso su trabajo muestra a las claras la tremenda personalidad de un autor destinado a ser una de la referencias allende los mares, incluso el caos que acompaña la obra terminara por tornarse en una de las señas de identidad del guionista, siempre preocupado por plantear preguntas pero menos interesado en dar las respuestas, un autor que desde el principio confía y respeta en la inteligencia de sus lectores y que, respetando su esencia y huyendo del realismo mal entendido, intenta ir más allá de los caminos más trillados en un genero, el de superhéroes, en el que indudablemente se enmarcan tanto este Animal Man como lo mejor de la producción de Grant Morrison.

miércoles, 10 de agosto de 2011

V de Vendetta en el cine y en el cómic, una visión personal.

Hoy la mascara de V se ha convertido en todo un símbolo de lucha de unos ciudadanos hartos de estar en manos de unos “mercados” a los que nadie ha elegido, y que sin embargo se han tornado en algo así como dioses intocables a los que hay que hacer sacrificios en forma de derechos sociales, V de Vendetta tanto en el cómic como en el cine habla de la rebelión, de la búsqueda de la libertad, pero ¿de que libertad estamos hablando?

V de Vendetta es uno de mis trabajos favoritos de Alan Moore, y lo es ya que en gran medida pienso que es un trabajo “distinto” en su producción, V me parece un cómic absolutamente pasional, tal vez por decirlo de alguna manera estemos ante el trabajo más “milleriano” del británico. Lejos de la perfección que casi llega ahogar de Watchmen o del cariz investigador, universalista y también algo agobiante de From Hell, V me resulta un cómic escrito con una fuerza y energía inusitada para un guionista tan cerebral.

Lo llamativo de todo esto, es que V se trata ante todo una muestra clara del pensamiento político de Moore (al igual que Promethea, menos pasional pero también muy interesante, lo pudiera ser de su punto de vista mágico-religioso), lo que tal vez podría implicar una necesidad más explicativa y racional, no tan salida del corazón como, al menos a mi, resulta esta obra. Sin embargo esa pasión, esa energía que Moore vuelca en este cómic (algo en lo que influye mucho David Lloyd, mucho más “libre” por así decirlo que Gibbons por ejemplo) hacen que V me resulte un obra vibrante, de lectura ágil, que casi se devora de principio a fin, algo que claro, no me sucede con Watchmen o From Hell que requieren una lectura mucho más reposada y también dilatada en el tiempo.

Ahora que la mascara V se ha convertido en todo un símbolo contestatario, de rebeldía contra el poder establecido, me gustaría saber realmente si ese símbolo proviene más del cómic o por contra sale de la película. Una película, que personalmente encuentro muy interesante, pero que es evidente que reniega de las bases sobre las que se asienta el cómic, bases tal vez demasiado radicales para un producto tan claramente dentro del show-business hollywoodiense como fue el film.

El discurso sobre el que se asienta el cómic es radical, y no tiene demasiados matices: nadie esta por encima de nadie, nadie puede dar ordenes a nadie y nadie tiene que ser un líder de nadie, anarquía en estado puro frente a un estado fascista en estado puro, la película por contra busca la lucha contra ese mismo estado fascista (no tan puro, o al menos no tan opresivo como el del cómic), pero lo hace no con el opuesto objetivo al mismo, esto es la anarquía, si no con la lucha de un pueblo por la libertad. En ese sentido V en el cómic no busca liberar a nadie que no sea el mismo de la opresión, no intenta ser un héroe, sus actos traerán como consecuencia el fin de un estado totalitario, algo que quiere solo en la medida que este trata de imponerse por encima de él mismo, el V cinematográfico se torna en héroe más convencional que busca con sus acciones y su sacrificio traer la libertad a su gente, convirtiéndole en una suerte de mesías, de líder libertario; la película no podría ser más opuesta al cómic aunque quisiera.

Sin embargo como decía la película no me parece mala y creo que el contraste con la obra de partida la hace funcionar muy bien de manera independiente, es cierto que falla estrepitosamente a la hora de mostrarnos el poder represor del estado, lo que podría restar fuerza a la rebelión de V, sin embargo si creo que hace funcionar la idea de que el pueblo puede levantarse contra un gobierno injusto, no como individualidad, si no como colectivo, lo que de nuevo crea una interesante diferencia con el cómic que hace que en definitiva estemos ante dos puntos de vista muy distintos frente a un mismo tema, la lucha por la libertad, pero una libertad entendida de maneras muy, muy distintas.

