lunes, 4 de agosto de 2014

Los 4 Fantásticos de Matt Fraction y Mark Bagley.

Si bien es cierto que la mayoría de las series relanzadas en la primera fase de Marvel Now han mantenido cuando menos en su faceta literaria, una estabilidad envidiable, no lo es menos que ha habido notables excepciones. Una de las más llamativas ha sido sin duda la de Los 4 Fantásticos. Tras la larga etapa de Hickman al frente de la colección parecía que la relativa inestabilidad de la misma tras la marcha de Mark Waid, había llegado a su fin y que el nuevo equipo creativo, Matt Fraction y Mark Bagley iba a dar lugar a una larga y sólida etapa. La cosa ha quedado sin embargo en apenas dieciséis números con Bagley fuera en los últimos y con Fraction apenas esbozando los argumentos de la fase final.

La etapa como decíamos apuntaba maneras: Fractión aunque irregular y por ello capaz tanto de lo mejor (Ojo de Halcón) como de lo peor (Miedo Encarnado) tenía una idea de partida interesante y que encajaba a la perfección con el scope que uno espera en Los 4F. Bagley por su parte se presentaba como un dibujante cumplidor, no demasiado espectacular pero capaz de entregar un cómic al mes bien hecho y con una solida narrativa, algo de lo que desde luego no pueden presumir la mayoría de los dibujantes hot actuales.

La idea de partida de la etapa se centraba en el descubrimiento por parte de Reed Richards de que los poderes de Los 4F estaban degenerando y lentamente iban a acabar con sus vidas, incapaz de encontrar una solución decide emprender un viaje a lo largo del espacio-tiempo con su familia con el fin de encontrar un remedio a la situación. Tenemos así alguno de los elementos clásicos que definen a Los 4F reunidos en un contexto que daba mucho juego. Por un lado como auténticos imaginautas y exploradores, la idea de recorrer el espacio y el tiempo era no solo perfecta, si no que permitía narrar todo tipo de aventuras y situaciones que podía alargar la etapa, sin aburrir al personal y sin traicionar la esencia del grupo. Por otro el que Reed ocultara a la familia su descubrimiento, mostraba de nuevo a Richards como autentico motor del grupo y sus acciones, a la vez que reflejaba a la perfección su carácter: culpabilidad por la situación en la que se encontraba su gente y cierta desconfianza para con sus seres queridos a la hora de buscar soluciones. Solo él se cree capaz de arreglar el asunto y solo él con engaños y manipulaciones es capaz de convencer a su familia de que le sigan sin rechistar.

Esto último resulta muy interesante, después de todos estos años Reed sigue tomando decisiones unilaterales que, sin consultar con su familia terminan desencadenando conflictos que ponen a Los 4F en situaciones muy complicadas. Sin ir muy lejos lo hemos visto recientemente en la Civil War o en la etapa Hickman con la construcción y utilización del Puente. Sin embargo, en su etapa, Fraction se limita a usar esta faceta del personaje sin profundizar demasiado en ella, es el motor que permite arrancar la historia pero tiene poco incidencia cuando la verdad es revelada.

Con estos mimbres y tras la presentación del concepto en los dos primeros números, la etapa arranca con cómics casi autoconclusivos que permiten ver a los personajes en muy variadas situaciones tanto en el espacio (enfrentados a planetas devoradores o encontrándose con razas desconocidas), como en el tiempo (en la antigua Roma o en el mismísimo fin del tiempo), sin que el motivo de la degeneración de sus poderes se llegue a solventar o al menos a conocer sus causas. Son números entretenidos donde tanto Fractión como Bagley cumplen, aunque sin que ninguno dé el do de pecho, pese lo lo cual la etapa se lee con agrado y cierto interés. Destacan aquí especialmente los episodios centrados en Ben Grimm y su viaje al pasado para reencontrase con alguien al que debe demasiado y al que ahora pretende devolver al menos algo y el de Reed y el propio Ben a sus años universitarios durante los que se gesto el nacimiento del Doctor Muerte, un Muerte que en palabras del propio Richards es inevitable, como inevitable es que cualquiera que se acerque a Los 4F termine haciendo una historia sobre este personaje.

Sin embargo cuando llevamos aproximadamente diez números de la etapa algo parece romperse, Fraction empieza a coescribir el cómic con Christopher Sebela (¿?)  y su compromiso para con la serie parece quedar en nada. Elegido para relanzar a Los Inhumanos tras los sucesos de Infinito y ocupado con sus trabajos en Image, Fraction decide abandonar Los 4F y lo hace de la peor manera posible: sin terminar su etapa (los últimos números son escritos por Karl Kesel bajo argumento de Fraction) y con un cierre ridículo (¿Muerte el Conquistador-Aniquilador?, ¿en serio?, por favor) que torna una etapa que prometía mucho en una de la mayores decepciones de una serie que desde Heroes Return ha sido irregular, con momentos gloriosos (los primeros números de Hickman o Waid) y otros olvidables (la etapa de JMS o los primeros números de Claremont) pero ninguno tan decepcionante y vacuo como estos cómics. Una situación que guarda ciertos paralelismos con la espantada de J.M. Straczynski en el Superman y la Wonder Woman preNew 52.

Tal vez nunca sepamos los motivos reales por los que Fraction dejo Los 4F como los dejo, (arrastrando de paso a Bagley, que cuando vio el percal prefirió irse lejos), ni tampoco cual es su relación real con Marvel (para la que, pese a todo sigue trabando) a día de hoy, no hay que olvidar que finalmente no escribió
Los Inhumanos (salvo en sus dos primeros números). Pero sea como sea, cuesta creer que una etapa que empezó con una idea tan buena y que en sus primeros números era como poco simpática y entretenida terminara degenerando (al igual que la enfermedad que afectaba a Los 4F, cuya explicación si tiene al menos algo de sentido), en algo tan malo y ridículo. Fraction tiene más talento que eso e incluso sus peores trabajos tiene un mínimo de calidad (a veces eso si, muy mínimo como es el caso de Miedo Encarnado), que aquí en su fase final ha brillado por su ausencia. Tiene que haber alguna explicación, pero probablemente que nunca la sepamos.

jueves, 24 de julio de 2014

El Batman de Scott Snyder y Greg Capullo: Antes del origen.

Vamos con mi pequeña contribución al 75 aniversario de Batman con un post sobre una de la etapas (junto a la de Morrison) más interesantes que ha vivido el personaje en años.

Los autores.

Con casi tres años manteniendo el mismo equipo creativo, el Batman de Scott Snyder y Greg Capullo es además de uno de los más grandes éxitos del relanzamiento del Universo DC, una autentica rara avis en el mercado actual, donde y sobre todo (que no solo) en la vertiente artista es complicado ver a una misma pareja creativa rigiendo los destinos de la misma colección durante tanto tiempo.

