martes, 25 de febrero de 2014

Historia de un hombre sin miedo especial: El fin de los días.

Recopilado en un único tomo llega a España la serie limitada de 8 números largamente anunciada por B.M Bendis (empezó a sonar al poco de acabar su etapa en al colección allá por 2006) pero que finalmente no pudo concluirse hasta el año pasado.

Principal arquitecto y estandarte de la antigua Casa de las Ideas, su larga etapa en Daredevil sigue siendo a día un o de sus trabajos más reconocidos e importantes. Exaltando sus virtudes (diálogos, noir, planteamientos) y minimizando sus defectos (alargamiento de las tramas, conclusiones, acción) la labor de B.M Bendis en la páginas del hombre sin miedo ademas de reportarle múltiples premios le sirvió para convertirse en el mejor escriba del cuernecitos por lo menos desde los lejanos tiempos de Ann Nocenti. Desde el fin de su etapa Bendis ya tuvo claro que quería jugar con la posibilidad de contar la última historia de Daredevil.

En un mundo como en el del Universo Marvel con ciclos bien delimitados de cambios-back to basics-cambios contar la última historia de un personaje, de cualquier personaje, resulta una quimera, un ejercicio especulativo a modo de what if?, de nula trascendencia en el canon del personaje en cuestión pero relevante y plagada de potencial en lo que a calidad se refiere. No hace falta citar ejemplos bien conocidos por todos para demostrar que algunas de las mejores obras de los Universos Marvel o DC no están en continuidad. Bajo este prisma Marvel lleva años (décadas) editando historias que bajo el concepto de la “La última historia de...” pretenden dejar en manos de profesionales de mayor o menor prestigio el contar una hipotética última historia de algunos de sus más reconocidos iconos. De ahí han salido obra notables como “La última historia de Los Vengadores” de Peter David o Ariel Olivetti, medianías legibles como “X-Men: El Fin” de Chris Claremont y Sean Chen y venenos del calado de “Lobezno: El fin” de Paul Jenknis y Claudio Castelini.

Situar a Daredevil: El fin de los días dentro de alguno de esos tres bloques resulta complicado, por una lado Bendis empieza fuerte, ignorando todo lo que paso después de su etapa (casi como hiciera Frank Miller en Born Again) el guionista de Cleveland nos relata la historia de la muerte de Daredevil y la investigación periodística de Ben Urich en torno a la misma con el fin de desentrañar el misterio que fueron los últimos años de Daredevil, desde que auto proclamado rey de la Cocina del Infierno tomara una decisión sin marcha atrás, hasta que susurra una última palabra a Bullseye cuyo significado sera a priori leitmotiv de la historia. Como suele ser habitual en él Bendis plantea una premisa de partida muy interesante y llena de potencial que engancha al lector y más a medida que Urich va descubriendo cosas nuevas y se va encontrando con personajes del entorno de Murdock que le ayudan a completar el complejo puzzle que fue su vida. Bendis narra un mundo oscuro, sucio muy propio del noir más puro tan querido al guionista de Alias, un mundo donde los héroes han perdido, se ocultan o son meros reclamos publicitarios. Un mundo gobernado por un heredero de Osborn y donde La Mano ha sido reconocida como una religión legitima, un mundo en definitiva donde gente como Daredevil ha de luchar más que nunca en al sombra para dar esperanzas a una población cada vez más cínica y desesperanzada

Bendis cuenta para ello con artistas importantes en al trayectoria del hombre sin miedo: Klaus Janson, cuyo trazo fesita tal vez no sea muy atractivo pero que sin embargo le va como anillo al dedo a la historia (aunque no puede dejar de pensar que la cosa hubiera mejorado mucho con Alex Maleev al frente de los lápices y no solo dibujando una página suelta), Bill Sienkiewicz fiscalizador de los lápices de Janson y autor de alguna de las páginas más potentes de la obra, eso si siempre con el piloto automático puesto y David Mack que además de realizar alguna página colabora en el guión con Bendis. Así en conjunto si bien es cierto que la obra no es visualmente llamativa si tiene el tono correcto para lo que se esta queriendo transmitir.

Decía antes que era difícil situar a Daredevil: El fin de los días y es que aunque el planteamiento es poderoso y Bendis juega con conceptos tan interesantes como el legado (más propio de DC, algo que últimamente esta pasando bastante en Marvel solo hay que ver Los Nuevos Vengadores de Hickman) lo cierto es que la conclusión final es como poco decepcionante y deja en irrelevante el motor inicial que lleva a Urich a investigar los últimos años de DD dejando al lector una cierta sensación de tomadura de pelo. Aún y con todo no es menos cierto que hasta que se llega a ese punto la obra se devora más que se lee y uno desea saber más sobres esta versión exacerbada de un Daredevil, que por planes y contramedidas parece más cercano que nunca a Batman. Una obra en definitiva lejos de la calidad del trabajo de Bendis en la serie regular pero que durante gran parte de la misma consigue someter al lector al vértigo de no saber realmente que esta pasando pero tener muchas ganas de averiguarlo.

sábado, 18 de enero de 2014

“Mis comis” del 2013.

Potente y con muchas novedades interesantes de principio a fin, en este 2013 ha sido bastante complicado elaborar un top que en esta ocasión quería que fuese solo de cinco cómics. Al final he optado por estos cinco dejando cosas fuera que sin duda merecen la pena, pero había que elegir.



5.- Batman INC volumen II de Grant Morrison y Chris Burham (DC-ECC): Aunque el final en si mismo de la larga (y esplendida) etapa de Grant Morrison en Batman haya podido resultar algo decepcionante (se pierde al vertiente internacional del primer volumen de INC y de nuevo todo se reduce a Gotham) y convencional (un combate final a espada) resulta innegable que la tensión emocional que se respira en los primero 8 números del volumen II de este Batman INC esta magníficamente conseguida. Lo que pasa con Robin se lee con el corazón en un puño y lo desesperado de la situación de Batman y el gigantesco plan de Leviathan consiguen que realmente parezca que estamos antes una situación sin salida. Una de la mejores etapas de la historia del hombre murciélago, una labor que viene a demostrar que aún se pueden hacer cosas nuevas e interesantes con los superhéroes, haciéndolo además con uno de sus más grandes iconos.



4.- Jóvenes Vengadores de Kieron Guillen y Jamie McKelvie (Marvel/Panini): La verdad es que hay que reconocer que todo el tema de Marvel Now le ha sentado bastante bien a la antigua casa de las ideas, son varias las series que han salido ganando con el cambio y en general la situación del Universo Marvel en su conjunto es ahora bastante interesante. De todas las series surgidas a raíz de este relanzamiento es este Jóvenes Vengadores la que sin duda más he disfrutado hasta el momento. Formalmente rompedora (al menos en el cómic de supertipos actual) la ruptura de la cuarta pared, el juego con los elementos que componen el cómic (las viñetas, los bocadillos la composición de páginas...), las referencias a la cultura pop, la incomprensión de los adultos para con la adolescencia, el “comolismo” bien entendido, el hábil manejo de las elipsis y así un largo etc, tornan esta colección en una estimulante lectura que va más allá de la historia que cuenta (interesante en todo caso) y la caracterización de los personajes (muy bien conseguida también), habituales armas de los buenos cómics de superhéroes.