En ese aspecto si resulta curioso observar como, en lo que si parecen coincidir tanto el cómic como la película es en la justificación de la violencia (¿terrorista?) para obtener esa libertad frente a un estado opresor. Si uno mira la historia se puede dar cuenta de que, aunque existen ejemplos de revoluciones y luchas pacificas que incluso han tenido éxito, la mayoría no son así y el hombre aparece casi siempre como un animal violento, (no solo desde un punto de vista físico, claro esta) que solo puede cambiar de verdad ejerciendo la misma. Es una reflexión bastante dura, y la verdad es que no se realmente que pensar al respecto, pero enlazando con la situación actual, y con el símbolo en el que se ha tornado la mascara de V no puedo dejar de preguntarme, ¿puede haber cambios reales sin recurrir a la violencia?, me gustaría pensar que si, de hecho estoy convencido de que se puede hacer, como decía antes hay ejemplos de ello, sin embargo si es cierto que es un camino arduo y lleno de baches, veremos donde termina todo esto, de nosotros depende recuperar un poder que tal vez nunca debimos entregar.

sábado, 22 de mayo de 2010

“Mis Comis” de cabecera III.

Bueno pues llegamos ya al top cinco de la lista de mis comics favoritos de todos los tiempos, como dije en los comentarios de los otros post el resto de la lista podría variar ligeramente, pero estos cinco serían en todo caso inamovibles.



5.- Dark Knight: Frank Miller alcanzó la visión más extrema a la par que icónica de un personaje tan polifacético como es Batman, una versión tan definitiva que desde el momento de su publicación ha condicionado sin apenas remedio la figura del caballero oscuro, pero DK va mucho más allá, dejando aparte su influencia en comics posteriores, DK es una muestra clara del inmenso talento de Miller como autor completo; épica, política, definitiva y definitoria, DK sigue siendo a día de hoy uno de los relatos más poderosos de un género con tanta tradición y fuerza en el mundo del comic.



4.-Maus: Pocas veces una obra ha sido tan impactante, conmovedora, triste y poderosa como este trabajo de Art Spiegelman, de nuevo un comic sobre el que es muy difícil hablar o escribir, una obra que transmite sensaciones muy fuertes y que te deja marcado, Maus es otro de los grandes ejemplos de lo lejos que puede llegar este medio.



3.-Sandman: Se dice mucho que Neil Gaiman es un autor de una sola obra, que el resto de su trabajo en el mundo del comic apenas si merece la pena, estoy en total desacuerdo con esa afirmación, pero aunque fuera cierto y Sandman fuera su única obra realmente interesante para el comic...¡que obra, que pedazo de obra! Recogiendo las semillas que Alan Moore dejo con Swamp Thing y llevándolas aún más lejos, Gaiman trazó uno de los relatos más relevantes de los últimos 20 años, termino de cimentar las bases del sello Vertigo que se creo cuando el comic estaba a medio camino y trazo un relato inteligente y multireferencial que aún a día de hoy sigue dando que hablar.



2.- Animal Man de Grant Morrison: Siempre hay comics que te marcan, que por algún motivo te llegan más que otros, a veces incluso sabes que hay comics mejores, que incluso ese autor tiene obras mejores, pero no importa ese comic te ha llegado y ya no puedes quitártelo de la cabeza. Algo de eso hay en mis preferencias por el Animal Man de Morrison. Un comic caótico lleno de ideas desaprovechadas de camino abiertos y no transitados, pero que esta escrito con tanta fuerza, con tal genio que aún hoy sigue siendo el trabajo de Morrison que más me fascina.



1.- Born Again de Frank Miller y David Mazzuchelli: Decía con Animal Man que hay comics que te marcan, pues bien Born Again es un comic que llevo tatuado a fuego dentro de mi, un comic que no se cuantas veces ya habré leído y que aunque me se casi de memoria no puedo evitar volver a él cada cierto tiempo, el renacer de Matt Murdock, además de una obra maestra indiscutible desde todos los puntos de vista imaginables, es una clara muestra de lo que se puede hacer en un género que tantos grandes comics ha dado más allá del mero entretenimiento.