La apuesta por esta pareja unida a un personaje como Batman (el más rentable con diferencia de la editorial) era casi segura y el éxito de ventas y de publico les ha acompañado desde el principio. Snyder convertido en superestrella desde el éxito de AmericanVampire, ya había escrito al personaje en una estimable etapa en Detective Comics durante los estertores del antiguo Universo DC. Aunque por entonces la capa del murciélago la llevaba Dick Grayson, el neoyorkino había demostrado gran talento para moverse por terrenos oscuros, próximos al terror, la caracterización y el estudio psicológico de los personajes y la creación de misterios donde nada era lo que parecía y la verdad se escondía tras varias capas de mentiras, cualidades todas ellas que casaban a la perfección con Batman. Capullo por su parte tras años “perdido” en los más recónditos lugares del “Mcfarlaneverso”, había evolucionado enormemente sus estilo desde los 90, dejando atrás la rigidez y estatismo que por entonces le caracterizaban. Dinámico y lleno de fuerza su grafismo acostumbrado a trabajar con personajes oscuros le hacían también candidato ideal para Batman. Personaje que el artista sabe captar en toda su icónica grandeza, tornándolo en una presencia imponente, más sólido y macizo que no estilizado, un Batman que recuerda más al que dibujara Frank Miller que no al que nos mostraran Alan Davis o Jim Lee por poner solo algunos y muy diferenciados, ejemplos

El contexto.

Aunque teóricamente New 52 supuso un relanzamiento desde cero del Universos DC, esta idea tuvo varios matices: por un lado, salvo la primera saga de La Liga de la Justicia o el Superman de Morrison, los cómics de New 52 se ambientarían cinco años después de la llegada de los superhéroes, lo que dejaba un margen muy interesante de tiempo con el que los autores podían jugar (algo que el propio Snyder esta aprovechando ahora con la saga Origen). Por otro, la continuidad de Green Lantern y de Batman no se borraba de un plumazo si no que se “comprimía” a esos cinco años. Esta idea, concebida sobre todo para salvar los logros de los últimos años con ambos personajes de Geoff Johns y Grant Morrison respectivamente. se hacía muy complicado de entender en el caso de Batman, donde teóricamente en solo cinco años habría tenido cinco Robins. A lo largo de las diferentes series de la Batfamilia se ha matizado e intentado explicar todo esto, pero a efectos de lo que aquí nos interesa debemos partir de la base de que al contrario que otros autores, Snyder y Capullo no tendrían ante si una pizarra en blanco para reescribir al personaje en función de sus intereses, si no que tendría que respetar una continuidad y unas bases previas. El que la etapa este gustando y sea un éxito viene a demostrar una vez más que no hace falta destruir siempre lo anterior para crear algo nuevo, que respetando lo que otros autores han escrito se pueden hacer cómics que gusten y funcionen. Una lección que DC parece haber olvidado y que esperemos que Marvel tenga en cuenta para no convertir en ciertos los inquietantes rumores sobre su futuro.

Llegados a este punto y entrando en al etapa en si, el trabajo de Snyder y Capullo se ha estructurado hasta ahora en tres grandes sagas (con episodios de descanso entre ellas) que han terminado afectando a toda la franquicia. Por un lado empezamos con El tribunal de los Búhos y su correspondiente crossover La Noche de los Búhos; seguimos con La muerte de la familia con el Joker en el centro de la acción y culminamos con Origen saga aún sin acabar, lo que hará que hoy nos centremos en los dos primeras historias.

El tribunal de los Búhos.

Con el paso de los años siempre hemos visto a Batman como una figura infalible, preparado para todo, con soluciones para el más inesperado de los problemas, que en el caso de Batman no parece ser tan inesperado. Planes y contraplanes, para todas las cosas imaginables o no, Batman ha sido presentado como un implacable estratega casi imposible de sorprender. Con El tribunal de los Búhos, Snyder y Capullo quieren mostrarnos al Batman más humano, indefenso y superado que se ha visto en años y lo hacen recurriendo precisamente a uno de los elementos que siempre le han definido: su relación con Gotham.

Batman conoce la ciudad como la palma de su mano, no guarda secretos para él. Batman y Gotham son uno o al menos eso cree el hombre murciélago, pero ¿y si no fuera así?, ¿y si el mal creciera dentro de su ciudad, en su mismo corazón durante años y años y Batman no lo supiera? Tan sugerente premisa esta detrás del concepto de El Tribunal de los Búhos, una misteriosa y poderosa sociedad secreta que lleva rigiendo los destinos de Gotham desde hace años y que decide que ha llegado la hora de acabar con Batman. Un Batman que será puesto contra las cuerdas y que por momentos no sabrá como salir. Ver a Batman desesperado e incluso con miedo no es habitual pero Snyder y Capullo consiguen que el lector entre en el juego, que sienta la angustia del hombre murciélago y que se pregunte como va a salir triunfante esta vez. La historia contenida en Batman resulta tensa y dramática, ampliada a toda la Bat-familia se vuelve un tanto excesiva, con situaciones innecesarias que no permiten que como conjunto sea plenamente redonda. A esto contribuye también su final donde el supuesto poder, antes reflejado casi como omnímodo, de El Tribunal de los Búhos queda muy desdibujado y donde se vuelve a jugar con el pasado familiar del personaje sin el acierto con el que lo hiciera Morrison en su muy reciente etapa. Pese a lo cual supone un excelente debut que casi ocupa todo el primer año de la colección.

La muerte de la familia.

Acabada la saga, Capullo se toma un número de descanso para que Snyder acompañado de Becky Clooman presenten a Harper y Cullen Row, personajes que volverían después en el epilogo de La muerte la Familia (de nuevo sin Capullo) y que vendría a mostrar una vez la capacidad de Batman como fuerza inspiradora del bien, lo que ha generado un entorno muy rico y variado de héroes inspirados por su labor, la llamada Bat-familia. Precisamente ese entorno, junto con el gran villano de la franquicia el Joker, serán los protagonistas claves de la segunda gran saga de Snyder y Capullo: La muerte de la familia. Una historia que parte de la idea de Grant Morrison de que el Joker tienen diferentes personalidades que se activan (o mudan su piel, en este caso casi literalmente) cada cierto tiempo. El Joker al que ahora se enfrenta Batman es más sádico y cruel que bromista y además parece haber descubierto la identidad secreta de Batman atacándolo directamente donde más le duele: a través de su gente, de sus amigos, de sus aliados. La saga que prometía convertir en literal su titulo (haciendo referencia más a la muerte de la familia como concepto, que no a la de algunos de sus miembros en concreto) ocupa la primera mitad del segundo año de Snyder y Capullo en la colección y vuelve a generar un gran crossover a su alrededor, en este caso con mucho más sentido, siendo como es la Bat-familia la victima elegida por el Joker.

Aunque su intensidad e intereses es menor que El tribunal de los Búhos, La muerte de la familia (de inevitable recuerdo a la saga que supuso la muerte del segundo Robin, Una muerte en la familia) permite ahondar tanto en la relación existente entre Batman y el Joker como sobre todo entre Batman y su peculiar familia y más cuando se descubre que es un error suyo, que decidió ocultar a su gente, el que puede haber llevado al Joker a descubrir su identidad y ponerlos a todos en peligro. Un descubrimiento que en cualquier caso permanece en la ambigüedad durante gran parte de la trama. La saga tiene grandes momentos como esa macabra reconstrucción del Joker de los 120 días de Sodoma en los que el autentico terror sobre lo que el payaso asesino ha podido hacer se apoderan de la historia, pero parece un peldaño por debajo del casi impecable debut de la colección. Tras esta saga y antes de la llegada de Origen aún quedan dos muy entretenidos números con Clayface como protagonista y donde la identidad secreta de Batman vuelve a estar contra la cuerdas. Después llegará Origen, sin duda la más ambiciosa (aunque no por ello la de más calidad e interés) aventura de toda la etapa, pero eso queda ya para otro día.

lunes, 14 de julio de 2014

El Aquaman de Geoff Johns, Ivan Reis, Paul Pelletier y otros.

