viernes, 6 de diciembre de 2013

Daredevil: Calor de Mark Waid, Chris Samee y otros.

Tercer tomo de Panini de la multipremiada y alabada por la critica etapa de Mark Waid en Daredevil. En este caso un troncho bien elegante que recopila 10 números USA de la colección del cuernecitos en concreto los Daredevil vol. 3 12 al 21 USA.

Resulta curioso observar como pese los múltiples elogios que esta recibiendo esta etapa el trabajo de Waid no pasa de rutinario. Su labor en Daredevil es decididamente convencional no tiene nada que no sea lo mínimo que se deba a exigir a un buen tebeo de superhéroes: buena caracterización de personajes, acción bien llevada y un cierto tono culebronesco tan propio de las folletinescas aventuras de supertipos en pijama. Sin embargo su labor es alabada a diestro y siniestro y puesta como ejemplo a seguir. ¿Por qué? Tal vez por que al igual que ocurriera en los 90 con su etapa en Flash, el hacer un cómic de superhéroes honesto, que no se avergüenza ni trata de disimular lo que es, es en si mismo una pequeña revolución. Evidentemente y por suerte no estamos en lo peor de los 90 con sus dientes apretados y “héroes” con pistolones de dos metros, pero no es menos cierto que durante años tanto en Marvel como en DC, la oscuridad, la violencia más descarnada y los superhéroes luchando entre ellos han estado al orden del día. Bajo este prisma hacer un cómic de superhéroes sencillo, agradable de leer y que va a la esencia de lo que se supone han de ser este tipo de cómics le hace destacar tanto, más claro si se hace con un personaje como Daredevil.

Desde que Frank Miller refundo al personaje a finales de los 70 este siempre ha estado asociado a la oscuridad, la luz que fue protagonista (argumentalmente ya que visualmente Gene Colan ya había mostrado a las claras que el personaje se movía mejor en las sombras) en su primera década larga de existencia había dado paulatinamente paso al noir más descarnado, torturando de paso a un personaje que siempre estuvo al borde del desequilibrio mental. Esto, durante las etapas de Bendis/Maleev primero y Brubaker /Lark después había alcanzado tales cotas que no parecían tener marcha atrás. Tras la limpieza llevada a cabo por Diggle, Waid se ha “limitado” a barrer un poco la casa y tratar de dejar de lado tanta oscuridad y malrollismo, es decir ha tratado de recuperar los inicios de un personaje mucho más optimista en un principio. Claro que ni siquiera en esto Waid es original, Karl Kesel ya lo hizo en los 90 y para que el esto escribe lo hizo mucho mejor, ¿cual es al diferencia? El dibujo sin duda.

Sin querer hacer de menos a un primerizo Cary Nord (colaborrador de Kesel en su corta pero gran etapa), la la labor gráfica de Marcos Martin y Paolo Rivera primero y de Chris Samee después es la que en gran medida explica y configura el éxito de una etapa que todavía parece lejana de concluir. Y es que a día de hoy junto a los All New X-Men de Immonen y el Hawkeye de Aja pocos cómics hay en el mercado superheróico que puedan hacer sombra a este Daredevil. Un autentico gozo para la vista con una narrativa clara y limpia, diseños de página arriesgados e impactantes y portadas de lo más sugestivas del mercado. Un estilo muy deudor del Mazzuchelli más superheróico y que se adapta como un guante a una colección que visualmente es lo de lo más estimulante que ofrece el mercado a días de hoy.

Entrando en el tomo de Panini en si en estos números Waid cierra la trama (algo aburrida, todo hay que decirlo) del Disco Omega, presenta un nuevo (y muy interesante villano), recuerda viejos tiempos con el viaje de Daredevil a Latveria (durante la etapa de Stan Lee en el cuernecitos este se enfrento ni más ni menos que al Doctor Muerte) a la par que ahonda en al relación entre Matt y Foggy, el cual se niega a creer esta nueva era de optimismo que parece rodear a Matt. Un buen guiño de Waid, que consciente de que su giro argumental puede resultar chocante para con el pasado del personaje pero que consigue, a través de los ojos de Foggy y de las explicaciones que este recibe de Matt hacer que todo se torne más lógico. Bajo este prisma esta muy bien que Waid recurra a Milla, exesposa de Matt y todavía encerrada en su psiquiatrico, Matt quiere ser más optimista, necesita ser más optimista, pero por mucho que le duela no puede olvidar que su tortuoso pasado sigue ahí a la vuelta de la esquina, esperando la menor oportunidad para regresar. A todo esto se añade le relación cada vez más cercana entre la ayudante del fiscal Kirsten McDuffie (relanzando la fama de ligón del bueno de Matt) y plantea un interesante enfrentamiento de cara al próximo tomo con Superior Spiderman.

En definitiva cómics por lo general excelentemente dibujados, muy agradables de leer que no pretenden reinventar la rueda y que como decíamos más arriba argumentalmente ofrecen lo mínimo que un cómic de superhéroes debería dar: un sólido y digno entendimiento. Nada más...y nada menos.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Actión Comics de Grant Morrison y Rag Morales: reiniciando un icono.

La caótica edición del Action Comics de Morrison y Morales por arte de ECC trajo consigo que resultara muy difícil disfrutar de la obra en una primera lectura. Ahora con su etapa ya finalizada y tras una más que necesaria relectura ya se puede hacer un balance de la breve pero intensa etapa del genio escoces.

Sorprende la (relativa) brevedad de la etapa del escoces en Actión Cómics: 18 números (19 si contamos el número 0) se antojan pocos para un guionista que en sus etapas en X-Men, JLA o Batman rondó o supero con creces los 40 números. Sorprende menos quizá, si tenemos en cuenta el caos total en el que se han configurado los equipos creativos del hombre de acero tras el relanzamiento que supuso New 52. Dejando de lado temas cuantitativos, lo que resulta innegable es que como siempre Morrison ha planteado su etapa a largo plazo construyendo un puzzle cuyas piezas encajan con sorprendente facilidad, y digo sorprendente habida cuenta del gusto por del guionista por los golpes de efecto que no siempre terminan de encajar del todo (ese Xorn/Magneto...). El que la etapa haya sido más breve ha facilitado sin duda que Morrison haya estado menos disperso que en otras ocasiones y que los errores de racord u omisiones hayan quedado aquí, casi en nada. A esta sensación de solidez contribuye la mano de un Rag Morales tal vez no muy brillante pero que si consigue hacer con la ayuda de Brad Walker casi todos los números, alejando un poco esa sensación de continuo vaivén gráfico que gran parte de la labor superheróica del de Glasgow ha padecido.

Independientemente de lo que nos pueda parecer New 52 como iniciativa o de la opinión que tengamos de como esta fue ejecutada lo que resulta innegable es que Morrison recibió una oportunidad de oro cuando acepto escribir Action Comics 1 y es que como bien decía el bloguero antes conocido como Lord Pengallan, Morrison tenía la oportunidad de fijar el canon por el que se movería el actual Superman no en vano sería su Krypton, su Smallville, su Clark Kent los que los demás autores tendrían que seguir cuando trabajasen con el hombre de acero, y fijar el canon de Superman no es fijar el canon de cualquiera no señor, es fijar las bases con las que el primer superhéroe de todos afrontara la segunda década del siglo XXI. Es evidente que antes o después DC volverá a retocar el origen de Superman (desde Byrne, pasando por Waid y Johns son unas cuantas veces las que la editorial ha jugado con este tema) pero mientras lo hace y no el trabajo de Morrison sera el referente en el que habrá de fijarse cualquier escriba del primer superhéroe en esta etapa actual.

A lo largo de los 19 números que componen su etapa, Morrison no deja fuera casi ningún elemento clásico: las gafas, la doble identidad, Krypton, Smallville, La Legión de Superhéroes, el Daily Planet, Lana Lang, Lois Lane, Metropolis, Jimmy Olsen, Luthor, la kryptonita...Todo esto esta presente en la historia que nos cuenta Morrison, todo esto y además el que tal vez sea el elemento más polémico de la revisión del escoces: el Superman “socialista”. Y es que en su primeros años Superman lejos de ser el defensor del estatus quo con el que hoy se asocia su imagen, era un autentico luchador por los derechos de los ciudadanos. Lo mismo se enfrentaba a un maltratador que a un empresario explotador y su relación con la autoridades dejaba mucho que desear. Morrisón retoma esa idea, con un Superman en vaqueros que aún no vuela y que desde luego no cuenta en absoluto con la confianza de unas autoridades que le persiguen como a un “perroflauta” cualquiera. Aunque este representación choca con la imagen de Superman que se ha ido instalando con los años, no es por si misma una revolución si no una vuelta a los conceptos más básicos del personaje. Donde Morrison si acomete una autentica revolución es en Clark Kent. Lejos del torpe y tímido periodista de sus inicios y aún más lejos del maduro, seguro de si mismo e intrépido reportero de los últimos años; el Clark Kent que Morrison nos muestra es un joven completamente integrado en el siglo XXI versado en el periodismo 2.0 y que al igual que su contrapartida superhéroica busca acabar con las injusticias reales del mundo.

El “nuevo” Superman que traza Morrison y su carácter salta a la vista en una conversación que mantiene con el resto de miembros de la JLA, Superman señala que hay injusticias en el mundo que van más allá de los villanos de turno y que ellos con su poder tal vez deberían hacer algo, el resto de miembros del supergrupo le advierten de las complejidades del mundo y de los riesgos de jugar a ser dioses, Superman desencantado se marcha y les conmina a que le llamen cuando llegue la próxima invasión alienígena. Esta será una de las veces en las que Morrison muestra tanto los limites como las hipocresías de unos superhéroes con poderes para cambiar el mundo pero con la única voluntad de mantener un estatus en el que están cómodos. Desde un punto de vista metalinguistico podríamos entender que el guionista de Los Invisibles habla aquí tanto de la actitud de las editoriales que no dejan evolucionar a sus muy rentables iconos pese a la sempitenta apariencia de cambio, como de los lectores que demandan cambios pero que cuando estos llegan protestan airados ante lo que ven como una tradición a las esencias.