Bueno pues ya esta, esta es mi lista, como ya dije fuera se quedan cosas como Miracleman, Watchmen (tan “perfecta”, tan "cerebral” que llega a ahogarme), From Hell (no me gusta el dibujo), Give Me Liberty, 300, Año Uno, DK2 (creo que ya hay bastante Miller en la lista), Los Invisibles (al final no puede hacerle un hueco), JLA/JLE (esta tendría que haber entrado), Persepolis (no entra por poco), o diversas etapas superheroicas como el Superman o los 4F de Byrne, el Spidey de Conway y Kane, los Vengadores de Shooter, Pérez y Byrne o el Capi de Englehart y Buscema.

En la lista la gran triunfadora es DC que entre su universo superhéroico, Vertigo y Wildstorn mete 8 comic, después esta Marvel con 4, hay un par de comics independientes USA y uno español, las grandes ausencia serían el manga (ya explique los motivos en los comentarios de los post anteriores) y el Europeo del que si he leído mucho más, con Tintin, Asterix, Corto Maltes etc, pero ninguno me ha llegado tanto como para entrar en la lista, aunque claro también faltan tiras de prensa, más comic español....pero la cabra tira al monte y mi lo que me gusta es lo que me gusta.

jueves, 20 de mayo de 2010

“Mis comis” de cabecera II.

Segundo post dedicado a mis comics de cabecera ahora entrado ya de pleno en el top ten.



10.- Los X-Men de Chris Claremont y John Byrne: Antes de que los mutantes se convirtieran en una franquicia inmanejable ahogada en gran medida por su propio éxito, antes de que la casi infinita multiplicación de series convirtiese la continuidad en una pesada losa casi imposible de levantar; los mutantes eran grandes muy grandes, su liderazgo de décadas (parece que hace ya unos años interrumpido) en las listas de ventas americanas se inicio aquí, con Claremont y Byrne construyendo alguna de los mejores comics de la historia de la Casa de la Ideas, la Saga de Fénix Oscura, Días del Futuro Pasado, la Saga de Proteo, la aventura en la Tierra Salvaje y tantas otras asentaron las bases de las que todavía bebe una franquicia demasiado sobreexpuesta pero que desde finales de los 70 hasta finales de los 80 (ya sin Byrne quien se iría a principios de esa década) fue sinónimo de calidad.



9.- El Daredevil de Frank Miller: En justicia tal vez habría que decir el Daredevil de Miller y Janson, pero es lo que tienen los genios que terminan eclipsando a sus compañeros de viaje. Lo de este comic es curioso con el paso de los años Miller ha terminado haciendo obras mejores, es lógico no en vano aquí era un autor primerizo que crecía a pasos agigantados pero demasiado dependiente quizá de sus claras influencias (Eisner, Adams...), y sin embargo no todas esas obras van a estar en este top, y es que la primera etapa de Miller en DD tiene para mi algo de mágica, primero terminó de apuntalar a Daredevil como mi personaje preferido y segundo inicio el camino para que Miller fuese mi autor favorito, una confluencia de elementos, que unida a la inmensa calidad de una etapa que siempre miro hacía adelante, que creció número a número, terminan por hacer imprescindible la presencia del Daredevil de Miller en un top de estas características.



8.- Agujero Negro: Comentaba el otro día lo difícil que resulta escribir sobre un comic de estas características, Charles Burns supo tocar una serie de teclas muy difíciles de combinar para completar una obra profundamente evocadora, de dolorosa melancolía que sabe llegar al alma del lector, una obra maestra sin paliativos.



7.-Swamp Thing: Alan Moore en compañia de Stephen Bissette, John Totleben o Rick Veitcht creó una obra que además de crear la semilla para el nacimiento del sello Vertigo que tantos buenos comics ha propiciado, sentó las bases del comic de terror moderno. Aún hoy Swamp Thing sigue siendo una de las mejores obras del barbudo y su “Lección de anatomía” aparece en el horizonte como un autentico manual de cómo aprovechar un formato, probablemente V me guste más que este comic, pero su importancia e influencia me parecen tan grandes que creo que merecía estar más arriba en el top.



