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martes, 8 de septiembre de 2020

Superman Año Uno de Frank Miller y John Romita Jr.

Miniserie de tres números sacada en España por ECC en formato de lujo (ultracara) que, como siempre pasa con cualquier cosa que hace últimamente Miller (y Romita Jr.) ha causado un gran división de opiniones. 

Desde que en Dark Knight, Miller retratara a Superman como una especie de títere del gobierno americano (aunque en realidad el asunto es muucho más complicado), este siempre ha declarado sentirse en “deuda” con el personaje, añadiendo que el motivo de sacarlo así tenía más que ver con el contraste buscado con la representación de Batman como outsider que no con una su visión como tal del último hijo de Krypton

Deseoso de tener en su particular comicgrafia un tomo con la gran S en el lomo y recuperado de sus problemas de salud, Miller, tras el ensayo que supuso DKIII regresa a su peculiar Universo DC con control completo en los guiones y al igual que hiciera en el excelente One-Shot, La última cruzada , lo hace acompañado de Romita Jr., con quien en los 90 pergeñara una de las grandes obras maestras del genero: Daredevil, el hombre sin miedo

Siendo innegable que Romita Jr ha conocido épocas mejores, no lo es menos que conserva su fuerza que tanto recuerda a Jack Kirby y que permite que sus cómics tengan una energía arrolladora que disimula sus defectos en cuanto a anatomía y proporciones. Miller por su parte ha firmado (y muy recientemente además) trabajos francamente mejores que este Año Uno de Superman, pero su estilo es netamente inconfundible al igual que lo que desea contar. 

Cada uno de los tres libros esta ambientado en tres situaciones bien distintas, pero siempre entrelazadas de la vida de Superman, cada una dejando claro desde el principio como es el Superman que ve Miller: alguien que no soporta a los abusones, que actúa siempre en favor de lo que considera que es justo, posicionándose siempre del lado del más débil y que pese a ser criado como humano sigue sintiéndose algo alienado y ajeno en el mundo. 

El primer libro, sin duda el mejor de todos, narra la vida de Clark en Smallville y como hacer frente a unos abusones sin hacer un uso desmedido de su poder, Miller deja claro que ante un problema complejo no caben soluciones fáciles. No es es la especialidad de Romita Jr dibujar niños pero si consigue recrear el aspecto presuntamente bucólico de un pequeño pueblo americano...que también esconde monstruos en su interior. En todo un rito iniciático de transición hacía la madurez, Miller se esfuerza en mostrar como Clark aprende de su entono mientras que trata (con éxito discutible) de encontrar soluciones no violentas.

El segundo libro parte de la idea de la necesidad de Superman de seguir aprendiendo, de seguir creciendo, lo que le lleva a alistarse al ejercito, decisión harto cuestionable de lo que el propio personaje se dará cuenta al ser incapaz de seguir ordenes, actuando en pos de aquello que cree necesario, el tomo, tal vez el más flojo de los tres, narra también una bizarra historia de amor submarino que parece concebida para hacer ver a Superman que el mundo es mucho más grande y maravilloso de lo que podía sospechar. 

En el tercer libro, llegamos por fin a Metrópolis con un Superman mucho más seguro de si mismo y sobre el que Miller deja una vez más clara su visión del persona. Clark Kent es una máscara, una herramienta que le permita hacer su trabajo. Un enfoque que choca bastante con la tradicional visión del personaje desde Byrne y que lo emparenta más con el famoso discurso de Bill en el Kill Bill de Tarantino, pero que dentro del peculiar universo milleriano tiene su sentido. En el cómic vemos también los primeros encuentros de Superman con Luthor, con Batman o con Wonder Woman, ampliando los horizontes del personaje por todo el Universo DC en su versión made in Frank Miller. 

Así tenemos al Batman chulito y pagado de si mismo de All Star, que no siente el más mínimo miedo (casi ni respeto) por Superman, o una Wonder Woman irremediablemente atraída por él y sin duda la más madura e inteligente de los tres. Luthor por su parte es mostrado como un poderoso empresario manipulador y con toques psicopáticos no muy distinto a su visión tradicional. 

El enfoque de Miller parte de una narración con perenne voz en off en la que la voz interior de Superman y sus puntos de vista son casi omnipresentes, resultando refrescante cuando se cambia el punto de vista, ya sea al de Luthor o la de Wonder Woman, Su idea de un Superman, con todo inocente y dispuesta a creer siempre en la bondad de la gente contrasta con la actitud cínica de Batman o la mucho más guerrera de Wonder Woman, 

Estamos pues ante una obra que se centra en el crecimiento de Superman, en la forja de su carácter y en los motivos que le llevan a usar sus vastos poderes sólo para ayudar, nunca para conquistar o imponer, un cómic que con sus problemas, deja claro que Superman siempre piensa en el bien mayor.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

El Caballero Oscuro III: La raza superior.

Tras un largo tiempo de espera y con un número más del previsto, (algo que se esta convirtiendo en costumbre en los cómics estrellas de las majors) por fin ha concluido en España el esperado retorno, (con todos los matices que se quiera) de Frank Miller al particular Universo DC que el mismo concibiera con su ya lejano El regreso del Caballero Oscuro.

Jugando tal vez más un papel de inspirador que de creador, el DK III es, claro, el menos milleriano de los DK, pero no por ello deja de ser estimable. Brian Azzarello un excelente guionista (obras tan importantes como 100 Balas lo atestiguan), consigue aquí imitar la voz del autor de Ronin sin perder la suya propia mientras que Andy Kubert adapta su estilo al del maestro muy ayudado por las tintas de Klaus Janson. Con todo leyendo DK III uno tiene la sensación de estar ante algo muy distinto a lo construido en los anteriores DK.

Es curioso porqué el número uno parece tirar por un camino que no seguirá luego la miniserie, en este primer número volvemos a ver una Gotham totalmente corrupta con una policía en la que nadie confía y en la que de nuevo Batman aparece como fuerza moral que se niega a rendirse a la evidencia de una ciudad que parece insalvable. De nuevo la policía persigue a Batman y esta vez consigue detenerle solo para mostrar que no es Bruce Wayne quien esta tras la mascara...

Sin embargo la trama no ira por ahí y de nuevo al igual que sucedía en DK II el cómic se torna pronto más en una historia de la JLA con Superman como figura central casi por encima de Batman. Destacan aquí las nada disimuladas referencias a una de las obsesiones de Miller en los últimos años cuando un grupo de fanáticos religiosos superpoderosos ponen en jaque al mundo cometiendo por el camino actos de terrorismo suicida (el paralelismo es evidente) y que encontraran en Batman casi la única oposición real ante un mundo que parece dispuesto a claudicar.

Hay en DK III también un papel clave para el concepto de legado, tan descuidado en el DC últimamente pero tan clave en su esencia, por un lado estará Lara la hija de Superman y Wonder Woman presentada en DK II y que aquí, con un padre ausente al principio dudara de su identidad, poniendo en solfa el amor por la humanidad de su padre y enfrentándose físicamente tanto a su padre como a su madre. Por otro lado tenemos a Carrie Kelly que se convertirá en el corazón de la obra y en el fondo en el foco sobre la que esta pivota.

