jueves, 14 de septiembre de 2017

The Defenders, ¿una cuestión de química?

Como culminación de una suerte de primera fase del Universo Marvel/Netflix televisivo, hay en Defensores ecos de los que en su momento fue Los Vengadores para el Universo Cinemático, al menos desde el punto de vista conceptual: Los Defensores tornado en el destino al que se dirigían los diferentes héroes individuales teniendo como elemento cohesionador, allí a Nick Furia o el Agente Coulson aquí a Claire Temple, incluso los villanos, en lugar de ser nuevos, derivaban de una de las cabeceras individuales, allí el Loki de Thor, aquí La Mano de Daredevil/Iron Fist.

Las similitudes acaban aquí, las expectativas generadas con Los Vengadores no eran tan elevadas en Defensores, tal vez porque solo Daredevil y Jessica Jones habían generado un consenso en torno a su calidad, quedando las opiniones muy divididas sobre (la interesante) Luke Cage y (la fallida) Iron Fist. Tampoco el aparataje ni propagandístico ni presupuestario era comparable, ni por supuesto el carisma de los personajes implicados, lo que hacía que en realidad hubiera más expectativas por la nueva serie de Punisher o por la tercera temporada de Daredevil y la segunda de Jessica Jones.

Esta relativa falta de expectativas juega a favor de una serie que también tiene como punto favorable el que conste de tan solo ocho episodios en lugar de los trece habituales que tan problemáticos fueron en cuanto a estructura para Jessica Jones o Luke Cage. Aún y con solo ocho episodios en su haber, lo cierto es que la serie se toma su tiempo en reunir a los protagonistas que no es casi hasta la mitad del show cuando son conscientes de estar combatiendo la misma amenaza. Una vez unidos la serie apuesta por dejar muy claro el rol de cada uno de ellos, con Cage como algo así como referente moral del grupo, Jones como una outsider reacia a colaborar, Rand como entusiasta y algo ingenuo pegamento del grupo y un Daredevil que en teoría debería ejercer el papel de líder.

Y digo en teoría ya que una de las cosas que no termina de funcionar en la serie es la química entre los personajes en especial con Daredevil, que acaba involucrado en todo el asunto de manera cuando menos extraña y que tal vez debido a su identidad secreta, y el traje que conlleva usar, (el tema de la identidad secreta de los superhéroes en las ficciones de imagen real merece sin duda un estudio aparte) no termina de encajar del todo con el resto, y eso que junto con Iron Fist es el que más personalmente esta involucrado con el tema. Es curioso todo esto, la química (y la física) ya funciono muy bien en Jessica Jones entre esta y Cage, al igual que la relación de este con Rand, que esta bien llevada, sin embargo Daredevil no parece que en ningún momento este en la misma onda que el resto, por mucho que intenten ligarlo a Rand convirtiéndole en una suerte de modelo referencia para él o busquen que su relación con Jessica fluya, algo que nunca llega a suceder.

Teniendo como showrunners y guionistas a los responsables de la segunda temporada de Daredevil, la serie carece de los desequilibrios que por momentos acuso aquella, pero también es cierto que retoma los elementos menos interesantes de la misma, para una serie que no parece sentar las bases de un futuro grupo, lo que también es cierto enlace con la tradición de no-grupo asociada en los cómics al nombre Defensores (único parecido con el cómic homónimo) lo que no deja entrever una segunda temporada próximamente, a cambio si plantea interesantes opciones de futuro para Iron Fist y sobre todo para Daredevil.