6.-100 Balas: Me encanta el género negro, y aunque la monumental obra del Brian Azzarello y Eduardo Risso sea un género negro tamizado de posmodernismo, la fuerza de la obra hace que 100 Balas sea el comic del sello Vertigo (nacido como tal dentro del sello no metido con calzador a posteriori), más relevante, al menos para mi claro. 100 Balas es de esos comics, donde el viaje es mucho más importante que el destino, con un final que aunque lejos de ser decepcionante si se antoja como algo precipitado, pero eso da igual 100 Balas va mucho más allá de su presunta trama central que casi siempre pasa a un segundo plano ante los personajes, el ambiente, las sensaciones que transmite la obra, que es lo que hacen de este comic algo tan especial.

martes, 18 de mayo de 2010

“Mis comis” de cabecera I.

Bueno vamos con otro de esos tops tan divertidos, en este caso el top de mayor calado de los que llevo hechos por aquí, ya que me voy a centrar en los quince comics que más me ha marcado por una u otra razón.

Hace un tiempo por la blogosfera fueron varios los blogs que se unieron a un evento en torno a que quince comics se llevarían a una isla desierta, la idea me pareció muy buena, pero en ese momento no me sentí “preparado” para algo así, son muchos años leyendo comics y muchos, muchos, muchos son los que he leído y claro una selección así me parecía de todo menos sencilla y ese momento no me pareció adecuado para plantearme una lista así, ahora sin embargo por razones que no vienen al caso si creo que es un buen momento.

Cuento todo esto porqué la idea detrás de estos post es justamente esa, ¿qué comics me llevaría a una isla desierta?, y bueno al final analizando la lista que me ha quedado me he dado cuenta que todos los comics elegidos son de los 80 en adelante (bueno algunos empezaron a finales de los 70, pero vaya), y es que aunque en la preselección que hice (con más de 40 obras) había cosas de otras épocas, yo crecí leyendo comics de los 80 y a nivel superheroico esa es para mi la edad de oro del género, entiendo la importancia de los 4F de Kirby y Lee, son grandes, crearon el Universo Marvel cada episodio era un ejemplo de cómo hacer comics...pero a mi me gustan más lo 4F de Byrne, soy consciente de que en muchos casos solo son una puesta al día de la labor de Kirby y Lee, de que sus bases salen de allí, pero me gustan a más, disfruto más leyéndolos, y ante todo en este tipo de listas una debe ser sincero consigo mismo, porqué si no es así no vale la pena hacer estas cosas.

Por otro lado también quisiera explicar una ausencia significativa en la lista, un comic que merece una mención especial, el Miracleman de Alan Moore, que sin duda iría de cabeza en la lista, pero que he optado por no incluir porqué no lo “tengo”, bueno lo tengo de forma “digital”, pero supongo que como para la mayoría de los coleccionistas, para mi la fisicidad es muy importante (yo desde aquí ya anuncio que a nivel de libros y comics me bajo del formato digital, conmigo que no cuenten) y además supongo que una isla desierta no habría electricidad, xd.

En fin que dejo ya la introducción para ir al lío con el primero de los tres post dedicados al tema:



15.- Superlòpez: Los 9-10 (más o menos) primeros álbumes del personaje me parecen tan buenos que no podían faltar en una selección de estas características, comics como El Supergrupo, La gran superproducción (tal vez mi favorito), Los Cabezicubos o La Caja de Pandora funcionan a tantos niveles (el humorístico, el paródico, la critica social, el reflejo de toda una mitología...) que realmente el trabajo de Jan (primero con Efepe luego ya en solitario) solo puede calificarse de sobresaliente.




14.- El Thor de Walter Simonson: Épica en estado puro, el dinamismo del dibujo de Simonson, su valentía a los guiones (se deshizo del sempiterno y redundante Donald Blake en su primer número en la colección) y su conocimiento de la mitología nórdica dieron como resultado al mejor Thor de la historia (de nuevo me gusta más, en este caso mucho, mucho más que el de Kirby), una etapa tan brillante que incluso hizo funcionar una historia donde el protagonista se convirtió en rana, una etapa que cuenta con una de las grapas más espectaculares de la historia con esa batalla a base de splash page entre Thor y Jorgumand que tiene una de las sagas más épicas del género con esa Saga de Surtur llena de fuerza con las mejores onomatopeyas de la industria (esos espectaculares ¡DOOM!), en fin, los 80 fueron grandes y el Thor de Simonson es uno de sus símbolos.