Resulta interesante ver como Carrie ha ido cobrando cada vez más fuerza y protagonismo en cada DK y más teniendo en cuenta que su creación fue casi una casualidad, no hay que olvidar que Miller no quería a Robín en su primer DK y que fue John Byrne quien le convención de la necesidad de incluirla. Además en su primer DK los diálogos de Carrie estaría escritos por Lynn Varley para buscar más autenticidad en el personaje. De nuevo y como viene siendo habitual en los DK, el final es optimista y esperanzador de cara al futuro con una imagen muy incónica en la que Carrie ocupa el papel central que sin duda se ha ganado.

Cabria señalar que aunque DK III es un sin duda un excelente tebeo que se sitúa sin duda entre lo mejor que se ha podido leer este año en el terreno superheroico esa lejos de ser lo revolucionaria e influyente que fue el primer DK y más lejos aun de lo anticipada en el tiempo, atrevida y desafiante que fue el DK II. Un buen tebeo sin duda pero lejos de lo que supone que ha de ser un DK.

Capítulo aparte merecen los minicómics que acompañan la historia principal, son tebeos en formato reducido de unas 12 páginas que dan trasfondo a la trama mostrando mostrando la situación de varios personajes del UDC frente a lo que esta pasando en la historia principal. De los nueve, Miller dibuja en siete (y los co-guioniza siempre con Brian Azzarello) con ese estilo tan feista y tendente a la abstracción pero plagado de fuerza y dinamismo que le acompaña últimamente y que tanto rechazo parece haber generado. Personalmente creo que alguno de estos minicómics son pequeñas joyas que muestran la vigencia y fuerza de un autor que por suerte aun tiene mucho que contar.

sábado, 11 de febrero de 2017

La última cruzada del Caballero Oscuro.

Ambientada antes de los narrado en El Regreso del Caballero Oscuro (DK a partir de ahora), La última cruzada narra el momento más traumático de la historia Batman en el particular Universo DC de Frank Miller, que aquí está acompañado por Brian Azzarello al guión, John Romita Jr. a los lápices y Peter Steigerwald a las tintas y al color.

Una de las cosas que más impacto del DK del Frank Miller en un primer momento fue contemplar a ese Bruce Wayne, hundido, demacrado y casi al borde la de la muerte que hacía ya tiempo que había dejado de ser Batman. En el cómic se daban algunas de las razones que había llevado a ese momento, pero sin duda este La última cruzada permite profundizar más en ello.

El Batman que Miller y Azzarello nos presentan aquí no es el bisoño novato de Año de Ano, ni tampoco la ola de energía y engreimiento de All Star, estamos antes un Batman mucho más cercano al Bruce Wayne que se nos muestra al principio de DK. Un Batman cansado que se siente viejo, que incluso se ve superado físicamente por Killer Croc, piensa que Jason Todd puede llegar a sustituirle mientras él puede vigilar sus esfuerzos desde la Batcueva y sin embargo…

Jason está preparado físicamente, el propio Batman comenta que es mejor que él a su edad, si, hay que pulir sus habilidades de detective, pero ahí se puede trabajar, después de la decepción que supuso Dick Grayson (cuyo nombre Batman ni siquiera puede pronunciar), Jason parece el candidato ideal. Pero el problema es que Jason disfruta demasiado con lo que hace, y aunque es cierto que Bruce en su momento también llegó a hacerlo (como bien le recuerda Alfred, ahí está su época All Star para recordarlo), la forma en lo que lo hace Jason tiene algo de inquietante. Teniendo opciones de causar menos daño siempre busca hacer el máximo posible, aun enfrentándose a inocentes dominados mentalmente por Hiedra Venenosa, Jason no duda en emplearse al máximo sin ningún tipo de piedad, además Jason tiene su propia forma de ver las cosas y no son pocas las veces que desobedece ordenes…

Ante este panorama la ominosa presencia del Joker no hace si no aumentar la sensación de que algo grande va a pasar, un Joker capaz de provocar una rebelión en el psiquiátrico solo hablando y capaz de salir andando del mismo en mitad del caos sin que nadie pueda impedirlo. Un Joker que aquí de la mano de un inspirado Romita Jr. (en uno de sus mejores trabajos de los últimos años) aparece como más peligroso y amenazador que nunca.

En estas circunstancias, un convaleciente Batman (al que Killer Croc a estado cerca de matar) ordena directamente al Jason que no se acerque al Joker que no lo busque, pero como decíamos Jason tiene sus propios planes y harto de las dudas de su maestro está dispuesto a demostrar de una vez por todas que puede jugar en las grandes ligas. La tragedia, la mayor derrota en la historia de Batman, lo que explica gran parte del estado de Wayne al principio de DK está a punto de suceder y nada volverá a ser igual.

Las ampliación del Universo DK que trajo primero DK 2 y después la idea de Miller de que todas sus obras con el personaje (Año Uno, All Star, ¿Spawn/Batman?) forman, bajo su punto de vista, parte del mismo universo abría un montón de posibilidades que ahora sólo se está empezando a explorar con DK III. Este One-Shot especial no viene más que a confirmar ese potencial al ahondar en uno de los momentos más oscuros de la historia de Batman y lo hace siendo por un lado totalmente fiel al canon del personaje y por otro mostrando también gran coherencia con todo este Universo DK que Miller ha venido construyendo con las décadas, demostrando una vez más que Azzarello era el guionista ideal para acompañar a un, debilitado por la enfermedad, Miller en el proyecto.

Al dibujo tenemos a un Romita Jr. que no trata de imitar tanto el trazo del maestro como hemos visto en alguno de los minicómics que complementan el DK III (y que de nuevo ahondan en la idea de profundizar en este Universo DK) y que parece haberse tomado más tiempo para acabar el trabajo, ya que aunque tiene trabajos más potentes, si muestra con plenitud la fuerza de su trazo y la energía que transmiten algunos de sus mejores trabajos. Su labor esta aquí potenciada por Peter Steigerwald que, especialmente en el color, con sus tonos apagados, trasmite la tristeza de una historia en la que el héroe está a punto de sufrir uno de los momentos más duros de su vida.

jueves, 24 de julio de 2014

El Batman de Scott Snyder y Greg Capullo: Antes del origen.

Vamos con mi pequeña contribución al 75 aniversario de Batman con un post sobre una de la etapas (junto a la de Morrison) más interesantes que ha vivido el personaje en años.

Los autores.

Con casi tres años manteniendo el mismo equipo creativo, el Batman de Scott Snyder y Greg Capullo es además de uno de los más grandes éxitos del relanzamiento del Universo DC, una autentica rara avis en el mercado actual, donde y sobre todo (que no solo) en la vertiente artista es complicado ver a una misma pareja creativa rigiendo los destinos de la misma colección durante tanto tiempo.

