domingo, 7 de diciembre de 2014

El Daredevil de Alan Davis: Daredevil y el Clan Destine.

En los últimos años Marvel ha ido recuperando la tradición antaño olvidada de los anuales. Tradición que en el caso de Daredevil ha supuesto que en el 2012 y dentro del relanzamiento llevado a cabo por Mark Waid y compañía, el personaje haya contado con el que sería su treceavo anual (una cifra más bien escasa en 50 años de historia). Realizado por la ya clásica pareja formada por Alan Davis y Mark Farmer, cuentan para la ocasión con el color de Javier Rodríguez, único lazo de unión autoral con la colección regular del personaje.

Si hay un autor de prestigio casi universal en el mainstream americano actual, ese es sin duda Alan Davis. Autor clave del genero superhéroico desde los años 80, el británico, al contrario de lo que ha pasado con otros mitos de esos años, no ha caído en desgracia para el aficionado actual, sabiendo adaptar su estilo a los gustos del mercado a día de hoy, sin por ello copiar a nadie ni perder su propia identidad, es más es él el que ha creado escuela. Por sus expertos lápices han pasado casi todos los personajes clave de Marvel y DC. Aposentado actualmente en la antigua Casa de la Ideas, su plástico trabajo sigue aportando fuerza y dinamismo a algunos de los eventos y personajes principales de la casa, a la vez que, de vez en cuando tiene manga ancha para afrontar sus propios proyectos personales, siendo Marvel muy consciente de que además de su calidad, Davis aporta prestigio por lo que es mejor tenerle contento.

Dentro de este tipo de proyectos personales es donde entraría este primer (y único) anual del volumen 3 americano de Daredevil, que Panini ha tenido a bien recopilar en un interesante tomo bajo el sobrenombre “El Universo Marvel de Alan Davis”. Aunque como decíamos antes casi todos los grandes iconos de Marvel y DC habían pasado por los lápices de Davis, Daredevil vendría a ser una de la excepciones que confirman la regla y este anual viene a subsanar en gran medida tal situación. Todo un acierto ya que no cabe duda que un personaje tan acrobático, de tanta plasticidad visual y mucho más fibroso que musculado, se adapta como anillo al dedo al estilo del dibujante de Miracleman. El anual se engloba dentro de una trilogía de anuales (junto a Los 4 Fantásticos, donde se inicia la historia y a Lobezno donde concluye) que supone el retorno de la familia Destine, uno de los proyectos más personales que Davis creara en la Marvel de los 90.

Concebida como un linaje superpoderoso, con siglos de vida, que prefieren mantenerse ocultos ante el resto de la humanidad (una mezcla de conceptos entre los inhumanos y lo mutantes), se han de enfrentar ahora a un status totalmente diferente cuando las nuevas generaciones deciden salir a la luz desterrando la mascarada de sus familiares. El Clan Destine tuvo una serie original de corta duración (12 números) de la que Davis se marcho pronto (a los 8) por desavenencias con la editorial y que supuso en sus primeros números una de la joyas de los 90 una década desastrosa a nivel global para Marvel pero que con todo tuvo grandes cómics en su haber. Desde entonces Davis ha ido retomando a los personajes, con plena libertad a través de una miniserie (de cinco números en 2008 ) o especiales (el que les enfrento a los X-Men en 2 números de 1996) como el anual que ahora nos ocupa.

La relación de Daredevil con la trama es tangencial, meramente accidental, pero permite a Davis explayarse agusto con su visión del personaje que luce más superherócio y atlético que nunca. La abundancia de splash-page permiten al autor lucir su inmenso talento para el genero en su vertiente más clásica y espectacular lo que unido a su dominio narrativo muestran una vez más a Davis como el prototipo de dibujante de superhéroes perfecto. Lastima que se haya prodigado tan poco por las páginas del hombre sin miedo. En cualquier caso en el anual de Daredevil se desarrolla el nudo de la antes mencionada trilogía y tiene como hilo conductor la presencia del Doctor Extraño, gran amigo del cuernecitos y un misterio familiar que afecta al mismo corazón del Clan Destine y que no parece que vaya a permanecer oculto mucho más. La aventura es entretenida y aunque intrascendente en la historia del hombre si miedo si es clave para una familia Destine a la que las ventas, por desgracia, nunca han acompañado pese al excepcional talento y mimo de su autor.

domingo, 12 de octubre de 2014

Frank Miller Robocop: Ultimo asalto.

Al igual que ocurriera con su guión cinematográfico para Robocop 2, las ideas que Frank Miller trato de llevar a la gran pantalla en Robocop 3, han terminado viendo la luz en formato cómic con guiones una vez más de Steve Grant y lápices en esta ocasión de Korkut Öztekin.

Resulta curioso observar como de la trilogía original de Robocop, es la primera, la única que no cuenta con el trabajo de Miller a los guiones la que más se ve influida por su mundo y sus ideas, en especial por su trabajo en Dark Knignt. Y es que si ya en Robocop 2 la mano de Miller se intuye más que se ve, en Robocop 3 esta totalmente desaparecida. Del ultraviolento y expeditivo mundo narrado por Verhoeven en la primera, pasamos a un película de marcado carácter infantil que desnaturaliza el personaje y reduce la critica social hasta casi hacerla desaparecer.