En cualquier caso y pese a innegables puntos de interés sobre todo en algunos aspectos dramáticos centrados en especial en torno a Daredevil y a Collen Wing mucho más interesante como personaje que su partenaire, la serie falla (si bien no tanto como en Iron Fist) en lo que al tratamiento de la acción se refiere, con unas coreografías de lucha que si bien tratan de resaltar la diferencia de estilos de cada héroe (el barriobajero de Jessica, el eclíptico de Daredevil, el elegante de Iron Fist o el brutal y directo de Cage) no terminan nunca de funcionar en su conjunto haciendo que la mayoría de las escenas de acción no fluyan correctamente. Tampoco esta acertada la serie en en el desarrollo de las relaciones personales entre los secundarios, relaciones de las que hay atisbos pero que podían haber dado mucho más de si.

Aparece así la serie como una gran oportunidad perdida de hacer algo más grande y significativo, algo realmente ambicioso que emulase en trascendencia (evidentemente con otros medios) lo conseguido por Los Vengadores en la gran pantalla. Parece casi como si los creadores una vez conscientes de que las seres individuales habían funcionado más o menos bien, quería quitarse Defensores de encima cuanto antes, haciendo que lo que empezó como punto de destino global se tornase en un compromiso ineludible pero poco apetecible que había que ventilar de la manera más digna posible.

sábado, 17 de junio de 2017

Marvel en los 90: Una breve reflexión de la época más oscura de la editorial.

Estos últimos meses en mi afán completista buscando conseguir todo el material publicado en España de la series regulares de los que yo llamo 9 grandes de Marvel, he podido leer diversos anuales de los 90 de las principales personajes de la casa. Su baja (a veces nula) calidad media me lleva a preguntarme qué pasaba por la cabeza de los editores para publicar algo así. Este post es una especie de ordenación de mis pensamientos al respecto.

Teniendo en cuenta solo el aspecto meramente creativo la idea de que los años 90 fueron para Marvel un desastre sin paliativos se ha consolidado como un mantra. Sin embargo la realidad es como siempre mucho más compleja de lo que los tópicos dictan, y lo cierto es que hay muchos elementos a tener en cuenta antes de acepta dicha afirmación como verdad innegable. Y es que para empezar los 90 son muchos años y Marvel una editorial demasiado grande como para aceptar una generalización de tal calibre. Partiendo de esta premisa lo primero que había que definir es que entendemos por los 90 para después poder explicar de dónde viene esta idea.

Cualquier división histórica que se quiera hacer tendrá mucho de artificial, ya que la historia transcurre de manera orgánica sin que las limitaciones temporales que se hacen sobre ella sean más que meras acotaciones para facilitar el estudio de los acontecimientos. Precisamente con ese fin creo que el periodo que va de 1992 a 1997 acota muy bien toda una era de excesos y viene a definir con claridad lo que fueron la esencia de los 90 para Marvel.

En 1992 se fundó Image Comics, un autentico terremoto para La Casa de las Ideas que la dejo descapitalizada de talento (esto es muy opinable) y de ventas millonarias (esto es indiscutible) ante la fuga de sus principales artistas, y lo hizo además creando un nuevo y feroz competidor por un mercado que entonces no parecía dejar de crecer, aunque pronto todo se desvelo como un gran burbuja. En 1997 se puso fin al experimento que fue Heroes Reborn jugada editorial por la que durante algo más de un año los principales héroes no mutantes ni arácnidos de Marvel pasaron a manos de dos de los principales protagonistas de la creación de Image: Jim Lee y Rob Liefeld. Una especie de círculo simbólico se cerraba y una nueva era se iniciaba.


¿Esto implica que todos los cómics que se produjeron en Marvel entre 1992 y 1997 fueron un desastre? Ni mucho menos, como decíamos antes Marvel es una editorial demasiado grande y 6 años son demasiados como para imaginar algo así. Ahí están el Hulk de Peter David, los Thunderbolts de Busiek y Bagley, el Ka-zar de Waid y Kubert o los Clandestine de Alan Davis por poner solo algunos ejemplos, para demostrarlo. Pero en esos años se juntaron una serie de factores que hicieron que sean recordados como los años más oscuros, creativamente hablando, de la editorial.