La apuesta por esta pareja unida a un personaje como Batman (el más rentable con diferencia de la editorial) era casi segura y el éxito de ventas y de publico les ha acompañado desde el principio. Snyder convertido en superestrella desde el éxito de AmericanVampire, ya había escrito al personaje en una estimable etapa en Detective Comics durante los estertores del antiguo Universo DC. Aunque por entonces la capa del murciélago la llevaba Dick Grayson, el neoyorkino había demostrado gran talento para moverse por terrenos oscuros, próximos al terror, la caracterización y el estudio psicológico de los personajes y la creación de misterios donde nada era lo que parecía y la verdad se escondía tras varias capas de mentiras, cualidades todas ellas que casaban a la perfección con Batman. Capullo por su parte tras años “perdido” en los más recónditos lugares del “Mcfarlaneverso”, había evolucionado enormemente sus estilo desde los 90, dejando atrás la rigidez y estatismo que por entonces le caracterizaban. Dinámico y lleno de fuerza su grafismo acostumbrado a trabajar con personajes oscuros le hacían también candidato ideal para Batman. Personaje que el artista sabe captar en toda su icónica grandeza, tornándolo en una presencia imponente, más sólido y macizo que no estilizado, un Batman que recuerda más al que dibujara Frank Miller que no al que nos mostraran Alan Davis o Jim Lee por poner solo algunos y muy diferenciados, ejemplos

El contexto.

Aunque teóricamente New 52 supuso un relanzamiento desde cero del Universos DC, esta idea tuvo varios matices: por un lado, salvo la primera saga de La Liga de la Justicia o el Superman de Morrison, los cómics de New 52 se ambientarían cinco años después de la llegada de los superhéroes, lo que dejaba un margen muy interesante de tiempo con el que los autores podían jugar (algo que el propio Snyder esta aprovechando ahora con la saga Origen). Por otro, la continuidad de Green Lantern y de Batman no se borraba de un plumazo si no que se “comprimía” a esos cinco años. Esta idea, concebida sobre todo para salvar los logros de los últimos años con ambos personajes de Geoff Johns y Grant Morrison respectivamente. se hacía muy complicado de entender en el caso de Batman, donde teóricamente en solo cinco años habría tenido cinco Robins. A lo largo de las diferentes series de la Batfamilia se ha matizado e intentado explicar todo esto, pero a efectos de lo que aquí nos interesa debemos partir de la base de que al contrario que otros autores, Snyder y Capullo no tendrían ante si una pizarra en blanco para reescribir al personaje en función de sus intereses, si no que tendría que respetar una continuidad y unas bases previas. El que la etapa este gustando y sea un éxito viene a demostrar una vez más que no hace falta destruir siempre lo anterior para crear algo nuevo, que respetando lo que otros autores han escrito se pueden hacer cómics que gusten y funcionen. Una lección que DC parece haber olvidado y que esperemos que Marvel tenga en cuenta para no convertir en ciertos los inquietantes rumores sobre su futuro.

Llegados a este punto y entrando en al etapa en si, el trabajo de Snyder y Capullo se ha estructurado hasta ahora en tres grandes sagas (con episodios de descanso entre ellas) que han terminado afectando a toda la franquicia. Por un lado empezamos con El tribunal de los Búhos y su correspondiente crossover La Noche de los Búhos; seguimos con La muerte de la familia con el Joker en el centro de la acción y culminamos con Origen saga aún sin acabar, lo que hará que hoy nos centremos en los dos primeras historias.

El tribunal de los Búhos.

Con el paso de los años siempre hemos visto a Batman como una figura infalible, preparado para todo, con soluciones para el más inesperado de los problemas, que en el caso de Batman no parece ser tan inesperado. Planes y contraplanes, para todas las cosas imaginables o no, Batman ha sido presentado como un implacable estratega casi imposible de sorprender. Con El tribunal de los Búhos, Snyder y Capullo quieren mostrarnos al Batman más humano, indefenso y superado que se ha visto en años y lo hacen recurriendo precisamente a uno de los elementos que siempre le han definido: su relación con Gotham.

Batman conoce la ciudad como la palma de su mano, no guarda secretos para él. Batman y Gotham son uno o al menos eso cree el hombre murciélago, pero ¿y si no fuera así?, ¿y si el mal creciera dentro de su ciudad, en su mismo corazón durante años y años y Batman no lo supiera? Tan sugerente premisa esta detrás del concepto de El Tribunal de los Búhos, una misteriosa y poderosa sociedad secreta que lleva rigiendo los destinos de Gotham desde hace años y que decide que ha llegado la hora de acabar con Batman. Un Batman que será puesto contra las cuerdas y que por momentos no sabrá como salir. Ver a Batman desesperado e incluso con miedo no es habitual pero Snyder y Capullo consiguen que el lector entre en el juego, que sienta la angustia del hombre murciélago y que se pregunte como va a salir triunfante esta vez. La historia contenida en Batman resulta tensa y dramática, ampliada a toda la Bat-familia se vuelve un tanto excesiva, con situaciones innecesarias que no permiten que como conjunto sea plenamente redonda. A esto contribuye también su final donde el supuesto poder, antes reflejado casi como omnímodo, de El Tribunal de los Búhos queda muy desdibujado y donde se vuelve a jugar con el pasado familiar del personaje sin el acierto con el que lo hiciera Morrison en su muy reciente etapa. Pese a lo cual supone un excelente debut que casi ocupa todo el primer año de la colección.

La muerte de la familia.

Acabada la saga, Capullo se toma un número de descanso para que Snyder acompañado de Becky Clooman presenten a Harper y Cullen Row, personajes que volverían después en el epilogo de La muerte la Familia (de nuevo sin Capullo) y que vendría a mostrar una vez la capacidad de Batman como fuerza inspiradora del bien, lo que ha generado un entorno muy rico y variado de héroes inspirados por su labor, la llamada Bat-familia. Precisamente ese entorno, junto con el gran villano de la franquicia el Joker, serán los protagonistas claves de la segunda gran saga de Snyder y Capullo: La muerte de la familia. Una historia que parte de la idea de Grant Morrison de que el Joker tienen diferentes personalidades que se activan (o mudan su piel, en este caso casi literalmente) cada cierto tiempo. El Joker al que ahora se enfrenta Batman es más sádico y cruel que bromista y además parece haber descubierto la identidad secreta de Batman atacándolo directamente donde más le duele: a través de su gente, de sus amigos, de sus aliados. La saga que prometía convertir en literal su titulo (haciendo referencia más a la muerte de la familia como concepto, que no a la de algunos de sus miembros en concreto) ocupa la primera mitad del segundo año de Snyder y Capullo en la colección y vuelve a generar un gran crossover a su alrededor, en este caso con mucho más sentido, siendo como es la Bat-familia la victima elegida por el Joker.

Aunque su intensidad e intereses es menor que El tribunal de los Búhos, La muerte de la familia (de inevitable recuerdo a la saga que supuso la muerte del segundo Robin, Una muerte en la familia) permite ahondar tanto en la relación existente entre Batman y el Joker como sobre todo entre Batman y su peculiar familia y más cuando se descubre que es un error suyo, que decidió ocultar a su gente, el que puede haber llevado al Joker a descubrir su identidad y ponerlos a todos en peligro. Un descubrimiento que en cualquier caso permanece en la ambigüedad durante gran parte de la trama. La saga tiene grandes momentos como esa macabra reconstrucción del Joker de los 120 días de Sodoma en los que el autentico terror sobre lo que el payaso asesino ha podido hacer se apoderan de la historia, pero parece un peldaño por debajo del casi impecable debut de la colección. Tras esta saga y antes de la llegada de Origen aún quedan dos muy entretenidos números con Clayface como protagonista y donde la identidad secreta de Batman vuelve a estar contra la cuerdas. Después llegará Origen, sin duda la más ambiciosa (aunque no por ello la de más calidad e interés) aventura de toda la etapa, pero eso queda ya para otro día.

lunes, 14 de julio de 2014

El Aquaman de Geoff Johns, Ivan Reis, Paul Pelletier y otros.