Dejando de lado estas reflexiones a las que siempre invita el trabajo de Morrison, la etapa en su conjunto muestra la querencia del guionista por la ciencia ficción y es que a pesar de tener un Superman más “pegado al suelo” que nunca (bueno quizá no tanto como el de JMS), los viajes en el tiempo, los universos paralelos, la fuerza de las ideas (en otro episodio enormemente metalinguistico y que tal vez sea el mejor de la etapa) y la tecnología asombrosa harán acto de presencia en una etapa que se disfruta un montón pero que con todo se antoja menor ante la inmensidad y fuerza de su Batman o sus X-Men.

lunes, 28 de octubre de 2013

Los Vengadores de Bendis, el final de toda una era.

La era de Ultron pone punto y final a los casi 9 años de Bendis al frente de Los Vengadores. Lo hace cuando hace ya casi un año que cedió el testigo a sus sucesor, Jonathan Hickman al frente de las principales colecciones regulares de la franquicia y lo hace con una historia que es todo un símbolo de su etapa: un gran evento en el que las consecuencias se antojan mucho más interesantes que el evento en si.

Amado por unos, odiado por otros lo que resulta innegable es que el paso de Bendis por Los Vengadores ha supuesto un antes y un después tanto para el grupo en si como para la propia Marvel en su conjunto. Antes de la llegada del de Cleveland, Los Vengadores lejos de ser el referente central de la editorial que es a día de hoy, era una franquicia menor tanto en ventas como en atención en torno a ella, lejos de Spiderman, los X-Men o incluso la línea ultimate. Bendis (anticipándose al cine) torno a Los Vengadores en lo que siempre debieron ser: el centro del Universo Marvel, permitiendo de paso generar una lucrativa (o todo lo lucrativa que cabe dentro del pauperrimo mercado americano actual) franquicia en la que el sello Vengadores se convertía en garantía de éxito. Para conseguir todo esto el guionista de Powers cambio muchas cosas y claro no todo el mundo fue receptivo a esos cambios.

Visto con la perspectiva que da el tiempo esta claro que Los Vengadores necesitaban un golpe de timón., pese al excelente arranque del relanzamiento de Heroes Reborn a manos de Kurt Busiek y George Pérez, tras la marcha de este, la serie parecía haber caído en la autocomplacencia: una serie clásica, bien escrita, a veces bien dibujada, pero un tanto aburrida, casi sin alma. El golpe definitivo tal vez vino asestado por The Ultimates de Mark Millar y Bryan Hitch, una revisión moderna y desenfada del concepto de Vengadores que aunque cuestionable en muchos aspectos tenía algo que Los Vengadores no tenían desde hace mucho tiempo: The Ultimates molaban y molaban mucho. Así mientras en The Ultimates Millar nos ofrecía unos vengadores, modernos, llamativos, desafiantes, Busiek y sus sucesores (Johns y Austen) seguían una colección clásica que no parecía conectar más que con los seguidores de toda la vida. Había que cambiar las cosas y en esas estaba Bendis.

Cuando Bendis llego a Los Vengadores tenía mucha experiencia en los cómics, incluso en los superhéroes, estaba firmando una gloriosa etapa en Daredevil y había escrito Alias, un tebeo diferente y atractivo, sin embargo ambas colecciones parecía adaptarse como un guante aun guionista que se manejaba a la perfección en el genero negro algo que desde luego no pegaba ni con cola en Los Vengadores. Sin embargo Bendis era el guionista de moda uno de los autores (junto al propio Millar) destinado a llevar a la antigua Casa de la Ideas al siglo XXI y además parecía tener muy claro que quería para el grupo. Se preguntaba una y otra vez si la JLA tiene a Batman, Superman y Wonder Woman a sus filas ¿por qué Los Vengadores no podía tener a Lobezno, Spiderman o Daredevil?, ¿por qué Los Vengadores no eran el centro del Universo Marvel, la franquicia más vendida, la más poderosa? Bendis quería cambiarlo todo y para ello primero tenía que destruir, deprisa y sin piedad lo anterior.

Vengadores Desunidos fue el debut de Bendis en la franquicia y pese a que aún sigue siendo de sus peores historias en su larga etapa como declaración de intenciones no podía ser más honesta: nada (o casi nada) de lo que hay ahora vale, todo sobra, vamos a empezar desde 0 y para ello si es necesario matar o lisiar a la mitad de Los Vengadores actuales así se hará. Bendis necesitaba unos nuevos Vengadores y a fe suya que iba a conseguirlos. La escabechina de Desunidos acabo claro en la disolución del grupo y en el surgimiento de una nueva colección llamada claro Los Nuevos Vengadores, el ciclo comenzaba de nuevo y Bendis estaba dispuesto a dejar huella. Leídos hoy, los primeros números de Los Nuevos Vengadores no son buenos cómics, sin llegar a la ignominia de Desunidos se nota que Bendis no sabe manejar todavía la dinámica de grupos, que personajes como Lobezno (y sobre todo) Spiderman están por estar y que aún no tiene pillado de todo el tono en el que quiere que se mueva el grupo. A medio camino entre el espionaje (donde se le nota mucho más cómodo) y la épica (donde muestra gran torpeza, eso se vera claro en la mediocre Los Poderosos Vengadores), Bendis va construyendo una poco a poco una serie en la que cada vez se le nota más a gusto.

El punto de inflexión lo encontramos tal vez en Invasión Secreta, de nuevo no tanto por el crossover en si (plagado de buenos ideas pero mediocre y convencional en desarrollo y resolución), si una vez más por sus consecuencias. A estas alturas Bendis ha conseguido dominar la dinámica de grupos, ha conseguido que cada personaje tenga su propia voz, su propio peso y ha conseguido defenderse mejor (sin llegar nunca a dominar del todo) el registro épico tan del gusto de una colección como Los Vengadores protagonizado por “los héroes más poderosos de la Tierra”. Tras Invasión Secreta, Bendis escribe el que sin duda es su mejor trabajo al frente de la franquicia: Los Vengadores Oscuros. El peculiar grupo de Osborn, destinado claro esta, al fracaso sirve a Bendis tanto para mostrar lo que supone ser un héroe perseguido por el sistema como para ahondar en la idea de que podría pasar si un lunático llega al poder. Con una gran caracterización de personajes y con soluciones imaginativas, Bendis demuestra con los Oscuros que si sabe escribir grupos y que además puede hacerlo muy bien.

Resuelta la historia de manera demasiado previsible con otro evento Asedio, Bendis tal vez debió dejar la franquicia cuando alcanzó su punto más alto. Decidió seguir sin embargo y aún nos dejo para el recuerdo momentos de gran interés sobre todo en Los Nuevos Vengadores donde siempre se le noto mucho más a gusto que en su hermana Los Vengadores (nombre que sin epítetos se recupero ahora tras el final de Asedio). Lo curioso del tema es que al final de su etapa en la colecciones regulares Bendis termino de deshacer casi todas las consecuencias que los distintos eventos de su etapa había generado. Así de Desunidos ya no quedaba ningún vengador muerto y la Bruja Escarlata había sido rehabilitada, de Dinastía de M ya no flotaba el ambiente su única consecuencia (ese “no más mutantes”), de Civil War ya se había recuperado la hermandad entre la trinidad marvelita (Thor, Iron Man y el Capi), de Invasión Secreta estaba claro que lo de Osborn no podía durar e incluso “resucito” a la Avispa y de Asedio, bueno en realidad Asedio fue una suerte de vuelta al estaus quo pre-Desunidos. Quedan eso si vigentes la consecuencia de AvX (que él mismo esta explorando al frente de la franquicia mutante) y la de Age of Ulton que apenas si ha finalizado.

Esta última es tal vez una muestra y catalogo tanto de las virtudes como de los defectos del guionista: una idea llena de potencial y construida con cuidado desde el final de Asedio desemboca en un evento el que, pese a tener grandes personajes con grandes diálogos, las cosas no siempre terminan de tener sentido, ni siquiera dentro de la lógica de la mismo evento y que parece que solo se hacen con el objetivo de alcanzar el final prefijado, sin importar si por el camino se caen en incoherencias. Siempre con la idea en mente de explorar una consecuencias que una vez más se atisban llenas de potencial. Más allá de todo esto sin embargo, lo que si esta claro es que (consolidado por el cine) Los Vengadores se han convertido en la franquicia central y más rentable de la Marvel actual, lo que que estaba lejos de suceder cuando Bendis llegó. Algo tendrá que ver el calvo de oro.

jueves, 3 de octubre de 2013

El Daredevil Pre-Miller.

Pocas veces un autor ha marcado tanto a un personaje no creado por él como Frank Miller a Daredevil. Desde su estancia en la serie el tono de la misma quedo fijado con tal fuerza que apenas si hay excepciones puntuales que se hayan apartado de ese camino. Sin embargo antes de Miller ya existía Daredevil...


Origenes y primeros años.

Creado en 1964 por Stan Lee y Bill Everett, (aunque existe polémica en torno al diseño del personaje que muchos atribuyen a Jack Kirby, discusión en cualquier caso que sobrepasa los limites de este articulo) como el último gran personaje de la Era Marvel, Daredevil fue en gran medida la sublimación de la idea en torno a la cual se configuraría el primigenio Universo Marvel: “superhéroes con superproblemas”. Y es que el “superproblema” de Daredevil (la ceguera) se situaba incluso por encima de sus superpoderes (los supersentidos). Bajo este concepto básico el Daredevil (nombre por cierto heredado de un famoso cómic de los 40 del que Lee se declaraba seguidor) primigenio es a grandes rasgos una suerte de Spiderman entrado en años y por ese lado vendría muchos de sus problemas. En realidad no son pocos los que opinan que la verborrea sin freno de Daredevil (esto es importante de Daredevil, no de Matt Murdock, todas las taras psicológicas que Miller explotaría más tarde ya estaban desde el principio), su carácter extrovertido y en cierto sentido bufonesco eran lo más parecido a un alter ego del propio Stan (al igual que La Cosa/Ben Grimm tenía mucho de Kirby) que este diálogo por la época.

