lunes, 12 de noviembre de 2018

Elektra, corriendo con el diablo.

Proyecto de serie regular que por ventas quedo en miniserie de cinco números, esta Elektra que ahora recopila Panini en un solo tomo forma parte junto a Kingpin y Bullseye del fallido intento por expandir el universo del hombre sin miedo en los cómics al albur de la exitosa serie de Netflix y enlazando con ideas del actual guionista de Daredevil: Charles Soule.

¿Quien es realmente Elektra Natchhios? Cuando Frank Miller la creo en los albores de los años 80 nos la presento como una despiadada asesina con entrenamiento ninja con un solo punto débil: amaba a Matt Murdock y eso termino costándole la vida. En otras obras de Miller, como en Elektra Asesina, era mostrada como una mujer enigmática (casi ausente) y poderosa, con un pasado problemático y que se mostraba esquiva y lejos del alcance de cualquier hombre a los que sin embargo era capaz de manipular a su antojo.

Todo este enigma acabo en los 90 con su retorno de la mano de D.G. Chichester y Scott McDaniel, primero como estereotipo de mujer dura pero sexy de los 90 y luego ya como autentica bomba sexual de la mano de un extremadamente noventero Mike Deonato Jr en su primera (e infame) serie regular, donde Peter Milligan y sus sucesores la transformaron en una heroína de tres al cuarto sin personalidad, lo que sus sucesores no arreglaron ni mucho menos.

Seria en su segunda serie regular, ya en siglo XXI donde primero de la mano de Bendis, y luego (y sobre todo) de la de Greg Rucka se intentaría recuperar la visión de Miller del personaje e incluso hacerla evolucionar, siendo Rucka en este aspecto ejemplar. Su frase “has tenido dos vidas y en ambas has sido una asesina, ¿es eso todo lo que quieres ser?”, demuestra a las claras sus intenciones y su trabajo con ella...algo que sólo duro mientras que estuvo al frente del personaje, ya que en cuanto se fue, Elektra volvió a ser una asesina despiadada y dura...a la que nadie sabía realmente como tratar.

Apariciones aquí y allí, una película de por medio y una nueva serie regular, mostraban a las claras como Elektra caía cada vez más en el camino de convencionalización dejando claro que ningún guionista salvo su creador, y quizá Greg Rucka entendían y sabían que hacer realmente con el personaje. En estas llego la segunda temporada de Daredevil que nos mostraba una Elektra cercana a la que Miller reflejo en la miniserie El hombre sin miedo” (y sensiblemente distinta a la mostrada por él mismo años antes) y de la que, en cierta medida, surge esta nueva miniserie que acaba de publicar Panini.

Su relación con la serie de televisión se aprecia ya en la misma elección del (horrible) traje que luce la protagonista ya que es el mismo que esta lucio durante la segunda temporada de Daredevil, a esto se añade que el guionista, Matt Owens sale del mismo “universo Marflix” donde colaboraba en los guiones de la recientemente cancelada Luke Cage. A los lápices tenemos al español Juann Cabal, dotado de un estilo limpio y claro aunque con una particular aversión por los fondos, lo que no impide que sea lo más rescatable del cómic.

Entrando en la miniserie en si, esta adolece de lo mismo que casi todos los acercamientos al personaje desde su regreso en la ya lejana Caída del Paraíso, la nula visión de Elektra como un personaje complejo y con entidad propia. Aquí de nuevo la vemos como una reticente heroína que para mas inri en este caso carece de todo contexto mientras se enfrenta a un personaje tan fuera de su scope como es Arcade en una nueva versión de su Mundo Asesino en pleno Las Vegas y donde Elektra llega a vestir una suerte de armadura virtual (sic) para enfrentarse a un robotizado Arcade. Un despropósito que además se trata de enlazar ridículamente con todo este evento de “corriendo con el diablo” mencionando de pasada a Kingpin.