Articulo originalmente publicado en Zona Negativa.

Un icóno minusvalorado.

Aunque incluido siempre de los llamados siete grandes de DC (junto a Superman, Batman, Wonder Woman, Flash, Geen Lantern y el Detective Marciano) y encarnación icónica de los elementos fundamentales de la vida (el agua), Aquaman ha sido tradicionalmente objeto de todo tipo de burlas que han menospreciado su interés y potencial. Reducido por muchas a una mera caricatura que en realidad “solo sabe hablar con los peces”, todos estos prejuicios olvidan dos cosas: el viejo axioma de Alan Moore “no hay malos personajes, solo malos autores” y el enorme e infinito potencial de un personaje que es soberano absoluto (¿abolutista?) del reino más grande sobre el planeta. El potencial del personaje, ya mostrado a las claras por autores de la talla de Peter David, Joe Kelly o Grant Morrison no le había permitido nunca, sin embargo situarse en primera línea del Universo DC al menos no en solitario, con una colección propia llena de vaivenes, parones e irregularidades. La llegada de New 52 parecía destinada a cambiar todo esto.

Geoff Johns es sin duda uno de los arquitectos fundamentales del Universo DC casi desde principios de siglo, guionista de innegable calidad y de ideas brillantes que no siempre sabe culminar debidamente, Johns siempre ha parecido tener debilidad por aquellos personajes que aunque tienen indudable peso en la compañía, no terminan de encontrar su sitio dentro de la misma. Así tal vez el precedente más claro dentro de la trayectoria del guionista a su labor en Aquaman lo encontraríamos su etapa Hawkman, donde acompañado por Rag Morales consiguió poner orden en la caótica continuidad del halcón deceita creando una etapa sólida y recordada. Con un objetivo similar, Johns se encargaría de presentar al Aquaman del Nuevo Universo DC y lo haría acompañado por uno de los dibujantes más importantes de la editorial: Ivan Reis, espectacular artista de sólida narrativa, con clara influencia del mejor John Byrne, lo que suponía una apuesta clara de la editorial por tornar definitivamente a Aquaman en uno de sus primeros espadas. La marcha de Reis a mitad de la etapa Johns encuentra un digno sustituto en Paul Pelletier, un artista no tan espectacular como el brasileño, pero si un sólido narrador, con un estilo visual agradable y marcadamente superheróico que sabe ser continuista con la labor de su merecidamente prestigioso antecesor.

Un héroe dividido entre dos mundos.

Johns afronta el reto de relanzar Aquaman estructurando su narración en torno a tres ejes: por un lado su relación con Mera, por otro la división entre su herencia “humana” y su herencia atlante, con todo lo que ello implica en lo que a su corona se refiere y para acabar el ahondamiento en su pasado y en la circunstancias que le han llevado a ser quien es. Johns nos presenta un Aquaman plenamente autocosciente (tanto que sabe que para muchos es poco más que un chiste), cansado tanto de las presiones que recibe desde Atlantis como del desprecio de la superficie y que decide tomar la decisión, pese a todo de vivir en esta, en el faro que cuidaba su padre, tratando así de estar lo más aislado posible, pero sin alejarse del todo de su medio natural. Contara para ello con la lealtad inquebrantable de Mera, que sin ningún vinculo con la superficie más allá del propio Aquaman, encontrara difícil adaptarse a la vida que este quiere llevar. Mera será uno de los personajes en los que más profundice Johns a lo largo de su etapa y pasara de ser mera muleta en la que el protagonista se apoya, a un personaje con entidad e interés propio que llegara a robar protagonismo hasta al propio Aquaman.

Las intenciones de Aquaman se verán pronto interrumpidas por la realidad, primero por una invasión de monstruosas criaturas marinas que ponen en jaque el pueblo donde ha elegido vivir y después por la interrupción de Los Otros, un grupo del pasado de Aquaman que ahora reaparece cuando sus miembros son paulatinamente asesinados a la par que se roban poderosas reliquias del pasado atlante, todo ello mientras el antiguo rey de Atlantis va descubriendo más misterios sobre el origen de su reino y reaparece Manta Raya enemigo clásico del personaje y reformado para la ocasión por Johns, que será el gran villano detrás de lo que esta pasando con Los Otros.

Estas sagas, primorosamente dibujadas por Reis que convierte a Aquaman en una de las series visualmente más potente de DC, sirven a Johns para ahondar en temas muy queridos por el guionista que antes o después termina tocando en toda colección que escribe. Primero profundizando en la raíces de los personajes, trastocando su pasado para construir su presente y marcar su futuro, la diferencia en este Aquaman es que no tiene que recurrir tanto a la retrocontinuidad en el sentido clásico ya que el relanzamiento del Universo DC le da un lienzo casi en blanco donde puede configurar todo aquello que necesita sin necesidad de explicar contradicciones con otras historias. El segundo aspecto en el que Johns suele moverse con soltura es en la reimaginación de los vilanos clásicos del personaje/grupo que escribe en ese momento, en el caso de Aquaman se centra primero en Manta Negra al que torna en psicópata vengativo obsesionado con Aquaman al que culpa, no sin razón, de la muerte de su padre. El Manta Negra que nos muestra Johns es un personaje terrorífico, frió y calculador; dispuesto a todo para matar a Aquaman.

El segundo gran villano de la etapa será Orm, rey de Atlantis y medio hermano de Aquaman, Orm es presentado en medio de un gran crossover con la Liga de la Justicia y que sirve para despedida de Reis camino precisamente a esa colección (cuyos números del crossover ya dibujara). La saga de explicito titula: El trono de Atlantis, es uno de los momentos cumbres de la etapa y narra un enfrentamiento entre el mundo de la superficie y Atlantis, tras un devastador ataque a esta proveniente, en principio del los EEUU. La Liga de la Justicia habrá de hacer frente a las encolerizadas tropas de Orm, mientras que Aquaman se verá de nuevo dividido entre sus dos herencias a la vez que trata de averiguar la verdad de lo ocurrido. La saga destaca por el tratamiento de Orm, personaje complejo, que en ningún caso es presentado como un villano, si no como un rey que quiere proteger a su pueblo de lo que considera es una ataque sin provocación. Orm, se muestra incapaz de comprender el mundo de la superficie pero quiere a su hermano y trata de convencerlo de la justicia de su causa.

El fin de El trono de Atlantis deja a Aquaman en una situación muy complicada, traicionado por uno de los que creía más fieles amigos, obligado a dejar su hermano abandonado en la superficie, mirado con recelo por sus aliados en la Liga de la Justicia y puesto en un torno que ni quería, ni gran parte de su pueblo quiere que ocupe. Con este escenario Johns plantea una última saga: La muerte de un rey que ahonda en los tres elementos claves que han configurado la etapa, desvelando un sorprendente secreto sobre el origen y hundimiento de Atlantis y sobre las raíces familiares de Aquaman. La saga supone el cierre perfecto de la etapa, da respuesta a todas las preguntas formuladas desde el principio y plantea un nuevo escenario a explorar.