Como decíamos, y al contrario que otros grandes personajes de la editorial las bases sobres las que se concibió Daredevil resultaron ser muy poco sólidas. Estamos ante un personaje de eminente carácter urbano cuyos poderes relativamente limitados le acercaban mucho más a Spiderman que a cualquier otro personaje de la casa, lo que unido a su parecido también al trepamuros en cuanto a actitud termino siendo un problema ya que los diálogos chispeantes y las continuas bromas que tan bien quedaban en Spiderman hacían de Daredevil un personaje redundante que además carecía del poder de identificación de aquel. Mientras que el teórico público objetivo al que iban dirigidos estos cómics podían identificarse con el estudiante incomprendido y lleno de problemas Peter Parker, era mucho más difícil que lo hicieran con Matt Murdock, un abogado más cerca de los 30 que de los 20 y con una vida exitosa y ya encauzada.

Así las cosas, es durante la estancia de Stan Lee al frente de los guiones del personaje (en el que permanecería más o menos 50 números) cuando se establece el tono que tendría la colección antes de la llegada de Miller: un claro predominio de la aventura, villanos relacionados en gran medida con la faceta laboral de la identidad secreta del personaje y un aire culebronesco que marcaría las relaciones de los tres principales personajes de la serie: Matt/Daredevil, su mejor amigo y socio Foggy Nelson y su secretaria e intereses amoroso de ambos Karen Page. Situación en la que también se metería Mike Murdock una bizarrada de Lee que convirtió a DD durante breve tiempo en un personaje con triple identidad, siendo Mike un falso hermano gemelo inventado por Matt para proteger su identidad como Daredevil (¡¡toma ya!!).


Desde un punto de vista visual y tras la marcha de Everett (creador de Namor en los 40) por problemas de salud y la breve estancia de Joe Orlando (mítico autor/editor de EC) estos primeros tiempos estarían macados primero por la llegada de Wally Wood quien en el número 7 (probablemente el mejor cómic de toda la etapa Lee) fijaría el aspecto visual definitivo del personaje desterrando el amarillo y añadiendo una segunda D al emblema del pecho. Después llegaría el gran John Romita Sr. en lo que sería un campo de pruebas para su posterior desembarco en Spiderman. Pero si por algo se caracteriza esta etapa es por la llegada de Gene Colan, el rey de las sombras que permitió vislumbrar (al menos si no argumental, si visualmente) toda la oscuridad que atisbaba el personaje y que permanecería en el mismo cerca de 100 números con diversas interrupciones siendo aún hoy el artista que más tiempo ha dibujado al personaje. Así, si bien las bases del hombre sin miedo estaban lejos de ser sólidas, al menos artísticamente no se puede negar que Daredevil tuvo mucha suerte contando siempre con lápices de autores de primerísimo nivel

Mientras Colan permaneció en al dibujo salvo excepciones puntales (entre ellas algún número suelto de Barry Windsor Smith muy deudor todavía de Kirby) el sustituto de Lee a los guiones como era habitual en aquellos tiempos fue Roy Thomas que permaneció en la colección en torno a 20 números. Su etapa en cuanto a tono no se diferencio demasiado de la de Lee: predominio de la aventura, gran importancia de la faceta de abogado de Murdock y profundización en la relación con Karen ya sin Foggy de por medio. Precisamente sería en este aspecto donde más relevancia alcanzarían estos números y donde, de manera indirecta se sentaron las bases de la posterior Born Again. Si como observamos ya desde el principio Matt tuvo problemas para ocultar su identidad secreta (de ahí todo lo de Mike Murdock), Thomas da un paso más y decide que Karen descubra la identidad secreta de su amado, es entonces cuando incapaz de soportar que Matt ponga en peligro su vida de esa manera opta por abandonarle e intenta iniciar una (fallida como luego sabríamos por Miller) carrera en Hollywood.

Es un movimiento arriesgado por parte de Thomas y una muestra más de que Marvel en los primeros tiempos no era inmovilista. No solo saca del escenario uno de los personajes secundarios más relevantes de la serie (que por cierto no tenía muchos) si no que elimina de un plumazo la “novia eterna” otro tópico más del género que la por entonces si Casa de las Ideas no dudaba en dar de lado. Por lo demás la etapa de Thomas permite imbricar algo más al personaje en el Universo Marvel con la presencia de Pantera Negra que hará buenas migas con DD y con el que visualmente formara un dúo muy potente. Pese a los esfuerzos de Thomas los problemas de base del personaje siguen ahí: Daredevil no termina de conseguir una personalidad definida, siendo esta demasiado genérica, sus contradicciones no son explotadas y sigue siendo (pese a rebajarse el tono de los diálogos) demasiado “spidermaniano”. En cualquier caso si por lago destaca la serie por aquel entonces y le permite seguir en el candelero es por su factura visual, con un Gene Colan en plena forma. Su dominio de los claro-oscuros, su personalísima composición de página y la plasticidad del diseño de Wally Wood para el traje hacen de DD una serie como mínimo llamativa.

Daredevil and the Black Widow: De New York a San Francisco.




Tras la marcha de Thomas sería Gerry Conway, por entonces un autentico niño prodigio, el encargado de seguir las andanzas del cuernecitos permaneciendo en el mismo cerca de 30 números acompañado una vez más a los lápices por Gene Colan. La llegada de Conway supuso una autentica revolución en la serie y es que si la marcha de Karen había dejado a nuestro héroe compuesto y sin novia esta situación no duraría mucho tiempo ya que en el horizonte asomaba ni más ni menos que Natasha Romanoff, la Viuda Negra. Nacida en las páginas de Iron Man y traspasada luego a las de Los Vengadores esta exespia rusa adquiría tal importancia que llego a compartir cabecera durante más de un año rebautizándose la serie a un explicito Daredevil and the Black Widow. Esto que hay que ligarlo en cierta medida con el incipiente movimiento feminista de los 70 (Marvel como siempre intentando vivir pegada la realidad social en la que se movía, aunque en este caso sin demasiado acierto...pero ese es otro tema) y para Daredevil significaría no solo compartir su cabecera si no también cambiar de costa al trasladarse a San Francisco.

Si hoy, tras el paso de Miller por la serie, resulta muy complicado imaginar a DD fuera de New York, entonces, con un personaje no tan definido no lo era tanto, pretendiéndose tal vez, una mayor diferenciación del mismo a cuenta del cambio de ciudad. En todo caso el tono de las aventuras no varía demasiado por ir de New York a San Francisco y solo la compleja relación entre Matt y Tasha, aportaba alguna novedad realmente destacada. Vista con la perspectiva que da el tiempo la etapa de Conway no deja de ser mediocre y hasta por momentos aburrida solo salvada una vez más por el excelente trabajo de un Colan que dibuja una Viuda Negra bella como pocas veces se había visto antes. Sin embargo no hay que restar merito al hecho de que se atrevió a narrar que dos héroes vivieran juntos (e imaginamos que harían algo más que vivir) sin pasar previamente por la vicaria ni tener esta en perspectiva cercana, lo que hoy puede ser muy normal pero que entonces con el Code de por medio y con la mojigateria predominante a nivel oficial no deja de tener cierto valor.

Conway sería sustituido por Steve Gerber uno de los guionistas más importantes e innovadores de los 70 y que estaría en la serie en torno a 20 números. Gerber contaría al principio con la colaboración de Colan que pronto sería sustituido por Bob Brown, un dibujante mucho más “académico” que Colan lo que haría a la serie perder gran parte de su encanto. Si la etapa de Conway, pese a su mediocridad tiene una segunda lectura habida cuenta de la relación entre Matt y Tasha la de Gerber va aún más lejos. Aunque no estamos ante el Gerber bizarro y desafiante de Howard el Pato o Man-Thing su etapa en Daredevil es tal vez la más interesante que hasta entonces había tenido el personaje y no tanto porque por fin consiguiera encontrar una identidad propia para el protagonista (esto hasta Miller no llegaría) si no por las segundas lecturas que asomaban tras los guiones aparentemente sencillos de Gerber.

En plenos 70 con temas como las drogas, la liberación sexual, los movimientos anti bélicos o el descontento con el gobierno en primer plano, el subtexto de muchas de las historia de Gerber van mucho más lejos de lo acostumbrado y aunque como decíamos no es Daredevil donde el guionista muestra sus lado más desbocado, si es cierto que historias como la del hippie desencantado, Angar el aullador y sus “ilusiones visuales” son muy significativas en los años del LSD, como también lo es la saga del Mandril, villano capaz de dominar a la mujeres y ponerlas a sus ordenes en una época de lucha por la igualdad plena. Más allá de eso sería con Gerber cuando Daredevil regresaría a New York y cuando se formalizaría la ruptura de la siempre tensa relación con Tasha desencadenada entre cosas por la negativa de DD a unirse a Los Vengadores.


Al borde del abismo

Con Gerber fuera y tras el interludio que supuso la labor de Tony Isabella (en una de las sagas más recordadas del DD setentero, Foggy Nelson agente de S.H.I.E.L.D, en el que probablemente fue el mejor trabajo de Bob Brown en la colección) el encargado de regir los destinos de Daredevil sería Marv Wolfman que contando sobre todo con la colaboración de Bob Brown permanecería en la serie en torno a 20 números. Su aportación más destacada a la colección sería la creación de Bullseye. Con un magnifico diseño de John Romita Sr. el asesino de puntería perfecta estaría todavía lejos de ser la némesis física definitiva del personaje, como sería con Miller, es más en manos de Wolfman es un villano de opereta que llega a atar a Daredevil a una ballesta gigante como gran plan para vencerlo. Pero más allá de eso, resulta innegable que el aspecto visual del personaje esta muy conseguido y parece que por fin DD va a tener un villano de altura.