El problema de la miniserie (que si se medio salva es debido al dibujo) es que muestra a Elektra como un personaje más, lejos queda su misterio, su compleja personalidad, su capacidad manipuladora, su brillantez estratégica o la tragedia que siempre debería envolverla, que sea Elektra o cualquier otro personaje (masculino o femenino) el que protagonizara este cómic no marcaría diferencia alguna, seguiríamos estando ante una miniserie convencional y absolutamente olvidable a la que solo merece la pena acercarse como coleccionista ya que el material que hay dentro esta muy por debajo de la media (y ya es decir) de lo que se puede encontrar en la Marvel actual.

domingo, 21 de octubre de 2018

Xerxes , la caída de la casa de Darío y el ascenso de Alejandro.

Publicado por fin tras largos años de espera desde que el proyecto fuera anunciado, con Xerxes Norma recupera el tan largo tiempo olvidado formato grapa (eso si, en ese oximoron que es en si mismo el concepto de “grapa de lujo”) y en esperar que salga el tomo en formato apaisado, tenemos ya publicados los cinco números que componen la serie limitada.

En los últimos tiempos la figura de Miller ha estado envuelta en la polémica, ya sea por sus declaraciones, ya sea por la forma en que ha derivado su actual estilo de dibujo, la figura de unos de los autores de cómics más relevantes de la historia, ha estado rodeada de reacciones encontradas de amor/odio que por otro lado al autor parecen darle un poco igual. Solo así se entiende que lejos de amilanarse, Miller haya profundizado en su estilo de dibujo, dejando claro el mensaje , “este es quien soy ahora, y no tengo razones para cambiar”. Xerxes es, en fondo y forma una de sus obras más maduras, donde encontramos a un Miller seguro de sus habilidades y donde busca ante todo dar un discurso visual sobre la forma en la que entiende el medio y la manera en la que ha evolucionado su propio estilo.

Es inevitable, a la hora de escribir sobre Xerxes, referirse a 300, la obra con la que Miller dio un golpe encima de la mesa explorando las posibilidades visuales del medio y llevando su dibujo más lejos de lo que nunca lo había hecho hasta ese momento. Así las cosas, y partiendo de esos postulados visuales ya ensayados en 300, Miller vuelve a dar un paso adelante, radicalizado su discurso narrativo, yendo aún más lejos que nunca en su obra y rozando por momentos la abstracción, en un dibujo que sin perder nunca su fuerza y su sentido narrativo, busca más el simbolismo que la representación de la realidad. Una obra por tanto coherente como enlace con 300 y con lo que esta supuso. El color de Alex Sinclair, aunque lejos de aportar los valores narrativos que aportaba en el Lynn Varely, si entiende en todo momento lo que pretende el autor de El regreso del Señor de la Noche y sabe acompañarle a lo largo de la obra con inteligencia y elegancia.

También y al igual que sucedía en 300, Miller se muestra en Xerxes más interesado en la vertiente mítica y simbólica de la caída de Persia y el ascenso de Alejandro que no en su lado más historicista, algo que simplemente ignora cuando no lo necesita. Así de Darío I el grande pasamos a Xerxes, su “transformación” en dios y su caída traicionado por los suyos y de ahí saltamos directamente a Dario III y su guerra con Alejandro Magno. Aquí, Miller no esta tan centrado en un acontecimiento o batalla concreta si ni en mostrar el gran cuadro del enfrentamiento entre el Imperio Persa y las polis griegas a los largos de decenas de años hasta una suerte de culminación final con el triunfo de Alejandro. Es Xerxes, y no solo en este aspecto, mucho más ambiciosa de lo que en su día fue 300.

Aunque de nuevo el punto de vista adoptado es el de los griegos, en Xerxes, al no ser un relato contado por un soldado a otros soldados antes de la batalla, los persas son humanizados y el mismo Xerxes es reflejado tanto en su carácter más, supuestamente divino, como en su vertiente más humana. Lo mismo sucede con Alejandro Magno, tratado como un genio casi tocado por los dioses pero a su vez completamente humano en su comportamiento y reacciones ante los acontecimientos que se narran en los cómics. Una humanización que sin embargo no es óbice para ahondar en el elemento más grandilocuente y si, definitivamente mítico (lo que sin duda más interesa al autor), en el que Miller se explaya sobremanera a lo largo de la obra, consiguiendo transmitir la fascinación que siente por este periodo histórico.