Gran parte de lo sucedido se explica en la reacción de Marvel a la fuga de sus estrellas y la consiguiente creación de Image, una reacción que por desgracia no paso por intentar realizar los mejores cómics posibles para hacer olvidar a los fugados si no que por el contrario se centro en dos elementos: buscar clones de mayor o menor calidad de los fugados, e inundar el mercado de colecciones intentado ahogar a los recién llegados, con más y más cómics que con el sello Marvel en la portada se entendía tenían mucho ganado de cara a situarse en las estanterías de las librerías especializadas.

En los 90 la era de la comunicación todavía estaba en pañales y la llegada de dibujantes internacionales era mucho más compleja de lo que hoy en día internet ha conseguido que sea, así el principal problema que se encontró Marvel de cara a su ambicioso plan de expansión, era la alarmante falta de talento para hacer frente a todos los cómics que estaban publicando. Y es que no había tantos guionistas y mucho menos aun dibujantes que pudieran tener el nivel suficiente para publicar en Marvel, es más muchos de los que si tenían ese nivel acababan dejando la editorial por Image con el fin de tener más libertad creativa, controlar sus creaciones y sobre todo los beneficios derivados de estas.

Esta ausencia de talento no pareció importar a una editorial empeñada en seguir con su estrategia costase lo que costase, lo que llevo por un lado a multiplicar las colecciones de las franquicias más populares sin freno aparente, mientras que por otro se sucedían las colecciones nuevas de personajes creados casi de la nada cuyo resultado creativo-comercial no era tan relevante como el hueco que iba a ocupar en la librería, hueco que así no iría a parar a un cómic de la competencia. Estamos hablando de colecciones como por ejemplo Darkhawk o Marta Plateada que en otro momento jamás hubiesen llegado a ver la luz y que en estos años superaron la treintena de entregas. Un símbolo de todo esto se vio en los anuales, donde (no solo) las historias de complemento se convirtieron en infames experimentos y campos de pruebas de auténticos horrores comiqueros con autores de los que nunca más se ha vuelto a saber.



En un mercado afectado por una tremenda burbuja especulativa (que como pasa siempre con estas cosas todos negaban) la estrategia de Marvel se rebeló estúpida y fue uno de los elementos (tal vez el menor, pero importante en cualquier caso) para la posterior bancarrota y subasta de derechos cinematográficos que tantos problemas causan hoy en día a la ya consolidada y muy rentable Marvel Studios (pero eso es otra historia). Como salida a todo esto, se intento retornar a los autores que había llevado a Marvel a ventas millonarias a principios de la década. McFarlane rechazo volver a Spiderman pero Lee y Liefeld si aceptaron la oferta de Marvel de relanzar con total libertad Los 4F, Iron Man, Capitán América y Los Vengadores.

El resultado fue comercialmente estimable pero muy lejos de los cifras de ventas de 1990-1992, los responsables del experimento no habían tenido en cuenta lo mucho de especulativo que las ventas habían tenido esos años y lo mucho que se había contraído el mercado del cómic comercial USA desde entonces. Desde un punto de vista creativo, más allá de su (escasa por lo general) calidad, el movimiento estuvo a punto de provocar un cisma en La Casa de las Ideas ante lo que muchos entendía como una traición a lo que Marvel debía ser, es curioso que esa polémica no se levantase anteriormente por las infames etapas que antes de Reborn estaban protagonizando Vengadores o Iron Man. Así las cosas apenas un año después del experimento Marvel decidió retomar el camino e inicio un relanzamiento con Heroes Return que culminaría años más tarde con el inicio de la era Jemas/Quesada y la recuperación definitiva de Las Casa de las Ideas hasta ser el gigante transmedia perteneciente al conglomerado Disney que es hoy, pero esa es también, otra historia…

domingo, 14 de mayo de 2017

Daredevil: El bluff del hombre ciego.