Si uno analiza la galería de villanos del personaje en estos años lo cierto es que apenas consigue encontrar rivales de autentico peso. Quizá puede nombrarse como tal al recurrente Búho (que tampoco paso nunca de ser un mafioso de segunda), pero ni Zancudo, ni Matador, ni Rana Saltarina ni incluso villanos del potencial de Mr. Miedo o El Hombre purpura (potencial visto años después en manos de guionistas como de Brubaker o Bendis) dotaban al personaje de una galería de enemigos realmente potente. Antes de la llegada de Bullseye, solo el mencionado Buho y si acaso Gladiador (de nuevo con un magnifico diseño de Romita Sr.) parecían un villanos de altura...si obviamos el hecho de que este segundo en realidad era poco más que un sastre con ansias de dominación mundial. De nuevo sería Miller quien habría de rehabilitar y dar contenido al personaje.


Más allá de Bullseye la etapa de Wolfman destaca tanto por la creación de Heather Glenn rica heredera y nuevo interés amoroso de Matt como sobre todo por una cierta profundización en el carácter de Matt, mostrandole con un alguien muy seguro de si mismo y preparado para casi cualquier sobresalto, siendo uno de los guionistas que más se preocupo por dotar al personaje de una identidad más propia y diferenciada. Además de eso y atisbando el potencial del personaje para el noir fue uno de los guionistas que más acerco al personaje a esos turbios callejones y matones de poca monta que luego sería seña de identidad.

Sea como sea lo cierto es que ya durante la etapa de Wolfman la serie pendía de un hilo, pasado poco después a ser bimestral (por entonces antesala de la cancelación) a lo que tampoco ayudo el que tras la marcha de Brown la serie careciera de dibujante regular pasándose por sus páginas artistas del calado de Gil Kane, Carmine Infantino o el propio Gene Colan, pero sin que ninguno se consolidara ademas de ser autores con estilos demasiado divergentes. Con todo, antes del desembarco de Frank Miller primero como dibujante (DD 158) luego ya como guionista acreditado (165, aunque estuvo co-escribiendo la colección meses antes), serían Jim Shooter y Roger McKenzie (guionista con el que colaboro Miller sus primeros números) los encargados de regir los destinos del hombre sin miedo.

La etapa de Shooter, breve pero interesante destaco tanto por fijar un tono más oscuro para la colección (que venía como anillo al dedo al personaje) como por profundizar en las mente de un Bullseye que ya mostraba claros signos de desequilibrio metal, además de esto profundizo en la relación entre Heather y Matt a través de una compleja trama empresarial que terminaría con la chica descubriendo (una vez más) la identidad secreta de Matt. McKenzie por su parte sigue el camino trazado por Shooter, haciendo que Heather, al contrario que Karen, asuma y acepte el secreto de Matt, creando secundarios tan interesantes como la ayudante de Matt y Foggy,  Becky Blake y en general manteniendo un tono oscuro, pero aventurero que hacía que su Daredevil fuera como poco agradable de leer.

Como balance global del Daredevil previo a Miller es obvio que estamos ante un personaje de un potencial tremendo pero todavía no explotado. Personaje que, aunque visualmente resulta magnifico (lo que se debe tanto al gran rediseño del traje de Wood como a la inmensa labor de Colan)
tiene todavía gran parte de su personalidad por definir y que resulta tanto en concepto como en forma de actuar demasiado deudor de Spiderman. A esto se añade el que el plantel de secundarios no sea demasiado elevado y el que su galería de villanos sea cuando menos cuestionable. Decir que Miller se encontró con una pizarra en blanco cuando llego al personaje sería mentir (ademas de ser injusto) pero si es cierto que la pizarra estaba lo suficientemente vacía como parta que el genio de Maryland pudiera hacer suyo al personaje sin traicionar ni contradecir nada de lo que configuraba su pasado. Un pasado que en cualquier caso estaba de lejos de ser tan glorioso como lo era el de la mayoría de sus compañeros de generación.



Articulo originalmente publicado en la web Excelsior.

lunes, 22 de julio de 2013

Marvel en los libros: un breve repaso sobre la bibliografía más reciente sobre La Casa de la Ideas y II.

Hace ya un tiempo que prometí completar los dos post dedicado a los libros teóricos que sobre Marvel había leído recientemente. Entre unas cosas y otras no me había puesto hasta ahora. Así que sin más ahí van mis impresiones sobre Marvel Cómics: La Historia Jamás contada de Sean Howe publicado por Panini y del díptico de Los Vengadores publicado por Dolmen Editorial.




Marvel Cómics, la Historia Jamás contada de Sean Howe: Recientemente premiado con un Eisner al mejor estudio teórico sobre cómics del 2012, el trabajo de Sean Howe no es ni mucho menos una historia oficial sobre la antigua Casa de la Ideas. Nada complaciente con la editorial neoyorkina, la Marvel que el autor nos muestra esta lejos de ese Bullpen ideal, caótico y divertido que Stan Lee contaba en los 60. Narra de paso como la explosión creativa de los 70 estuvo tan ligada al fin de las limitaciones de la distribución como a la experimentación y a cultura de las drogas de la época. Ahonda en el peculiar carácter y los modos dictatoriales de un Shooter que sin embargo llevo a la casa a otra de era de esplendor creativo a la vez que nos muestra como el cataclismo de los 90 se sostuvo por la bases especulativas que se empiezan a crear en los 80 en gran medida por la labor de gente como Bob Harras o Tom Defalco. El relato concluye con una Marvel convertida en emporio multimedia dentro de la todopoderosa Disney y donde los cómics apenas si se han convertido en banco de ideas para el autentico negocio de la casa: el cine. Medio artístico que por otra parte y casi desde el principio se mostró como una obsesión para los jerifaltes de la Marvel, convencidos del brutal potencial económico que en ese campo tenían los personajes de la editorial.

El que Howe aborde sin tapujos este lado oscuro, no significa que no muestre también las bondades de una editorial que durante décadas lleva alimentado los sueños de unos fans que creciendo con estos personajes han dejado de ser niños. Fans que, cierto es (a tenor de la ventas) no parece que hayan tenido una autentica renovación de base pero que sin duda se han visto incrementados por el efecto globalizador del cine. En este aspecto positivo Howe hace especial énfasis en la figura del autor, de los autores mejor dicho que siempre fueron, por encima de los personajes los que permitieron tanto a estos como a la propia Marvel llegar a lo que es hoy en día. Destacar en este aspecto la figura de Steve Gerber, guionista pionero de la experimentación en el corazón del mainstream y clave en los 70 y pionero también en la lucha por los derechos de autor. El libro nos muestra a Gerber como un autentico luchador frente a un poder editorial que siempre (algo lógico desde su punto de vista) puso (solo hay que ver la actitud ante Kirby, descrita también sin tapujos en el libro) a los personajes por encima de las personas. Es curioso que pese a su importancia histórica hoy Gerber si no olvidado, si esta lejos de ser tan recordado como Jim Starlin o Steve Englehart por citar solo otro par de ilustres miembros de su generación.

En cualquier caso Howe, que estructura el libro en las diferentes etapas clásicas (sin olvidar la previa a Fantastic Four 1) en las que podríamos dividir la historia de la editorial y que escribe con un estilo ágil y agradable consiguiendo en no pocos momentos la sensación de estar ante una novela más que ante un libro teórico, basa su trabajo en multitud de entrevistas y documentos de la época para dar como resultado el que probablemente sea a día de hoy el trabajo más completo y documentado que al menos un servidor ha podido leer sobre Marvel, sus orígenes, su evolución y su transformación en lo que es hoy en día. Destaca además el libro por la inclusión de un capitulo adicional escrito por Julián M. Clemente y Alejandro M. Viturtia sobre la historia de Marvel en España, aspecto del que ambos son obviamente expertos. Un capitulo interesante también y que ayuda en poner en valor la labor de Panini, que se atreve a sacar un libro así (nada elogioso en general con la editorial que es el grueso del material que saca mes a mes) a un precio asumible y además lo mejora con un texto que sin ser imprescindible si se agradece. Chapeau por Panini en este aspecto.


Los Vengadores Poder Absoluto y Los Vengadores Poder en La Tierra de VVAA: Siempre me han gustado bastante este tipo de libros desde la ya legendaria Biografía no autorizada de Spiderman que Julian M.Clemente escribiera para Albero Santos Editor, que fue si no recuerdo mal el primero trabajo de esta índole que leí. Los libros que son en gran medida un resumen y una compilación de datos sobre un determinado personaje siempre me han parecido muy útiles y de hecho ese el enfoque que siempre he pretendido dar a Historia de un hombre sin miedo. Sin embargo es justo reconocer que este tipo de libros no tiene las cualidades literarias que pueden tener X-Men: El precio de un sueño del propio Clemente o en menor medida Batman: El resto es silencio de David Hernando, donde más que resumen y datos del personaje se pretende ofrecer un trayectoria vital tanto del personaje(s) como del contexto editorial y hasta social donde este (os) se ha (n) ido desarrollando.

El díptico que Dolmen Editorial ha dedicado a Los Vengadores busca en gran medida aunar ambos elementos con un primer libro y más o menos la mitad del segundo dedicado a resumen y datos y con otra parte (la primera mita del segundo libro) compuesta por breves ensayos donde distintos autores reflexiona sobre Los Vengadores, la naturaleza del supergrupo o el líder ideal. En el primer aspecto, los libros cumplen a la perfección con una completa e interesante guía de lectura con referencias cruzadas a las ediciones españolas de ese material, con fichas de personajes y con reseñas de todas las etapas y series relacionadas de Los Vengadores. Es lo que se puede esperar de este tipo de obras y escrito con más o menos acierto es lo que aquí podemos encontrar. En lo que se refiere a la parte de reflexión y análisis la valoración es irregular, textos farragosos conviven con análisis interesantes y simplezas indignas que desde luego no deberían nunca haber formado parte de este trabajo.