13.- Promethea: Últimamente todos los tops que hago cuentan con la presencia de esta obra de Alan Moore y John H. Willians III, así que poco más puedo añadir sobre esta obra que no haya dicho ya, un reflejo magníficamente dibujado del pensamiento filosófico-mágico de Alan Moore, un canto a la imaginación y un bello homenaje a los pulps y a los superhéroes todo en uno.



12.- Tranmetropolitan: El que para mi es sin duda el mejor trabajo de Warren Ellis en compañía en este caso de un atinadísimo Darrick Robertson que poco o nada tiene que ver con el que hoy trabaja en The Boys. Tranmetropolitan es un obra valiente, incorrecta políticamente, que habla de un periodismo que ya no existe (si es que alguna vez lo hizo) al servicio de la gente y que ante todo busca la verdad caiga quien caiga y todo con un personaje, cínico, violento, drogadicto y manipulador que sin embargo se transforma en la única esperanza de la gente en tiempos oscuros, una maravilla.



11.- V de Vendetta: Si antes decía que Promethea era muestra del pensamiento filosófico-mágico de Alan Moore, en V de Vendetta junto a un gran David Lloyd, Moore nos muestra su pensamiento político, y lo hace curiosamente en una de sus obras menos “cerebrales”, más pasionales, de hecho siempre he pensado que V es uno de los comics más “millerianos” de Moore, no tanto un preciso mecanismo de relojería como otras obras del barbudo como si un poderoso relato sobre la libertad y la necesidad de luchar por ella que va directo al corazón, tal vez por eso es uno de sus comics que más me gusta.

lunes, 10 de mayo de 2010

Agujero Negro.

Completando las reseñas que me faltaban por hacer de mi top de comics de la década, hoy voy a escribir un poco sobre Agujero Negro, y más que una reseña lo que voy a intentar es contar porqué este comic me has gustando tanto.

Agujero Negro es el único comic del que no he escrito nada todavía de los que incluí en mi lista de comics de la década, tal vez porque se trata de un tipo de comic del que me cuesta un poco hablar (escribir en este caso, vaya) ya que ni es el tipo de lectura a la que suelo acercarme (aunque eso poco a poco va cambiando), ni me parece un obra fácil de abordar, tanto por su complejidad como por su ambición.

Pero aquí estoy, intentando escribir sobre uno de los comics más impactantes y estimulantes de la última década, empezando por algún lado si algo quisiera destacar de Agujero Negro es el dibujo de Charles Burns, y es que uno esta muy acostumbrado a leer muchos estereotipos del dibujo esta clase de comics estúpidamente calificados de “gafapasta” (un termino que me parece bastante odioso por otra parte), tópicos que hablan de dibujos narrativamente sobresalientes, pero visualmente poco agraciados, como casi todos los tópicos poco tiene de cierto, el dibujo de Charles Burns en Agujero Negro es simplemente brillante, tanto desde un punto de vista funcional, donde pese a la complejidad y atrevimiento de muchas de sus soluciones gráficas nos encontramos con un comic fluido, fácil de leer visualmente, como desde un punto de vista “plástico”, con ilustraciones cargadas de belleza, fuerza y sensualidad, Agujero Negro es uno de los comics mejor dibujados que he leído en años, de eso no me cabe duda.

Otro aspecto que me parece que transforma Agujero Negro en un comic tan importante, es que se trata de una obra profundamente generacional, un comic que capta como pocos la esencia misma de la adolescencia en esta era que nos ha tocado vivir, el miedo, las transformaciones en tu cuerpo que no terminas de comprender, el sexo, las enfermedades que le acompañan, la alienación, la rebeldía, los secretos, tengas esa edad o la hayas dejado ya hace mucho atrás, Charles Burns parece hablarte directamente a ti a través de muchas de las situaciones que se muestran en el comic y que de una manera u otra todos hemos vivido; todo esto narrado por un autor que empezó la obra con cuarenta y pico años y la termino ya cerca de los 50.

Quedaría reseñar otros aspectos como la cierta “dislocación temporal” que tiene la obra de la que probablemente provenga el titulo de la misma, la manera de reflejar los cambios, la mutaciones que sufren los protagonistas de la misma, con elementos que van de lo grotesco, a lo sensual, pasando por lo terrorífico o la melancolía que casi se palpa en cada página, con una sensación permanente de miedo al futuro, de necesidad de quedarse en ese instante para siempre.