Segundo tomo que recopila en España la titubeante etapa de Charles Soule al frente de Daredevil y que incluye en esta ocasión los números 5 a 9 del volumen V del personaje así como el primer anual de este mismo volumen. A destacar la magnifica portada de Bill Sienkiewicz que ilustra el tomo.

El triste inicio de la etapa de Charles Soule al frente de los destinos del hombre sin miedo ha tenido un respiro en este segundo tomo, “El Bluff del hombre ciego” donde ya sin el fanático dibujo de Ron Garney consigue centrar más la trama en torno a la que parece estar girado su etapa y cuenta con dos invitados muy importantes (de maneras muy diferentes) en la trayectoria del hombre sin miedo: Elektra y Spiderman.

Lo más destacado de ambas apariciones gira en torno al nuevo estatus de Daredevil y su identidad secreta que parece llegar más lejos de lo que en un principio se adivinaba. En concreto la relación con Elektra plantea toda una serie de dudas y contradicciones bastante difíciles de resolver y que en cualquier caso pasan aquí a un segundo plano ante lo sorprendentemente bien que Soule sabe manejar a un personaje muy maltratado desde que Miller no es su escriba. Esta primera saga que ocupa los dos primeros números del tomo cuenta con el dibujo de Matteo Buffagni, desconocido para quien esto escribe pero con un estilo muy continuista con el de Garney y que va perfecto para el tono de la colección.

La segunda saga que incluye el tomo y que le da titulo cuenta con al presencia de un Spiderman afectado por la misma situación que Elektra y que ayuda a Daredevil a conseguir valiosa información para poner en jaque al misterioso enemigo en la sombra que parece tener mucho control sobre como Matt ha conseguido revertir su anterior estatus. Con todo lo mejor de la saga y donde Soule vuelve a brillar es en la caracterización de personajes con muy buenos diálogos entre Daredevil y un Spiderman que brilla con luz propia a lo largo de toda la historia. Dibuja un mucho más conocido Goran Sudzuka que de nuevo consigue que no se eche en falta a Ron Garney con un dibujo plagado de contrastes y una sólida capacidad narrativa.

Cierra el tomo un anual del todo intrascendente que recuerda los peores momentos del primer tomo con Eco como invitada, Klaw como vilano y con una Vanesa R. del Rey no tan afortunada en el dibujo como sus acompañantes en el tomo. Se agradece el retorno de Eco un personaje siempre interesante y que genera un poderoso contraste con Daredevil pero la historia es tan anecdotista que apenas si puede justificar la existencia de un número especial fuera de colección para contarla. El anual cuenta con un complemento a cargo de Roger McKenzie, guionista que pese a ser más conocido por su colaboración con Frank Miller en los inicios de su etapa en Daredevil que por su trabajo propio, siempre ha sido un solido autor con buenas ideas que sin embargo aquí falla estrepitosamente al cargarse toda al complejidad y evolución del un personaje como Gladiador para convertirlo en otro villano loco más. Dibuja un Ben Torres que destaca por su manera de reflejar la locura de Potter.

Como balance este tomo construye algo mucho más interesante que la primera y muy decepcionante saga de Soule con el personaje pero sigue sin dar con el tono que haga que esta etapa pueda tener tanto interés o carisma como las de sus ilustres predecesores. Lo cierto es que es una lastima ya que Soule si demuestra conocer y comprender al personaje, vemos a un Daredevil que actúa, que habla, que se comporta como cabria esperar (muy lejos por ejemplo del de Brubaker) pero el problema es que la historia que se nos esta contando, al menos de momento carece de verdadero interés y ya van nueve números (diez si contamos el especial de Masacre), un especial breve de apertura, un anual y una serie limitada de cuatro cómics en los que Soule no consigue captar el interés por su visión del personaje.

sábado, 8 de abril de 2017

Historia de un hombre sin miedo: Daredevil/El Castigador. El séptimo circulo.