Así, como decía más arriba, lo que Xerxes viene a dejar claro, es que el estilo, supuestamente “feísta” de Miller, y tan criticado desde los defensores de la ortodoxia en el cómic, esta aquí para quedarse. Esa es la forma en la que Miller concibe ahora su arte y si eres capaz de vibrar con la fuerza que transmite su dibujo, de maravillarte con la inteligencia expositiva de su brillante narración, Xerxes en si duda un cómic que vas a disfrutar ya que es donde Miller alcanza la perfección de su estilo actual. Si por el contrario no puedes entrar en el juego visual que propone Miller, si necesitas un dibujo de acabado más convencional o “bonito”, Xerxes es un cómic al que no merece la pena que acerarse. Por mi parte solo puede añadir que difícilmente podría haberla disfrutado más.

sábado, 13 de octubre de 2018

Historia de un hombre sin miedo especial: Kingpin corriendo con el diablo.

A mediados del año pasado tres de los principales personajes enraizados en el entorno de Daredevil (Kingpin, Elektra y Bullseye) recibieron tres series regulares que al final acabaron en miniseries de apenas 5 números. Parecía que iban a quedar inéditas en España pero al final un año después de su finalización, Panini ha decidido recuperarlas empezando por Kingpin.

Matthew Rosemberg es a día de hoy una estrella ascendente dentro del panorama marvelita, su nombre esta asociado principalmente a la franquicia mutante donde ha escrito uno de los cómics más importantes de la misma el presente año, La resurrección de Fénix, hace un año no lo era tanto, aunque ya apuntaba maneras . Su elección como guionista tenía todo el sentido del mundo al haber escrito él mismo la miniserie del personaje ambientada en Civil War II. En los lápices tenemos a dos dibujantes, pero el principal será Ben Torres que hará cuatro de los cinco números que al final compusieron la fallida serie regular. Aunque no es dibujante que se haya prodigado demasiado, al menos hasta ahora, su manejo de luces y sombras y su forma de componer la página recuerda poderosamente a Frank Miller lo que le hacen ser una excelente elección para este cómic. Miguel Sepúlveda será el otro dibujante que en este caso se hará cargo del número cuatro de la colección. Su estilo es muy diferente del de Torres, pero el color conseguirá que la cosa no moleste demasiado.

El acercamiento de Rosemberg a una figura tan compleja como la de Wilson Fisk no puede ser más inteligente, consciente que si enfoca la historia desde su punto de vista corre el riesgo de hacer que el personaje pierda fuerza, ya que en su dobles intenciones, en no saber que pretende realmente, esta gran parte de su impulso, el guionista decide enfocar la historia desde el punto de vista de un outsider. Alguien que sabe quien es Kingpin por lo que se dice de él pero que no lo conoce realmente. Para ello se vale de un personaje de nuevo cuño, Sarah Dewey, una excelente periodista caída en desgracia por su alcoholismo y atrapada en un divorcio brutal que de repente recibe un encargo que puede cambiarle la vida: Wilson Fisk le pide que escriba su biografía., en intento descarado de “lavado de cara” que enlazara perfectamente con los acaecido en Imperio Secreto y con la trama de Alcalde Fisk en Daredevil.