Articulo originalmente publicado en Zona Negativa.

Un icóno minusvalorado.

Aunque incluido siempre de los llamados siete grandes de DC (junto a Superman, Batman, Wonder Woman, Flash, Geen Lantern y el Detective Marciano) y encarnación icónica de los elementos fundamentales de la vida (el agua), Aquaman ha sido tradicionalmente objeto de todo tipo de burlas que han menospreciado su interés y potencial. Reducido por muchas a una mera caricatura que en realidad “solo sabe hablar con los peces”, todos estos prejuicios olvidan dos cosas: el viejo axioma de Alan Moore “no hay malos personajes, solo malos autores” y el enorme e infinito potencial de un personaje que es soberano absoluto (¿abolutista?) del reino más grande sobre el planeta. El potencial del personaje, ya mostrado a las claras por autores de la talla de Peter David, Joe Kelly o Grant Morrison no le había permitido nunca, sin embargo situarse en primera línea del Universo DC al menos no en solitario, con una colección propia llena de vaivenes, parones e irregularidades. La llegada de New 52 parecía destinada a cambiar todo esto.

Geoff Johns es sin duda uno de los arquitectos fundamentales del Universo DC casi desde principios de siglo, guionista de innegable calidad y de ideas brillantes que no siempre sabe culminar debidamente, Johns siempre ha parecido tener debilidad por aquellos personajes que aunque tienen indudable peso en la compañía, no terminan de encontrar su sitio dentro de la misma. Así tal vez el precedente más claro dentro de la trayectoria del guionista a su labor en Aquaman lo encontraríamos su etapa Hawkman, donde acompañado por Rag Morales consiguió poner orden en la caótica continuidad del halcón deceita creando una etapa sólida y recordada. Con un objetivo similar, Johns se encargaría de presentar al Aquaman del Nuevo Universo DC y lo haría acompañado por uno de los dibujantes más importantes de la editorial: Ivan Reis, espectacular artista de sólida narrativa, con clara influencia del mejor John Byrne, lo que suponía una apuesta clara de la editorial por tornar definitivamente a Aquaman en uno de sus primeros espadas. La marcha de Reis a mitad de la etapa Johns encuentra un digno sustituto en Paul Pelletier, un artista no tan espectacular como el brasileño, pero si un sólido narrador, con un estilo visual agradable y marcadamente superheróico que sabe ser continuista con la labor de su merecidamente prestigioso antecesor.

Un héroe dividido entre dos mundos.

Johns afronta el reto de relanzar Aquaman estructurando su narración en torno a tres ejes: por un lado su relación con Mera, por otro la división entre su herencia “humana” y su herencia atlante, con todo lo que ello implica en lo que a su corona se refiere y para acabar el ahondamiento en su pasado y en la circunstancias que le han llevado a ser quien es. Johns nos presenta un Aquaman plenamente autocosciente (tanto que sabe que para muchos es poco más que un chiste), cansado tanto de las presiones que recibe desde Atlantis como del desprecio de la superficie y que decide tomar la decisión, pese a todo de vivir en esta, en el faro que cuidaba su padre, tratando así de estar lo más aislado posible, pero sin alejarse del todo de su medio natural. Contara para ello con la lealtad inquebrantable de Mera, que sin ningún vinculo con la superficie más allá del propio Aquaman, encontrara difícil adaptarse a la vida que este quiere llevar. Mera será uno de los personajes en los que más profundice Johns a lo largo de su etapa y pasara de ser mera muleta en la que el protagonista se apoya, a un personaje con entidad e interés propio que llegara a robar protagonismo hasta al propio Aquaman.

Las intenciones de Aquaman se verán pronto interrumpidas por la realidad, primero por una invasión de monstruosas criaturas marinas que ponen en jaque el pueblo donde ha elegido vivir y después por la interrupción de Los Otros, un grupo del pasado de Aquaman que ahora reaparece cuando sus miembros son paulatinamente asesinados a la par que se roban poderosas reliquias del pasado atlante, todo ello mientras el antiguo rey de Atlantis va descubriendo más misterios sobre el origen de su reino y reaparece Manta Raya enemigo clásico del personaje y reformado para la ocasión por Johns, que será el gran villano detrás de lo que esta pasando con Los Otros.

Estas sagas, primorosamente dibujadas por Reis que convierte a Aquaman en una de las series visualmente más potente de DC, sirven a Johns para ahondar en temas muy queridos por el guionista que antes o después termina tocando en toda colección que escribe. Primero profundizando en la raíces de los personajes, trastocando su pasado para construir su presente y marcar su futuro, la diferencia en este Aquaman es que no tiene que recurrir tanto a la retrocontinuidad en el sentido clásico ya que el relanzamiento del Universo DC le da un lienzo casi en blanco donde puede configurar todo aquello que necesita sin necesidad de explicar contradicciones con otras historias. El segundo aspecto en el que Johns suele moverse con soltura es en la reimaginación de los vilanos clásicos del personaje/grupo que escribe en ese momento, en el caso de Aquaman se centra primero en Manta Negra al que torna en psicópata vengativo obsesionado con Aquaman al que culpa, no sin razón, de la muerte de su padre. El Manta Negra que nos muestra Johns es un personaje terrorífico, frió y calculador; dispuesto a todo para matar a Aquaman.

El segundo gran villano de la etapa será Orm, rey de Atlantis y medio hermano de Aquaman, Orm es presentado en medio de un gran crossover con la Liga de la Justicia y que sirve para despedida de Reis camino precisamente a esa colección (cuyos números del crossover ya dibujara). La saga de explicito titula: El trono de Atlantis, es uno de los momentos cumbres de la etapa y narra un enfrentamiento entre el mundo de la superficie y Atlantis, tras un devastador ataque a esta proveniente, en principio del los EEUU. La Liga de la Justicia habrá de hacer frente a las encolerizadas tropas de Orm, mientras que Aquaman se verá de nuevo dividido entre sus dos herencias a la vez que trata de averiguar la verdad de lo ocurrido. La saga destaca por el tratamiento de Orm, personaje complejo, que en ningún caso es presentado como un villano, si no como un rey que quiere proteger a su pueblo de lo que considera es una ataque sin provocación. Orm, se muestra incapaz de comprender el mundo de la superficie pero quiere a su hermano y trata de convencerlo de la justicia de su causa.

El fin de El trono de Atlantis deja a Aquaman en una situación muy complicada, traicionado por uno de los que creía más fieles amigos, obligado a dejar su hermano abandonado en la superficie, mirado con recelo por sus aliados en la Liga de la Justicia y puesto en un torno que ni quería, ni gran parte de su pueblo quiere que ocupe. Con este escenario Johns plantea una última saga: La muerte de un rey que ahonda en los tres elementos claves que han configurado la etapa, desvelando un sorprendente secreto sobre el origen y hundimiento de Atlantis y sobre las raíces familiares de Aquaman. La saga supone el cierre perfecto de la etapa, da respuesta a todas las preguntas formuladas desde el principio y plantea un nuevo escenario a explorar.

Conclusiones.