Desde que Frank Miller los enfrentara en la mítica saga Child's Play los encuentros entre Daredevil y El Castigador han sido muchos y rara vez amistosos. Panini publica en un tomo el último de ellos que recopila una miniserie de cuatro números surgida por la influencia de al segunda temporada televisiva de Daredevil.

El enfrentamiento ente ambos personajes siempre ha tenido un hondo calado moral debido a sus casi antitéticas visiones del vigilantismo y condicionadas por el hecho de que Murdock es consciente de que esta a un mal día de convertirse en Castle. Así las cosas las mejores historias entre ambos personajes son las que ponen frente al espejo sus métodos y los que muestran la ambigüedad en las que en no pocas ocasiones se ve obligado a moverse Daredevil frente a la contundencia de los actos del Castigador, que bajo el punto de vista de Matt no es más que otro villano, aunque en el fondo tema que sea más bien un retorcido espejo en el que mirarse.

No ha sido este el enfoque por el que ha optado Charles Soule, a la sazón guionista regular de Daredevil y que aquí se limita a contar un cómic de acción donde Daredevil y su protegido Punto Ciego tratan de llevar a un asesino al aeropuerto de Nueva York para que sea juzgado en Texas mientras que Castle trata de impedirlo para acabar definitivamente con el asesino a la par que este cuenta con sus propios mercenarios que buscan liberarlo.

La estructura que recuerda poderosamente a la película Ruta Suicida o lo que Scott Snyder y John Romita Jr. están haciendo en All Star Batman ofrece un cómic entretenido pero olvidable donde la acción prima por encima de todo y donde el conflicto que alimenta la relación entre los personajes centrales apenas si esta esbozado, pese a tener un fondo con mucho interés y que va a la esencia de los personajes. No contribuye nada a que el cómic sea memorable el dibujo a medio camino entre los desconocidos Relly Brown (el único que parece salvarse), Simon Kudranski y Mast diciendo muy poco a favor de Marvel y sus expectativas para con este cómic que ni siquiera hayan conseguido que un solo dibujante fuera el responsable artístico de una miniserie de tan solo cuatro números.

Con todo la historia mientras se mantiene a ras de suelo con Daredevil y Castle tratando de superarse mutuamente mientras Punto Ciego se ve atrapado en medio de una situación donde hay también mucho ego en juego, el cómic no funciona mal del todo. Son sobre todo los dos primeros números donde además los bocetos de Relly Brown, más crudos y realistas son bastante más interesantes. Sin embargo la presencia de Dinamo Carmesí queda totalmente fuera de scope y no solo no aporta nada si no que parece un pegote sin sentido, que además resta credibilidad a su resolución ya que resulta complicado creer que Daredevil o Punisher puedan derrotar a un enemigo así.

Lo curioso es que de fondo, y como decíamos antes, hay un tema interesante que apenas es explotado en un par de diálogos pero que si va al centro del conflicto entre ambos personajes. Matt sabe que en Texas es muy probable que el acusado sea sentenciado a muerte, al fin y al cabo el destino que le ofrece Punisher aquí y ahora, el propio Punisher le pregunta que cual es la diferencia. Pero claro Matt pese a todo cree en el sistema y si el asesino ha de pagar con su vida por sus crímenes no serán ni él ni Castle quienes lo determinen si no un jurado y un juez tras un proceso debido, esa es realmente la diferencia y lo que para Matt separa a la sociedad de convertirse en una jungla donde impere la ley del más fuerte. Aunque muy de fondo ese el tema central de la miniserie, la que le confiere algo de interés y la que impide que sea el desastre absoluto que en sus dos números finales esta muy cerca de ser.

sábado, 25 de febrero de 2017

Historia de un hombre sin miedo especial: Kingpin en Civil War II.

Como una suerte de prologo de la nueva colección regular del personaje (con muchos visos de ser más bien limitada) llega esta miniserie de cuatro números tangencialmente relacionada con la segunda guerra civil superheroica y que Panini ha recopilado en un único tomo en España.