Pese a sus defectos Dewey es una persona ética que cree saber quien es Fisk y que no parece muy dispuesta a entrar en el juego con un Fisk que supuestamente desea dejar atrás todo lo relacionado con el crimen. Pero, por un lado su curiosidad periodística le lleva en primer lugar a querer descubrir que hay de verdad en esas intenciones de Fisk, y por otro lado va cayendo poco a poco en la magnética y arrolladora personalidad del antiguo Kingpin de Nueva York. Es en este juego psicológico donde Rosemberg demuestra una gran pericia, Dewey conduce al lector a lo largo de su investigación para mostrarnos la aparente sinceridad de Fisk, que financia clínicas medicas para ayudar a los más desfavorecidos y que parece rehuir la violencia como método de resolución de conflictos, incluso cuando Daredevil haga acto de presencia para advertir a Dewey donde se esta metiendo, desde su punto de vista (y así lo que el lector percibe) estamos ante un matón disfrazado que pretende amedrentar una periodista que solo esta haciendo su trabajo.

La brillantez de la propuesta del guionista va creciendo poco a poco a medida que van pasando los números y nos muestra ante todo la corrupción y la perdida de la inocencia de una persona, llena de defectos y problemas, pero esencialmente buena que se ve metida en un mundo que le supera, llegando un momento en el que solo tendrá dos opciones: o salirse con los enormes problemas que eso conlleva (incluso para su misma vida), o sumergirse de lleno en el con todas las consecuencias. Su decisión, vendrá a mostrar la verdadera (y monstruosa) dimensión del poder del Kingpin, su verdadero calado (a)moral. Él nunca obliga a Dewey a nada, solo le muestra un camino cuya salida cada vez se va estrechando más, pero en el que pese todo hay elección, una elección que será ella la que tenga que tomar y con la que tenga que vivir lo que le quede de vida.

martes, 18 de septiembre de 2018

Daredevil: Alcalde Fisk.

Dentro de la iniciativa Marvel Legacy, la antigua Casa de las Ideas ha decidido retomar la numeración clásica de sus personajes. Este tomo de Panini es el primero embarcado como tal en dicha iniciativa incluyendo así los Daredevil 595 a 600 USA.

Dejando atrás sus titubeantes inicios, la de etapa de Charles Soule continua dando buenos cómics y solo se ve lastrada por la ausencia de un dibujante regular (algo que no le pasaba al personaje desde hace años) ya que Ron Garney (que se despide aquí) ha sido de todo menos eso. Tras dar la vuelta al sistema judicial de todo el Universo Marvel en una saga de tribunales como hacía mucho tiempo que no se veía en la colección., Soule pasa ahora a centrarse en la política con la inevitable respuesta de Wilson Fisk a lo que Matt había conseguido durante la saga Tribunal Supremo.

Si a estas alturas algo ha quedado claro en la etapa Soule es que el guionista no da puntada sin hilo y todo lo que pasa en la colección tiene su importancia números más tarde cuando ya no lo esperas. Así si tras Tribunal Supremo, el de Milwaukee había recuperado a Punto Ciego, la Mano y la Bestia a la que estos adoran, en unos cómics que todo hay que decirlo habían bajado el interés de lo que se venía contando, ahora consigue enlazar esa trama y esos personajes con una historia de corte político donde Murdock y Fisk juegan una partida de ajedrez en la que entran en juega fuerzas no esperadas.

La idea de convertir a Fisk en alcalde de Nueva York no es en si original, aunque el Universo Marvel siempre se ha preciado de estar más o menos pegado a la realidad, ya en el pasado hemos visto por ejemplo a Jameson como alcalde de la Gran Manzana. Tampoco que un villano alcance semejante posición de poder es algo raro, el propio Fisk estuvo a punto de conseguir algo parecido (marioneta mediante) en la etapa Miller y su derrota a manos de DD terminaría llevando a la muerte de Elektra. En el Universo DC Lex Luthor ha llegado ser presidente de los USA y sin salir de Marvel, Norman Osborn recibió el control de SHIELD durante el Reinado Oscuro. Así que el triunfo de Soule no esta en la originalidad si no en como ha sabido llegar a este momento de manera orgánica y aprovechando las sinergias que le ofrecía el Universo Marvel.