La etapa ha sido quizá algo más corta de los esperado, apenas 24 números y algún especial, lo que una vez más le acerca como referente a su labor en Hawkman mientras le aleja de otras etapas mucho más largas como sus estancias en Flash, Green Lantern o la JSA. Pese a su relativamente escasa duración, el trabajo de Johns si ha servicio para mostrar una vez más el potencial de un personaje que al igual que el marvelita Namor, tiene tras de si todo un mundo de posibilidades para explorar. Johns ha sabido equilibrar las dos facetas del personaje, aunque siempre su relación con Atlantis y todo lo que ello conlleva ha resultado mucho más interesante que no los intentos por quedarse en la superficie, intentos que en nuestra opinión solo sirven para convencionalizar al personaje. Johns así lo ha visto y su etapa se ha centrado sobre todo en la idea de que Aquaman asumiera y aceptara en plenitud, tanto su herencia atlante como sus deberes para con ella, escribiendo una serie de cómics francamente entretenidos y que asientas de manera muy sólida las bases sobre las que ha de moverse el personaje,

Queda ahora lo más difícil, saber si los excelentes resultados en ventas de la colección sirven para consolidara en el mercado o si estos se debían solo al presencia de Johns (y más cuando estuvo acompañado de Reis), autor capaz de arrastrar mucho publico tras si. La respuesta la tienen ahora Jeff Parker (una elección cuando menos sorprendente) y Paul Pelletier, que tienen ante si una tarea difícil, pero sin duda emocionante.

lunes, 7 de julio de 2014

La Patrulla X de Bendis.

Articulo originalmente publicado en Zona Negativa.

Brian Michael Bendis, la evolución de un guionista estrella.

El Brian Michael Bendis que ha desembarcado en los mutantes en los inicios de la segunda década del siglo XXI, es un Bendis muy distinto tanto por la situación que afronta como por su mismo estatus como guionista, al Bendis que inicio su etapa en Los Vengadores a principios del presente siglo. Su llegada a las páginas de los héroes más poderoso de la Tierra, supuso para bien o para mal un cambio de rumbo para una colección que hacía mucho tiempo había dejado de situarse en el corazón del Universo Marvel. Anticipándose al éxito de la película, Bendis configuro una franquicia poderosa y rentable que por primera vez en años se situó en ventas e importancia por encima de los mutantes y lo hizo teniendo un control casi total sobre la misma. La franquicia mutante pese a haberse visto relegada a un segundo plano es una clase de animal muy distinto. Gigantesca y con una continuidad tan rica como compleja de desentrañar, Bendis no va tener el poder casi omnímodo que tuvo en Los Vengadores.

Sin embargo el guionista de Cleveland cuenta ahora con varias ventajas que no tuvo allí. Primero, tras ocho años rigiendo los destinos de los héroes más poderosos de la Tierra, Bendis, ya no es el guionista novato, aprendiendo a base de tropezones de sus primeros números en una colección grupal. Es ahora sin duda, mucho mejor escritor de superhéroes: maneja con acierto la dinámica de grupo y sabe encontrar el punto justo entre acción y caracterización necesario para que una colección de estas características funcione. Por otro lado, si algo le faltó a Bendis en su larga etapa al frente del destino de Iron Man y compañía, fue dominar esas historias con amenazas más grandes de la vida donde el destino del universo se juega a cara o cruz, tan propias de una serie como Los Vengadores, al guionista de Alias siempre se le vio mucho más agusto con la relativa cotidianidad y el cierto carácter outsider de Los Nuevos Vengadores de Luke Cage. Un enfoque este, que se adapta como un guante a una Patrulla X que por concepto esta llena de marginados y donde la cotidianidad y las relaciones personales han tenido siempre tanta o más importancia que las grandes (o pequeñas) amenazas que encontraban por el camino.

El concepto es el concepto: la idea detrás de la llegada de Bendis.

El guionista, uno de los principales arquitectos detrás del Universo Marvel, pudo controlar al menos hasta cierto punto el estatus que se iba a encontrar nada más llegar a La Patrulla X. Un estatus por cierto, bastante similar al que ya manejo en Los Vengadores post-Civil War, con La Patrulla X divida en dos bandos más enfrentados que nunca tras los sucesos de Vengadores vs X-Men donde Cíclope, poseído por la Fuerza Fenix asesino a Charles Xavier.

Por un lado estaría Lobezno y sus seguidores (la inmensa mayoría de los mutantes, todo hay que decirlo), que vendría a representar el papel “oficialista” que Iron Man y los suyos jugaron tras Civil War, por otro lado estaría Cíclope y los suyos (gente en general “poco recomendable” con ex-villanos como Emma Frost y Magneto o la medio demoníaca Magik) perseguidos y odiados por todos, pero dispuesto a luchar por lo que consideran justo. Un papel que salvando las distancias recuerda el de Luke Cage y los suyos en el escenario posterior a la guerra civil marvelita.

Bendis por supuesto se encarga de regir los destinos de Cíclope y compañía. Un Cíclope más agresivo, dispuesto a liderar una suerte de “revolución mutante”, mucho más interesada en la lucha por los derechos civiles y por evitar que esta segunda oportunidad para los mutantes en el escenario posterior a Dinastía de M acabe otras vez en desastre, que no en crear una suerte de dictadura mutante, rechazando así caer en la dialéctica que desde el gobierno americano y Los Vengadores se quiere imponer, según la cual Cíclope sería el nuevo Magneto, como paradigma de terrorista mutante y racista, mientras que Lobezno sería el nuevo Xavier como símbolo de la integración (él mismo es también vengador) y la convivencia. Dialéctica esta que como decimos Cíclope rechaza de plana por palabra y acción.

En este escenario Bendis añade un nuevo elemento que lo cambia todo, Hank McCoy, principal aliado de Lobezno y cerebro en la sombra de su facción, decide traer a la Patrulla X original del pasado para que Cíclope se enfrente a aquello en lo que se ha convertido (o lo que McCoy cree que se ha convertido, vaya) y cambie de actitud. Dejando aparte la cuando menos sorprendente lógica de McCoy, que acusa a Cíclope de irresponsabilidad por todo lo que ha pasado con el Fenix y para arreglarlo no dudar en jugar con el espacio-tiempo con consecuencias cuando menos desconocidas, actitud que es como poco hipócrita, lo cierto es que este movimiento supone un órdago a la grande y abre una nueva etapa plagada de interés.

Como decimos el movimiento de Bendis es muy interesante, por un lado la llegada de la Patrulla X original a la actualidad entronca al perfección con la tradición de la saga mutante de jugar con el tiempo, con todos esos futuros alternativos y apocalípticos surgidos a raíz de Días del Futuro Pasado. Por otro y entroncando con su ultima saga en Los Vengadores (La Era de Ultron) la situación es completamente distinta en esta ocasión: el tiempo esta roto, nada esta escrito y ya no se crearan realidades alternativas diferentes al tratar de cambiar algo, lo que suceda tendrá repercusiones reales en el aquí y el ahora y nadie sabe realmente lo que esta situación puede terminar generando.

Relanzando a los mutantes: las parejas de baile de Bendis.

Planteado así el escenario, Bendis se hacía cargo de dos colecciones, La Nueva Patrulla X, donde contaría con los lápices de Stuart Immonen y La Imposible Patrulla X que en su vertiente artística contaría con la labor de Chris Bachalo. Ambos colecciones se iniciarían con un número uno bien grande en sus portadas, lógico en el primer caso, se trata de una colección nueva, no tanto en el segundo donde Uncanny X-Men había sido ya remunerada hace menos de dos años, pero que entronca con la actual tendencia marvelita de sacar un nuevo número uno no ya solo con el cambio de un equipo creativo, si no también con un mero cambio de estatus (Daredevil).