Lo primero que llama la atención del cómic con un simple vistazo es su dibujo, un trazo feista, deslavazado y por momentos grotesco que no es muy habitual en un cómic Marvel. Sin embargo su elegancia narrativa y su capacidad expresiva es innegable lo que da al asunto un aura especial que desde luego no se deja ver en la historia en si. El autor de los lápices es un artista bastante desconocido para quien esto escribe: Ricardo López Ortíz y por lo que he podido ver este es uno de sus primeros trabajos. Llamativo y distinto, no se pude negar que su trabajo es cuando menos diferente.

A los guiones tenemos a Mattew Rosemberg otro ilustre desconocido que será el encargado de tomar las riendas de la futura serie regular del personaje. Por lo visto aquí el futuro de esta no es muy halagüeño. Y es que la historia que nos narra esta miniserie no aporta nada de verdadero peso al personaje que permita verlo de otra manera o que haga que su bagaje se enriquezca.. Es el enésimo relato que nos muestra el poder y la ambición de Wilson Fisk para controlar el crimen organizado de Nueva York y que se relaciona con la Civil War II por la presencia de Janus Jardeesh un criminal de baja estofa que transformado en Inhumano permite a Fisk ocultarse de las predicciones de Ulysses.

A lo largo de la historia asistimos a un desfile de algunos de los principales criminales callejeros de Marvel con especial relevancia de Turk aquí ascendido casi a lugarteniente de Kingpìn y se nos muestra como el maquiavelismo del personaje logra dar la vuelta a su captura por parte de S.H.I.E.L.D situación en la que Fisk se desenvolverá como pez en el agua. El cómic esta aderezado con la presencia del Punisher que estará muy cerca de lograr por fin su objetivo de asesinar a Kingpin.

El problema de todo es que Kingpin, como tantos otros personajes (Bullseye por ejemplo que parece que también va a contar con serie regular) funciona mejor como amenaza puntual, incluso como elemento en la sombra que controla toda la situación y que parece inalcanzable, exponerlo de esta manera, ya sea en una serie limitada de escaso o nulo interés como esta, ya sea en una serie regular (en lo que sería el segundo intento de dotar al personaje de colección propia) lo único que hace es quitarle parte de su aura y en definitiva convencionalizarlo. Fue lo que paso con Veneno en los 90 que de ser una amenaza poderosa y creíble paso a ser un personaje tremendamente vulgar y puede pasar con cualquier personaje de este estilo al que se sobreexplote.

En cualquier caso y en definitiva una cómic que no aporta nada a la Civil War II cuyo título en portada es un mero reclamo comercial y que lo que es peor no aporta nada a un personaje que es mucho más grande y temible cuanto más espaciadas e impactantes son sus apariciones. Un error de concepto que parece que se va a prologar en el tiempo.

domingo, 19 de febrero de 2017

Historia de un hombre sin miedo especial: Daredevil en Civil War II.

Nunca ha tenido Daredevil demasiado peso en los grandes eventos marvelitas, es más una de las claves de la calidad de muchas de sus etapas esta precisamente en eso, sus equipos creativos han podido trabajar con un grado de libertad desconocido en otros personajes más populares, no viéndose obligados a interrumpir sus tramas para contar algo relacionado con el evento de turno. Esta Civil War II no ha sido una excepción y la serie regular del personaje no se ha visto afectada por el crossover, lo que no ha impedido que tuviese un papel en la misma. Cuidado con los spoilers.

A lo largo de los años se ha ido viendo como Brian Michael Bendis, arquitecto fundamental de Marvel tras Vengadores Desnudos, ha ido construyendo sus eventos en torno a grandes golpes de efecto salpicados de muertes y resurrecciones, tenemos caso como el de Ojo de Halcón (que conoció de su mano ambos elementos), La Avispa, Ares y un largo etcétera. Esta Civil War II no podía ser menos y si ya la historia tuvo como punto de arranque la muerte de James Rhodes fue la muerte de Bruce Banner lo que termino de precipitar las cosas.