Agujero Negro es muchos más que todo esto, claro esta, supongo que cada lector que se acerque a esta obra tendrá su propio punto de vista, su propia forma de verla, ya que es un comic tan evocador, tan interpretable, que es fácil que sobre el se multipliquen los puntos de vista, en todo caso con este breve escrito solo pretendía ordenar un poco mis ideas en torno a un tebeo que realmente me ha llegado, y es que comics como este son los que hacen de este medio de expresión algo tan grande.

En fin poco más que decir, simplemente recomendar a todo aquel que no lo haya leído que le de una oportunidad (seguro que esta incluso en las Bibliotecas Públicas), realmente merece la pena.

miércoles, 3 de febrero de 2010

El Daredevil de Frank Miller a través de sus personajes.

Recupero un post que hice en su día para Las Entidades que pretendía presentar etapas fundamentales de personajes claves del mundo de los comics, yo me ocupe de DD, y la verdad es que me gustaría tener también el post publicado por aquí.

Una de las grandezas de la etapa de Frank Miller en Daredevil es la multitud de puntos de vista desde la que se pude enfocar: como un comic de género negro, como una trágica historia de amor, como un manual sobre narrativa.....de todos estos enfoques, uno de los más interesantes es analizar la etapa a través de los personajes que componen el drama, no son muchos, pero a través de ellos se puede ver la obra de Miller desde una óptica muy interesante.

Las dos etapas de Frank Miller al frente de la colección comprenden los números USA Daredevil volumen I 158-161, 163-191, 219 y 226-233, de estos el autor americano dibujaría los números 158-161, 163-184 y 191, el resto serían realizados a los lápices por Klaus Janson (185-190), John Buscema (219), y David Mazzuchelli (226-233); estos comics en España han contado con diversas ediciones de hecho Panini esta recuperando la etapa en su lujosa (y carísima) línea Best of Marvel, pero tal vez la forma más sencilla de hacerse con esta etapa sea el coleccionable de 25 entregas que en su día saco Forum con motivo del estreno de la película del cuernecitos, un coleccionable muy completo que comprende todos estos números, más la etapa de Denny O´Neil al frente de la colección así como interesantes extras; a lo largo de este post nos centraremos en la primera etapa del autor al frente del personaje (158-161, 163-191), dado su carácter definitorio del mismo.

Entrando en la etapa en si, Miller llego a la colección como un terremoto, dispuesto a comerse el mundo casi desde el principio el autor americano demostró desde el primer momento que era un dibujante especial, con un dominio de la narrativa apabullante, y claramente influenciado por genios como Neal Adams, Jim Steranko y sobre todo Will Eisner, Miller no dudo en ningún momento en desafiar los limites tradicionales del género, rompiendo una y otra vez la clásica estructura en seis viñetas y jugando con la narración gestual como pocos autores antes lo habían hecho, a esto pronto se unirían influencias del comic japonés y en menor mediada del europeo.

Su asalto creativo se produjo además en una colección propicia para ello, Daredevil, un personaje de un poderío visual indudable (sobre todo desde que cayera en manos de Gene Colan que con su dominio de las luces y sombras anticipo en sus dibujos el potencial del personaje para el género negro), llevaba casi desde el principio lastrado por un origen confuso, lleno de contradicciones y muy poco sólido y por una caracterización demasiado simplista que hacían de él poco más que un Spiderman de segunda, esto no impidió que el personaje tuviera buenas etapas antes de la llegada de Miller (ya que además de al excelencia gráfica que siempre acompaño a la colección, guionistas como Roy Thomas o Marv Wolfman, firmaron buenos comics con el personaje), pero sin embargo si impedía que el personaje encontrara su propia voz, su tono, su “algo” que le diferenciara del resto del Universo Marvel; estando así las cosas y con la colección al borde al cancelación (ya era bimestral por entonces), la llegada de Miller suponía plena libertad creativa para hacer y deshacer a su antojo, siempre y cuando se librara de Roger McKenzie a la sazón guionista más que competente del personaje por entonces y con el que Miller pronto tendría una ardua disputa obligando al editor a elegir entre uno u otro, la elección fue obvia y resultado no admite discusión posible.