La Nueva Patrulla X que narra las andanzas de la Patrulla X del pasado en nuestra época, cuenta en su vertiente artista con uno de los autores más sólidos y respetados del mainstream actual. Viejo conocido de Bendis, autor con el que ha colaborado en diversos cómics, Immonen es un excepcional narrador dotado de un trazo dinámico y espectacular, que usando una composición de página generalmente clásica, netamente superheróica, se ha convertido en uno de los artistas más cotizados del momento.

La Imposible Patrulla X que se centra en las andanzas de Cíclope y su revolución mutante tiene en Bachalo a un artista veterano, amplio conocedor de la saga mutante (si no es el artista que más números uno ha dibujado en al historia de la franquicia, no sabemos quien puede serlo), que ha terminado con los años exagerando su estilo y haciéndolo un tanto confuso desde un punto de vista narrativo, pero al que nadie puede negar su plasticidad y personalidad propia. Mucho más dado a composiciones llamativas y arriesgadas, menos clásico en forma y estilo, Bachalo no parece una apuesta tan segura como Immonen, pero si se trata innegablemente de un primer espada del cómic comercial americano de hoy en día.

Como siempre pasa en estos casos y más hoy, donde Marvel publica más de 12 números al año de muchas de sus colecciones, Immonen y Bachalo no ha sido los únicos artistas que han pasado por las paginas de las Patrullas X de Bendis así en La Imposible, al parecer mucho más dada a la experimentación visual hemos visto a artistas de tan marcada personalidad como el siempre interesante Frazer Irving en una saga pensada para él con el limbo de Magik de por medio o el nada convencional Marcos Rudy, en un muy interesante número con una reveladora conversación entre Kitty Pride y Scott Summers. En La Nueva, de corte más clásico como sustitutos de Immonen hemos visto a artistas como David Marquez, muy en la línea de lo que se espera de un cómic de superhéreos. En general sin embargo y por lo menos hasta ahora Immonen y Bachalo han cumplido bastante bien, dibujando la mayoría de los números de ambas colecciones. Como ultimo apunte visual señalar si acaso el rediseño de los trajes clásicos de La Patrulla X original llevado a cabo por Immomen, un resideño que busca combinar clasicismo con modernidad y muy influenciado por los trajes originales de Factor X, que ha tenido resultados cuando menos cuestionables.

La etapa hasta ahora.

Los primeros números de Bendis marcan dos colecciones bien diferencias, por un lado Summers y los suyos atrayendo a nueva generación de mutantes a sus filas, mientras los conflictos internos se suceden y la lealtad de Magneto es puesta en cuestión. Esto último es una idea muy querida a Bendis que ya uso en Los Vengadores con la presencia (o no, siempre cabe la posibilidad del doble juego) de un infiltrado en las filas de los protagonistas. En estos números, Bendis se centra en la relaciones personales de unos personajes que ven como sus poderes se han “roto” y tiene que volver a aprender a usarlos, mientras tratan de ensañar a un nueva generación que no han de rendirse y que merece la pena luchar por aquello que consideran justo, La revolución de Summers no es otra cosa que: coexistencia pacifica si, pero no vamos a dejar que nos masacren y nos persigan de nuevo, esta vez vamos a defendernos.

Por su lado en La Nueva Patrulla X, Bendis nos muestra el terrible impacto que para la joven Patrulla X supone la llegada a lo que es su futuro. Nos narra la división en sus filas entre quienes creen que están jugando con fuego y deben regresar a su tiempo y quienes piensan que han de aprovechar esta oportunidad para hacer las cosas mejor. Cobraran especial protagonismo Kitty, que se convertirá en el referente y guía de los chavales, el joven Cíclope desconcertado e incapaz de creer que se convertirá en aquello que dicen que se convertirá (visión al principio mediatizada por McCoy y Lobezno) y Jean Grey absolutamente desbordada por los acontecimientos y dispuesta a todo para cambiar su destino.

El punto de inflexión de estos primeros números llega con el crossover La Batalla del Átomo, una historia algo fallida, sin la intensidad y fuerza de los primeros números, pero que sirve para converger ambas colecciones hacia un mismo punto alejando a La Nueva Patrulla X de Lobezno y los suyos. La historia que vuelve a jugar con elementos tan característicos de la franquicia como los viajes en el tiempo y las versiones divergentes de los principales personajes mutantes sirve para plantar las bases de lo que esta pasando en las colecciones regidas por Bendis en este momento, con un Cíclope dispuesto a atacar S.H.I.E.L.D para frenar la construcción y el despliegue de nuevos Centinelas de los que la agencia de espionaje parece responsable, mientras que La Nueva Patrulla X se encuentra envuelta en una saga galáctica con cruce con Los Guardianes de la Galaxia de por medio que lleva por titulo el explicito “El juicio de Jean Grey”, saga tras la cual el estatus del grupo sufrirá un drástico giro del que aún quedan muchas cosas por explicar.

En general Benids parece haber hecho los deberes antes de acercarse a los mutantes, conociendo sus historia y sus personalidades, lo que contribuye a que este firmando una etapa francamente entertenida. Queda por ver cuanto tiempo puede alargar la idea de La Patrulla X original en el presente, una idea brillante pero que tal vez deba tener fecha de caducidad y por otro lado habrá que ver cuanto tiempo realmente se puede mantener el estatus actual de Cíclope y los suyos como enemigos públicos números uno del Universo Marvel. En cualquier caso y al menos para el que esto escribe, merece la pena conocer las respuestas a estos y otros enigmas de dos colecciones que están entre lo mejor que Marvel publica a día de hoy.

domingo, 22 de junio de 2014

Tierra 2 de James Robinson y Nicola Scott.

Articulo originalmente publicado en Zona Negativa.

El legado en el Nuevo Universo DC.

El concepto de legado ha sido tradicionalmente una de las bases del Universo DC, así, por ejemplo, si Jay Garrick encontraba su relevo en Barry Allen este hacía lo propio con Wally West. En este aspecto, uno de los paradigmas de esta idea la representaba la JSA, el grupo que anticipo a la JLA y que le sirvió de ejemplo e inspiración. Con la llegada del Nuevo Universo DC (NUDC a partir de ahora) las reglas cambiaron: no había ningún Jay Garrick que inspirara a Barry Allen, tampoco (al menos al principio) un Wally West que le sucediera y en lo que a nosotros nos importa, no había ninguna JSA que inspirara a la Liga de la Justicia. El primer supergrupo de la historia desaparecía de un plumazo dejando su lugar a una Liga de superestrellas reunida ahora para combatir una amenaza que ninguno podía superar por separado. El legado, la tradición, el pasado mismo no parecían tener sitio en este nuevo y remodelado Universo DC.

Esto no quita sin embargo la necesidad de presentar a la JSA en el contexto del NUDC, al fin y al cabo la JSA cuenta con personajes interesantes, tiene detrás un grupo de lectores si no muy numeroso si sólido y en cualquier caso es un grupo conocido e importante. Pero, si la JSA no fue el primer supregrupo, si no inspiraron a la JLA y a toda una nueva generación de héroes, ¿cual es realmente su papel en el contexto actual? La respuesta llego con Tierra 2.

La llegada de Tierra 2: Los autores.