Teniéndolo todo en cuenta ¿merece al pena la compra de este material? Bueno creo que si pero de manera relativa. Es decir creo que eliminando elementos bastante innecesarios podría haber entrado todo en un solo libro, un poco más gordo eso si, lo que unido a que la tapa dura sobra de todas, todas podían haber dado como resultado un libro mucho más barato e igual de útil. Al fin y al cabo dos terceras partes de la obra son resumen y datos y una parte importante del resto del material, aunque en algunos casos interesante no termina de encajar con lo que la obra en conjunto transmite y parece estar allí para llenar páginas y justificar al realización de dos libros. En todo caso como guía de lectura y puesta al día de Los Vengadores en el cómic y su estatus actual, la obra funciona perfectamente siendo así útil tanto para el completista como para el que quiera adentrarse por primera vez en el mundo de Los héroes más poderosos de la Tierra.

domingo, 23 de junio de 2013

Man of Steel: Un Superman para el siglo XXI.

Parece que la polémica está ligada a las últimas películas de DC, tanto al menos como a sus cómics... aunque ésa es otra historia. Y es que si The Dark Knight Rises dividió al fandom (y en menor medida al público en general), Man of Steel no le ha ido a la zaga.

El hecho de que Superman sea el primero de los superhéroes, no le ha garantizado ni mucho menos un lugar de honor en el actual boom del género en el cine, y eso que también en este campo Superman fue pionero con el magnífico trabajo de Richard Donner y el inolvidable Christopher Reeve a finales de los 70. Mucho ha llovido desde entonces y el fallido relanzamiento (a medio camino entre remake y secuela) de manos de Brian Singer en 2006, no ayudó precisamente a que el personaje recuperase su grandeza en la gran pantalla.

Símbolo para muchos de una era más inocente, la imagen de boy scout del personaje, su bondad esencial, su falta de un lado oscuro parecían hacer de Superman un personaje caduco en una era tan cínica y descreída como la que nos ha tocado vivir. La ausencia de una identificación generacional, como pueda ser el caso de Spiderman, otro héroe “luminoso” pero mucho más cercano, o el excesivo poder de un personaje que es un verdadero dios que camina en la Tierra, eran otras de las causas que parecían justificar el por qué desde la ya lejana Superman II el personaje no había conseguido consolidarse en la pantalla grande, pese a eso sí, su singular éxito en la pequeña, tanto en imagen real como en animación.

Llegados a este punto y con el ya mencionado precedente de Superman Returns parecía claro que si DC-Warner quería conectar de nuevo con el público tenían que hacer algo diferente y de ahí surge precisamente Man of Steel. Título que sin duda le viene al pelo, y es que este relanzamiento cinematográfico tiene no pocas similitudes conceptuales con el que el que John Byrne llevará a mediados de los 80 en el cómic, a partir de la miniserie llamada claro The Man of Steel. En su momento el trabajo de Byrne fue tan polémico como revolucionario y no pocos le acusaron de traicionar la esencia de Superman, algo que curiosamente también pasa en este film. El tiempo situó el trabajo de Byrne como uno de los mejores en la historia del personaje, es difícil conjeturar si eso sucederá con Man of Steel, aunque mimbres para ello no le faltan.

El que Nolan esté detrás del proyecto no es baladí, su particular (pero respetuosa en la esencia) visión del hombre murciélago le gano tantas antipatías como fervorosos seguidores, pero fue el brutal éxito de taquilla lo que le convirtió en referente del camino a seguir por DC-Warner: películas grandes, ambiciosas, con amenazas de escala global que ponían en jaque al héroe desde un punto de vista físico, pero también y tal vez más importante, desde un punto de vista moral. Tampoco es casual que David S. Goyer esté al frente del guión de la película. Un guión plagado de golpes de efecto, no exento de agujeros y que copia la estructura de Begins (aprendizaje y duda, huida, regreso y aceptación) pero adaptada a un Superman de naturaleza mucho más optimista (algo que nunca traiciona el libreto). Con esto y estando Nolan autodescartado la elección de Zack Snyder para la dirección tenía todo el sentido del mundo. Con experiencia en proyectos del estilo, con una clara personalidad visual y dotado de un extraordinario talento para narrar escenas de acción, Snyder parecía destinado a dirigir un proyecto colosal como sin duda es este Man of Steel.

Así las cosas lo que también parecía claro es que la BSO de John Willians no podía volver a usarse. Fue sin duda uno de los más graves errores de Returns. El Superman de Donner es tan mágico como irrepetible, es algo que ya se hizo y usando el fastuoso trabajo de Willians solo ibas a conseguir exacerbar la comparación con la película de Donner... y muy probablemente salir perdiendo. Hacía falta una nueva BSO y aunque la de Hans Zimmer no es tan buena como la de Willians (algo casi imposible) se ajusta a la perfección a lo que se necesita. Una BSO poderosa, llena de energía e identificable que recalcará un hecho clave: este no es el Superman de Donner, esto no son los 70, estamos en el siglo XXI y es hora de ser mucho más ruidoso. Algo que también se refleja en la elección del protagonista: el hipermusculado Henry Cavill que clava el papel (tal vez sea el aspecto en el que más coinciden críticos y fans de la peli) siendo muy distinto en cuanto a concepto mismo de Reeve o Routh.

Con estos mimbres se construye una película que ya desde el principio deja claro que va a seguir su propio camino, con un Krypton más cercano a la Pandora de Cameron que no al cristalino mundo que mostraron Donner y su gente. El Superman de Man of Steel es alguien que duda, que no sabe cómo será recibido por la humanidad mientras trata de encontrarse a si mismo dudando de su propia identidad, algo tan “nolaniano” como coherente con un Superman que todavía no es tal pero que ya muestra toda su nobleza y ganas de ayudar. Lo que muestra a la claras las diferencias con el Bruce Wayne de Begins. Y es que aunque la estructura sea parecida las situaciones son totalmente distintas, no hay odio ni deseos de venganza en Superman solo ganas de ayudar y dudas sobre si mostrarse a las claras por cómo sería recibido por la humanidad. Este primer tramo de película aunque mucho más calmado de lo que vendrá ya muestra quién está detrás de las cámaras. Snyder no tiene tiempo para el costumbrismo y la energía de su dirección, se ve casi desde el primer plano.

Tras la llegada de Zod y su gente la película se desmelena y entramos en una oda a la destrucción que pese a resultar por momentos excesiva (llega a sobrepasar al espectador) no deja de mostrar el talento de Snyder para este tipo de escenas. Todo se ve con una claridad expositiva digan de elogio que narra un combate que deja Metropolis reducida a cenizas. La batalla que recuerda en cierta medida a la de Miracleman y Kid Miraclemen (y no serán los únicos ecos de la película para con el trabajo de Moore) en la serie protagonizada por aquel, carece sin embargo de la valentía de ésta al negarse a mostrar la carnicería que supone para los simples humanos cuando los dioses chocan. En cualquier caso un espectáculo abrumador pero que viene a mostrar la ambición de una película que quiere ser grande y que aunque sin conseguirlo del todo tiene los arrestos de intentarlo. No es poca cosa en un genero que desde el triunfo de Iron Man y más allá de Nolan y Whedon parece empeñado en producir aventurillas sin verdadero interés y trascendencia.

lunes, 20 de mayo de 2013

Historia de un hombre sin miedo especial: Daredevil vengador.

Tras mucho tiempo intentándolo, por fin el B.M.Bendis consiguió meter a Daredevil en sus Nuevos Vengadores. Hoy toca un breve repaso por la trayectoria de DD en el grupo con sus antecedentes y sus resultados.

Hablar de un personaje solitario en universos de ficción complejos e integrados como son los de Marvel o DC es cuando menos complicado. En mundos con continuas amenazas planetarias o galácticas y donde a nivel editorial, los crossover llevan décadas siendo sustento fundamental de una industria que no parece encontrar otras mecanismos de viabilidad comercial, ningún héroe es una isla y Daredevil claro no es una excepción. Dicho esto y aunque a lo largo de su historia DD ha compartido pareja (y titulo de colección) con La Viuda Negra, se ha encontrado decenas de veces con Spìderman, ha colaborados con Los Defensores, Los Vengadores o Los 4 Fantásticos y se han enfrentado multitud de veces al Punisher (incluso en una suerte de no grupo conocido como Marvel Knights), es bastante claro que (tal vez junto a Punisher) DD es, dentro de los grandes personajes de las dos editoriales, el que mejor ha representado el papel de solitario o al menos todo lo solitario que se puede ser dentro del contexto en el que se mueve el personaje. Y es que si bien es cierto que DD fue uno de los protagonistas de Contest of Champions, primera limited de la historia de Marvel, y primer ensayo de macroevento, lo cierto es que el cuernecitos no estuvo presente en las Secret Wars, su papel en (por ejemplo) Civil War fue casi nulo e incluso durante los “peligrosos” años 90 estuvo relativamente autocontenido en su propia serie.

Su tono más oscuro y “realista”, su carácter eminentemente urbano, lo relativamente limitado de sus poderes y el que no sea una superestrella de la editorial (al contrario que, por ejemplo Spiderman) han permitido a DD vivir alejado de los focos y seguir su propio camino sin demasiadas interferencias. Sin embargo con la llegada del nuevo siglo esto empezó a cambiar, despacio pero de manera inexorable y el cambio tenía nombre y apellidos: Brian Michael Bendis. Guionista de una de las etapas más extensas y relevantes de la historia del personaje (posiblemente solo superado en este ámbito por Frank Miller), Bendis tuvo al personaje en mente de cara a su refundación de Los Vengadores a mediados de la década pasada. De hecho en la saga que dio origen al grupo DD fue uno de los involucrados en la detención de la fuga de La Balsa...y también fue, por contra, el único héroe allí presente que termino rechazando la posibilidad de unirse al grupo.