Dejando de lado la esencia del conflicto (muy rollo Minority Report) la muerte de Banner a manos de Clint “Ojo de Halcón” Barton precipito el pequeño papel de Daredevil en este nuevo drama marvelita en el que nada volverá a ser igual... hasta que en menos de un año llegue un nuevo megaevento y tiro por que me toca. En fin a lo que íbamos, el nuevo status de Matt Murdock como fiscal en Nueva York le convertía en el personaje ideal tanto para acusar a Burton como para describir lo que realmente había detrás de su juicio, un “juicio del siglo” que apenas si ocuparía un par de páginas en la miniserie central pero que sería objeto de un one-shot donde Daredevil seria el autentico protagonista.

Así las cosas en Civil War II: El acusado de la mano de Marc Guggenheim a los guiones y Ramon Bach con Garry Brown al dibujo se nos narra el juicio que ha de terminar la culpabilidad o no de asesinato por parte del acusado Clint Barton sobre el caído Bruce Banner, una acusación que se ve complicada por la aparición de un vídeo donde el propio Banner pedía a Burton que, si ahora que se había librado de la pesadilla de Hulk, volvía a convertirse en este, Burton debería asegurarse de que moría antes de convertirse. La cosa esta claro en que solo Burton vio en Banner un supuesto destello verde en sus ojos que implicaba que iba a convertirse de nuevo en Hulk. El juicio se planteaba por tanto en estos términos: ¿fue la muerte de Banner un asesinato o fue un suicidio asistido?

Guggenheim que entre otras cosas cuenta en su curriculum con colaboraciones en diversas series de abogados y conocedor por tanto de los mecanismo que hacen funcionar un drama judicial, cuenta aquí como Matt dándose cuenta de que el Estado pretende condenar a Burton de la manera más rápida posible y trata de anular pruebas fundamentales, decide como Daredevil investigar que hay detrás de todo esto y aunque perjudique su caso esta dispuesto a ofrecer al acusado un juicio justo. Y es que lejos de lo que el Estado puede pensar, Matt pese a lo precario de su situación (acaba de recuperar su licencia para poder ejercer en Nueva York) y su falta de experiencia como fiscal, no esta dispuesto a dejarse manipular. Quiere condenar a Burton si, piensa que es culpable, pero cree que merece un juicio justo y esta dispuesto a que el jurado emita su veredicto contando con todos las pruebas encima de la mesa.

En El acusado se nos presenta por tanto y ante todo como un drama moral, donde un héroe que por encima de todo cree en la justicia esta dispuesto a apostar por ella aunque signifique perder el caso y dañar su carrera y otro que más allá del veredicto de culpabilidad o inocencia sabe que ha matado a un amigo y no esta seguro de como va poder vivir con ello. Una historia muy bien contada con un sólido dibujo que muestra el carácter de dos de los héroes secundarios pero más reconocibles de la editorial y que mientras que refuerza a Daredevil en su inquebrantable moralidad, deja a Ojo de Halcón hundido y con un futuro incierto por delante.

sábado, 11 de febrero de 2017

La última cruzada del Caballero Oscuro.

Ambientada antes de los narrado en El Regreso del Caballero Oscuro (DK a partir de ahora), La última cruzada narra el momento más traumático de la historia Batman en el particular Universo DC de Frank Miller, que aquí está acompañado por Brian Azzarello al guión, John Romita Jr. a los lápices y Peter Steigerwald a las tintas y al color.

Una de las cosas que más impacto del DK del Frank Miller en un primer momento fue contemplar a ese Bruce Wayne, hundido, demacrado y casi al borde la de la muerte que hacía ya tiempo que había dejado de ser Batman. En el cómic se daban algunas de las razones que había llevado a ese momento, pero sin duda este La última cruzada permite profundizar más en ello.