Conclusiones.

La etapa ha sido quizá algo más corta de los esperado, apenas 24 números y algún especial, lo que una vez más le acerca como referente a su labor en Hawkman mientras le aleja de otras etapas mucho más largas como sus estancias en Flash, Green Lantern o la JSA. Pese a su relativamente escasa duración, el trabajo de Johns si ha servicio para mostrar una vez más el potencial de un personaje que al igual que el marvelita Namor, tiene tras de si todo un mundo de posibilidades para explorar. Johns ha sabido equilibrar las dos facetas del personaje, aunque siempre su relación con Atlantis y todo lo que ello conlleva ha resultado mucho más interesante que no los intentos por quedarse en la superficie, intentos que en nuestra opinión solo sirven para convencionalizar al personaje. Johns así lo ha visto y su etapa se ha centrado sobre todo en la idea de que Aquaman asumiera y aceptara en plenitud, tanto su herencia atlante como sus deberes para con ella, escribiendo una serie de cómics francamente entretenidos y que asientas de manera muy sólida las bases sobre las que ha de moverse el personaje,

Queda ahora lo más difícil, saber si los excelentes resultados en ventas de la colección sirven para consolidara en el mercado o si estos se debían solo al presencia de Johns (y más cuando estuvo acompañado de Reis), autor capaz de arrastrar mucho publico tras si. La respuesta la tienen ahora Jeff Parker (una elección cuando menos sorprendente) y Paul Pelletier, que tienen ante si una tarea difícil, pero sin duda emocionante.

domingo, 22 de junio de 2014

Tierra 2 de James Robinson y Nicola Scott.

Articulo originalmente publicado en Zona Negativa.

El legado en el Nuevo Universo DC.

El concepto de legado ha sido tradicionalmente una de las bases del Universo DC, así, por ejemplo, si Jay Garrick encontraba su relevo en Barry Allen este hacía lo propio con Wally West. En este aspecto, uno de los paradigmas de esta idea la representaba la JSA, el grupo que anticipo a la JLA y que le sirvió de ejemplo e inspiración. Con la llegada del Nuevo Universo DC (NUDC a partir de ahora) las reglas cambiaron: no había ningún Jay Garrick que inspirara a Barry Allen, tampoco (al menos al principio) un Wally West que le sucediera y en lo que a nosotros nos importa, no había ninguna JSA que inspirara a la Liga de la Justicia. El primer supergrupo de la historia desaparecía de un plumazo dejando su lugar a una Liga de superestrellas reunida ahora para combatir una amenaza que ninguno podía superar por separado. El legado, la tradición, el pasado mismo no parecían tener sitio en este nuevo y remodelado Universo DC.

Esto no quita sin embargo la necesidad de presentar a la JSA en el contexto del NUDC, al fin y al cabo la JSA cuenta con personajes interesantes, tiene detrás un grupo de lectores si no muy numeroso si sólido y en cualquier caso es un grupo conocido e importante. Pero, si la JSA no fue el primer supregrupo, si no inspiraron a la JLA y a toda una nueva generación de héroes, ¿cual es realmente su papel en el contexto actual? La respuesta llego con Tierra 2.

La llegada de Tierra 2: Los autores.

James Robinson es uno de los guionistas más importantes de DC desde finales del siglo XX. Escriba tras la magnifica Starman y pluma de la canónica JSA: La Edad de Oro, Robinson había cimentado su muy bien ganado prestigio sobre las bases mismas del Universo DC: legado, tradición, respeto al pasado pero siempre mirando al futuro. Robinson fue además la clave del exitoso relanzamiento de la JSA a finales del siglo pasado y sin duda parecía lógico que se encargara de presentar el concepto para este NUDC. Su compañera en esta aventura sería Nicola Scott, una artista cumplidora y de sólida narrativa que aunque lejos de la espectacularidad de un Jim Lee sabe hacer sus cómic visualmente atractivos.

El concepto tras el cual surge Tierra 2 resulta realmente curioso: una Tierra paralela a la tierra principal del NUDC sufre la misma invasión de Apokolips que en aquella produjo la llegada de la Liga de la Justicia. Sin embargo en Tierra 2 las cosas son muy distintas, la invasión es repelida solo tras muchos sacrificios y muertes y solo cuando los tres principales héroes (llamados maravillas aquí) de la Tierra se sacrifican de manera, al menos en apariencia, definitiva. Superman, Batman y Wonder Woman mueren para derrotar a Apokolips. Se acaba una era de maravillas...y empieza otra.

No es la JSA pero se le parece mucho: los personajes.

Decíamos antes que era curioso el concepto tras Tierra 2, y es que si en el Universo DC postcrisis, la JSA inspiro y transmitió su legado a un montón de héroes, en el NUDC será la “muerte” de la trinidad original la que inspire y transmita su legado a una nueva generación de maravillas. En un juego metatextual, Robinson sigue recurriendo a la idea de legado y tradición y lo hace para darle la vuelta al concepto de la JSA que el mismo uso de manera brillante en el DC post Crisis, enlazándolo de paso con el DC precrisis donde Batman o Superman fueron los primeros en inspirar a toda la legión de superhéroes que pueblan hoy la cultura popular.

Será Jay Garrick el primero de las nuevas maravillas que Robinson y Scott nos mostraran, heredero de los poderes del dios Mercurio (de nuevo el legado...), Jay será un poco el punto de vista del lector en la colección. Un chico normal, atrapado en una situación imposible con capacidad para maravillarse y ganas de hacer el bien, pero sin mucha idea de como hacerlo. Todo un contraste con el Jay, flemático, reflexivo y ante el que todos buscaban consejo del DC precrisis. Tras Jay asistiremos a la legada de Hawkgirl, una agresiva e inteligente Kendra Saunders que tomara a Jay bajo su ala e intentara enseñarle como funciona el mundo. Green Lantern será el tercero y dejando aparte las polémicas sobre su orientación sexual (tema tratado con elegancia y sentido común por Robinson), Alan Scott será el más reticente de esta nueva trinidad para con su papel como héroe a la vez que el más poderoso.

La historia hasta ahora...

Robinson se toma su tiempo para construir esta Tierra 2, el primer número sirve para presentar el contexto en el que se mueve este nuevo mundo así como para mostrar el sacrificio de Superman, Batman y Wonder Woman. A partir de ahí los siguientes va presentando a los “nuevos” personajes, dejando por el camino alguna subtrama (ese Mr. Terrific perdido, ese Terry Sloan “el hombre más listo del mundo”, presunto traidor a su gente y manipulador acostumbrado a salirse con la suya) para al final del cuarto número mostrar la nueva amenaza que puede acabar con la vida en la Tierra: Solomon Grundy, personaje muy querido al guionista.

La trama de Grundy sirve para mostrar al mundo las nuevas maravillas y a los lectores que esta Tierra 2 es mucho más paranoica y militarizada que la tierra principal del NUDC. La brutal batalla contra Darkseid y sus hordas y el enorme costo de la pírrica victoria ha llevado a la creación de un ejercito mundial que liderado por Amar Khan no esta dispuesto a tolerar la presencia de maravillas sin control. Para ello no dudara en recurrir a Atom (Al Pratt) y a Sandman (Wesley Dodds) y sus Sandmen con el objetivo de controlarlos. Así poco a poco la JSA clásica se despliega ante el elector aunque sin llegar a constituirse nunca como tal.