Libre del lastre (no era cosa de McKenzie, hubiera pasado lo mimo con cualquier otro guionista) que suponía trabajar con los guiones de otro, Miller iniciaría su etapa en solitario (siempre con las sólidas tintas de Klaus Janson) en el Daredevil 165, un número mítico, homenaje a la primera aparición de la Sand Saref del Spirit de Eisner, y donde veríamos por primera vez a Elektra, el primer amor de Matt, tornada ahora en peligrosa asesina.

Tras este espectacular debut, Miller se centro en dotar de más profundidad al personaje, sus contradicciones antaño un lastre se tornaban ahora en elemento impulsor de la personalidad del personaje, un personalidad compleja, siempre al borde de la esquizofrenia (el católico que se viste de diablo, el abogado que a la vez es justiciero) y muy condicionada por la figura de su padre, por el que se convirtió en abogado, por el que se hizo justiciero, y por el oculta su rostro tras una mascara, y es que de nuevo en curioso dilema, el Murdock de Miller es un personaje que oculta su rostro tras una mascara cuando recurre a la violencia, lo que en cierta forma le permite mantener la promesa que le hizo a su difunto padre (“nunca uses los puños, hijo, nunca uses los puños”), ya que no es Matt quien recurre al violencia sino Daredevil (de nuevo la esquizofrenia), mientras que por otro lado es cuando se transforma en Daredevil cuando realmente se siente libre, cuando puede hacer lo que en realidad quiere (la rebeldía adolescentes escondida bajo un traje de diablo).

Miller decidido a transformar (que no traicionar) al personaje para hacerlo suyo, recurrió para ello a muy pocos personajes secundarios, que ayudaron a entender el tipo de personaje que el autor quería escribir, por un lado, decido a acabar con la endeblez de su origen e influenciado por sus primeras lecturas del comic japonés, Miller introdujo la figura de Stick, un peculiar sesei que habría entrenado a Matt durante sus primeros años; Stick líder de una Casta pretendía convertir a Matt en un soldado de la misma para contribuir a su eterna lucha contra la Mano, una secta de ninjas asesinos y adoradores de un diablo conocido como la Bestia al que pretendían traer de vuelta a la Tierra, con la figura de Stick, Miller cuestiono el origen del personaje insinuando que sus poderes más allá del socorrido accidente radiactivo, estaban en cierta medida predestinados al ser Murdock uno de los pocos “elegidos” de su generación, de esta forma y sin contradecir nada, Miller profundizaba en las raíces del personaje y lo enriquecía.

Siguiendo con los personajes secundarios, mucha más relevancia tendría Elektra, personaje catalizador de la etapa, y que llegaría a igualar en popularidad al cuernecitos, Elektra, concebida para dar al personaje una novia a su altura, suponía una contradicción más en la vida de Matt, transformada en despiadada asesina a sueldo, Matt sabe que debe detenerla, pero enamorado de ella se vera incapaz de hacerlo, ante esta disyuntiva, el delicado equilibrio mental del personaje se verá en peligro de nuevo para ser destrozado cuando Elektra encuentre su fin a manos de Bullseye uno de los mayores enemigos de Daredevil, esta muerte terminara por desequilibrar al personaje y le llevara a cerrar el viaje emprendido en esta etapa, de personaje optimista y alegre, a ser trágico, torturado y siempre al borde del desequilibrio mental.