Por lo que podemos apreciar en esta adaptación, el guion de Miller para Robocop 3 debió ser bastante más esquemático que el de Robocop 2. Aunque en la adaptación de Grant se aprecian los tradicionales temas del autor de Sin City (la individualidad, el sacrificio, la corrupción del poder institucionalizado...), todo aparece reflejado casi como ruido de fondo en una orgía de caos y destrucción, en una película que de haberse rodado tal cual hubiese sido tal vez un glorioso espectáculo de acción, pero hubiera perdido gran parte de la acidez critica de la primera y lo que Miller quería contar para la segunda.

La trama es ya conocida y heredera directa de la situación dejada en lo que hubiera sido Robocop 2. De nuevo nos situamos en un Detroit destrozado, donde la gente se esfuerza por sobrevivir ante el control total ejercido por una gran megacoporación (OCP) y de nuevo Robocop, dibujado por los medios de comunicación como un terrorista, es la única esperanza de salvación para los habitantes de la ciudad. Un concepto que se va desarrollando ya en al primera parte, donde la OCP aún no es tan poderosa, pero va camino de ello, que Miller pretendía llevar más allá en la segunda y que debía tener su (proverbial) asalto final en la tercera, donde Robocop se convierte en catalizador de la resistencia de una ciudad que se da cuenta que ha de tomar la riendas de su propio destino.

En el cómic se ven ideas interesantes como esos ciborg de ultima generación que parecen más humanos que maquinas por fuera pero que se comportan y actúan como máquinas reflejando la humanidad desnaturalizada de sus creadores, frente a un Robocop que parece más maquina por fuera pero por dentro es más humano que los lideres de la asesina OCP. Destacan también ideas entorno al control mediante el sexo, la posibilidad del amor para Robocop, o la lucha de la gente por no perder sus casas (tema por desgracia de innegable actualidad), sin embargo todo esta en segundo plano frente a la desbocada acción que es el eje conductor principal del guión.

Así las cosas si ya Robocop 3 fue con diferencia la peor de la trilogía original (la segunda aún tenia muchas cosas reivindicables), algo parecido sucede con este cómic que uno tiene la sensación que podía haberse contado en al mitad de páginas. Contribuye también a ello Korkut Öztekin, con un dibujo feista que pretende imitar a Miller sin terminar de conseguirlo y que no logra ser desde luego tan llamativo como es el de Juan José Ryp en la adaptación del guión de Robocop 2, adoleciendo además de problemas parecidos en el ritmo y narración que tenía aquel.

Con todo y pese a sus defectos de lo que no cabe duda es que tras la lectura de Robocop: Ultimo asalto uno tiene la clara sensación de que Robocop 3 pudo ser mucho más interesante de lo que fue y que si no llega a ser por los intentos de infantilizar la franquicia para rentabilizarla por otros lados podríamos estar ante una saga, y no solo ante película (la primera) mítica.

Cabe destacar como reflexión final, la pertinencia de comparar el estado actual de Detroit, antaño orgullosa capital del automóvil estadounidense y actual monumento al capitalismo salvaje, con el Detroit que se muestra en Robocop, tanto en la película original (de evidente influencia milleriana) como en los guiones firmados por Miller. De nuevo la capacidad de anticipación del guionista de Born Again asombra por su lucidez, lo que lleva a preguntarse una vez más como pudo firmar algo tan fuera de su tiempo como Holy Terror, pero eso es otra historia.

domingo, 5 de octubre de 2014

Daredevil especial 50 aniversario.

Cincuenta años ya de nuestro hombre sin miedo, en medio de los aniversarios de Batman, Superman, Spiderman o Los 4 Fantásticos lo cierto es que el cumpleaños del cuernecitos ha pasado algo más desapercibido, lo que no ha impedido que desde Marvel hayan lanzado un especial conmemorando el aniversario incluido por Panini en el tomo El Camino del Guerrero.

El especial estructurado en torno a tres historias tiene como núcleo central el trabajo de Mark Waid y Javier Rodríguez, dos de los responsables de la actual etapa de Daredevil. En el, un Matt cincuentón y padre de familia se ve metido en una suerte de ultima batalla para vencer a la hija del Búho que ha cegado a gran parte de Nueva York. La historia que permite echar un vistazo a alguno de los planes que Waid tiene para el futuro de la serie destaca por su tono optimista y aventurero, a lo que ayuda el dibujo, limpio y dinámico de un Rodríguez que vuelve a dar muestras de su talento más allá de la paleta de colores. El tono es un contraste claro con la serie limitada El fin de los días donde Brian Michael Bendis imaginaba un futuro mucho más oscuro para el hombre sin miedo, un futuro donde por cierto la paternidad también tenia su importancia.

Precisamente Bendis será el guionista del relato ilustrado que compone la segunda historia del especial, una historia que supone la reunión con Alex Maleev y que recupera el tono oscuro y pesimista de su celebrada etapa al frente del titulo. El relato ahonda una vez más en el cruel destino que parece esperar a todas las mujeres que se acercan a Daredevil y se enfoca al igual que en El fin de los días desde la perspectiva que un tercero tiene sobre Matt y lo que hace. Una historia que contrasta enormemente con la de Waid/Rodríguez y que muestra a la claras el amplio scope que admite el personaje.