3.- El Rayo Mortal de Daniel Clowes (Fantagraphics/Random House-Mondadori): Originalmente concebido como un cómic de grapa publicado en el último número de Eightball resulta curioso y a la vez paradigmático del mercado de cómic en España que la obra no haya visto la luz hasta que salio una edición de lujo y tapa dura allende los mares. Dejando de la lado estas consideraciones, tenía mucha curiosidad por ver como una de los grandes popes del cómic independiente se acercaba a un género en apariencia tan codificado como es el de los superhéroes y la verdad es que no defrauda. El cómic es una amarga reflexión sobre la soledad, el poder sin limites y la auto complacencia moral, una reflexión que viene a decir que en nuestro mundo, en nuestra realidad, los poderes no marcaría realmente un diferencia en lo que un hombre es o deja de ser. La mezquindad y la estupidez es inherente al ser humano con y sin poderes. Algo que vuelve a mostrar a las claras el motivo por el que los cómics de superhéroes no debería ser demasiado realistas.



2.- Los surcos del azar de Paco Roca (Astiberri): A medido camino entre el relato periodístico y el histórico y muy influido en cuanto a estructura por el Maus de Art Spiegelman, Los surcos del azar narra una de los episodios más olvidadas y tristes de nuestra historia: la de los republicanos exiliados en Francia, que tras perder la guerra civil española siguieron luchando contras el fascismo más allá de nuestras fronteras siendo algunos de los primeros en llegar a Paris, solo para ver como España era de nuevo olvidada por las grades potencias al final de la II Guerra Mundial. Una historia triste y evocadora a la que Roca presta su trazo suave pero poderoso, y en la que sin caer nunca en el panfleto y el sentimentalismo barato, nos trasmite la crudeza de la guerra y las injusta cometida con un hombres que se pasaron 10 años de su vida luchando por la libertad, sin poder después volver a su propia tierra.



1.- Beowulf de Santiago García y David Rubín (Astiberri): De una fuerza visual innegable esta claro que Beowulf entra primero y sobre todo por los ojos con un Rubín en estado de gracia que consigue que con un simple vistazo al cómic este tenga ya toda la carga épica que se le presupone a una obra así. Resulta por lo demás demasiado fácil decir que todo el merito de la obra es de Rubín, que la historia que cuenta es muy sencilla y digo resulta fácil sobre todo porque no es cierto. Beowulf es un poema épico anglosajon de origen medieval que ha llegado a nuestros días conservando una fuerza y un poder de atracción innegable y esto es así en gran medida por que la pureza de la historia que cuenta, su grandeza siguen estando a flor de piel. Raras veces el viaje del héroe fue descrito de manera tan sencilla y poderosa a la vez como en Beowulf y para poder trasladar todo esto al cómic sin perder nada por el camino hay que tener mucho talento. Talento que García y Rubín demuestran a la claras poseer en lo que para mi ha sido el cómic del año.

lunes, 6 de enero de 2014

Un 2013 de cine.

Más de 30 estrenos he terminado viendo este año 2013. Un año que en general presenta un buen balance con un interesante equilibrio entre blockbuster y películas más pequeñas. Como siempre mi particular top 5 estará reflejado en los posters que ilustran el post en orden descendente.



Como pasa casi todos los años la carrera por los Oscars hace que el comienzo del año sea bastante potente con estrenos americanos muy interesantes. El año 2013 no fue una excepción y películas como La noche más oscura, Django desencadenado o Lincoln así lo demuestran. Es curioso que al final Kathryn Bigelow haya terminando alcanzando la fama y el prestigio internacional con películas mucho más pequeñas y teóricamente alejadas de la acción (aunque en mi opinión En tierra hostil es tan buena película de acción como mala película bélica) que las que realmente hacen grande su filmografía: Días Extraños o Le llaman Bodhi. En cualquier caso y aunque interesante y por momentos adrenalitica, La noche más oscura juega en la fina línea que separa la exposición de unos hechos de la justificación de los mismos y ese es sin duda un juego muy arriesgado. Por su parte Tarantino en Django consigue hacer una película mucho más visual que su antecesora (la interesante pero irregular Malditos Bastardos) que aunque ha recibido criticas por su duración a mi me pareció ajustada ya que se me paso en un suspiro. Grandes diálogos y grandes actores para un refrito de referencias tan del gusto del director que parece alejarse definitivamente de la senda de Jakie Brown. Y es que Tarantino parece mucho más interesando en jugar con grandes arquetipos que no en construir personajes con entidad propia. Spielberg por su parte realiza una película que aunque temáticamente enlaza con la de Tarantino es desde un punto de vista formal (y hasta “espritual”) radicalmente distinta. Una película pensada para arrasar en los Oscar que se queda un poco a medio camino, sin embargo si sirve para demostrar una vez más el pulso maestro de Spielberg como narrador y el excelente nivel interpretativo de Daniel Day-Lewis.

Y hablando de excelente nivel interpretativo una de las películas del año ha sido sin duda The Master donde Paul Thomas Anderson se confirma como un superdotado tras las cámaras realizando tal vez la primera película en la que no intenta imitar/homenajear a ningún director, cuenta eso si con la maravillosa interpretación de Philip Seymour Hoffman y (sobre todo) de un Joaquin Phoenix casi sobrenatural en una de las mejores interpretaciones que uno ha tenido la suerte de contemplar en el cine. A otro nivel ya, pero siendo también dos de las pelis más interesantes del año encontramos por un lado a Harmony Korine en Spring Breakers donde el director de la escalofriante Grummo muestra su relación de amor/odio con ese extraño mundo que tiene como icono fundamental la MTV. Un mundo superficial y vacuo donde la fiesta por la fiesta es lo único que importa pero donde la belleza y plasticidad del mismo se refleja en algunas de las imágenes más potentes del año. Capitulo a parte merece la interpretación de un desatado James Franco en estado de gracia. Por otro lado tenemos la hipnótica y compleja Solo Dios perdona donde Nicolas Winding Refn descoloca a aquellos que esperaban otro Drive. Una película que probablemente requiera de varios visionado para apreciarla en su totalidad pero que te deja pegado a la pantalla de principio a fin por su poderosa estética. De esteticismo vacuo peca sin embargo otra de las pelis de Ryan Gosling de este año, la aburrida Gangster Squad, película que uno tiene la impresión que busca enmendar la plana al Los intocables de Elliot Ness de De Palma sin tener ni pizca de la fuerza y el estilo de aquel.