James Robinson es uno de los guionistas más importantes de DC desde finales del siglo XX. Escriba tras la magnifica Starman y pluma de la canónica JSA: La Edad de Oro, Robinson había cimentado su muy bien ganado prestigio sobre las bases mismas del Universo DC: legado, tradición, respeto al pasado pero siempre mirando al futuro. Robinson fue además la clave del exitoso relanzamiento de la JSA a finales del siglo pasado y sin duda parecía lógico que se encargara de presentar el concepto para este NUDC. Su compañera en esta aventura sería Nicola Scott, una artista cumplidora y de sólida narrativa que aunque lejos de la espectacularidad de un Jim Lee sabe hacer sus cómic visualmente atractivos.

El concepto tras el cual surge Tierra 2 resulta realmente curioso: una Tierra paralela a la tierra principal del NUDC sufre la misma invasión de Apokolips que en aquella produjo la llegada de la Liga de la Justicia. Sin embargo en Tierra 2 las cosas son muy distintas, la invasión es repelida solo tras muchos sacrificios y muertes y solo cuando los tres principales héroes (llamados maravillas aquí) de la Tierra se sacrifican de manera, al menos en apariencia, definitiva. Superman, Batman y Wonder Woman mueren para derrotar a Apokolips. Se acaba una era de maravillas...y empieza otra.

No es la JSA pero se le parece mucho: los personajes.

Decíamos antes que era curioso el concepto tras Tierra 2, y es que si en el Universo DC postcrisis, la JSA inspiro y transmitió su legado a un montón de héroes, en el NUDC será la “muerte” de la trinidad original la que inspire y transmita su legado a una nueva generación de maravillas. En un juego metatextual, Robinson sigue recurriendo a la idea de legado y tradición y lo hace para darle la vuelta al concepto de la JSA que el mismo uso de manera brillante en el DC post Crisis, enlazándolo de paso con el DC precrisis donde Batman o Superman fueron los primeros en inspirar a toda la legión de superhéroes que pueblan hoy la cultura popular.

Será Jay Garrick el primero de las nuevas maravillas que Robinson y Scott nos mostraran, heredero de los poderes del dios Mercurio (de nuevo el legado...), Jay será un poco el punto de vista del lector en la colección. Un chico normal, atrapado en una situación imposible con capacidad para maravillarse y ganas de hacer el bien, pero sin mucha idea de como hacerlo. Todo un contraste con el Jay, flemático, reflexivo y ante el que todos buscaban consejo del DC precrisis. Tras Jay asistiremos a la legada de Hawkgirl, una agresiva e inteligente Kendra Saunders que tomara a Jay bajo su ala e intentara enseñarle como funciona el mundo. Green Lantern será el tercero y dejando aparte las polémicas sobre su orientación sexual (tema tratado con elegancia y sentido común por Robinson), Alan Scott será el más reticente de esta nueva trinidad para con su papel como héroe a la vez que el más poderoso.

La historia hasta ahora...

Robinson se toma su tiempo para construir esta Tierra 2, el primer número sirve para presentar el contexto en el que se mueve este nuevo mundo así como para mostrar el sacrificio de Superman, Batman y Wonder Woman. A partir de ahí los siguientes va presentando a los “nuevos” personajes, dejando por el camino alguna subtrama (ese Mr. Terrific perdido, ese Terry Sloan “el hombre más listo del mundo”, presunto traidor a su gente y manipulador acostumbrado a salirse con la suya) para al final del cuarto número mostrar la nueva amenaza que puede acabar con la vida en la Tierra: Solomon Grundy, personaje muy querido al guionista.

La trama de Grundy sirve para mostrar al mundo las nuevas maravillas y a los lectores que esta Tierra 2 es mucho más paranoica y militarizada que la tierra principal del NUDC. La brutal batalla contra Darkseid y sus hordas y el enorme costo de la pírrica victoria ha llevado a la creación de un ejercito mundial que liderado por Amar Khan no esta dispuesto a tolerar la presencia de maravillas sin control. Para ello no dudara en recurrir a Atom (Al Pratt) y a Sandman (Wesley Dodds) y sus Sandmen con el objetivo de controlarlos. Así poco a poco la JSA clásica se despliega ante el elector aunque sin llegar a constituirse nunca como tal.

Tras el fin de la saga con Grundy, Robinson y Scott siguen presentado nuevos-viejos personajes en este nuevo contexto, así llegaran el Doctor Destino, enfrentado a su archienemigo Wotan o el Capitán Acero, en una trama que puede dar mucho juego y que no parece que Robinson vaya a cerrar. Todo ello mientras se deja entrever lo que la invasión de Apokolips dejo detrás. Steppenwolf controlando, primero en secreto, luego ya a plena vista, el país de Dherain, desde donde y con la ayuda de Furia, la hija de Wonder Woman, desatara un conflicto brutal contra el ejercito mundial que servirá de traca final para la etapa Robinson. Sin embargo, Apokolips no trajo solo muerte y destrucción, al menos Mr. Milagro y Big Barda así quieren demostrarlo si es que Furia se lo permite claro.

Por otro lado, cada vez se van dejando caer más pistas sobre que tal vez el destino de la trinidad original (o al menos de parte de sus miembros) no fue el que pensamos, una idea con la que Robnson jugara en estos números y que al parecer cobra cada vez más fuerza tras su marcha.

Conclusiones.

Robinson y Scott han construido un mundo interesante y plagado de potencial, un mundo donde personajes clásicos son barnizados de cara al siglo XXI y presentan diseños que rindiendo homenaje a sus raíces se ve más actuales y llamativos. Un mundo en definitiva que tal vez mereciera la pena seguir si Robinson no se hubiese ido a pastos más verdes tan pronto, y es que fuesen cuales fuesen los planes del guionista (que sin duda, vista la colección, los tenía) estos se han visto interrumpidos por su abrupta marcha en el número 16 americano (que es de prever se incluya en el quinto tomo español). Sin el guionista que imagino esta Tierra 2 y vistos los avances y portadas de lo que depara el futuro la verdad es que la cosa no pinta muy bien.

Sea como sea y en cuanto al concepto en si de la serie, no deja de resultar llamativo como DC tropieza una y otra vez en la misma piedra. Si tras las Crisis en Tierra Infinitas, La Legión de Superhéroes creo no pocos problemas de continuidad y quebraderos de cabeza, en el NUDC ha sido la JSA la que ha quedado en una posición cuando menos complicada. Desplazarla a una Tierra paralela y alejarla de sus esencias, supone, por muy buen trabajo que hayan hecho Robinson y Scott hacerla de menos y dejar a las claras que, al menos para la DC actual, la JSA no es tan importante como su historia y su legado vienen a demostrar. Una lastima, movimientos como este alejan a DC de su esencia y de lo que le diferencia como uno de los universo de ficción más grandes e interesantes jamas creado.

domingo, 15 de junio de 2014

Daredevil, el hombre con miedo, el paulatino regreso a la oscuridad.

Articulo publicado originalmente en Zona Negativa.

Nos vamos acercando cada vez más al final del volumen III USA del personaje con este tomo que recopila los Daredevil USA vol III 22 al 30. Con ese final en el horizonte, parece que el tono de la colección cada vez se va oscureciendo más. Con Daredevil de por medio parece inevitable.