Mucho más cercana al tono de Waid es la tercera historia, escrita y dibujada por Karl Kesel con tintas del mítico Tom Palmer. La historia recupera una de las situaciones más surrealistas vividas en los 50 años de aventuras del personaje: la invención por parte de Matt Murdock de un hermano gemelo (Mike Murdock) para proteger su identidad secreta. Con Gene Colan a los lápices (al que aquí Kesel trata de imitar con éxito relativo) y con un desbocado Stan Lee a los guiones, Mike Murdock fue una respuesta de emergencia de Matt ante una situación que mostraba a la claras que su identidad secreta era un autentico quebradero de cabeza ya en aquellos primeros años. El que Kesel (precursor en cierta media del tono empleado por Waid en la colección a día de hoy, a lo largo de su breve pero intensa etapa en los 90) recupere esta historia y su misma presencia en este especial es un recordatorio más de que había vida en Daredevil antes de Frank Miller y de que, a parte de la oscuridad y el dramatismo, el humor y la aventura desenfadada también tiene cabida en el mundo del hombre sin miedo.

El especial se completa con multitud de portadas alternativas entre las que destacan con fuerza las cinco compuestas por Marcos Martín que rememoran con elegancia compositiva sin parangón alguno de los highlights del personaje: su origen, su primeros años como abogado con Karen y Foggy, la muerte de Elektra, Born Again y la actual era de optimismo donde el diablo vuelve a sonreír. Las portadas se completan con dos más una, la principal a cargo de Paolo Rivera y otra de Chris Samnee y Javier Rodríguez con lo que los principales artistas que han conducido al personaje en su actual relanzamiento están presentes en el cómic.

Este especial se torna así en una buena muestra del potencial del personaje, a la par que contrata con los fastos y grandes celebraciones de los aniversarios de los principales iconos del genero, dejando claro el perfil más discreto pero de calidad contrastada de un Daredevil que a la chita callando y casi siempre en segundo plano ha conseguido estar de manera ininterrumpida durante 50 años en un mercado tan competitivo y cada vez más raquítico, como es el de los superhéroes. Todo un merito sin duda para un personaje al que a poco que le acompañe la fortuna, puede vivir días de gloria gracias tanto a la magnifica etapa que están construyendo Waid/Samnee/Rodríguez como a la serie de televisión que para el 2015 se prepara sobre el mismo.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Daredevil: El camino del guerrero.

Quinto tomo de la etapa Waid, que de la mano de Panini recopila los últimos números del tercer volumen americano del personaje, y lo deja listo para un nuevo relanzamiento a cargo del mismo equipo creativo: Mark Waid, Chris Samnee y Javier Rodriguez.

Superhéroes e identidad secreta.

Si uno piensa en el genero superheróico el tema de la dualidad, de la identidad secreta ha tenido siempre (o casi) un peso fundamental en el mismo, incluso las excepciones (4F) destacaban por eso, por ser excepciones que se mostraban así como revolucionarias. Cuando Bendis y Maleev decidieron que la identidad secreta de Daredevil se hiciese publica, a la vez que Matt por pura fuerza de voluntad lo negara y luchara contra la revelación con todos los medios legales a su disposición, dieron un paso valiente y trazaron una historia relevante para el personaje y su entorno. Cuando no cerraron la historia ni dieron una salida salida definitiva al tema, en un sentido o en otro, condicionaron por completo el futuro del mismo.

Pese a todo dejar el tema de la identidad secreta de Daredevil colgando parecía, al principio al menos, algo positivo: se desterraba la idea de etapa-estanco tan común en los últimos años en Marvel, un concepto según el cual cada nuevo equipo creativo olvidaba lo que había hecho el anterior y se dedicaba a contar su historia y de paso se dejaba un cabo suelto de gran potencial que los futuros equipos creativos podían llevar por múltiples direcciones. El paso del tiempo ha venido a demostrar que tal vez no fuera tan buena idea. El que la identidad de Daredevil fuera semipública había abierto la caja de los truenos y era algo que no se podía deshacer con facilidad. Habida cuenta del tono de la serie y el carácter del personaje soluciones “fáciles” del estilo pacto con Mefisto (Spider-man) o maquina que hace olvidar todo (Iron Man) estaban totalmente descartadas, con lo que la única solución parecía consistir en tirar adelante como buenamente se pudiera con un status quo de difícil resolución.

Cogiendo al diablo por los cuernos.

Cuando Mark Waid llego a la colección, acompañado primero por Paolo Rivera y Marcos Martin y más tarde por Chris Samnee y Javier Rodriguez, el personaje venia de atravesar una época muy oscura, condicionado en fondo y forma por la decisión de Bendis/Maleev. Deseando darle un toque distinto, retornando sus raíces más heroicas y alejándose del noir imperante en los últimos años Waid opto al principio por historias ligeras, sin demasiada trascendencia en las que sin embargo el tema de la identidad secreta desvelada estaba siempre de fondo, como una barrera infranqueable, un peso ineludible, aunque afrontado no pocas veces con sentido del humor, con ese Matt con la camiseta de “No soy Daredevil puesta o las continuas puyas sobre el tema con Kirsten McDuffie. Con todo, lo cierto es que la situación era algo que siempre estaba ahí y que no parecía poder resolverse, como una suerte de nudo gordiano que nadie se atrevía a cortar.