Entrando en el terreno de los blockbuster o semiblockbuster el año ha sido irregular, ha habido películas entretenidas pero carentes de garra como es el caso del Star Trek: En la oscuridad donde J.J Abrams se confirma una vez como un buen artesano sin fuego en su interior. En el mismo barco podrían entrar Elysium película de pretensiones sociales que ni ofrece un sólido espectáculo, ni tiene un discurso social que vaya más allá de los tópicos y El Juego de Ender, una fiel adaptación del clásico de Scott Card que necesitaba alguien detrás que supiera trasmitir el alma que si tiene la novela, por desgracia Gavin Hood no fue ese alguien y la película de paso se estrello en taquilla. Como también se estrello (aunque menos) la mucho más interesante El llanero solitario, un sólido espectáculo tal vez demasiado oscuro en algunas fases para el gran público y desde luego con un presupuesto desmesurado para lo que se ve en pantalla. Otra película que se quedo a medio camino en taquilla y que de paso fue masacrada por la critica fue After Earth y es que Shyamalan desde la excelente La joven del agua parece victima de una especie de maldición. En cualquier caso y lejos del desastre del que no pocos hablaban After Earth resulta una de esas películas en las que un gran director coge un material mediocre y sabe sacar petroleo. Ni el guión, ni el actor principal (un demasiado verde Jaden Smith) son nada del otro mundo, sin embargo Shyamalan consigue plasmar en la pantalla una epopeya a contrarreloj plagada de belleza, ahí es nada. Más interesante sin cabe resulta la última película de Gullermo Del Toro, Pacific Rim que narra el viaje del héroe con una pureza y energía como pocas veces se han visto, La película resulta además un espectáculo visual de los que hacen época mostrando lo que podría haber sido Transformes en manos de alguien que supiera narrar.



Dentro de este ámbito merece capitulo aparte Guerra Mundial Z el primer blockbuster de zombis de la historia que pese a las inmensas dificultades de guión y producción consiguió salir adelante con bastante éxito de taquilla. Es una película concebida a mayor gloria de Brad Pitt que con todo consigue mantener un alto grado de tensión e interés. Disfrutable sin duda. Como también los es Jack Reacher concebida también para el lucimiento de un notable Tom Cruise y que consigue recuperar en cierta manera el tono y algo (solo algo eso si) de la sordidez del cine más setentero del que bebe. No pasa lo mismo con Oblivion la otra peli de Cruise este año, con pretensiones parecidas a las de Elysium resulta aún mas aburrida y obvia que aquella. Y ya que hablamos de pelis aburridas tal vez el mayor desastre del año haya sido La Jungla 5, hecha deprisa y corriendo y lejos de la grandeza con la que (con mayor o menos acierto) fueron concebidas las demás películas de la saga, La Jungla 5 no parece ni por historia, ni por presupuesto, ni por duración una película de La Jungla de Cristal, para más inri ni siquiera es minimamente entretenida. En resumen peor imposible. En la misma liga que Elisyum y Oblivion pero con mucha más energía e interés no hay que olvidarse de la magnifica El atlas de las nubes, donde las distintas historias cruzadas terminan generando un todo complejo y enriquecedor con un deslumbrante aspecto visual. Como deslumbrante es también Gravity, otra de las películas del año. Un autentico goce para los sentidos en la que me queda la duda de si realmente podría funcionar sin el 3D. Antes de entrar en los blockbuster superheróicos hay que hablar como no de El Hobbit: La desolación de Smaug. La peli peca de los mismos defectos de la primera: una innegable elefantiasis que pretende convertir lo que es poco más que un hermoso cuento de hadas en un relato épico a la altura de El Señor de los Anillos. Pero si te olvidas de eso y te dejas de llevar por lo que quiere contar Jackson la película resulta innegablemente épica, dinámica y llena de fuerza. Mejor que la ya muy estimable primera parte.

Ya dentro del ámbito del cine de superhéroes cinco han sido los estrenos de este año si incluimos la irreverente y simpática pero fácilmente olvidable Kick Ass 2. El mejor de todos sin duda Man of Steel, Snyder demuestra su innegable talento como director en una película que ya tuvo reseña por aquí y de la que poco más puede añadir. Marvel Studios por su parte habiendo encontrado la formula del éxito no parece muy dispuesta a ir más allá y ni Iron Man 3 (taquillazo del año) ni Thor 2 son tan grandes como podría llegar a ser. Aún así ambas resultan entretenidas y disfrutables. Guardo especial simpatía por la primera que si busca (y consigue) tener algo más de personalidad propia sin terminar eso si de romper el molde del estudio. Para el final queda Lobezno Inmortal, modesta en comparación con las anteriores da sin embargo un sólido espectáculo a años luz del desastre absoluto de la primera película en solitario del mutante de las garras de adamantium.



Entrando en el terreno de la comedia Si fuera fácil de Judd Apatow se ve con una sonrisa en la boca de principio a fin. Un ácida reflexión sobre la mediana edad los sueños que hay que dejar atrás para madurar y las complejas relaciones de pareja, todo ello pasado por el tamiz, a ratos soez a ratos políticamente incorrecto de un Apatow que si bien a perdido frescura conserva la chispa que le hace especial. Mucho más convencional y hasta sosa resulta El lado bueno de las cosas película que no salva ni la oscarizada Jeniffer Lawrence. Por contra si algo no es Siete Psicopatas es convencional, comedia negra al más puro estilo ingles que por momentos recuerda al Snatch, cerdos y diamantes resulta también un curiosa reflexión sobre el cine dentro del cine. Inclasificable resulta también la apocalipitica Juerga hasta el fin (extraña traducción del This is the end original) donde Seth Green actor fetiche de Apatow recoge las enseñanzas del maestro en una película que es un caos de principio a fin. Un caos eso si muy divertido. Como divertida y entrañable resulta también Monsters University donde Pixar vuelve a tocar las teclas correctas para conseguir un nuevo clásico que partiendo de las base de las películas universitarias americanas sabe hacer suyo un universo tan sobado. Al igual que con La cabaña en el bosque y al albur del prestigio ganado con Los Vengadores por fin hemos podido ver en España la versión de Joss Wheddon de Mucho ruido y pocas nueces. Una película modesta y tremendamente divertida que se pasa en un suspiro. Se nota que tanto Wheddon como sus actores se lo pasaron en grande haciéndola. No es una comedia pero uno puede evitar la alegría que le produce la sensación de reencontrarse con viejos amigos que transmite Antes del anochecer cierre de la trilogía dirigida por Richard Linklater y protagonizada por Julie Delpy y Ethan Hawke. No tiene la frescura del primera (la mejor de las 3) ni juega con la ventaja del ¿como se reencontraran? de la segunda; pero esta hermosa historia de amor que llevamos casi 20 años siguiendo en el cine te conquista de principio a fin. Magnifica.