Desde que Frank Miller marcara a fuego su sello en el personaje, la antaño naturaleza optimista de Daredevil había quedado atrás y salvo momentos muy puntuales (la reivindicable etapa de Karl Kesel a los guiones con Cary Nord a los lápices) apenas si se había separado de ese camino. Sin embargo en los últimos años la cosa había ido demasiado lejos. En su excelente y definitoria etapa Brian Michael Bendis y Alex Maleev habían puesto al personaje contra las cuerdas haciendo pública su identidad. Ed Brubaker (que nunca entendió al personaje) y Michael Lark lo habían transformado en alguien irreconocible y dejado en una situación de difícil resolución pero de infinitas posibilidades, ni más menos que como líder de La Mano. Fue Andy Diggle el que acompañado por dibujantes como Roberto de la Torre o Billy Tan permitió al personaje salir del pozo y dejarlo en cierta manera limpio para un cambio de enfoque. Despreciando eso si todo lo que el nuevo estatus del personaje podía dar de si. Con todo, parecía claro que Daredevil llevaba demasiado tiempo viviendo en la oscuridad. Cada vez era más evidente que había llegado la hora de dejar entrar de nuevo la luz.

Con este enfoque el prestigioso guionista Mark Waid inicio un nuevo volumen de la colección del hombre sin miedo. Con los inmejorables lápices de Paolo Rivera y Marcos Martín, que dotaron a la serie de un empaque visual sin apenas parangón en el mainstream actual, el Daredevil de Waid, sin renunciar al eminente carácter urbano del personaje, contó desde un principio con un tono más marcadamente superheróico, frente al noir predominante en los últimos años. Este tono y esa fuerza visual convenció a la critica, lo que se reflejo en los múltiples y prestigiosos premios ganados por la colección. Sin embargo y siendo sinceros el Daredevil de Waid, era en sus primeros números un tebeo sin duda bien escrito y entretenido, un tebeo cuya lectura se tornaba en algo tan agradable...como decididamente olvidable. Si no fuera por su belleza visual, por la arriesgada (para el mainstream) concepción de página de Martin o Rivera, la colección apenas si destacaría por algo. Waid, entiende al personaje y su enorme fuerza de voluntad (no estamos ante el pusilánime que mostró Brubaker), pero sus guiones carecían de toda fuerza dramática. Cómics entretenidos, primorosamente dibujado pero a años luz de las mejores etapas del cuernecitos. Al menos hasta ahora.

Y es que en el último tomo publicado en España por Panini, Daredevil: El hombre con miedo, la cosa empieza a cambiar de manera lenta pero segura. Ya sea porque Chris Samee, aunque un excelente artista, no tiene el nivel ni de Martín ni de Rivera, lo que obliga al guionista a ir más allá, ya que ahora la mediocridad de sus guiones no quedara tapada por al fuerza visual del cómic. Ya sea porque Waid es cada vez más consciente de que, aunque es cierto que Daredevil necesitaba un cambio de rumbo, no lo es menos que la esencia del personaje es la que es y el drama, la oscuridad, han de estar presentes antes o después si realmente quiere dejar huella en la strip; lo cierto es que este tomo supone un cambio bastante claro en las hasta ahora poco trascendentes andanzas del Daredevil de Waid. Sin renunciar al estilo más superheróico, especialidad del guionista , el tono dramático sube en esta historia varios decibelios.

Decíamos antes que Samee, era peor dibujante que Rivera o Martin y la afirmación resulta tal vez, un tanto injusta, ya que potenciado por la excelente labor en el color de Javier Rodriguez (el cual dibuja con enorme acierto dos de los episodios contenidos en el tomo) su factura visual, claramente influencia por David Mazzuchelli no solo resulta perfecta para la colección si no que muestra un dominio de la narrativa a la altura de los más grandes. Sin embargo ni su composición de página, clásica y eficaz, ni su visualización de aspectos como el radar son tan poderosos como lo eran en las manos de Rivera y sobre todo de Martín. Pese a todo resulta innegable que desde un punto de vista artístico Daredevil esta en buenas manos (como lleva estándolo muchos años) con una pareja llamada a figurar entre las más relevantes de la historia del personaje.

A nivel argumental, el tomo esta estructurado entorno a dos facetas bien diferenciadas que terminaran inexorablemente por cruzarse y podrán a prueba el calado moral del personaje. Por un lado, el aspecto más personal, tal vez el punto fuerte del tomo y donde Waid demuestra lo bien que comprende al personaje. Foggy recibirá una terrible noticia. Victima de una devastadora enfermedad frente a la que su amigo del alma se verá impotente. Waid no cae en sensiblerías baratas, pero si sabe tratar con delicadeza un drama humano por desgracia demasiado real. Poniendo por encima de todo la relación existente entre Matt y Foggy, por primera vez en mucho tiempo ahora será Matt quien habrá de apoyar a su amigo, el que habrá de darle fuerzas ante una situación muy difícil intentado hacerle reír y olvidarse, aunque solo sea unos segundos, de una jugada cruel del destino ante la que solo queda luchar y confiar en la medicina. Un papel que desde tiempos inmemoriales había asumido Foggy con respecto a Matt, y que ahora este asume no sin dificultados, pero si con plena entereza. Destaca en este aspecto una situación en concreto, no son más que una pocas páginas, pero demuestra el talento de Waid para conjugar la vertiente más superheróica (los poderes de Matt) con la mas humana (la situación de Foggy). En un momento dado Matt, rodeado de los olores del hospital y de los derivados del tratamiento que recibe Foggy (potenciados al máximo por sus supersentidos), apenas si puede aguantar el vomito, sin embargo sabe que su amigo lo necesita, sabe que él siempre estuvo cuando lo necesito, no va a dejarle solo, no va a rendirse, ni va a caer en el fango de la autocompasión. Sin duda Brubaker debería tomar nota para aprender quien es y como se comporta Daredevil.

La segunda faceta en la que los números contenidos en el tomo centra su atención es, no podía ser de otra forma, la más puramente superheroica.. Bajo este punto de vista asistiremos a los maquiavelicos planes de un misterioso enemigo dispuesto a destrozar la vida de nuestro héroe una vez más. La identidad de este enemigo, una de las sorpresas del tomo, y una más de las genialidades de Waid, sera una de las claves de la historia, pero ni mucho menos la única. Por un lado recuperamos a una de las mejores aportaciones de Brubaker a la mitológica del personaje (a ver si se recupera también a Dakota North), Lady Bullseye y por otro asistimos a la creación de un nuevo villano: Ikari. Un personaje con un diseño fantástico (a medido camino entre un ninja de La Mano y el traje clásico de Daredevil) que tendrá los mismos poderes que nuestro héroe pero digamos...mejorados y que sin duda tiene mucho que decir en el futuro y más visto ese combate, maravillosamente coreografiado por Samee que centra el número 25 USA. Esta trama permitirá ahondar en los orígenes del cuernecitos, en como funcionan realmente sus poderes y en que le hacer ser especial, en contraste con alguien que tiene sus mismas ventajas pero potenciadas, Daredevil deberá dar un paso adelante. La forma de actuar de Daredevil, entroncara en cierta medida con el discurso de Morrsion en El Retorno de Bruce de Wayne. Si allí el genio escoces dejaba claro que Batman no se hizo solo, que tanto en sus orígenes, como ahora, necesitaba la ayuda de sus amigos y aliados, aquí Waid (amigo personal del guionista de Los Invisibles) retoma la idea con Daredevil. Sus aliados, sus amigos sin poderes no tiene porque quedar desprotegidos cuando por fin se decida a actuar contra la misteriosa amenaza que le acosa casi desde el principio de la colección.