Tras el fin de la saga con Grundy, Robinson y Scott siguen presentado nuevos-viejos personajes en este nuevo contexto, así llegaran el Doctor Destino, enfrentado a su archienemigo Wotan o el Capitán Acero, en una trama que puede dar mucho juego y que no parece que Robinson vaya a cerrar. Todo ello mientras se deja entrever lo que la invasión de Apokolips dejo detrás. Steppenwolf controlando, primero en secreto, luego ya a plena vista, el país de Dherain, desde donde y con la ayuda de Furia, la hija de Wonder Woman, desatara un conflicto brutal contra el ejercito mundial que servirá de traca final para la etapa Robinson. Sin embargo, Apokolips no trajo solo muerte y destrucción, al menos Mr. Milagro y Big Barda así quieren demostrarlo si es que Furia se lo permite claro.

Por otro lado, cada vez se van dejando caer más pistas sobre que tal vez el destino de la trinidad original (o al menos de parte de sus miembros) no fue el que pensamos, una idea con la que Robnson jugara en estos números y que al parecer cobra cada vez más fuerza tras su marcha.

Conclusiones.

Robinson y Scott han construido un mundo interesante y plagado de potencial, un mundo donde personajes clásicos son barnizados de cara al siglo XXI y presentan diseños que rindiendo homenaje a sus raíces se ve más actuales y llamativos. Un mundo en definitiva que tal vez mereciera la pena seguir si Robinson no se hubiese ido a pastos más verdes tan pronto, y es que fuesen cuales fuesen los planes del guionista (que sin duda, vista la colección, los tenía) estos se han visto interrumpidos por su abrupta marcha en el número 16 americano (que es de prever se incluya en el quinto tomo español). Sin el guionista que imagino esta Tierra 2 y vistos los avances y portadas de lo que depara el futuro la verdad es que la cosa no pinta muy bien.

Sea como sea y en cuanto al concepto en si de la serie, no deja de resultar llamativo como DC tropieza una y otra vez en la misma piedra. Si tras las Crisis en Tierra Infinitas, La Legión de Superhéroes creo no pocos problemas de continuidad y quebraderos de cabeza, en el NUDC ha sido la JSA la que ha quedado en una posición cuando menos complicada. Desplazarla a una Tierra paralela y alejarla de sus esencias, supone, por muy buen trabajo que hayan hecho Robinson y Scott hacerla de menos y dejar a las claras que, al menos para la DC actual, la JSA no es tan importante como su historia y su legado vienen a demostrar. Una lastima, movimientos como este alejan a DC de su esencia y de lo que le diferencia como uno de los universo de ficción más grandes e interesantes jamas creado.

domingo, 8 de junio de 2014

La Liga de la Justicia de Geoff Johns, Jim Lee, Ivan Reis y otros: el camino a Maldad Eterna.

Articulo originalmente publicado en Zona Negativa.


Estamos asistiendo ahora en España a la llegada del crossover más importante del Nuevo Universo DC desde que éste se constituyó: Maldad Eterna. No ha sido nada fácil el camino hacia este evento, con una colección central, La liga de la Justicia de Geoff Johns y Jim Lee, cuya trayectoria solo puede calificarse de irregular.

La Liga de la Justicia era sin duda el buque insignia de New 52, LA COLECCIÓN, así en mayúsculas que había que seguir en el recién relanzado Universo DC, la base misma sobre la que éste parecía edificarse. Con Geoff Johns como guionista y Jim Lee como dibujante y contando en su alineación con seis de los llamados siete grandes de la editorial (solo el Detective Marciano fue sustituido por Cyborg), todo hacía presagiar que estábamos ante un éxito seguro. Sin embargo la realidad fue bien distinta y es que si bien es cierto que las ventas sonrieron desde un principio a esta etapa, no lo es menos que las criticas fueron (también desde un principio) cuando menos poco generosas. En la Liga de Johns/Lee se pueden ver representados todos los males de New 52. Precipitación, mala planificación, personajes muy desdibujados y una dinámica de grupo muy deficiente nos mostraban a un Johns desconocido, que no parecía encontrar el punto a una colección que buscando emular el espíritu de la etapa Morrison se quedaba siempre a mitad de camino. No ayudaba en el proceso tampoco Jim Lee. La superestrella de los 90 y probablemente el mejor (o como mínimo el más espectacular e influyente) dibujante de la “generación Image” hace tiempo que muestra un estancamiento en su estilo que condiciona que si bien sus cómics sean visualmente llamativos, también son repetitivos, al abusar de soluciones gráficas mil veces vistas. En conjunto esto hace que su muy limitada capacidad narrativa resulte cada vez más molesta y da como resultado que su estilo deje de producir el impacto que tenía antaño, haciendo en definitiva que sus defectos pesen más que sus innegables virtudes.

Así las cosas y tras apenas 10 números Lee fue sustituido, primero por el mediocre Tony S. Daniel, el cual no ayudó a mejorar la colección precisamente y luego ya por el dibujante brasileño Ivan Reis con el que la cosa empezó a ir en la buena dirección. Tan espectacular como el dibujante hot por excelencia pero mucho mejor narrador, la llegada de Reis pareció liberar a Johns que empezó a encontrase mucho más agusto con un grupo con cuya iconicidad es sin duda complejo trabajar. Introduciendo nuevos personajes (Firestorm, Átomo y Element Woman), a los que podía desarrollar más, Johns fue trazando un plan a largo plazo que culminó con La Guerra de la Trinidad, un título ambiguo que podía hacer referencia tanto a un conflicto entre las tres Ligas de la Justicia, (La Liga de la Justicia Oscura de Constantine, la Liga de la Justicia de Superman y la Liga de la Justicia de América Amanda Waller) como a un enfrentamiento entre los tres principales iconos de la casa (Superman, Batman y Wonder Woman). Incluso podría narrar una guerra con la llamada Trinidad del Pecado (Pandora, The Question y El Fantasma Errante), que tanta relevancia estaban alcanzando en el Universo DC en el centro… también podía por otro lado, ser algo muy diferente. Las expectativas casi por primera vez desde el decepcionante inicio, eran altas y con La Guerra de la Trinidad, Johns no defrauda. Al guionista se le nota cómodo, en su terreno, dominando la colección y los personajes como ya hizo durante su estancia en la JSA sabiendo crear un clima de tensión e incertidumbre que en continuo in crescendo culmina con el megacrossover más importante de la editorial desde Flashpoint: Maldad Eterna.