Para el final quedan las que tal vez sean las dos películas que mas me han gustado, por diferentes motivos del año, por un lado Prisioneros un excepcional thriller con una tensión por momentos insoportable en el que Hugh Jackman borda el papel de padre desesperado y dispuesto a hacer lo que sea después de la desaparición de su hija pequeña. Por otro lado Las ventajas de ser un marginado, una de esas películas con la que por algún motivo conectas y termina llegándote al corazón. Yo lo hice (tanto con la película como con la excelente novela en la que se basa) y por un momento también me sentí infinito.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Daredevil: Calor de Mark Waid, Chris Samee y otros.

Tercer tomo de Panini de la multipremiada y alabada por la critica etapa de Mark Waid en Daredevil. En este caso un troncho bien elegante que recopila 10 números USA de la colección del cuernecitos en concreto los Daredevil vol. 3 12 al 21 USA.

Resulta curioso observar como pese los múltiples elogios que esta recibiendo esta etapa el trabajo de Waid no pasa de rutinario. Su labor en Daredevil es decididamente convencional no tiene nada que no se lo mínimo que se deba a exigir a un buen tebeo de superhéroes: buena caracterización de personajes, acción bien llevada y un cierto tono culebronesco tan propio de las folletinescas aventuras de supertipos en pijama. Sin embargo su labor es alabada a diestro y siniestro y puesta como ejemplo a seguir. ¿Por qué? Tal vez por que al igual que ocurriera en los 90 con su etapa en Flash, el hacer un cómic de superhéroes honesto, que no se avergüenza ni trata de disimular lo que es, es en si mismo una pequeña revolución. Evidentemente y por suerte no estamos en lo peor de los 90 con sus dientes apretados y “héroes” con pistolones de dos metros, pero no es menos cierto que durante años tanto en Marvel como en DC, la oscuridad, la violencia más descarnada y los superhéroes luchando entre ellos han estado al orden del día. Bajo este prisma hacer un cómic de superhéroes sencillo, agradable de leer y que va a la esencia de lo que se supone han de ser este tipo de cómics le hace destacar tanto, más claro si se hace con un personaje como Daredevil.

Desde que Frank Miller refundo al personaje a finales de los 70 este siempre ha estado asociado a la oscuridad, la luz que fue protagonista (argumentalmente ya que visualmente Gene Colan ya había mostrado a las claras que el personaje se movía mejor en las sombras) en su primera década larga de existencia había dado paulatinamente paso al noir más descarnado, torturando de paso a un personaje que siempre estuvo al borde del desequilibrio mental. Esto, durante las etapas de Bendis/Maleev primero y Brubaker /Lark después había alcanzado tales cotas que no parecían tener marcha atrás. Tras la limpieza llevada a cabo por Diggle, Waid se ha “limitado” a barrer un poco la casa y tratar de dejar de lado tanta oscuridad y malrollismo, es decir ha tratado de recuperar los inicios de un personaje mucho más optimista en un principio. Claro que ni siquiera en esto Waid es original, Karl Kesel ya lo hizo en los 90 y para que el esto escribe lo hizo mucho mejor, ¿cual es al diferencia? El dibujo sin duda.

Sin querer hacer de menos a un primerizo Cary Nord (colaborrador de Kesel en su corta pero gran etapa), la la labor gráfica de Marcos Martin y Paolo Rivera primero y de Chris Samee después es la que en gran medida explica y configura el éxito de una etapa que todavía parece lejana de concluir. Y es que a día de hoy junto a los All New X-Men de Immonen y el Hawkeye de Aja pocos cómics hay en el mercado superheróico que puedan hacer sombra a este Daredevil. Un autentico gozo para la vista con una narrativa clara y limpia, diseños de página arriesgados e impactantes y portadas de lo más sugestivas del mercado. Un estilo muy deudor del Mazzuchelli más superheróico y que se adapta como un guante a una colección que visualmente es lo de lo más estimulante que ofrece el mercado a días de hoy.

Entrando en el tomo de Panini en si en estos números Waid cierra la trama (algo aburrida, todo hay que decirlo) del Disco Omega, presenta un nuevo (y muy interesante villano), recuerda viejos tiempos con el viaje de Daredevil a Latveria (durante la etapa de Stan Lee en el cuernecitos este se enfrento ni más ni menos que al Doctor Muerte) a la par que ahonda en al relación entre Matt y Foggy, el cual se niega a creer esta nueva era de optimismo que parece rodear a Matt. Un buen guiño de Waid, que consciente de que su giro argumental puede resultar chocante para con el pasado del personaje pero que consigue, a través de los ojos de Foggy y de las explicaciones que este recibe de Matt hacer que todo se torne más lógico. Bajo este prisma esta muy bien que Waid recurra a Milla, exesposa de Matt y todavía encerrada en su psiquiatrico, Matt quiere ser más optimista, necesita ser más optimista, pero por mucho que le duela no puede olvidar que su tortuoso pasado sigue ahí a la vuelta de la esquina, esperando la menor oportunidad para regresar. A todo esto se añade le relación cada vez más cercana entre la ayudante del fiscal Kirsten McDuffie (relanzando la fama de ligón del bueno de Matt) y plantea un interesante enfrentamiento de cara al próximo tomo con Superior Spiderman.

En definitiva cómics por lo general excelentemente dibujados, muy agradables de leer que no pretenden reinventar la rueda y que como decíamos más arriba argumentalmente ofrecen lo mínimo que un cómic de superhéroes debería dar: un sólido y digno entendimiento. Nada más...y nada menos.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Actión Comics de Grant Morrison y Rag Morales: reiniciando un icono.

La caótica edición del Action Comics de Morrison y Morales por arte de ECC trajo consigo que resultara muy difícil disfrutar de la obra en una primera lectura. Ahora con su etapa ya finalizada y tras una más que necesaria relectura ya se puede hacer un balance de la breve pero intensa etapa del genio escoces.

Sorprende la (relativa) brevedad de la etapa del escoces en Actión Cómics: 18 números (19 si contamos el número 0) se antojan pocos para un guionista que en sus etapas en X-Men, JLA o Batman rondó o supero con creces los 40 números. Sorprende menos quizá, si tenemos en cuenta el caos total en el que se han configurado los equipos creativos del hombre de acero tras el relanzamiento que supuso New 52. Dejando de lado temas cuantitativos, lo que resulta innegable es que como siempre Morrison ha planteado su etapa a largo plazo construyendo un puzzle cuyas piezas encajan con sorprendente facilidad, y digo sorprendente habida cuenta del gusto por del guionista por los golpes de efecto que no siempre terminan de encajar del todo (ese Xorn/Magneto...). El que la etapa haya sido más breve ha facilitado sin duda que Morrison haya estado menos disperso que en otras ocasiones y que los errores de racord u omisiones hayan quedado aquí, casi en nada. A esta sensación de solidez contribuye la mano de un Rag Morales tal vez no muy brillante pero que si consigue hacer con la ayuda de Brad Walker casi todos los números, alejando un poco esa sensación de continuo vaivén gráfico que gran parte de la labor superheróica del de Glasgow ha padecido.