El momento que estaba pasando el héroe en las páginas de su propia colección (recordemos aún regida por Bendis) con su identidad al descubierto, hacía poco aconsejable que el personaje ingresase en la filas de los héroes más poderosos de la Tierra. Aunque es bastante cierto que su perfil encajaba de lleno en lo que quería Bendis, que con las incorporaciones de Lobezno o Spiderman parecía tratar de tornar la serie en una suerte de all star. Sea como sea, Bendis nunca se olvido de la posibilidad de que el personaje se integrase en el grupo. De nuevo los acontecimientos de su propia colección lo impidieron. Con Bendis ya fuera de las páginas del cuernecitos y con su sucesor (Ed Brubaker) siguiendo su estela, era bastante complicado que DD pudiese ingresar en al filas de ningún grupo. Cuando Brubaker se fue la situación no mejoro al contrario, DD había quedado como líder de La Mano, una situación con la que el guionista Andy Diggle lidio como pudo y que culmino el crossover más grande de la historia del personaje: Shadowland, donde DD parecía quedar limpio de polvo y paja para que con Mark Waid a los guiones se iniciase un nuevo ciclo.

El DD de Waid, mucho más optimista y ligero, sin (al menos de momento) tanta carga dramática ponía al personaje en franquicia para que Bendis lo pudiese usar, algo que hizo en cuanto tuvo la oportunidad. Aprovechándose de la amistad entre DD y Luke Cage (forjada sobre todo en la etapa del guionista al frente del cuernecitos) y poniendo como excusa argumental la actuación del hombre sin miedo, que durante Miedo Encarnado salvaría a la hija de Luke y Jessica Jones. DD pasaría a formar parte de Los Nuevos Vengadores porque realmente no había ninguna razón para que no lo hiciera. Lo curioso del caso es que esto termino sucediendo cuando la etapa Bendis al frente de la colección se acercaba a su final tras cerca de ocho años al frente de la misma, por lo que realmente la importancia de Daredevil como vengador ha resultado más bien escasa. Y es que una vez conseguido su objetivo lo cierto es que no se puede decir que Bendis haya usado mucho al personaje durante su recta final al frente de la franquicia vengadora. Más allá de algún diálogo perdido aquí y allí y un combate nulo (por el resultado) con Mariposa Mental durante AvX, la presencia del cuernecitos en Los Nuevos Vengadores ha sido apenas testimonial. Bien es cierto que si Bendis hubiese tenido tiempo tal vez hubiese conseguido que el personaje encajase en el grupo, con Lobezno lo hizo  aunque no es menos cierto que fracaso miserablemente en ese aspecto en lo que a Spiderman se refiere: a lo largo de estos años a parte de comparsa humorística apenas si ha jugado un papel en la colección.

En cualquier caso y sin poder despejar nunca la duda de que hubiera pasado si Bendis hubiese contado con más tiempo, lo que parece innegable es que el guionista no ha conseguido despejar la sensación de que DD funciona mucho mejor en su propia serie y que su presencia en un grupo como Los Vengadores (aunque sean nuevos) es contraproducente para un personaje que se mueve mejor en otra tipo de ambientes y situaciones, pareciendo siempre fuera de lugar en la mansión de los héroes más poderosos de la Tierra.

viernes, 10 de mayo de 2013

Marvel en los libros: un breve repaso sobre la bibliografía más reciente sobre La Casa de la Ideas I.

En los últimos años y en gran medida al albur de los éxitos en la gran pantalla se están multiplicando los libros teóricos sobre Marvel y sus personajes (no solo, ya hay por ejemplo anunciados dos libros de Superman...que seguramente caerán). En espera de completar la lectura del Marvel Comics: La historia jamás contada de Sean Howe (que tiene pinta de ser apasionante) que junto con los dos tomos de Los Vengadores sacados por Dolmen culminaran este diptico dedicado al tema, hoy voy a escribir brevemente sobre dos libros muy distintos entre si publicados ambos también por Dolmen.

El viaje del superhéroe: La historia secreta de Marvel en el cine: El repaso por la historia audiovisual de Marvel supone en gran medida también un repaso por la historia de la editorial en su conjunto. No tanto desde un punto de vista creativo, ya que sus épocas de mayor esplendor en ese aspecto no se vieron reflejadas con un auge audiovisual equiparable al de DC, su gran competidora, si no más bien desde un punto de vista de empresarial y en su consolidación como líder dentro de la industria del entretenimiento. Bajo este punto de vista la obra de Iñigo de Prada y Sara G. Rodríguez supone tanto un exhaustivo análisis de los orígenes y la consolidación del actual boom cinematográfico de la antigua Casa de la Ideas, como (y ahí reside a mi entender el mayor interés del libro) su transformación de un pequeña editorial que apenas podía mantener 6 títulos mensuales en el mercado, a un gigante multimedia en el que los cómics apenas si son banco de pruebas de su verdadera fuente de ingresos: el cine.

Resulta curioso comprobar como la trayectoria de Marvel en el mundo cinematográfico esta plagada de fracasos y decepciones hasta que casi sin querer y en los albores del siglo XXI Blade y sobre todo X-Men demostraron el potencial comercial de unos personajes que parecían destinados a protagonizar filmes de serie B con mayor o menor encanto pero lejos de los presupuestos y posibilidades de Batman o Superman. El inicio del libro con los ignotos seriales del Capitán América y su fin con la megaexitosa Los Vengadores son la historia de una mutación que por momentos se antoja como milagrosa. El libro narra toda esta evolución con acierto e interés dejando de paso análisis críticos de los distintos productos audiovisuales generados en torno a Marvel. Aquí es donde tal vez encontremos los puntos más discutibles y es que defender la calidad de X-Men 3 a la vez que se dan palos a Spiderman 2 es cuando menos llamativo, pero no dejan de ser opiniones que en todo caso no restan un ápice de interés a un libro que se lee y se disfruta con ganas.

La explosión Marvel, historia de los 70: Los 60 fueron el surgimiento de todo, una época marcada por al creatividad sin limites donde nada parecía imposible. Los 80 fueron años de esplendor, con cómics legendarios y etapas que aún hoy son recordadas como las mejores de toda la historia de un importante número de personajes de la editorial. Los 90 fueron un desastre, la rabia y la furia se adueño de unos héroes que dejaron de serlo y que casi llegan a desaparecer entre la especulación, el hundimiento de las ventas y la sobreexplotación. La irrupción exitosa del cine lo cambio todo en el siglo XXI, a lo que se unió la peculiar forma de narrar de estos años, heredada de las series de TV haciendo que el cómic de superhéroes pierda gran parte de sus propios recursos narrativos y tornándolo cada vez más en el hermano pobre del cine. En medio de todo quedan los 70 una década a veces olvidada entre dos épocas grandiosas y en la que parece que no paso nada destacable. Evidentemente no fue así, y José Joaquin Rodrguez lo viene a demostrar en este extraordinario libro prologado por Rafa Marín.

Antes que nada hay que dejar claro que las afirmaciones del párrafo anterior son generalizaciones absurdas pero muy extendidas sobre la historia de Marvel y como en toda generalización hay mucho de injusticia y los 70 son, quizá, la muestra más clara de ello. Época de experimentación y de gran libertad creativa, gran parte de las obras que en el imaginario popular se atribuyen a los 80 (pienso en el DD de Miller o en los X-Men de Claremon y Byrne) son en realidad productos de finales de los 70. Aunque bien es cierto que habría que acotar con más precisión la época en la que se centra el libro, que iría a grandes rasgos desde 1968 con el fin de las limitaciones de distribución en Marvel, hasta 1978 con la llegado de Jim Shooter al poder. Más allá de eso los 70 son una época de explosión creativa solo equiparable a los primeros 60 y que nunca más La Casa de la Ideas (entonces aún merecedora de ese nombre) ha vuelto siquiera a rozar. Durante esos años Marvel trato de ir más allá de los superhéroes probando géneros de moda como las artes marciales o el terror (de donde saldrían clásicos como Sang Chi o La Tumba de Drácula) además de expandiéndose por el mercado de las licencias con singular éxito en el caso de Conan o Star Wars.

Dejadas atrás las ataduras de la distribuidora que limitaba el número de títulos mensuales y con actitud editorial bastante laxa (son los años previos a la llegada de Jim Shooter, cuando muchos guionistas eran a su vez editores de sus propias series y con editores en jefe se sucedían uno tras otro sin apenas durar en el cargo) los 70 fueron en Marvel una época tan anárquica como maravillosa. Y es que solo en esos años algo tan marciano como Howard el Pato podría integrarse (y triunfar) en el Universo Marvel con total naturalidad. Eran cómics llenos de pasión y energía y precisamente eso es lo que Rodríguez transmite en cada página de una obra que se devora más que se lee y que tiene en su debe algo en nada achacable al autor: una maquetación chabacana y lamentable que nada tiene que ver con (aún sin ser perfecta) la de El viaje del superhéroe: La historia secreta de Marvel en el cine. Más allá de la encuadernación en rústica de esta (algo bajo mi punto de vista innecesario y que solo encarece el producto sin aportar nada realmente valioso), el tipo de letra empleado, los excesivos margenes, la colocación de las imágenes...contribuye a que visualmente el libro sea de todo menos llamativo y que uno tenga cierta sensación de que se pretende inflarlo artificialmente solo para que tenga más páginas. Una lastima por que sin duda estamos ante una obra que merecía mucho más cuidado quedando el continente muy por debajo del contenido.

martes, 2 de abril de 2013

Completando “Mis Comis” más deseados.

Vamos hoy con un post un tanto ombliguista. Hace casi 6 años (se dice pronto) en concreto el 18 de Mayo de 2007 escribí un post sobre los que en aquel momento eran mis cómics más deseados. A lo largo de todo este tiempo, poco a poco he ido consiguiendo todos los cómics que incluí en aquella lista. Todos salvo uno que se resistía cual aldea gala, perdido en marañas de derechos y en la especulación de la segunda mano. Hasta hace unas semanas cuando por fin he completado la lista.