Poco a poco y a medida que Waid fue ganando confianza con el personaje y haciéndose con el control de la colección, el peso dramático fue ganado importancia (la cabra tira al momento y Daredevil es como es) sin perder nunca el trasfondo más netamente superherioco que Waid quería imprimir en la serie. Llegados a este punto (que se alcanzo sobre todo a partir del tomo anterior, El hombre con miedo) y para librarse de una vez del peso de pasado era necesario afrontar y resolver la pesada carga que el personaje arrastraba desde hacía ya tanto tiempo y precisamente eso es lo que pasa en este El camino del guerrero. Waid decide mirar adelante pero sin olvidar el pasado para de una vez por todas desatascar una situación en apariencia imposible, y como no podía ser de otra manera lo hace con valentía tomando tal vez el único camino que se podía tomar, pero que nadie hasta ahora se había atrevido a tomar.

Mirando al futuro.

Así las cosas el tomo se inicia cuando una subtrama que había estado de fondo en los anteriores números pasa ahora a primer plano: la amenaza de la racista Sociedad Serpiente y su infiltración en el sistema judicial de Nueva York. Para detenerlos Matt se vera obligado a afrontar decisiones que le pondrán contra las cuerdas en el peor momento posible y que le llevaran a tomar la única decisión que un héroe como él podría tomar: la de sacrificarse a si mismo por el bien común. Una idea muy “milleriana”, que por tanto va como un guante con el personaje y que aquí el guionista de Kingdom Come adopta sin dramatismos y sin alejarse un ápice del tono que ha querido establecer en la colección desde un principio.

Para tener la oportunidad de vencer a la Sociedad Serpiente, Daredevil contara con la ayuda de personajes tan dispares como Hank Pym, Elektra y el Doctor Extraño, lo que enlaza con la intención de imbricar más al personaje con el resto del Universo Marvel. Habrá de engañar a una renovada Legión de Monstruos a la par que se enfrentara con un enemigo clásico como es El Bufón, lo que de nuevo ahonda en el tono más aventurero que Waid ha establecido desde el principio. Todo para culminar en un final que ahora si, deja al personaje limpio de polvo y paja para afrontar un futuro que por primera vez en mucho tiempo se abre frente a él con esperanza. Y es que si bien es cierto que aún hay muchas dificultades en el camino (la mayor de las cuales es sin duda el estado de salud de Foggy) Matt se ha librado de hipotecas y puede empezar una nueva vida que estará una vez más regida por Mark Waid, Chris Samnee y Javier Rodriguez. No podemos imaginar manos más capaces.

lunes, 4 de agosto de 2014

Los 4 Fantásticos de Matt Fraction y Mark Bagley.

Si bien es cierto que la mayoría de las series relanzadas en la primera fase de Marvel Now han mantenido cuando menos en su faceta literaria, una estabilidad envidiable, no lo es menos que ha habido notables excepciones. Una de las más llamativas ha sido sin duda la de Los 4 Fantásticos. Tras la larga etapa de Hickman al frente de la colección parecía que la relativa inestabilidad de la misma tras la marcha de Mark Waid, había llegado a su fin y que el nuevo equipo creativo, Matt Fraction y Mark Bagley iba a dar lugar a una larga y sólida etapa. La cosa ha quedado sin embargo en apenas dieciséis números con Bagley fuera en los últimos y con Fraction apenas esbozando los argumentos de la fase final.

La etapa como decíamos apuntaba maneras: Fractión aunque irregular y por ello capaz tanto de lo mejor (Ojo de Halcón) como de lo peor (Miedo Encarnado) tenía una idea de partida interesante y que encajaba a la perfección con el scope que uno espera en Los 4F. Bagley por su parte se presentaba como un dibujante cumplidor, no demasiado espectacular pero capaz de entregar un cómic al mes bien hecho y con una solida narrativa, algo de lo que desde luego no pueden presumir la mayoría de los dibujantes hot actuales.

La idea de partida de la etapa se centraba en el descubrimiento por parte de Reed Richards de que los poderes de Los 4F estaban degenerando y lentamente iban a acabar con sus vidas, incapaz de encontrar una solución decide emprender un viaje a lo largo del espacio-tiempo con su familia con el fin de encontrar un remedio a la situación. Tenemos así alguno de los elementos clásicos que definen a Los 4F reunidos en un contexto que daba mucho juego. Por un lado como auténticos imaginautas y exploradores, la idea de recorrer el espacio y el tiempo era no solo perfecta, si no que permitía narrar todo tipo de aventuras y situaciones que podía alargar la etapa, sin aburrir al personal y sin traicionar la esencia del grupo. Por otro el que Reed ocultara a la familia su descubrimiento, mostraba de nuevo a Richards como autentico motor del grupo y sus acciones, a la vez que reflejaba a la perfección su carácter: culpabilidad por la situación en la que se encontraba su gente y cierta desconfianza para con sus seres queridos a la hora de buscar soluciones. Solo él se cree capaz de arreglar el asunto y solo él con engaños y manipulaciones es capaz de convencer a su familia de que le sigan sin rechistar.