Durante el advenimiento del Imperio Secreto, Fisk consciente de que antes o después los héroes iban a ganar se puso del lado del pueblo de Nueva York, protegiendo y ayudando a los más perjudicados por la situación lo que le permitió asentar una imagen que después sería clave para su triunfo electoral. A esto se unió el que más tarde Daredevil estuviera atrapado en Japón durante meses lo que facilito que Matt desde su posición de fiscal no pudiese hacer nada para impedir el triunfo de Fisk. Por último, y aunque es innegable que es una analogía un tanto simplista, no por ello deja de ser relevante, y es que el triunfo de alguien como Fisk y sus promesas simplistas de empleo y orden tiene ecos claros del triunfo de Trump en la elecciones presidenciales, con lo que Marvel puede jugar de nuevo la carta de “metáfora” de la realidad.

Así las cosas con Matt fuera de juego, Soule muestra la inteligencia de ambos personajes al proponer Fisk a Murdock ser su vicealcalde, si Matt acepta conseguiría dar una patina de credibilidad a su administración y de paso podrá enterrar en papeleo a un más que posible rival dándole por otro lado un puesto que ante todo se presupone simbólico, si no aceptas su imagen quedará a salvo ya que él lo ha intentado y será Murdock quien quede como sectario. Por otro lado Matt sabe que si acepta se usara su imagen para blanquear a Fisk, pero también es consciente de que el estar cerca de este le permitirá espiarlo y encontrar algo con lo que acabar con su mandato de manera mucho más rápida.

Dispuesto el tablero ambos enemigos inician una partida en la que pronto Fisk demuestra ser mucho más hábil que Matt, ya que consigue inculpar a Daredevil de atacarle justificando así que este en busca y captura y de paso emprendiendo una enmienda a la totalidad contra los superhéroes que encuentra su publico al estar el recuerdo de lo que paso en Imperio Secreto aún muy cercano. A esto se añaden elementos disruptores como el regreso de Musa o la reacción de los capos del crimen de la ciudad, elementos que ambos intentaran aprovechar en su favor y donde Fisk demuestra una vez más ser más hábil en el juego de engaños y traiciones...hasta que los avatares del destino conducen a un inesperado (y muy inteligente) final que deja con enormes ganas de saber a donde va a a parar todo esto. Sin duda la etapa Soule esta resultado ser mucho más interesante de lo que sus muy deficitarios primeros números hacía prever.

lunes, 30 de julio de 2018

Historia de un hombre sin miedo especial: Estos no son Los Defensores de tus padres.

Apenas diez números, nueve en España, ha durando una colección nacida al albur de la serie de Netflix y que apuntaba a llegar muchos más lejos, Sin embargo que haya durado menos de un año no significa ni mucho menos que la colección carezca de interés.

Se ha hablado mucho y más en los últimos tiempos de como el cine y la TV han influido e incluso condicionado mucho de los argumentos o ideas que se han visto en los cómics del Universo Marvel, ahí esta el ejemplo del hijo negro de Nick Furia, para atestiguarlo. Sin embargo poner estos Defensores como otro ejemplo de ello es un error. Si, el nombre esta tomado claramente de la serie de Netflix que Jessica Jones, Luke Cage, Danny Rand y Daredevil compartieron, pero la esencia de todos esto esta en la cabeza de su escriba y durante tantos años arquitecto del Universo Marvel del siglo XXI: Brian Michael Bendis.

Desde las páginas de Alias y Daredevil primero y más adelante en las de Los Nuevos Vengadores, el de Cleveland fue creado un “Bendisverso” de héroes urbanos, con clara influencia del concepto de Héroes de Alquiler y donde Jessica, Danny, Luke y menor medida Matt (siempre tan solitario, casi alérgico a los grupos) se fueron consolidando como una suerte de no-grupo (aquí si enlazamos con el concepto clave de los Defensores clásicos del cómic) que lo mismo estaban en los Vengadores, lo mismo realizaban una intervención para convencer a Matt que la idea de autoproclamarse rey de la Cocina del Infierno no era buena.