Independientemente de lo que nos pueda parecer New 52 como iniciativa o de la opinión que tengamos de como esta fue ejecutada lo que resulta innegable es que Morrison recibió una oportunidad de oro cuando acepto escribir Action Comics 1 y es que como bien decía el bloguero antes conocido como Lord Pengallan, Morrison tenía la oportunidad de fijar el canon por el que se movería el actual Superman no en vano sería su Krypton, su Smallville, su Clark Kent los que los demás autores tendrían que seguir cuando trabajasen con el hombre de acero, y fijar el canon de Superman no es fijar el canon de cualquiera no señor, es fijar las bases con las que el primer superhéroe de todos afrontara la segunda década del siglo XXI. Es evidente que antes o después DC volverá a retocar el origen de Superman (desde Byrne, pasando por Waid y Johns son unas cuantas veces las que la editorial ha jugado con este tema) pero mientras lo hace y no el trabajo de Morrison sera el referente en el que habrá de fijarse cualquier escriba del primer superhéroe en esta etapa actual.

A lo largo de los 19 números que componen su etapa, Morrison no deja fuera casi ningún elemento clásico: las gafas, la doble identidad, Krypton, Smallville, La Legión de Superhéroes, el Daily Planet, Lana Lang, Lois Lane, Metropolis, Jimmy Olsen, Luthor, la kryptonita...Todo esto esta presente en la historia que nos cuenta Morrison, todo esto y además el que tal vez sea el elemento más polémico de la revisión del escoces: el Superman “socialista”. Y es que en su primeros años Superman lejos de ser el defensor del estatus quo con el que hoy se asocia su imagen, era un autentico luchador por los derechos de los ciudadanos. Lo mismo se enfrentaba a un maltratador que a un empresario explotador y su relación con la autoridades dejaba mucho que desear. Morrisón retoma esa idea, con un Superman en vaqueros que aún no vuela y que desde luego no cuenta en absoluto con la confianza de unas autoridades que le persiguen como a un “perroflauta” cualquiera. Aunque este representación choca con la imagen de Superman que se ha ido instalando con los años, no es por si misma una revolución si no una vuelta a los conceptos más básicos del personaje. Donde Morrison si acomete una autentica revolución es en Clark Kent. Lejos del torpe y tímido periodista de sus inicios y aún más lejos del maduro, seguro de si mismo e intrépido reportero de los últimos años; el Clark Kent que Morrison nos muestra es un joven completamente integrado en el siglo XXI versado en el periodismo 2.0 y que al igual que su contrapartida superhéroica busca acabar con las injusticias reales del mundo.

El “nuevo” Superman que traza Morrison y su carácter salta a la vista en una conversación que mantiene con el resto de miembros de la JLA, Superman señala que hay injusticias en el mundo que van más allá de los villanos de turno y que ellos con su poder tal vez deberían hacer algo, el resto de miembros del supergrupo le advierten de las complejidades del mundo y de los riesgos de jugar a ser dioses, Superman desencantado se marcha y les conmina a que le llamen cuando llegue la próxima invasión alienígena. Esta será una de las veces en las que Morrison muestra tanto los limites como las hipocresías de unos superhéroes con poderes para cambiar el mundo pero con la única voluntad de mantener un estatus en el que están cómodos. Desde un punto de vista metalinguistico podríamos entender que el guionista de Los Invisibles habla aquí tanto de la actitud de las editoriales que no dejan evolucionar a sus muy rentables iconos pese a la sempitenta apariencia de cambio, como de los lectores que demandan cambios pero que cuando estos llegan protestan airados ante lo que ven como una tradición a las esencias.

Dejando de lado estas reflexiones a las que siempre invita el trabajo de Morrison, la etapa en su conjunto muestra la querencia del guionista por la ciencia ficción y es que a pesar de tener un Superman más “pegado al suelo” que nunca (bueno quizá no tanto como el de JMS), los viajes en el tiempo, los universos paralelos, la fuerza de las ideas (en otro episodio enormemente metalinguistico y que tal vez sea el mejor de la etapa) y la tecnología asombrosa harán acto de presencia en una etapa que se disfruta un montón pero que con todo se antoja menor ante la inmensidad y fuerza de su Batman o sus X-Men.

lunes, 28 de octubre de 2013

Los Vengadores de Bendis, el final de toda una era.

La era de Ultron pone punto y final a los casi 9 años de Bendis al frente de Los Vengadores. Lo hace cuando hace ya casi un año que cedió el testigo a sus sucesor, Jonathan Hickman al frente de las principales colecciones regulares de la franquicia y lo hace con una historia que es todo un símbolo de su etapa: un gran evento en el que las consecuencias se antojan mucho más interesantes que el evento en si.

Amado por unos, odiado por otros lo que resulta innegable es que el paso de Bendis por Los Vengadores ha supuesto un antes y un después tanto para el grupo en si como para la propia Marvel en su conjunto. Antes de la llegada del de Cleveland, Los Vengadores lejos de ser el referente central de la editorial que es a día de hoy, era una franquicia menor tanto en ventas como en atención en torno a ella, lejos de Spiderman, los X-Men o incluso la línea ultimate. Bendis (anticipándose al cine) torno a Los Vengadores en lo que siempre debieron ser: el centro del Universo Marvel, permitiendo de paso generar una lucrativa (o todo lo lucrativa que cabe dentro del pauperrimo mercado americano actual) franquicia en la que el sello Vengadores se convertía en garantía de éxito. Para conseguir todo esto el guionista de Powers cambio muchas cosas y claro no todo el mundo fue receptivo a esos cambios.

Visto con la perspectiva que da el tiempo esta claro que Los Vengadores necesitaban un golpe de timón., pese al excelente arranque del relanzamiento de Heroes Reborn a manos de Kurt Busiek y George Pérez, tras la marcha de este, la serie parecía haber caído en la autocomplacencia: una serie clásica, bien escrita, a veces bien dibujada, pero un tanto aburrida, casi sin alma. El golpe definitivo tal vez vino asestado por The Ultimates de Mark Millar y Bryan Hitch, una revisión moderna y desenfada del concepto de Vengadores que aunque cuestionable en muchos aspectos tenía algo que Los Vengadores no tenían desde hace mucho tiempo: The Ultimates molaban y molaban mucho. Así mientras en The Ultimates Millar nos ofrecía unos vengadores, modernos, llamativos, desafiantes, Busiek y sus sucesores (Johns y Austen) seguían una colección clásica que no parecía conectar más que con los seguidores de toda la vida. Había que cambiar las cosas y en esas estaba Bendis.