5.- Los inéditos de Daredevil: Estos los conseguí un par de años después de hacer el post. Consciente de que su publicación en España era si no imposible, si muy difícil, ya que el público objetivo de estos cómics sería el completista, por definición escaso y más en un personaje relativamente minoritario como Daredevil, me decidí a pedirlos directamente a los USA. La experiencia fue muy buena tanto en costes como en rapidez del servicio. Desde entonces he pedido alguna cosilla más, pero dado mi escaso nivel de inglés la verdad es que me he limitado bastante en aspecto. Lo curioso es que ahora Panini ha anunciado su intención de recuperar parte de los inéditos aprovechando la reedición del DD de Nocentti. Por supuesto caerán, seguirán quedando 7 (de los 17) números inéditos pero bueno, no esta nada mal teniendo en cuenta que nunca creí que ninguno fuera a ver la luz en España.



4.- El Flash de Mark Waid: Era evidente que Pda iba a sacar estos cómics antes o después. Es una de la cumbres del cómic superheróico de los 90, una época un tanto oscura pero que tuvo varias joyas, y este Flash es de las que más brillan. Desde que escribí el post Pda todavía se hizo rogar un poco, tal vez en espera de la anunciada, pero nunca realizada, película de Flash, en cuyo caso este material parecía ideal para un coleccionable. En cualquier caso vería por fin la luz en 2008. Salió en 7 tomos de periodicidad mensual y gran grosor, el formato por entonces conocido como Universo DC y que ahora ha copiado Panini en su Colección Extra Superhéroes. Un formato con tamaño menor que el habitual pero de buen precio para el volumen de páginas que incluye. Como siempre Pda tuvo una buena idea (como demuestra que Panini la haya copiado) pero la sobreexplotó quemándola al sacar demasiados tomos al mes y de personajes en ocasiones demasiado minoritarios.



3.-El Batman de Steve Englehart y Marsall Rogers: Finalmente contó con dos ediciones por parte de Pda, una en Clásicos DC Batman, en formato reducido y en b/n y otra casi cuando perdía los derechos de DC en grande a color y con su continuación realizado décadas después. Considerado un cómic quintaesencial del personaje que capta toda su grandeza en unos pocos números, la verdad es que es un cómic que debería circular sin problemas por la librerías especializadas y encontrarse siempre en stock para que todo aquel que no lo conozca pueda hacerlo. Dos magníficos autores en lo mejor de sus carreras y con uno de los mejores personajes jamás creados a sus disposición. A la altura de su fama.



2.- Escuadrón Supremo: Este fue fácil de encontrar, en realidad ya en los comentarios se podía observar que no iba a ser una pieza compleja de cazar. Así a los pocos días de publicar el post ya tenía en mi poder las grapas que publico Forum en su momento y que permitió revivir un clásico injustamente olvidado pero de infinita calidad. Es curioso porque no mucho después, demostrando la magia que entonces tenía la blogosfera (el 2007 era en aquel momento todavía uno de los años dorados de la misma) se genero un pequeño debate “interblogs” en el que varios blogs comentamos y revindicamos la obra. Años después Panini saco la obra, dividida en dos tomos, en su por entonces embrionaria línea Marvel Gold. Al parecer no tuvo demasiado éxito lo que es una lastima ya que al igual que con el Batman de Englehart y Rogers, pienso que este Escuadrón Supremo es también de esos cómics que siempre deberían estar en catalogo y siendo descubierto por nuevo público.



1.- Miracleman: Queda para el final la joya de la corona. Y es que ahora que parece más cerca que nunca la resolución del todo el lío de derechos que ha empantanado al personaje. Ahora que parece más factible la reedición de la mítica etapa de Alan Moore (de hecho se dice que Gaiman ya prepara la continuación de su por más de 20 años inconclusa etapa con el personaje). Ahora repito, es cuando me he decidido a entrar en el perverso juego de la segunda mano y la especulación para comprar las 11 grapas que en su momento saco Forum, a un precio si no recomendable, si al menos asumible. Para aquellos que llevamos mucho en esto del coleccionismo, este cómic es algo así como el Santo Grial. Su problemas de derechos han hecho imposible la reedición durante más de 20 años de una obra que más de uno considera aún hoy si no el mejor, si de los mejores trabajos de Moore. Esto había hecho que el cómic entrara en una espiral especulativa y por Internet se pueden ver autenticas barbaridades con gente que pide cerca de 200€ por 11 grapa que en su momento costaban 175 pesetas. Pero claro al final esto se reduce a una cuestión de oferta y demanda y esta claro que hay mucha demanda de Miracleman y por desgracia muy poca oferta. Sea como sea y aunque el cómic ya lo había leído a través de medios digitales, el tenerlo ahora en mis manos, pese al coste que ha supuesto, me produce gran alegría y aunque su lectura no me ha resultado tan satisfactoria como la primera vez, si sigue siendo la obra de Moore que más me gusta junto a V de Vendetta.

En fin, podría ahora pensar en una nueva lista de cómics más deseados, pero la verdad es que aunque sigue habiendo tebeos que no tengo y me gustaría conseguir no hay nada que me llame tanto la atención como en aquel lejano 2007 lo hacían estos cómics. Si hubiera sido hace una par de años podría hablar del Príncipe Valiente de Foster, Calvin & Hobbes o Akira, pero ahora ya he conseguido (o estoy en camino de hacerlo) todas esas obras. Y es que por mi experiencia de estos años y a no ser que nos lleve por delante esa tormenta perfecta de la que tanto se habla, lo cierto es que pienso que antes o después conseguiré tener en mi poder todos aquellos tebeos que realmente deseo conseguir. O al menos esa es mi sensación a día de hoy.

lunes, 25 de marzo de 2013

Cosas veredes 10.0: ¡El mundo del cómic se acaba!..otra vez. The Private Eye y estrenos televisivos.

Se me juntan otra vez varios temas de los que me apetece escribir un poco sin necesidad de dedicarle un post entero a cada uno. Sin más empiezo a darle caña.


Se acaba el mundillo....otra vez: A raíz de este comentario de Antonio Martín en su página de Facebook se ha generado un intenso debate que ha tenido especial eco en redes sociales como twiter así como en alguno de los blogs más destacados de lo que queda blogosfera comiquera. El mensaje pesimista lanzado por Martín tiene su peso por venir de quien viene: toda una institución ya en la historia del cómic en España y que lleva los suficientes años en el mundillo como para saber de lo que habla...Y tal vez ese sea el quid de la cuestión, Martín sabe de lo que habla, ha estado muy ligado al mundillo y conoce a mucha gente de dentro, algo que no todos los críticos pueden decir y más en un mundo tan hermético como este, donde aún se sigue diciendo aquello de que los que piden cifras de ventas, distribución y demás lo hacen solo por morbo (al reciente comunicado de ECC me remito). Así que si bien es cierto que el critico debería tener en cuenta la vertiente comercial del ámbito en el que se circunscribe su labor critico-divulgativa, no lo es menos que en el mundo del cómic eso es algo difícil habida cuenta de su sempiterno hermetismo.

Más allá de esto el panorama que pinta Martín es bastante chungo, pero no se hasta que punto se pude calificar de sorprendente. Es decir en el contexto actual, con la brutal caída de consumo ante el legitimo temor del ciudadano ante los continuos recortes, ¿es realmente noticia que en el mundo del cómic haya editoriales que lo estén pasando mal? Lo noticioso sería lo contrario. El tema esta creo yo en que por un lado: es complicado que desde la critica se puede hacer nada más que describir la situación, y a veces, con la ausencia de datos, ni eso. Por otro lado es cierto que estamos viviendo un momento de gran calidad del cómic español y de multiplicación de la opciones que el lector tiene ante si. Los críticos, ya sea esos “gurus de la novela gráfica” a los que Martín alude de manera un tanto desafortunada, ya sea el más humilde bloguero desde su pequeño espacio, hacen bien en hablar de ello y en señalarlo. Es cierto que esa no esta toda la realidad del cómic español, pero si forma parte de esa realidad y creo que la labor divulgativa enfocada en positivo siempre podrá ayudar más que la mera descripción de un desastre comercial que puede avecinarse (o no) pero del que el cómic saldrá, como siempre ha hecho, adelante


The Private Eye: He de reconocer que no me gusta mucho leer tebeos digitales. No tengo tablet (ni muchas ganas de tenerla, la verdad), leer en un smartphone de 4,3 pulgadas no me parece muy recomendable y el PC, si no queda otra alternativa (Miracleman hasta hace bien poco) puedo aceptarlo, pero no es desde luego los más cómodo o no lo es al menos en mi caso. Se que es el futuro, se que el cómic/libro digital se irá poco a poco generalizando y demás, pero no va conmigo y dudo que lo haga en un futuro. Pero claro en estas salen cosas como The Private Eye y llaman la atención. Un cómic que (al menos en principio) solo se va a distribuir vía digital, con dos autores de renombre (Brian K. Vaughan y Marcos Martín) que se puede descargar en español, catalán e ingles y donde tú como cliente pones el precio que consideras justo yendo a parar todo el dinero (menos la parte que se lleve Paypal) a los autores. No suena nada mal. Aunque claro hay pegas, he leído algunas cosas como: si esto se generaliza ¿que pasará con el librero que sigue a día de hoy sosteniendo a la industria? Imagino que nada, esto es solo una vía más de distribución, no va contra nadie ni creo, pretende acabar con nada. Es simplemente autoedición modelo siglo XXI.

Como digo el tema me ha llamado la atención y he decido pagar 3$ (2,40€ al cambio +/- como una grapa). Además el primer número me ha parecido muy interesante con un Martin on fire y con una trama (un mundo postinternet donde la privacidad es la mercancía más valiosa) que puede dar mucho de si. Serán 10 números de cadencia mensual y en principio tengo intención de esta ahí para disfrutarlo.



Estrenos televisivos: En espera de ponerme con Black Mirror y House of Cards y con expectativas de ver de una vez las dos temporadas de American Horror Story. Este año solo he visto tres estrenos televisivos. El primero sería Arrow que he de reconocer que me esta pareciendo bastante maja. Vale es un poco un Batman de segunda (tal y como nació en los cómics por otro lado) con algunos toques de Spiderman pero es una serie, honesta que solo busca entretener, algo que, en mi caso, consigue sobradamente. Con personajes interesantes, tramas que se disfrutan y que además combina con sabiduría la formula con la existencia de toda una historia de fondo que da mucho juego. No esperaba nada y la verdad es que me ha sorprendido.