Esto último resulta muy interesante, después de todos estos años Reed sigue tomando decisiones unilaterales que, sin consultar con su familia terminan desencadenando conflictos que ponen a Los 4F en situaciones muy complicadas. Sin ir muy lejos lo hemos visto recientemente en la Civil War o en la etapa Hickman con la construcción y utilización del Puente. Sin embargo, en su etapa, Fraction se limita a usar esta faceta del personaje sin profundizar demasiado en ella, es el motor que permite arrancar la historia pero tiene poco incidencia cuando la verdad es revelada.

Con estos mimbres y tras la presentación del concepto en los dos primeros números, la etapa arranca con cómics casi autoconclusivos que permiten ver a los personajes en muy variadas situaciones tanto en el espacio (enfrentados a planetas devoradores o encontrándose con razas desconocidas), como en el tiempo (en la antigua Roma o en el mismísimo fin del tiempo), sin que el motivo de la degeneración de sus poderes se llegue a solventar o al menos a conocer sus causas. Son números entretenidos donde tanto Fractión como Bagley cumplen, aunque sin que ninguno dé el do de pecho, pese lo lo cual la etapa se lee con agrado y cierto interés. Destacan aquí especialmente los episodios centrados en Ben Grimm y su viaje al pasado para reencontrase con alguien al que debe demasiado y al que ahora pretende devolver al menos algo y el de Reed y el propio Ben a sus años universitarios durante los que se gesto el nacimiento del Doctor Muerte, un Muerte que en palabras del propio Richards es inevitable, como inevitable es que cualquiera que se acerque a Los 4F termine haciendo una historia sobre este personaje.

Sin embargo cuando llevamos aproximadamente diez números de la etapa algo parece romperse, Fraction empieza a coescribir el cómic con Christopher Sebela (¿?)  y su compromiso para con la serie parece quedar en nada. Elegido para relanzar a Los Inhumanos tras los sucesos de Infinito y ocupado con sus trabajos en Image, Fraction decide abandonar Los 4F y lo hace de la peor manera posible: sin terminar su etapa (los últimos números son escritos por Karl Kesel bajo argumento de Fraction) y con un cierre ridículo (¿Muerte el Conquistador-Aniquilador?, ¿en serio?, por favor) que torna una etapa que prometía mucho en una de la mayores decepciones de una serie que desde Heroes Return ha sido irregular, con momentos gloriosos (los primeros números de Hickman o Waid) y otros olvidables (la etapa de JMS o los primeros números de Claremont) pero ninguno tan decepcionante y vacuo como estos cómics. Una situación que guarda ciertos paralelismos con la espantada de J.M. Straczynski en el Superman y la Wonder Woman preNew 52.

Tal vez nunca sepamos los motivos reales por los que Fraction dejo Los 4F como los dejo, (arrastrando de paso a Bagley, que cuando vio el percal prefirió irse lejos), ni tampoco cual es su relación real con Marvel (para la que, pese a todo sigue trabando) a día de hoy, no hay que olvidar que finalmente no escribió
Los Inhumanos (salvo en sus dos primeros números). Pero sea como sea, cuesta creer que una etapa que empezó con una idea tan buena y que en sus primeros números era como poco simpática y entretenida terminara degenerando (al igual que la enfermedad que afectaba a Los 4F, cuya explicación si tiene al menos algo de sentido), en algo tan malo y ridículo. Fraction tiene más talento que eso e incluso sus peores trabajos tiene un mínimo de calidad (a veces eso si, muy mínimo como es el caso de Miedo Encarnado), que aquí en su fase final ha brillado por su ausencia. Tiene que haber alguna explicación, pero probablemente que nunca la sepamos.

jueves, 24 de julio de 2014

El Batman de Scott Snyder y Greg Capullo: Antes del origen.

Vamos con mi pequeña contribución al 75 aniversario de Batman con un post sobre una de la etapas (junto a la de Morrison) más interesantes que ha vivido el personaje en años.

Los autores.

Con casi tres años manteniendo el mismo equipo creativo, el Batman de Scott Snyder y Greg Capullo es además de uno de los más grandes éxitos del relanzamiento del Universo DC, una autentica rara avis en el mercado actual, donde y sobre todo (que no solo) en la vertiente artista es complicado ver a una misma pareja creativa rigiendo los destinos de la misma colección durante tanto tiempo.

La apuesta por esta pareja unida a un personaje como Batman (el más rentable con diferencia de la editorial) era casi segura y el éxito de ventas y de publico les ha acompañado desde el principio. Snyder convertido en superestrella desde el éxito de AmericanVampire, ya había escrito al personaje en una estimable etapa en Detective Comics durante los estertores del antiguo Universo DC. Aunque por entonces la capa del murciélago la llevaba Dick Grayson, el neoyorkino había demostrado gran talento para moverse por terrenos oscuros, próximos al terror, la caracterización y el estudio psicológico de los personajes y la creación de misterios donde nada era lo que parecía y la verdad se escondía tras varias capas de mentiras, cualidades todas ellas que casaban a la perfección con Batman. Capullo por su parte tras años “perdido” en los más recónditos lugares del “Mcfarlaneverso”, había evolucionado enormemente sus estilo desde los 90, dejando atrás la rigidez y estatismo que por entonces le caracterizaban. Dinámico y lleno de fuerza su grafismo acostumbrado a trabajar con personajes oscuros le hacían también candidato ideal para Batman. Personaje que el artista sabe captar en toda su icónica grandeza, tornándolo en una presencia imponente, más sólido y macizo que no estilizado, un Batman que recuerda más al que dibujara Frank Miller que no al que nos mostraran Alan Davis o Jim Lee por poner solo algunos y muy diferenciados, ejemplos

El contexto.