Antes de eso en La Guerra de la Trinidad las semillas plantadas empiezan a germinar y son muchos los enigmas que se resuelven, sirviendo así como punto de arranque a todo lo que está por venir. En este “minievento” se aclaran desde el papel de Pandora, con su correspondiente caja, en este Nuevo Universo DC (lejos de la función de Franklin Richards en Heroes Reborn con el que muchos especulábamos), pasando por las intenciones del líder de la misteriosa Sociedad Secreta que empezamos a conocer en las páginas de la Liga de la Justicia de América, también escrita en sus primeros números por Johns, hasta el conflicto entre ésta y la Liga de la Justicia, grupo que nacieron para controlar y cuyo enfrentamiento parecía inevitable. El choque se inicia de la manera más absurda posible con Shazam intentando hacer una buena acción que degenera en conflicto diplomático en el que termina involucrándose La Liga de la Justicia y con ella a la Liga de Waller. La situación estalla con un brutal y sorprendente asesinato que todo parece indicar comete Superman y se ve culminando con una de las sorpresas del año que además de otorgar pleno sentido al titulo da lugar a un evento que se antoja realmente interesante. Aunque a estas alturas parece innegable que New 52 ha sido un “experimento” fallido (los últimos datos de ventas USA sitúan a DC a años luz de Marvel, no mucho mejor desde luego que antes del relanzamiento) pésimamente coordinado, mal ejecutado y plagado de polémica, todo ello no quita que, la que debía ser su colección emblema ha conseguido recuperar el pulso perdido y afronta su tercer año de existencia con las expectativas más altas que nunca. Como bien señala el dicho, más vale tarde que nunca.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Actión Comics de Grant Morrison y Rag Morales: reiniciando un icono.

La caótica edición del Action Comics de Morrison y Morales por arte de ECC trajo consigo que resultara muy difícil disfrutar de la obra en una primera lectura. Ahora con su etapa ya finalizada y tras una más que necesaria relectura ya se puede hacer un balance de la breve pero intensa etapa del genio escoces.

Sorprende la (relativa) brevedad de la etapa del escoces en Actión Cómics: 18 números (19 si contamos el número 0) se antojan pocos para un guionista que en sus etapas en X-Men, JLA o Batman rondó o supero con creces los 40 números. Sorprende menos quizá, si tenemos en cuenta el caos total en el que se han configurado los equipos creativos del hombre de acero tras el relanzamiento que supuso New 52. Dejando de lado temas cuantitativos, lo que resulta innegable es que como siempre Morrison ha planteado su etapa a largo plazo construyendo un puzzle cuyas piezas encajan con sorprendente facilidad, y digo sorprendente habida cuenta del gusto por del guionista por los golpes de efecto que no siempre terminan de encajar del todo (ese Xorn/Magneto...). El que la etapa haya sido más breve ha facilitado sin duda que Morrison haya estado menos disperso que en otras ocasiones y que los errores de racord u omisiones hayan quedado aquí, casi en nada. A esta sensación de solidez contribuye la mano de un Rag Morales tal vez no muy brillante pero que si consigue hacer con la ayuda de Brad Walker casi todos los números, alejando un poco esa sensación de continuo vaivén gráfico que gran parte de la labor superheróica del de Glasgow ha padecido.

Independientemente de lo que nos pueda parecer New 52 como iniciativa o de la opinión que tengamos de como esta fue ejecutada lo que resulta innegable es que Morrison recibió una oportunidad de oro cuando acepto escribir Action Comics 1 y es que como bien decía el bloguero antes conocido como Lord Pengallan, Morrison tenía la oportunidad de fijar el canon por el que se movería el actual Superman no en vano sería su Krypton, su Smallville, su Clark Kent los que los demás autores tendrían que seguir cuando trabajasen con el hombre de acero, y fijar el canon de Superman no es fijar el canon de cualquiera no señor, es fijar las bases con las que el primer superhéroe de todos afrontara la segunda década del siglo XXI. Es evidente que antes o después DC volverá a retocar el origen de Superman (desde Byrne, pasando por Waid y Johns son unas cuantas veces las que la editorial ha jugado con este tema) pero mientras lo hace y no el trabajo de Morrison sera el referente en el que habrá de fijarse cualquier escriba del primer superhéroe en esta etapa actual.

A lo largo de los 19 números que componen su etapa, Morrison no deja fuera casi ningún elemento clásico: las gafas, la doble identidad, Krypton, Smallville, La Legión de Superhéroes, el Daily Planet, Lana Lang, Lois Lane, Metropolis, Jimmy Olsen, Luthor, la kryptonita...Todo esto esta presente en la historia que nos cuenta Morrison, todo esto y además el que tal vez sea el elemento más polémico de la revisión del escoces: el Superman “socialista”. Y es que en su primeros años Superman lejos de ser el defensor del estatus quo con el que hoy se asocia su imagen, era un autentico luchador por los derechos de los ciudadanos. Lo mismo se enfrentaba a un maltratador que a un empresario explotador y su relación con la autoridades dejaba mucho que desear. Morrisón retoma esa idea, con un Superman en vaqueros que aún no vuela y que desde luego no cuenta en absoluto con la confianza de unas autoridades que le persiguen como a un “perroflauta” cualquiera. Aunque este representación choca con la imagen de Superman que se ha ido instalando con los años, no es por si misma una revolución si no una vuelta a los conceptos más básicos del personaje. Donde Morrison si acomete una autentica revolución es en Clark Kent. Lejos del torpe y tímido periodista de sus inicios y aún más lejos del maduro, seguro de si mismo e intrépido reportero de los últimos años; el Clark Kent que Morrison nos muestra es un joven completamente integrado en el siglo XXI versado en el periodismo 2.0 y que al igual que su contrapartida superhéroica busca acabar con las injusticias reales del mundo.

El “nuevo” Superman que traza Morrison y su carácter salta a la vista en una conversación que mantiene con el resto de miembros de la JLA, Superman señala que hay injusticias en el mundo que van más allá de los villanos de turno y que ellos con su poder tal vez deberían hacer algo, el resto de miembros del supergrupo le advierten de las complejidades del mundo y de los riesgos de jugar a ser dioses, Superman desencantado se marcha y les conmina a que le llamen cuando llegue la próxima invasión alienígena. Esta será una de las veces en las que Morrison muestra tanto los limites como las hipocresías de unos superhéroes con poderes para cambiar el mundo pero con la única voluntad de mantener un estatus en el que están cómodos. Desde un punto de vista metalinguistico podríamos entender que el guionista de Los Invisibles habla aquí tanto de la actitud de las editoriales que no dejan evolucionar a sus muy rentables iconos pese a la sempitenta apariencia de cambio, como de los lectores que demandan cambios pero que cuando estos llegan protestan airados ante lo que ven como una tradición a las esencias.

Dejando de lado estas reflexiones a las que siempre invita el trabajo de Morrison, la etapa en su conjunto muestra la querencia del guionista por la ciencia ficción y es que a pesar de tener un Superman más “pegado al suelo” que nunca (bueno quizá no tanto como el de JMS), los viajes en el tiempo, los universos paralelos, la fuerza de las ideas (en otro episodio enormemente metalinguistico y que tal vez sea el mejor de la etapa) y la tecnología asombrosa harán acto de presencia en una etapa que se disfruta un montón pero que con todo se antoja menor ante la inmensidad y fuerza de su Batman o sus X-Men.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Batman Tierra Uno de Geoff Johns y Gary Frank.