Y ya que hemos mencionado a Bullseye, el personaje (otra de las claves de la etapa) concebido durante la etapa de Marv Wolfman, sufrirá un proceso parecido al de nuestro héroe, ya que Miller lo tomo como propio y lo moldeo para que se adaptara a sus necesidades; el Bullseye que nos dibuja Miller, es un enfermizo asesino obsesionado con Daredevil y sus continuas derrotas frente a él, la obsesión alcanzará tintes trágicos, después de que Daredevil le salvara la vida, este acto traería graves y trascendentes consecuencias, por un lado la obsesión de Bullseye no haría si no aumentar ante lo que considera una cruel jugada del destino, y por otro haría que Daredevil se sintiera directamente responsable de cada muerte que causase el asesino desde ese momento, lo que se sumaría al enorme lastre emocional que el personaje arrastraría toda la etapa, el conflicto tendría dos puntos culminantes, el asesinato de Elektra por Bullseye (en una muerte de claro contenido sexual, y que no se como los censores dejaron pasar, en fin menos mal que así fue por que sin duda es una de las escenas más míticas no solo del personaje si no de toda Marvel), y el Daredevil 191, el maravilloso “Ruleta”, y que supuso la primera despedida del autor para con el personaje; entrando en al muerte de Elektra, la plasmación más clara del anteriormente mencionado viaje emprendido por el personaje sería el posterior enfrentamiento de los dos antagonistas, Daredevil pasa de salvar la vida a Bullseye, a dejarle caer desde treinta metros de altura hacía una muerte segura, el que Bullseye no muriera y “solo” quedara parapléjico, es circunstancial, las intenciones eran claras, las consecuencias también; consecuencias que veríamos en “Ruleta”, comic que supone el último número de Miller en esta etapa y la primera colaboración con la colorista Lynn Varley, con la que más tarde desarrollaría trabajos como DK, Ronin, Elekra Lives Again o 300, el comic es un punto culminante de todo lo que Miller había venido contando y podría haber supuesto el final (triste y descorazonador, pero final en cualquier caso) perfecto a la trayectoria del personaje, un comic que reflexiona sobre el papel del héroe, sobre si combate o enseña la violencia, sobre que le diferencia de Bullseye, solo para concluir que en realidad son dos caras de la misma de la moneda, todo ello mostrado a través del macabro juego de la ruleta rusa, al que Daredevil se somete junto con Bullseye...para mostrar que al final, cuando puede marcar la diferencia, cuando puede hacer algo distinto, simplemente no hace nada.

Caso parecido, pero distinto es el de Kingpin, y es que sin con Bullseye tenemos la némesis física del personaje, con Fisk nos encontramos con la némesis intelectual, de nuevo y de similar manera a lo que sucediera con Daredevil o Bullseye, Miller coge un personaje ajeno y lo transforma sin traicionarlo para que se adapte a sus planes.

Richard “Kingpin” Fisk, era uno de los numerosos mafiosos surgidos del Spiderman de Lee y Romita Sr., concebido como una enorme masa de carne capaz de desafiar físicamente al mismísimo Spiderman, nunca paso de ser un mafioso de segunda, de imponente aspecto físico y poco más, sin embargo en manos de Miller, Fisk se convirtió en el mal mismo, el mal inalcanzable intocable y con el que apenas si se podía luchar, protegido por una maraña de negocios presuntamente legales, combatir físicamente a Fisk no era si no una perdida de tiempo que solo acarrea frustraciones y problemas (no en vano Fisk es a todos los efectos un ciudadano honrado), y tratar de demostrar su culpabilidad era cuando menos una tarea inabarcable, así Daredevil se verá obligado casi desde el principio a pactar con el diablo para obtener pirricas victorias que no harán si no que sumar lastre a su ya desequilibrada psique, además la única victoria que consigue frente al rey del crimen, le cuesta un pedazo de su alma (y desencadena los acontecimientos que llevarían a la muerte de Elektra), cuando usa a Vanessa esposa de Fisk como moneda de cambio para que este retire a su corrupto candidato a la alcaldía, así, la ominosa presencia de Fisk será una constante en toda la etapa, y aunque el duelo entre ambos no alanzaría su final (al menos en lo que a Miller respecta) hasta Born Again, es aquí cuando se sientan las bases de lo que allí podemos ver.

Quedaría para culminar este repaso, mencionar la figura de Foggy Nelson, personaje que junto a Turk supondrían un alivio humorístico ante tanta oscuridad, sin embargo el papel de Foggy iría mucho más allá, su figura ayudaría al menos en parte a equilibrar a Matt, su presencia sería uno de los pocos apoyos con los que podía contar para no terminar de autodestruirse, así su papel de contrapeso, hacen de Foggy otro personaje importante para comprender el camino recorrido por Matt durante esta etapa.

En fin, una etapa con multitud de interpretaciones, lo mejor es leerla por uno mismo y sacar conclusiones propias, sea como sea estamos ante una etapa fundamental no solo del personaje o de Marvel, incluso no solo del género de superhéroes, estamos ante una obra clave del comic como medio de expresión.