Aunque teóricamente New 52 supuso un relanzamiento desde cero del Universos DC, esta idea tuvo varios matices: por un lado, salvo la primera saga de La Liga de la Justicia o el Superman de Morrison, los cómics de New 52 se ambientarían cinco años después de la llegada de los superhéroes, lo que dejaba un margen muy interesante de tiempo con el que los autores podían jugar (algo que el propio Snyder esta aprovechando ahora con la saga Origen). Por otro, la continuidad de Green Lantern y de Batman no se borraba de un plumazo si no que se “comprimía” a esos cinco años. Esta idea, concebida sobre todo para salvar los logros de los últimos años con ambos personajes de Geoff Johns y Grant Morrison respectivamente. se hacía muy complicado de entender en el caso de Batman, donde teóricamente en solo cinco años habría tenido cinco Robins. A lo largo de las diferentes series de la Batfamilia se ha matizado e intentado explicar todo esto, pero a efectos de lo que aquí nos interesa debemos partir de la base de que al contrario que otros autores, Snyder y Capullo no tendrían ante si una pizarra en blanco para reescribir al personaje en función de sus intereses, si no que tendría que respetar una continuidad y unas bases previas. El que la etapa este gustando y sea un éxito viene a demostrar una vez más que no hace falta destruir siempre lo anterior para crear algo nuevo, que respetando lo que otros autores han escrito se pueden hacer cómics que gusten y funcionen. Una lección que DC parece haber olvidado y que esperemos que Marvel tenga en cuenta para no convertir en ciertos los inquietantes rumores sobre su futuro.

Llegados a este punto y entrando en al etapa en si, el trabajo de Snyder y Capullo se ha estructurado hasta ahora en tres grandes sagas (con episodios de descanso entre ellas) que han terminado afectando a toda la franquicia. Por un lado empezamos con El tribunal de los Búhos y su correspondiente crossover La Noche de los Búhos; seguimos con La muerte de la familia con el Joker en el centro de la acción y culminamos con Origen saga aún sin acabar, lo que hará que hoy nos centremos en los dos primeras historias.

El tribunal de los Búhos.

Con el paso de los años siempre hemos visto a Batman como una figura infalible, preparado para todo, con soluciones para el más inesperado de los problemas, que en el caso de Batman no parece ser tan inesperado. Planes y contraplanes, para todas las cosas imaginables o no, Batman ha sido presentado como un implacable estratega casi imposible de sorprender. Con El tribunal de los Búhos, Snyder y Capullo quieren mostrarnos al Batman más humano, indefenso y superado que se ha visto en años y lo hacen recurriendo precisamente a uno de los elementos que siempre le han definido: su relación con Gotham.

Batman conoce la ciudad como la palma de su mano, no guarda secretos para él. Batman y Gotham son uno o al menos eso cree el hombre murciélago, pero ¿y si no fuera así?, ¿y si el mal creciera dentro de su ciudad, en su mismo corazón durante años y años y Batman no lo supiera? Tan sugerente premisa esta detrás del concepto de El Tribunal de los Búhos, una misteriosa y poderosa sociedad secreta que lleva rigiendo los destinos de Gotham desde hace años y que decide que ha llegado la hora de acabar con Batman. Un Batman que será puesto contra las cuerdas y que por momentos no sabrá como salir. Ver a Batman desesperado e incluso con miedo no es habitual pero Snyder y Capullo consiguen que el lector entre en el juego, que sienta la angustia del hombre murciélago y que se pregunte como va a salir triunfante esta vez. La historia contenida en Batman resulta tensa y dramática, ampliada a toda la Bat-familia se vuelve un tanto excesiva, con situaciones innecesarias que no permiten que como conjunto sea plenamente redonda. A esto contribuye también su final donde el supuesto poder, antes reflejado casi como omnímodo, de El Tribunal de los Búhos queda muy desdibujado y donde se vuelve a jugar con el pasado familiar del personaje sin el acierto con el que lo hiciera Morrison en su muy reciente etapa. Pese a lo cual supone un excelente debut que casi ocupa todo el primer año de la colección.

La muerte de la familia.

Acabada la saga, Capullo se toma un número de descanso para que Snyder acompañado de Becky Clooman presenten a Harper y Cullen Row, personajes que volverían después en el epilogo de La muerte la Familia (de nuevo sin Capullo) y que vendría a mostrar una vez la capacidad de Batman como fuerza inspiradora del bien, lo que ha generado un entorno muy rico y variado de héroes inspirados por su labor, la llamada Bat-familia. Precisamente ese entorno, junto con el gran villano de la franquicia el Joker, serán los protagonistas claves de la segunda gran saga de Snyder y Capullo: La muerte de la familia. Una historia que parte de la idea de Grant Morrison de que el Joker tienen diferentes personalidades que se activan (o mudan su piel, en este caso casi literalmente) cada cierto tiempo. El Joker al que ahora se enfrenta Batman es más sádico y cruel que bromista y además parece haber descubierto la identidad secreta de Batman atacándolo directamente donde más le duele: a través de su gente, de sus amigos, de sus aliados. La saga que prometía convertir en literal su titulo (haciendo referencia más a la muerte de la familia como concepto, que no a la de algunos de sus miembros en concreto) ocupa la primera mitad del segundo año de Snyder y Capullo en la colección y vuelve a generar un gran crossover a su alrededor, en este caso con mucho más sentido, siendo como es la Bat-familia la victima elegida por el Joker.