Cuando Bendis llego a Los Vengadores tenía mucha experiencia en los cómics, incluso en los superhéroes, estaba firmando una gloriosa etapa en Daredevil y había escrito Alias, un tebeo diferente y atractivo, sin embargo ambas colecciones parecía adaptarse como un guante aun guionista que se manejaba a la perfección en el genero negro algo que desde luego no pegaba ni con cola en Los Vengadores. Sin embargo Bendis era el guionista de moda uno de los autores (junto al propio Millar) destinado a llevar a la antigua Casa de la Ideas al siglo XXI y además parecía tener muy claro que quería para el grupo. Se preguntaba una y otra vez si la JLA tiene a Batman, Superman y Wonder Woman a sus filas ¿por qué Los Vengadores no podía tener a Lobezno, Spiderman o Daredevil?, ¿por qué Los Vengadores no eran el centro del Universo Marvel, la franquicia más vendida, la más poderosa? Bendis quería cambiarlo todo y para ello primero tenía que destruir, deprisa y sin piedad lo anterior.

Vengadores Desunidos fue el debut de Bendis en la franquicia y pese a que aún sigue siendo de sus peores historias en su larga etapa como declaración de intenciones no podía ser más honesta: nada (o casi nada) de lo que hay ahora vale, todo sobra, vamos a empezar desde 0 y para ello si es necesario matar o lisiar a la mitad de Los Vengadores actuales así se hará. Bendis necesitaba unos nuevos Vengadores y a fe suya que iba a conseguirlos. La escabechina de Desunidos acabo claro en la disolución del grupo y en el surgimiento de una nueva colección llamada claro Los Nuevos Vengadores, el ciclo comenzaba de nuevo y Bendis estaba dispuesto a dejar huella. Leídos hoy, los primeros números de Los Nuevos Vengadores no son buenos cómics, sin llegar a la ignominia de Desunidos se nota que Bendis no sabe manejar todavía la dinámica de grupos, que personajes como Lobezno (y sobre todo) Spiderman están por estar y que aún no tiene pillado de todo el tono en el que quiere que se mueva el grupo. A medio camino entre el espionaje (donde se le nota mucho más cómodo) y la épica (donde muestra gran torpeza, eso se vera claro en la mediocre Los Poderosos Vengadores), Bendis va construyendo una poco a poco una serie en la que cada vez se le nota más a gusto.

El punto de inflexión lo encontramos tal vez en Invasión Secreta, de nuevo no tanto por el crossover en si (plagado de buenos ideas pero mediocre y convencional en desarrollo y resolución), si una vez más por sus consecuencias. A estas alturas Bendis ha conseguido dominar la dinámica de grupos, ha conseguido que cada personaje tenga su propia voz, su propio peso y ha conseguido defenderse mejor (sin llegar nunca a dominar del todo) el registro épico tan del gusto de una colección como Los Vengadores protagonizado por “los héroes más poderosos de la Tierra”. Tras Invasión Secreta, Bendis escribe el que sin duda es su mejor trabajo al frente de la franquicia: Los Vengadores Oscuros. El peculiar grupo de Osborn, destinado claro esta, al fracaso sirve a Bendis tanto para mostrar lo que supone ser un héroe perseguido por el sistema como para ahondar en la idea de que podría pasar si un lunático llega al poder. Con una gran caracterización de personajes y con soluciones imaginativas, Bendis demuestra con los Oscuros que si sabe escribir grupos y que además puede hacerlo muy bien.

Resuelta la historia de manera demasiado previsible con otro evento Asedio, Bendis tal vez debió dejar la franquicia cuando alcanzó su punto más alto. Decidió seguir sin embargo y aún nos dejo para el recuerdo momentos de gran interés sobre todo en Los Nuevos Vengadores donde siempre se le noto mucho más a gusto que en su hermana Los Vengadores (nombre que sin epítetos se recupero ahora tras el final de Asedio). Lo curioso del tema es que al final de su etapa en la colecciones regulares Bendis termino de deshacer casi todas las consecuencias que los distintos eventos de su etapa había generado. Así de Desunidos ya no quedaba ningún vengador muerto y la Bruja Escarlata había sido rehabilitada, de Dinastía de M ya no flotaba el ambiente su única consecuencia (ese “no más mutantes”), de Civil War ya se había recuperado la hermandad entre la trinidad marvelita (Thor, Iron Man y el Capi), de Invasión Secreta estaba claro que lo de Osborn no podía durar e incluso “resucito” a la Avispa y de Asedio, bueno en realidad Asedio fue una suerte de vuelta al estaus quo pre-Desunidos. Quedan eso si vigentes la consecuencia de AvX (que él mismo esta explorando al frente de la franquicia mutante) y la de Age of Ulton que apenas si ha finalizado.

Esta última es tal vez una muestra y catalogo tanto de las virtudes como de los defectos del guionista: una idea llena de potencial y construida con cuidado desde el final de Asedio desemboca en un evento el que, pese a tener grandes personajes con grandes diálogos, las cosas no siempre terminan de tener sentido, ni siquiera dentro de la lógica de la mismo evento y que parece que solo se hacen con el objetivo de alcanzar el final prefijado, sin importar si por el camino se caen en incoherencias. Siempre con la idea en mente de explorar una consecuencias que una vez más se atisban llenas de potencial. Más allá de todo esto sin embargo, lo que si esta claro es que (consolidado por el cine) Los Vengadores se han convertido en la franquicia central y más rentable de la Marvel actual, lo que que estaba lejos de suceder cuando Bendis llegó. Algo tendrá que ver el calvo de oro.

jueves, 3 de octubre de 2013

El Daredevil Pre-Miller.

Pocas veces un autor ha marcado tanto a un personaje no creado por él como Frank Miller a Daredevil. Desde su estancia en la serie el tono de la misma quedo fijado con tal fuerza que apenas si hay excepciones puntuales que se hayan apartado de ese camino. Sin embargo antes de Miller ya existía Daredevil...


Origenes y primeros años.

Creado en 1964 por Stan Lee y Bill Everett, (aunque existe polémica en torno al diseño del personaje que muchos atribuyen a Jack Kirby, discusión en cualquier caso que sobrepasa los limites de este articulo) como el último gran personaje de la Era Marvel, Daredevil fue en gran medida la sublimación de la idea en torno a la cual se configuraría el primigenio Universo Marvel: “superhéroes con superproblemas”. Y es que el “superproblema” de Daredevil (la ceguera) se situaba incluso por encima de sus superpoderes (los supersentidos). Bajo este concepto básico el Daredevil (nombre por cierto heredado de un famoso cómic de los 40 del que Lee se declaraba seguidor) primigenio es a grandes rasgos una suerte de Spiderman entrado en años y por ese lado vendría muchos de sus problemas. En realidad no son pocos los que opinan que la verborrea sin freno de Daredevil (esto es importante de Daredevil, no de Matt Murdock, todas las taras psicológicas que Miller explotaría más tarde ya estaban desde el principio), su carácter extrovertido y en cierto sentido bufonesco eran lo más parecido a un alter ego del propio Stan (al igual que La Cosa/Ben Grimm tenía mucho de Kirby) que este diálogo por la época.