Así las cosas, que aprovechando las sinergias transmedia se usase la unión más o menos temporal de estos cuatro para juntarles en un grupo llamado Defensores no podía ser más natural, y más si al frente de los guiones estaba el ínclito Bendis acompañado para la ocasión por una habitual compañero de armas, el excelente dibujante David Marquez. La marcha (por mucho que marvelitas de pro hablen de forma un tanto despectiva de fuga) del guionista a DC ha provocado que la colección se haya quedado de proyecto a largo plazo en maxiserie de 10 números, ya que Marvel en un raro ejercicio de coherencia ha optado por cancelar el cómic al dejar de contar con el alma mater del mismo.

¿Y que tal estén estos 10 números?, pues muy bien gracias, un mero apunte del potencial que tenía la colección en el que se nota que los autores han disfrutado y han querido hacer disfrutar a los lectores. En todo ello ha sido clave, claro, el desempeño al dibujo de David Marquez, uno de los mejores dibujantes actuales de la antigua Casa de las Ideas que uno sospecha no tiene el reconocimiento que merece su excelsa labor y que realiza en estos Defensores su mejor trabajo hasta la fecha, con la dificultad adicional que implica trabajar en una serie de grupo.

Si por algo destacan estos Defensores de Bendis/Marquez es por lo tremendamente desenfadados que resultan, si, se esa contando una historia muy seria, con vidas en juego y peligros por doquier, pero la espontaneidad, la química (aquí si) que trasmiten los personajes, lo dinámico de la acción y el tono en general es el de unos amigos que se juntan para conseguir detener una amenaza para su ciudad pero que pueden pasarlo bien por el camino. La trama se desarrolla con un Wilson Fisk dejando (una vez más y van...) de ser Kingpin y con ella la aparición de toda una serie de aspirantes al trono que traerán el caos a las calles.

De entre los presuntos herederos destacaran tres, Iguana, venido del pasado del Luke Cage y aparentemente muerto, regresa ahora más poderoso que nunca y con conexiones y apoyas difíciles de explicar. Será la principal amenaza durante estos 10 cómics y tendrá momentos de autentico impacto disparado a quemarropa a Jessica Jones, envenenando a Luke Cage y en apariencia rompiendo la espalda (en un escena muy en plan Bane) a Danny Rand. En segundo lugar estarán la Gata Negra y su lugarteniente Cabeza de Martillo que vivirán un enorme cambio de estatus y que están atrapados entre dos fuegos. Por ultimo y casi a modo de epilogo tendremos a Parker Robbins, alias El Encapuchado, uno de los villanos fetiches de Bendis y que descubrirá que si él tiene muchos conexiones con los villanos, estos Defensores las tienen con los héroes. Por supuesto el propio Fisk tendrá también un papel destacado en la sombra, como marionetista supremo.

A lo largo de estos 10 números Benids y Marquez no dudaran en usar a todo aquel personaje que pueda encajar en la serie y/o les apetezca tratar, así personajes como Masacre o el Punisher (que no sale nada bien parado en manos de Bendis) jugaran un papel de contrapunto cómico (si el Punisher también) y gente como Misty Knight o Elektra (brutal su combate con Danny, lastima que lleve el traje de la serie de TV) jugaran también su rol. El enfoque desenfado de la colección, al que se hacía alusión más arriba se puede ver también en como Bendis juega con la identidad nuevamente secreta de DD (que para disgusto de Luke resulta no ser Gary el boxeador) pese a que esta claro que el autor de Torso no se esta leyendo la etapa de Soule con el personaje y no sabe muy bien como debería funcionar el desenmascaramiento del mismo. También juega con el nombre del grupo aludiendo a que estos nos Los Defensores de la Gárgola...personaje que sin embargo terminará apareciendo en la colección en todo un homenaje al mítico grupo de los 70/80 de Marvel.