Aunque su intensidad e intereses es menor que El tribunal de los Búhos, La muerte de la familia (de inevitable recuerdo a la saga que supuso la muerte del segundo Robin, Una muerte en la familia) permite ahondar tanto en la relación existente entre Batman y el Joker como sobre todo entre Batman y su peculiar familia y más cuando se descubre que es un error suyo, que decidió ocultar a su gente, el que puede haber llevado al Joker a descubrir su identidad y ponerlos a todos en peligro. Un descubrimiento que en cualquier caso permanece en la ambigüedad durante gran parte de la trama. La saga tiene grandes momentos como esa macabra reconstrucción del Joker de los 120 días de Sodoma en los que el autentico terror sobre lo que el payaso asesino ha podido hacer se apoderan de la historia, pero parece un peldaño por debajo del casi impecable debut de la colección. Tras esta saga y antes de la llegada de Origen aún quedan dos muy entretenidos números con Clayface como protagonista y donde la identidad secreta de Batman vuelve a estar contra la cuerdas. Después llegará Origen, sin duda la más ambiciosa (aunque no por ello la de más calidad e interés) aventura de toda la etapa, pero eso queda ya para otro día.

lunes, 14 de julio de 2014

El Aquaman de Geoff Johns, Ivan Reis, Paul Pelletier y otros.

Articulo originalmente publicado en Zona Negativa.

Un icóno minusvalorado.

Aunque incluido siempre de los llamados siete grandes de DC (junto a Superman, Batman, Wonder Woman, Flash, Geen Lantern y el Detective Marciano) y encarnación icónica de los elementos fundamentales de la vida (el agua), Aquaman ha sido tradicionalmente objeto de todo tipo de burlas que han menospreciado su interés y potencial. Reducido por muchas a una mera caricatura que en realidad “solo sabe hablar con los peces”, todos estos prejuicios olvidan dos cosas: el viejo axioma de Alan Moore “no hay malos personajes, solo malos autores” y el enorme e infinito potencial de un personaje que es soberano absoluto (¿abolutista?) del reino más grande sobre el planeta. El potencial del personaje, ya mostrado a las claras por autores de la talla de Peter David, Joe Kelly o Grant Morrison no le había permitido nunca, sin embargo situarse en primera línea del Universo DC al menos no en solitario, con una colección propia llena de vaivenes, parones e irregularidades. La llegada de New 52 parecía destinada a cambiar todo esto.

Geoff Johns es sin duda uno de los arquitectos fundamentales del Universo DC casi desde principios de siglo, guionista de innegable calidad y de ideas brillantes que no siempre sabe culminar debidamente, Johns siempre ha parecido tener debilidad por aquellos personajes que aunque tienen indudable peso en la compañía, no terminan de encontrar su sitio dentro de la misma. Así tal vez el precedente más claro dentro de la trayectoria del guionista a su labor en Aquaman lo encontraríamos su etapa Hawkman, donde acompañado por Rag Morales consiguió poner orden en la caótica continuidad del halcón deceita creando una etapa sólida y recordada. Con un objetivo similar, Johns se encargaría de presentar al Aquaman del Nuevo Universo DC y lo haría acompañado por uno de los dibujantes más importantes de la editorial: Ivan Reis, espectacular artista de sólida narrativa, con clara influencia del mejor John Byrne, lo que suponía una apuesta clara de la editorial por tornar definitivamente a Aquaman en uno de sus primeros espadas. La marcha de Reis a mitad de la etapa Johns encuentra un digno sustituto en Paul Pelletier, un artista no tan espectacular como el brasileño, pero si un sólido narrador, con un estilo visual agradable y marcadamente superheróico que sabe ser continuista con la labor de su merecidamente prestigioso antecesor.

Un héroe dividido entre dos mundos.

Johns afronta el reto de relanzar Aquaman estructurando su narración en torno a tres ejes: por un lado su relación con Mera, por otro la división entre su herencia “humana” y su herencia atlante, con todo lo que ello implica en lo que a su corona se refiere y para acabar el ahondamiento en su pasado y en la circunstancias que le han llevado a ser quien es. Johns nos presenta un Aquaman plenamente autocosciente (tanto que sabe que para muchos es poco más que un chiste), cansado tanto de las presiones que recibe desde Atlantis como del desprecio de la superficie y que decide tomar la decisión, pese a todo de vivir en esta, en el faro que cuidaba su padre, tratando así de estar lo más aislado posible, pero sin alejarse del todo de su medio natural. Contara para ello con la lealtad inquebrantable de Mera, que sin ningún vinculo con la superficie más allá del propio Aquaman, encontrara difícil adaptarse a la vida que este quiere llevar. Mera será uno de los personajes en los que más profundice Johns a lo largo de su etapa y pasara de ser mera muleta en la que el protagonista se apoya, a un personaje con entidad e interés propio que llegara a robar protagonismo hasta al propio Aquaman.