El Batman que Miller y Azzarello nos presentan aquí no es el bisoño novato de Año de Ano, ni tampoco la ola de energía y engreimiento de All Star, estamos antes un Batman mucho más cercano al Bruce Wayne que se nos muestra al principio de DK. Un Batman cansado que se siente viejo, que incluso se ve superado físicamente por Killer Croc, piensa que Jason Todd puede llegar a sustituirle mientras él puede vigilar sus esfuerzos desde la Batcueva y sin embargo…

Jason está preparado físicamente, el propio Batman comenta que es mejor que él a su edad, si, hay que pulir sus habilidades de detective, pero ahí se puede trabajar, después de la decepción que supuso Dick Grayson (cuyo nombre Batman ni siquiera puede pronunciar), Jason parece el candidato ideal. Pero el problema es que Jason disfruta demasiado con lo que hace, y aunque es cierto que Bruce en su momento también llegó a hacerlo (como bien le recuerda Alfred, ahí está su época All Star para recordarlo), la forma en lo que lo hace Jason tiene algo de inquietante. Teniendo opciones de causar menos daño siempre busca hacer el máximo posible, aun enfrentándose a inocentes dominados mentalmente por Hiedra Venenosa, Jason no duda en emplearse al máximo sin ningún tipo de piedad, además Jason tiene su propia forma de ver las cosas y no son pocas las veces que desobedece ordenes…

Ante este panorama la ominosa presencia del Joker no hace si no aumentar la sensación de que algo grande va a pasar, un Joker capaz de provocar una rebelión en el psiquiátrico solo hablando y capaz de salir andando del mismo en mitad del caos sin que nadie pueda impedirlo. Un Joker que aquí de la mano de un inspirado Romita Jr. (en uno de sus mejores trabajos de los últimos años) aparece como más peligroso y amenazador que nunca.

En estas circunstancias, un convaleciente Batman (al que Killer Croc a estado cerca de matar) ordena directamente al Jason que no se acerque al Joker que no lo busque, pero como decíamos Jason tiene sus propios planes y harto de las dudas de su maestro está dispuesto a demostrar de una vez por todas que puede jugar en las grandes ligas. La tragedia, la mayor derrota en la historia de Batman, lo que explica gran parte del estado de Wayne al principio de DK está a punto de suceder y nada volverá a ser igual.

Las ampliación del Universo DK que trajo primero DK 2 y después la idea de Miller de que todas sus obras con el personaje (Año Uno, All Star, ¿Spawn/Batman?) forman, bajo su punto de vista, parte del mismo universo abría un montón de posibilidades que ahora sólo se está empezando a explorar con DK III. Este One-Shot especial no viene más que a confirmar ese potencial al ahondar en uno de los momentos más oscuros de la historia de Batman y lo hace siendo por un lado totalmente fiel al canon del personaje y por otro mostrando también gran coherencia con todo este Universo DK que Miller ha venido construyendo con las décadas, demostrando una vez más que Azzarello era el guionista ideal para acompañar a un, debilitado por la enfermedad, Miller en el proyecto.

Al dibujo tenemos a un Romita Jr. que no trata de imitar tanto el trazo del maestro como hemos visto en alguno de los minicómics que complementan el DK III (y que de nuevo ahondan en la idea de profundizar en este Universo DK) y que parece haberse tomado más tiempo para acabar el trabajo, ya que aunque tiene trabajos más potentes, si muestra con plenitud la fuerza de su trazo y la energía que transmiten algunos de sus mejores trabajos. Su labor esta aquí potenciada por Peter Steigerwald que, especialmente en el color, con sus tonos apagados, trasmite la tristeza de una historia en la que el héroe está a punto de sufrir uno de los momentos más duros de su vida.