En definitiva, los Defensores es una colección fresca, que pese a que trata temas graves (drogas, delincuencia, guerra de bandas...) lo hace con un tono desenfadado a lo que contribuye un dibujo más luminoso de lo que cabría esperar, que se aleja de la sordidez y el tono más noir de, por ejemplo, la etapa de Bendis en DD y que muestra el potencial de un concepto y unos personajes para hacer algo divertido e interesante y que tal vez en algún momento pueda ser rescatado. Sea como sea estos 10 números han estado francamente bien y es una gran despedida/homenaje a los más de tres lustros el guionista lleva, de una forma un otra, trabajando con ellos.

miércoles, 11 de julio de 2018

Daredevil: Tribunal Supremo.

Panini por fin ha decido meter el acelerador a la edición de Daredevil en España y las distancias con los USA se van reduciendo. Este tomo recopila dos sagas, con 8 números USA de la colección del personaje, en concreto los 21 al 28 del volumen 5 del personaje.

A estas alturas de su etapa Soule ha conseguido dejar ya varias cosas claras, primero tiene un plan a largo plazo en el que las piezas van encajando poco a poco, segundo le encanta jugar con las expectativas del lector y con las ideas preconcebidas en torno a su etapa y tercero que el inicio haya sido flojo no significa que su etapa a nivel global este siendo así, ya que su crecimiento en fuerza e interés es innegable.

Cuando se supo que Soule iba a ser el guionista de Daredevil, siendo como es abogado (y ejercitante) se pensó que el tema legal iba a estar en primer plano y que la faceta como abogado de Matt iba a ser central. Las expectativas fueron desafiadas desde el principio cuando Soule hizo que Matt se pasase a la fiscalía de Nueva York y pronto esta nueva faceta del personaje quedo enterrada en un segundo plano mientras se iba desarrollando el misterio en torno al principal foco de atención de la primera parte de su etapa: como Daredevil había conseguido recuperar su identidad secreta.

Resuelto con acierto el gran misterio es ahora si, entrado el segundo año de su etapa, cuando Soule decide centrarse en la nueva vida de Matt como fiscal, lo hace una vez más desafiando las expectativas y creando una situación que potencialmente puede tener importantes repercusiones en todo el Universo Marvel. Lo hace además jugando con las reglas no escritas en torno a la “alegalidad” con la que operan los superhéroes en el UM siempre en esa fina línea que separar el vigilantismo de la colaboración ciudadana, Matt se marca un órdago a la grande (lo que también viene a mostrar el carácter del personaje) y lo hace además recuperando la relación con uno de los secundarios clave de la serie: Foggy Nelson. No será el único regreso, también lo hará el clásico (e insuperable, por muy chulo que sea el diseño de Garney) traje rojo de Daredevil cuando este ha de declarar ante el tribunal para conseguir un precedente histórico.

Varias cosas son interesantes en esta saga, para empezar la relación entre Matt y Foggy y la explicitación, por fin, del motivo de su enfrentamiento: Foggy no entiende como Matt ha dejado pasar la segunda oportunidad que ha recibido al recuperar su identidad secreta, como ha vuelto a ser Daredevil mintiendo a todo el mundo y como ha podido dejar a Kirsten sin más. Matt por su parte lo ha apostado todo a esta jugada y de la misma forma que si triunfa puede cambiarlo todo, si pierde habrá renunciado a su vida por nada. Por otro lado la saga consigue transmitir también,sin hacerse pesada o aburrida la fascinación del guionista por el sistema legal americano y la reverencia casi religiosa ante el Tribunal Supremo del mismo. Lo mejor es que también se deja a la claras las limitaciones del sistema y sus contradicciones y múltiples taras.

El tomo como decíamos arriba incluye también una segunda saga, de tres números en este caso. En ella regresa el supuesto dibujante regular de la colección, un magnifico Ron Garney que apenas si ha dibujado 1/3 de los cómics de esta etapa. En la saga, se recupera a la Mano y la Bestia y se reestablece la relación entre Daredevil y Punto Ciego tras lo acaecido en Arte Oscuro. La historia tiene en si mucho menos interés que la de Tribunal Supremo que da titulo al tomo (aunque esta mucho mejor dibujada), pero es importante para alejar a Matt de Nueva York el tiempo suficiente como para que no pueda hacer nada para evitar la bomba con la que se cierra el tomo y que ya apunta cosas muy interesantes para el siguiente.

martes, 29 de mayo de 2018

Daredevil: Identidad.