Las intenciones de Aquaman se verán pronto interrumpidas por la realidad, primero por una invasión de monstruosas criaturas marinas que ponen en jaque el pueblo donde ha elegido vivir y después por la interrupción de Los Otros, un grupo del pasado de Aquaman que ahora reaparece cuando sus miembros son paulatinamente asesinados a la par que se roban poderosas reliquias del pasado atlante, todo ello mientras el antiguo rey de Atlantis va descubriendo más misterios sobre el origen de su reino y reaparece Manta Raya enemigo clásico del personaje y reformado para la ocasión por Johns, que será el gran villano detrás de lo que esta pasando con Los Otros.

Estas sagas, primorosamente dibujadas por Reis que convierte a Aquaman en una de las series visualmente más potente de DC, sirven a Johns para ahondar en temas muy queridos por el guionista que antes o después termina tocando en toda colección que escribe. Primero profundizando en la raíces de los personajes, trastocando su pasado para construir su presente y marcar su futuro, la diferencia en este Aquaman es que no tiene que recurrir tanto a la retrocontinuidad en el sentido clásico ya que el relanzamiento del Universo DC le da un lienzo casi en blanco donde puede configurar todo aquello que necesita sin necesidad de explicar contradicciones con otras historias. El segundo aspecto en el que Johns suele moverse con soltura es en la reimaginación de los vilanos clásicos del personaje/grupo que escribe en ese momento, en el caso de Aquaman se centra primero en Manta Negra al que torna en psicópata vengativo obsesionado con Aquaman al que culpa, no sin razón, de la muerte de su padre. El Manta Negra que nos muestra Johns es un personaje terrorífico, frió y calculador; dispuesto a todo para matar a Aquaman.

El segundo gran villano de la etapa será Orm, rey de Atlantis y medio hermano de Aquaman, Orm es presentado en medio de un gran crossover con la Liga de la Justicia y que sirve para despedida de Reis camino precisamente a esa colección (cuyos números del crossover ya dibujara). La saga de explicito titula: El trono de Atlantis, es uno de los momentos cumbres de la etapa y narra un enfrentamiento entre el mundo de la superficie y Atlantis, tras un devastador ataque a esta proveniente, en principio del los EEUU. La Liga de la Justicia habrá de hacer frente a las encolerizadas tropas de Orm, mientras que Aquaman se verá de nuevo dividido entre sus dos herencias a la vez que trata de averiguar la verdad de lo ocurrido. La saga destaca por el tratamiento de Orm, personaje complejo, que en ningún caso es presentado como un villano, si no como un rey que quiere proteger a su pueblo de lo que considera es una ataque sin provocación. Orm, se muestra incapaz de comprender el mundo de la superficie pero quiere a su hermano y trata de convencerlo de la justicia de su causa.

El fin de El trono de Atlantis deja a Aquaman en una situación muy complicada, traicionado por uno de los que creía más fieles amigos, obligado a dejar su hermano abandonado en la superficie, mirado con recelo por sus aliados en la Liga de la Justicia y puesto en un torno que ni quería, ni gran parte de su pueblo quiere que ocupe. Con este escenario Johns plantea una última saga: La muerte de un rey que ahonda en los tres elementos claves que han configurado la etapa, desvelando un sorprendente secreto sobre el origen y hundimiento de Atlantis y sobre las raíces familiares de Aquaman. La saga supone el cierre perfecto de la etapa, da respuesta a todas las preguntas formuladas desde el principio y plantea un nuevo escenario a explorar.

Conclusiones.

La etapa ha sido quizá algo más corta de los esperado, apenas 24 números y algún especial, lo que una vez más le acerca como referente a su labor en Hawkman mientras le aleja de otras etapas mucho más largas como sus estancias en Flash, Green Lantern o la JSA. Pese a su relativamente escasa duración, el trabajo de Johns si ha servicio para mostrar una vez más el potencial de un personaje que al igual que el marvelita Namor, tiene tras de si todo un mundo de posibilidades para explorar. Johns ha sabido equilibrar las dos facetas del personaje, aunque siempre su relación con Atlantis y todo lo que ello conlleva ha resultado mucho más interesante que no los intentos por quedarse en la superficie, intentos que en nuestra opinión solo sirven para convencionalizar al personaje. Johns así lo ha visto y su etapa se ha centrado sobre todo en la idea de que Aquaman asumiera y aceptara en plenitud, tanto su herencia atlante como sus deberes para con ella, escribiendo una serie de cómics francamente entretenidos y que asientas de manera muy sólida las bases sobre las que ha de moverse el personaje,

Queda ahora lo más difícil, saber si los excelentes resultados en ventas de la colección sirven para consolidara en el mercado o si estos se debían solo al presencia de Johns (y más cuando estuvo acompañado de Reis), autor capaz de arrastrar mucho publico tras si. La respuesta la tienen ahora Jeff Parker (una elección cuando menos sorprendente) y Paul Pelletier, que tienen ante si una tarea difícil, pero sin duda emocionante.