Como decíamos, y al contrario que otros grandes personajes de la editorial las bases sobres las que se concibió Daredevil resultaron ser muy poco sólidas. Estamos ante un personaje de eminente carácter urbano cuyos poderes relativamente limitados le acercaban mucho más a Spiderman que a cualquier otro personaje de la casa, lo que unido a su parecido también al trepamuros en cuanto a actitud termino siendo un problema ya que los diálogos chispeantes y las continuas bromas que tan bien quedaban en Spiderman hacían de Daredevil un personaje redundante que además carecía del poder de identificación de aquel. Mientras que el teórico público objetivo al que iban dirigidos estos cómics podían identificarse con el estudiante incomprendido y lleno de problemas Peter Parker, era mucho más difícil que lo hicieran con Matt Murdock, un abogado más cerca de los 30 que de los 20 y con una vida exitosa y ya encauzada.

Así las cosas, es durante la estancia de Stan Lee al frente de los guiones del personaje (en el que permanecería más o menos 50 números) cuando se establece el tono que tendría la colección antes de la llegada de Miller: un claro predominio de la aventura, villanos relacionados en gran medida con la faceta laboral de la identidad secreta del personaje y un aire culebronesco que marcaría las relaciones de los tres principales personajes de la serie: Matt/Daredevil, su mejor amigo y socio Foggy Nelson y su secretaria e intereses amoroso de ambos Karen Page. Situación en la que también se metería Mike Murdock una bizarrada de Lee que convirtió a DD durante breve tiempo en un personaje con triple identidad, siendo Mike un falso hermano gemelo inventado por Matt para proteger su identidad como Daredevil (¡¡toma ya!!).


Desde un punto de vista visual y tras la marcha de Everett (creador de Namor en los 40) por problemas de salud y la breve estancia de Joe Orlando (mítico autor/editor de EC) estos primeros tiempos estarían macados primero por la llegada de Wally Wood quien en el número 7 (probablemente el mejor cómic de toda la etapa Lee) fijaría el aspecto visual definitivo del personaje desterrando el amarillo y añadiendo una segunda D al emblema del pecho. Después llegaría el gran John Romita Sr. en lo que sería un campo de pruebas para su posterior desembarco en Spiderman. Pero si por algo se caracteriza esta etapa es por la llegada de Gene Colan, el rey de las sombras que permitió vislumbrar (al menos si no argumental, si visualmente) toda la oscuridad que atisbaba el personaje y que permanecería en el mismo cerca de 100 números con diversas interrupciones siendo aún hoy el artista que más tiempo ha dibujado al personaje. Así, si bien las bases del hombre sin miedo estaban lejos de ser sólidas, al menos artísticamente no se puede negar que Daredevil tuvo mucha suerte contando siempre con lápices de autores de primerísimo nivel

Mientras Colan permaneció en al dibujo salvo excepciones puntales (entre ellas algún número suelto de Barry Windsor Smith muy deudor todavía de Kirby) el sustituto de Lee a los guiones como era habitual en aquellos tiempos fue Roy Thomas que permaneció en la colección en torno a 20 números. Su etapa en cuanto a tono no se diferencio demasiado de la de Lee: predominio de la aventura, gran importancia de la faceta de abogado de Murdock y profundización en la relación con Karen ya sin Foggy de por medio. Precisamente sería en este aspecto donde más relevancia alcanzarían estos números y donde, de manera indirecta se sentaron las bases de la posterior Born Again. Si como observamos ya desde el principio Matt tuvo problemas para ocultar su identidad secreta (de ahí todo lo de Mike Murdock), Thomas da un paso más y decide que Karen descubra la identidad secreta de su amado, es entonces cuando incapaz de soportar que Matt ponga en peligro su vida de esa manera opta por abandonarle e intenta iniciar una (fallida como luego sabríamos por Miller) carrera en Hollywood.

Es un movimiento arriesgado por parte de Thomas y una muestra más de que Marvel en los primeros tiempos no era inmovilista. No solo saca del escenario uno de los personajes secundarios más relevantes de la serie (que por cierto no tenía muchos) si no que elimina de un plumazo la “novia eterna” otro tópico más del género que la por entonces si Casa de las Ideas no dudaba en dar de lado. Por lo demás la etapa de Thomas permite imbricar algo más al personaje en el Universo Marvel con la presencia de Pantera Negra que hará buenas migas con DD y con el que visualmente formara un dúo muy potente. Pese a los esfuerzos de Thomas los problemas de base del personaje siguen ahí: Daredevil no termina de conseguir una personalidad definida, siendo esta demasiado genérica, sus contradicciones no son explotadas y sigue siendo (pese a rebajarse el tono de los diálogos) demasiado “spidermaniano”. En cualquier caso si por lago destaca la serie por aquel entonces y le permite seguir en el candelero es por su factura visual, con un Gene Colan en plena forma. Su dominio de los claro-oscuros, su personalísima composición de página y la plasticidad del diseño de Wally Wood para el traje hacen de DD una serie como mínimo llamativa.

Daredevil and the Black Widow: De New York a San Francisco.




Tras la marcha de Thomas sería Gerry Conway, por entonces un autentico niño prodigio, el encargado de seguir las andanzas del cuernecitos permaneciendo en el mismo cerca de 30 números acompañado una vez más a los lápices por Gene Colan. La llegada de Conway supuso una autentica revolución en la serie y es que si la marcha de Karen había dejado a nuestro héroe compuesto y sin novia esta situación no duraría mucho tiempo ya que en el horizonte asomaba ni más ni menos que Natasha Romanoff, la Viuda Negra. Nacida en las páginas de Iron Man y traspasada luego a las de Los Vengadores esta exespia rusa adquiría tal importancia que llego a compartir cabecera durante más de un año rebautizándose la serie a un explicito Daredevil and the Black Widow. Esto que hay que ligarlo en cierta medida con el incipiente movimiento feminista de los 70 (Marvel como siempre intentando vivir pegada la realidad social en la que se movía, aunque en este caso sin demasiado acierto...pero ese es otro tema) y para Daredevil significaría no solo compartir su cabecera si no también cambiar de costa al trasladarse a San Francisco.

Si hoy, tras el paso de Miller por la serie, resulta muy complicado imaginar a DD fuera de New York, entonces, con un personaje no tan definido no lo era tanto, pretendiéndose tal vez, una mayor diferenciación del mismo a cuenta del cambio de ciudad. En todo caso el tono de las aventuras no varía demasiado por ir de New York a San Francisco y solo la compleja relación entre Matt y Tasha, aportaba alguna novedad realmente destacada. Vista con la perspectiva que da el tiempo la etapa de Conway no deja de ser mediocre y hasta por momentos aburrida solo salvada una vez más por el excelente trabajo de un Colan que dibuja una Viuda Negra bella como pocas veces se había visto antes. Sin embargo no hay que restar merito al hecho de que se atrevió a narrar que dos héroes vivieran juntos (e imaginamos que harían algo más que vivir) sin pasar previamente por la vicaria ni tener esta en perspectiva cercana, lo que hoy puede ser muy normal pero que entonces con el Code de por medio y con la mojigateria predominante a nivel oficial no deja de tener cierto valor.