Cuarto tomo de Panini de la etapa Soule al frente de los guiones del hombre sin miedo, que recopila en este caso los números 15 al 20 USA y que viene a responder la gran incógnita que ha configurado esta nueva etapa desde el principio.

El relanzamiento de Daredevil tras la etapa Waid de la mano de Charles Soule y Ron Garney tuvo como principal foco de atención el que el personaje recuperaba su identidad secreta, perdida de la cual se había convertido de una forma u otra en el centro de la colección desde la ya lejana etapa Bendis. Volver a meter al genio en la botella y sobre todo la forma en la que esto se hacía, era el punto de interés focal de una etapa que se veía de nuevo lastrada por una decisión que seguía condicionado la colección sin visos claros de resolución.

La idea de revelar la identidad del héroe, que tanto juego dio durante la época Bendis/Maleev, se había convertido en un lastre para un personaje que al quedar expuesto había perdido parte de su esencia. Sin embargo parecía que Waid y Samnee habían conseguido equilibrar la situación y por fin había hecho que el personaje mirara hacía adelante. El que Soule empezase su etapa agitando de nuevo el avispero no era buena señal y más tras unos primeros números en la serie en la que lo único destacado era el excelente dibujo de Garney, con un guionista que no terminaba de pillarle el punto a la colección.

Sin embargo sin aún con sus peros, ya en el tomo anterior Soule parecía ir creciendo y supo construir una saga interesante, es en este tomo cuando viene a confirmar que su etapa en Daredevil puede que no sea el desastre que en un principio apuntaba. Lejos de mefistazos ridículos que van contra la misma esencia del personaje (gracioso el guiño al tema cuando Matt trata de buscar ayuda para recuperar su identidad y le sugieren a Mefisto...”no gracias, no estoy tan desesperado”), Soule hunde sus historia en acontecimientos narrados en la etapa anterior y de forma totalmente lógica consigue tanto recuperar la identidad secreta del personaje como dotar a toda la etapa de un peligroso villano de fondo que es consciente de todo lo que ha pasado y que intenta jugar con la vida de Matt/Daredevil.

Lo mejor de este tomo sin embargo no esta en la brillante forma en la que Daredevil recupera su identidad, si no en como, por fin, el guionista demuestra haber pillado el punto al personaje con un viaje al interior de su cabeza en el que se da un repaso a sus diferentes “identidades” y se muestra la tremenda fuerza de voluntad de un héroe que ha hecho de eso su seña de identidad desde el tan mítico como lejano Daredevil #7 (fecha de portada de abril de 1965).

Ahora soltado ya el lastre del gran secreto que había configurado el inicio de la etapa, Soule será más libre para poder contar su historia sin tener esa bomba de relojería condicionando todo lo que escribía. Y es que si bien es cierto que la idea de primero dejar crecer el nuevo estatus que el guionista deseaba crear antes de soltar la “bomba” tiene sentido argumentalmente, su etapa ha estado totalmente condicionado por la necesidad de respuestas ante la recuperación de al identidad secreta de Daredevil. Dada esa respuesta es momento, ahora si, de mirar hacia adelante.

En el debe si acaso señalar el dibujo, no por su falta de calidad, ni mucho menos, si no por el continuo baile de artistas que aunque cortados por un mismo patrón ha impedido que la colección tenga una estabilidad necesaria para crecer y consolidarse como una etapa solida. Y es que en los últimos años del cuernecitos si encontramos esa solidez en etapas tales como Bendis/Maleev, Brubaker/Lark o más recientemente Waid/Samnee. Es unas lastima que un dibujante de la talla de Ron Garney no haya podido dar esa estabilidad y más ahora que el propio dibujante ha anunciado su marcha de la colección. Esperemos que con su sustituto llegue al fin la anhelada estabilidad.