Esta actitud más decida, casi proactiva por momentos, será sin duda una de las cosas que más se agradecen de un tomo, que tras tanta intensidad finaliza con una simpática historia que retoma el tono más desenfadado de los primeros números de esta etapa. Una historia que también ahonda en el pasado del personaje, en concreto en aquel matón que en la infancia de Matt le puso el mote de Daredevil y que ahora regresa a su vida solo para demostrale que las cosas siempre tienen dos puntos de vista, y que los recuerdos pueden ser muchas veces muy traicioneros. Una historia que ademas responde a las dudas de, de donde sacan esas grandes organizaciones terroristas estilo Hydra, su carne de cañón. Algo que de nuevo enlaza con Morrison y con aquel mítico episodio de Los Invisibles narrado desde el punto de vista de uno de esos personajes. Queda para el final un número cuando menos extraño en el que el encuentro más aparentemente imposible se hace realidad: Silver Surfer y Daredevil colaboran para enfrentarse con una amenaza galáctica cuando menos...curiosa que permite ver a Daredevil pilotando la tabla de Estela en una doble plancha espectacular del dúo Samee/Rodriguez. Este extraño encuentro ahonda en otra de las intenciones que Waid ha mostrado desde que se hizo cargo de la colección: una mayor imbricación de Daredevil en el Universo Marvel. Esto enlaza con lo que Chichester hizo en los 90, solo que Waid con mayor talento que aquel, sabe utilizarlo con mayor interés. Así, si por las páginas de la colección hemos visto pasar al Capitán América, a la Gata Negra (¡¡con eróticos resultados!!) e incluso hemos tenido un crossover entre Daredevil, Punisher y Spiderman. En este tomo Superior Spiderman o Hank Pyn tendrán también un papel relevante.

domingo, 8 de junio de 2014

La Liga de la Justicia de Geoff Johns, Jim Lee, Ivan Reis y otros: el camino a Maldad Eterna.

Articulo originalmente publicado en Zona Negativa.


Estamos asistiendo ahora en España a la llegada del crossover más importante del Nuevo Universo DC desde que éste se constituyó: Maldad Eterna. No ha sido nada fácil el camino hacia este evento, con una colección central, La liga de la Justicia de Geoff Johns y Jim Lee, cuya trayectoria solo puede calificarse de irregular.

La Liga de la Justicia era sin duda el buque insignia de New 52, LA COLECCIÓN, así en mayúsculas que había que seguir en el recién relanzado Universo DC, la base misma sobre la que éste parecía edificarse. Con Geoff Johns como guionista y Jim Lee como dibujante y contando en su alineación con seis de los llamados siete grandes de la editorial (solo el Detective Marciano fue sustituido por Cyborg), todo hacía presagiar que estábamos ante un éxito seguro. Sin embargo la realidad fue bien distinta y es que si bien es cierto que las ventas sonrieron desde un principio a esta etapa, no lo es menos que las criticas fueron (también desde un principio) cuando menos poco generosas. En la Liga de Johns/Lee se pueden ver representados todos los males de New 52. Precipitación, mala planificación, personajes muy desdibujados y una dinámica de grupo muy deficiente nos mostraban a un Johns desconocido, que no parecía encontrar el punto a una colección que buscando emular el espíritu de la etapa Morrison se quedaba siempre a mitad de camino. No ayudaba en el proceso tampoco Jim Lee. La superestrella de los 90 y probablemente el mejor (o como mínimo el más espectacular e influyente) dibujante de la “generación Image” hace tiempo que muestra un estancamiento en su estilo que condiciona que si bien sus cómics sean visualmente llamativos, también son repetitivos, al abusar de soluciones gráficas mil veces vistas. En conjunto esto hace que su muy limitada capacidad narrativa resulte cada vez más molesta y da como resultado que su estilo deje de producir el impacto que tenía antaño, haciendo en definitiva que sus defectos pesen más que sus innegables virtudes.

Así las cosas y tras apenas 10 números Lee fue sustituido, primero por el mediocre Tony S. Daniel, el cual no ayudó a mejorar la colección precisamente y luego ya por el dibujante brasileño Ivan Reis con el que la cosa empezó a ir en la buena dirección. Tan espectacular como el dibujante hot por excelencia pero mucho mejor narrador, la llegada de Reis pareció liberar a Johns que empezó a encontrase mucho más agusto con un grupo con cuya iconicidad es sin duda complejo trabajar. Introduciendo nuevos personajes (Firestorm, Átomo y Element Woman), a los que podía desarrollar más, Johns fue trazando un plan a largo plazo que culminó con La Guerra de la Trinidad, un título ambiguo que podía hacer referencia tanto a un conflicto entre las tres Ligas de la Justicia, (La Liga de la Justicia Oscura de Constantine, la Liga de la Justicia de Superman y la Liga de la Justicia de América Amanda Waller) como a un enfrentamiento entre los tres principales iconos de la casa (Superman, Batman y Wonder Woman). Incluso podría narrar una guerra con la llamada Trinidad del Pecado (Pandora, The Question y El Fantasma Errante), que tanta relevancia estaban alcanzando en el Universo DC en el centro… también podía por otro lado, ser algo muy diferente. Las expectativas casi por primera vez desde el decepcionante inicio, eran altas y con La Guerra de la Trinidad, Johns no defrauda. Al guionista se le nota cómodo, en su terreno, dominando la colección y los personajes como ya hizo durante su estancia en la JSA sabiendo crear un clima de tensión e incertidumbre que en continuo in crescendo culmina con el megacrossover más importante de la editorial desde Flashpoint: Maldad Eterna.

Antes de eso en La Guerra de la Trinidad las semillas plantadas empiezan a germinar y son muchos los enigmas que se resuelven, sirviendo así como punto de arranque a todo lo que está por venir. En este “minievento” se aclaran desde el papel de Pandora, con su correspondiente caja, en este Nuevo Universo DC (lejos de la función de Franklin Richards en Heroes Reborn con el que muchos especulábamos), pasando por las intenciones del líder de la misteriosa Sociedad Secreta que empezamos a conocer en las páginas de la Liga de la Justicia de América, también escrita en sus primeros números por Johns, hasta el conflicto entre ésta y la Liga de la Justicia, grupo que nacieron para controlar y cuyo enfrentamiento parecía inevitable. El choque se inicia de la manera más absurda posible con Shazam intentando hacer una buena acción que degenera en conflicto diplomático en el que termina involucrándose La Liga de la Justicia y con ella a la Liga de Waller. La situación estalla con un brutal y sorprendente asesinato que todo parece indicar comete Superman y se ve culminando con una de las sorpresas del año que además de otorgar pleno sentido al titulo da lugar a un evento que se antoja realmente interesante. Aunque a estas alturas parece innegable que New 52 ha sido un “experimento” fallido (los últimos datos de ventas USA sitúan a DC a años luz de Marvel, no mucho mejor desde luego que antes del relanzamiento) pésimamente coordinado, mal ejecutado y plagado de polémica, todo ello no quita que, la que debía ser su colección emblema ha conseguido recuperar el pulso perdido y afronta su tercer año de existencia con las expectativas más altas que nunca. Como bien señala el dicho, más vale tarde que nunca.