Conway sería sustituido por Steve Gerber uno de los guionistas más importantes e innovadores de los 70 y que estaría en la serie en torno a 20 números. Gerber contaría al principio con la colaboración de Colan que pronto sería sustituido por Bob Brown, un dibujante mucho más “académico” que Colan lo que haría a la serie perder gran parte de su encanto. Si la etapa de Conway, pese a su mediocridad tiene una segunda lectura habida cuenta de la relación entre Matt y Tasha la de Gerber va aún más lejos. Aunque no estamos ante el Gerber bizarro y desafiante de Howard el Pato o Man-Thing su etapa en Daredevil es tal vez la más interesante que hasta entonces había tenido el personaje y no tanto porque por fin consiguiera encontrar una identidad propia para el protagonista (esto hasta Miller no llegaría) si no por las segundas lecturas que asomaban tras los guiones aparentemente sencillos de Gerber.

En plenos 70 con temas como las drogas, la liberación sexual, los movimientos anti bélicos o el descontento con el gobierno en primer plano, el subtexto de muchas de las historia de Gerber van mucho más lejos de lo acostumbrado y aunque como decíamos no es Daredevil donde el guionista muestra sus lado más desbocado, si es cierto que historias como la del hippie desencantado, Angar el aullador y sus “ilusiones visuales” son muy significativas en los años del LSD, como también lo es la saga del Mandril, villano capaz de dominar a la mujeres y ponerlas a sus ordenes en una época de lucha por la igualdad plena. Más allá de eso sería con Gerber cuando Daredevil regresaría a New York y cuando se formalizaría la ruptura de la siempre tensa relación con Tasha desencadenada entre cosas por la negativa de DD a unirse a Los Vengadores.


Al borde del abismo

Con Gerber fuera y tras el interludio que supuso la labor de Tony Isabella (en una de las sagas más recordadas del DD setentero, Foggy Nelson agente de S.H.I.E.L.D, en el que probablemente fue el mejor trabajo de Bob Brown en la colección) el encargado de regir los destinos de Daredevil sería Marv Wolfman que contando sobre todo con la colaboración de Bob Brown permanecería en la serie en torno a 20 números. Su aportación más destacada a la colección sería la creación de Bullseye. Con un magnifico diseño de John Romita Sr. el asesino de puntería perfecta estaría todavía lejos de ser la némesis física definitiva del personaje, como sería con Miller, es más en manos de Wolfman es un villano de opereta que llega a atar a Daredevil a una ballesta gigante como gran plan para vencerlo. Pero más allá de eso, resulta innegable que el aspecto visual del personaje esta muy conseguido y parece que por fin DD va a tener un villano de altura.

Si uno analiza la galería de villanos del personaje en estos años lo cierto es que apenas consigue encontrar rivales de autentico peso. Quizá puede nombrarse como tal al recurrente Búho (que tampoco paso nunca de ser un mafioso de segunda), pero ni Zancudo, ni Matador, ni Rana Saltarina ni incluso villanos del potencial de Mr. Miedo o El Hombre purpura (potencial visto años después en manos de guionistas como de Brubaker o Bendis) dotaban al personaje de una galería de enemigos realmente potente. Antes de la llegada de Bullseye, solo el mencionado Buho y si acaso Gladiador (de nuevo con un magnifico diseño de Romita Sr.) parecían un villanos de altura...si obviamos el hecho de que este segundo en realidad era poco más que un sastre con ansias de dominación mundial. De nuevo sería Miller quien habría de rehabilitar y dar contenido al personaje.


Más allá de Bullseye la etapa de Wolfman destaca tanto por la creación de Heather Glenn rica heredera y nuevo interés amoroso de Matt como sobre todo por una cierta profundización en el carácter de Matt, mostrandole con un alguien muy seguro de si mismo y preparado para casi cualquier sobresalto, siendo uno de los guionistas que más se preocupo por dotar al personaje de una identidad más propia y diferenciada. Además de eso y atisbando el potencial del personaje para el noir fue uno de los guionistas que más acerco al personaje a esos turbios callejones y matones de poca monta que luego sería seña de identidad.

Sea como sea lo cierto es que ya durante la etapa de Wolfman la serie pendía de un hilo, pasado poco después a ser bimestral (por entonces antesala de la cancelación) a lo que tampoco ayudo el que tras la marcha de Brown la serie careciera de dibujante regular pasándose por sus páginas artistas del calado de Gil Kane, Carmine Infantino o el propio Gene Colan, pero sin que ninguno se consolidara ademas de ser autores con estilos demasiado divergentes. Con todo, antes del desembarco de Frank Miller primero como dibujante (DD 158) luego ya como guionista acreditado (165, aunque estuvo co-escribiendo la colección meses antes), serían Jim Shooter y Roger McKenzie (guionista con el que colaboro Miller sus primeros números) los encargados de regir los destinos del hombre sin miedo.

La etapa de Shooter, breve pero interesante destaco tanto por fijar un tono más oscuro para la colección (que venía como anillo al dedo al personaje) como por profundizar en las mente de un Bullseye que ya mostraba claros signos de desequilibrio metal, además de esto profundizo en la relación entre Heather y Matt a través de una compleja trama empresarial que terminaría con la chica descubriendo (una vez más) la identidad secreta de Matt. McKenzie por su parte sigue el camino trazado por Shooter, haciendo que Heather, al contrario que Karen, asuma y acepte el secreto de Matt, creando secundarios tan interesantes como la ayudante de Matt y Foggy,  Becky Blake y en general manteniendo un tono oscuro, pero aventurero que hacía que su Daredevil fuera como poco agradable de leer.

Como balance global del Daredevil previo a Miller es obvio que estamos ante un personaje de un potencial tremendo pero todavía no explotado. Personaje que, aunque visualmente resulta magnifico (lo que se debe tanto al gran rediseño del traje de Wood como a la inmensa labor de Colan)
tiene todavía gran parte de su personalidad por definir y que resulta tanto en concepto como en forma de actuar demasiado deudor de Spiderman. A esto se añade el que el plantel de secundarios no sea demasiado elevado y el que su galería de villanos sea cuando menos cuestionable. Decir que Miller se encontró con una pizarra en blanco cuando llego al personaje sería mentir (ademas de ser injusto) pero si es cierto que la pizarra estaba lo suficientemente vacía como parta que el genio de Maryland pudiera hacer suyo al personaje sin traicionar ni contradecir nada de lo que configuraba su pasado. Un pasado que en cualquier caso estaba de lejos de ser tan glorioso como lo era el de la mayoría de sus compañeros de generación.



Articulo originalmente publicado en la web Excelsior.