El segundo sería The Following. Su premisa aunque no novedosa si es llamativa: un psicópata obsesionado por Edgar Alan Poe traza un intrincado plan con ayuda de múltiples seguidores para destrozar la vida del agente de policía que le encerró y de paso reconstruir la suya. Esto y que el piloto fue bastante interesante me hizo seguir una serie que casi desde el principio camino en la fina línea que se dibuja entre la genialidad y el ridículo para caer de lleno en este desde el lamentable sexto episodio. Ahora deseando que acaben los 15 episodios que componen la primera temporada (no se si por “deformación profesional” por aquello del coleccionismo asociado a los cómics, pero soy incapaz de dejar una temporada a medias) puedo decir con seguridad que es de las peores series que he visto en los últimos años. Con diferencia.

Queda para el final la más interesante y sorprendente de todas: Utopía. Una miniserie británica de 6 episodios en torno a una gran conspiración que se centra el cómic que da titulo a la serie. Más allá de los misterios conspirativos, de la caracterización de personajes o de la historia de fondo (todos ellos elementos sobresalientes en Utopía) si por algo destaca esta serie es por lo enfermizo de su fotografía. Con unos intensísimos colores que dan un aire irreal a todo el producto y exageran las acciones de personajes extremos metidos en un juego muy peligroso. El que sean solo 6 episodios condiciona por una lado que se trate de una serie densa con muchos conceptos y argumentos que han de estar por fuerza concentrados, por otro lo bizarro de muchos de sus personajes y situaciones hacen de la serie un complejo puzzle del que se disfruta enormemente hasta que la piezas van encajando para dar como resultado un final, quizá demasiado convencional para el tono de la serie, pero en todo caso coherente con lo narrado. Merece mucho la pena.

martes, 19 de marzo de 2013

Avengers vs X-Men: ¿Fin de ciclo?


Finalizado ya en España el enésimo evento marvelita en lo que va de siglo llega la hora de hacer un breve balance, que eso si advierto viene cargado de Spoilers.

Decía Julián M. Clemente en el Spot On de la última grapa de AvX que esta saga venia a poner fin a todo lo iniciado hace 8 años (como pasa el tiempo) con Dinastía de M, y es cierto. Si Asedio supuso en gran medida el cierre del ciclo iniciado con Civil War (con la reconciliación definitiva entre “los tres grandes” vengadores) este AvX supone el fin de todo lo heredado tras aquel ya mítico “no more mutants” que tanto ha condicionado el destino de todas las colecciones X desde entonces. Hasta el punto en que todo lo realizado por Cíclope desde ese momento pivotaba en torno a esas pocas palabras.

Es curioso como el paso del tiempo parece haber elevado la calidad de una historia, Dinastía de M, que nadie debe olvidarse que por encima de todo se resume en una sola viñeta tras ocho largos y soporíferos números. Algo que una vez más la emparenta con esta AvX y es que todo lo que pasa en esta saga se puede resumir en sus dos/tres últimas páginas, siendo (again) mucho más interesante las consecuencias que quedan detrás de todo que la historia en si. Una historia además que vista con cierta perspectiva irónica resulta un tanto absurda. Al final si hubieran dejado hacer a Cíclope lo que este quería hacer desde el principio (que es lo que termina pasando) se hubieran ahorrado tantas tonterías. Si Morrison estuvo brillante en su momento con aquellas camisetas de Magneto was right” me parece que toda esta saga se podría resumir con un Cyclops was right”.

El problema principal de esta historia es que es un evento construido con un determinado fin en mente en el que no importa tanto lo que pase en el como el escenario que dejara después. La historia se construye en torno a una idea y da igual si algunas cosas no tiene sentido o no encajan, lo importante es llegar al destino prefijado. AvX esta así plagada de elementos absurdos: el papel de Spiderman en la derrota de Magik y Coloso solo se justifica porque Spidey es un emblema de la editorial y ha de hacer algo destacado en el evento clave de la casa (como desenmascararse en Civil War) no porque tenga el más mínimo sentido aquello que se esta contando. La idea de Los Cinco Fenix construyendo una utopía y Los Vengadores oponiéndose a ello esta apenas si esbozada y eso que es algo lleno de potencial, pero tal vez demasiado complejo para el destino que Marvel quería. El proceso de corrupción de Los Cinco Fenix (que llevo años en el caso de Jean Grey) se consuma aquí en apenas unos días y casi sin explicación. Y así podemos seguir y seguir.

La clave tal vez estriba en que AvX es una historia escrita a cinco manos (B.M Bendis, J. Hikcman, M.Fracttion, Ed Brubaker y Jason Aaron) con un férreo control editorial y en torno a una idea (el enésimo enfrentamiento entre héroes) que ya cansa por repetitiva. Además al igual que ocurriera en Civil War todo el aspecto moral de la contienda queda en seguida negado por una obra únicamente de acción que no deja tiempo para la reflexión. Por otro lado y al contrario de lo que sucedía con el cómic de Millar y McNiven, aquí en ningún momento se intenta mantener un cierto equilibrio entre las posturas enfrentadas si no que más bien al contrario, casi desde el principio Cíclope en es el malo, o al menos se le intenta presentar como tal, ya que los resultados terminan por darle la razón y responsabilizando de todo lo sucedido a Los Vengadores.

Sea como sea, tras AvX lo que resulta innegable es que se abre todo un mundo de posibilidades. Con los mutantes ya no lastrados por el hechizo de la Bruja Escarlata y mucho más integrados en el Universo Marvel, el actual relanzamiento que este esta viviendo se antoja como mucho más sólido y coherente que relanzamientos salvajes como fue el de New 52. Con una DC aún atrapada en sus contradicciones internas, Marvel asoma la cabeza más sólida que nunca. Lastima que para ello se haya tenido que pasar por un crossover irrelevante en si mismo y aburrido hasta decir basta. Peaje que sin duda merecerá la pena paga si lo que viene de Marvel Now es tan si quiera la mitad de bueno de lo que sus apologetas predican. Habrá que verlo, o mejor dicho habrá que leerlo.

martes, 12 de marzo de 2013

El asesino, el diablo y la araña: El efecto omega.


Se publicara como se publicara iba a crear problemas. Así que la decisión de Panini de incluir el crossover entre Daredevil, Punisher y Spiderman en la colección del justiciero de la calavera en el pecho tiene tanto (o tan poco) sentido como el haberlo hecho en la páginas de DD, de Spidey o incluso de los tres. Fuese como fuese, tal y como se publican estos cómics en España alguien iba a salir perjudicado. Un motivo más para, pese a todos sus defectos revindicar la grapa. Si esta colecciones salieran en grapa no habría conflicto posible. Una lastima.

Dentro de la vertiente más urbana del Universo Marvel, desde que Frank Miller presentara el tema en la mítica saga Child´s Play, la relaciones entre Punisher y Daredevil siempre han sido foco de conflicto e interés. Casi dos caras de la misma moneda, Daredevil ve a Punisher como aquello en lo que puede llegar convertirse si no mantiene el control, mientras que Castle por su parte ve en Daredevil un ingenuo bienintencionado al que no puede evitar admirar por su lucha contra un enemigo al que sabe que no puede vencer.

Los encuentros entre ambos han sido por regla general bastante interesantes, ya sea en enfrentamientos directos, ya sea en colaboraciones forzadas, el aspecto moral de su conflicto ha estado casi siempre en primer plano. Lo mismo ocurre en este “El efecto omega”, donde Mark Waid y Greg Rucka bajo lápices de Marco Checcheetto dan su visión acerca de la relación entre ambos personajes con Spiderman de por medio, casi como convidado de piedra, haciendo algo así como de pegamento que simboliza las dos caras del Universo Marvel: la urbana, realista y sucia y la icónica, desenfada y aventurera. Dicótoma que Spiderman representa en si mismo.

La historia en si parte de lo que Waid esta construyendo en Daredevil, con ese Disco Omega que en poder del cuernecitos contiene datos claves de las más grandes organizaciones criminales del Universo Marvel. Un disco que Punisher desea, que Spiderman piensa que ha de ser entregado a los 4F o a Los Vengadores y que DD sabe que, una vez conocido que esta en su poder, es lo único que impide que él y su entorno sean asesinados. Con estos mimbres la trama en si es casi lo de menos ya que las cosas apenas si se mueven un milímetro de donde empezaron, con lo que el interés real del cómic esta en las relaciones personales entre los distintos protagonistas.

Obligados por las circunstancias a una colaboración que ninguno quiere, Daredevil que consciente ya de que Punisher es irredimible, trata al menos de llegar a su reciente “ayudante” (por llamarla de alguna manera, ya que el tema es más complejo), la sargento Rachel Cole-Alves que habiendo sufrido una perdida parecida a la que inicio la cruzada de Castle esta tomando su camino. Esa segunda oportunidad que Matt ve en Cole-Alves (sus intentos con Punisher han estado siempre destinados al fracaso), es tal vez lo más interesante del cómic y muestra a la claras el carácter del hombre sin miedo que junto a la mencionada Cole-Alves es el autentico protagonista de la historia, con Punisher en segundo plano y Spidey casi en tercero.

El cómic en si apenas aporta nada que no supiéramos ya ni a los personajes, ni a las relaciones entre ellos, pero se trata de una aventura bien escrita, con buenos diálogos y un dibujo competente que ahondan en la línea de lo que viene siendo el Daredevil de Waid: un buen tebeo de superhéroes sin muchas pretensiones y más bien ligero que no cuenta en este caso con el dibujo de Rivera o Martin para elevarlo a los altares. En cualquier caso si como a mi solo interesa uno de los personajes que participan en la trama 16 € se antojan como un precio demasiado elevado por algo que no va a pasar precisamente a la historia. La maldición del coleccionista en cualquier caso.