En su permanente afán por buscar nuevos lectores, la majors están cada poco recontando el origen de sus principales personajes, como si esa fuera la clave para atraer sabía nueva al endogámico mundo de los cómics de superhéroes. Enmarcado en esta tipo de iniciativa, DC ha lanzado bajo el titulo de Tierra Uno diversas novelas gráficas, que con autores supuestamente de primera fila, pretendía presentar una actualización de los orígenes de sus más grandes iconos. Tras el Superman de J.Michael Straczynski y Shane Davis le toca ahora el turno a Batman de la mano de Geoff Johns y Gary Frank.

Hasta ahora siempre había tenido la impresión de que a Geoff Johns no se le daba demasiado bien escribir Batman. Su diferentes apariciones en algunos de los cómics que había guionizado por todo el Universo DC no le había dejado muy bien parado y si algo había confirmado su trabajo en la Liga de la Justicia con Jim Lee es que no sabía dialogarlo. En manos de Johns, Batman no parecía alguien preparado para todo y contra todo, si no más bien un arrogante personajillo que se creía a la altura de los dioses. Esta sensación esto se veía aumentada porque a lo largo de su ya extensa carrera en el UDC, Johns había demostrado su gran talento en personajes mayormente luminosos, con un componente superheróico mucho más claro (Superman, Green Lantern, Flash, la JSA). Parecía como si la oscuridad de Batman le disgustase y solo lo usase para asustar a Los Nuevos Titanes, comportarse como un payaso con Hal Jordan o dejarse chulear por este en la nueva JLA.

Por todo esto he de reconocer que si le tenía ciertas ganas al Batman Tierra Uno que ECC acaba de publicar en España. Sentía cierta curiosidad por ver como Johns se defendía en un obra enteramente protagonizada por el Señor de la Noche, y la verdad es que la cosa ha sido bastante decepcionante. Decía yo no hace mucho que Batman es uno de los personajes que más enfoques, interpretaciones y puntos de vista aguanta en el género superheróico, así que no seré ahora yo quien cuestione la visión dada por Johns en cuanto a su interpretación del personaje, pero si es cierto que la considero bastante menos interesante de lo que para un personaje como Batman y un autor del prestigio de Johns cabria esperar. Y es que el Batman que nos muestra Johns es un personaje débil, poco preparado, no muy inteligente y movido más por la ira irracional, que no por una obsesión pacientemente reconducida con años de estudio y entrenamiento. Con esto cuando al final de la historia se intenta forzar una excusa para que Batman siga su cruzada esta queda forzada y poco creíble. Repito la visión de Johns, perfectamente valida me parece muy poco interesante, hace de Batman un personaje mediocre y le resta gran parte de su fuerza al “marvelizarlo” demasiado, en el sentido de que sus debilidades se antojan mucho más grandes que sus (escasas, muy escasas) virtudes.

Así las cosas las cosas lo mejor de la obra es sin duda Gary Frank, cuyo trazo, firme y realista funciona muy bien en la historia que Johns pretende contar. Una historia por otra parte, como siempre que se pretenda recontar el origen de Batman, que palidece en comparación con esa maravilla que es el Año Uno de Miller y Mazzuchelli. La comparación tan injusta como inevitable da como resultado que Tierra Uno esta muy lejos tanto a nivel gráfico, donde los esfuerzos de Frank son notables pero en ningún momento sentimos, palpamos esa Gotham corrupta hasta la médula que Mazzuchelli trasmitía en cada página, como a nivel de guión. El Batman que Miller nos mostraba, joven, si, inexperto también, atisbaba ya esa fuerza de al naturaleza en la que se iba a convertir. El Batman que Johns nos muestra no parece que nunca vaya a llegar a ser ni una mera sombra de aquel.

El resultado global pues es un trabajo decepcionante e innecesario que surgido al albur de las películas de Nolan, carecen de la fuerza y el dramatismo de estas mientras que no aportan nada significativo al mito del personaje. Si acaso para algo ha servido este cómic es para mostrar que Johns no sabe manejarse en ambientes urbanos y oscuros más cercanos al noir que al genero superheróico y que desde luego no termina de manejar a Batman tan bien como al resto de los personajes del UDC.

jueves, 25 de octubre de 2012

New 52: Balance parcial.

Con el fin de la primera saga de la Liga de la Justicia de Johns y Lee (emblema de New 52) creo que ya ha pasado el suficiente tiempo desde su llegada a España como para hacer un breve balance de lo que este reboot ha supuesto en el Universo DC (UDC a partir de ahora). 

New 52 como concepto: Más allá de otras consideraciones entorno a la calidad de la series, las ventas o el amago de retorno a lo peor de los 90, una de las claves de New 52 ha sido el supuesto reinicio total de la continuidad del UDC. Bajo este prisma el relanzamiento en un fracaso absoluto. Sin paliativos. Mientras unos personajes como Batman o Green Lantern (ya muy exitosos antes del reboot) han visto continuar sus aventuras sin apenas retoques, otros como Superman o Wonder Woman se han reiniciado por completo. Un día se dice que Batman ha tenido cinco Robin en cinco años para al siguiente decir que no, que Tim Drake fue Red Robin directamente. Hay series que parecen contradecirse y nunca terminan de dejar claro que se esta contando desde el principio y que cinco años después del reboot. Un caos brutal que deja a las claras que detrás de New 52 no hay un concepto global de universo compartido, que las cosas se han hecho deprisa y corriendo sin un plan establecido y que por desgracia todo suena, bajo este punto de vista al menos, a chapuza total.

New 52 ¿éxito comercial: A la hora de hablar de este punto hay que analizar dos elementos bien diferenciados. Por un lado solo el más ciego (o el más troll) puede negar que DC ha mejorado y mucho sus números. De estar a un abismo porcentual de Marvel ha pasado a un empate técnico e incluso a veces a superarla. Algo que, por los motivos que fuera antes de New 52 parecía una quimera. Desde este punto vista el reboot ha sido un éxito. Pero claro como decía hay que tener en cuenta otro elemento. 52 son muchas series, demasiadas. Superman, Batman, La Liga de las Justicia o Wonder Woman (series muchas de ellas que ya vendían bien antes de relanzamiento) han mejorado, en algunos casos de forma espectacular sus números. Series como Frankestein, Blue Bettle o Capitan Atom apenas sin han vendido, algunas ya han sido canceladas y otras se encuentra al borde. Prácticamente la mitad de las New 52 tiene unas ventas ridículas. ¿Eso puede calificarse de éxito? Difícilmente, y más cuando persiste la sensación de que DC lejos de atraer nuevo público lo que ha hecho es atraer a ya convencidos que o habían abandonado el UDC o los comics en general y han vuelto aprovechando la coyuntura.

New 52, retorno a los 90: Bob Harras, Jim Lee, Rob Liefeld, números 0, cómics que a veces parecen realizados por el primero que pasaba por ahí, control editorial brutal con continuos cambios de planes...¿Supone New 52 un retorno a lo peor de los 90? Si y no. Si porque evidentemente parte de los autores implicados son figuras claves de aquellas época y muchas de las estrategias comerciales recuerdan a esos años. No porque hay suficiente sangre nueva, autores con ideas interesantes implicados como para que la idea global sea que todo es un desastre. Algo, que hay que decir tampoco fueron los 90 (hay series muy buenas, incluso en las fases más duras de la década), pero que a nivel de imagen es lo que ha quedado. Por eso sorprende tanto que DC que se supone quiere parecer fresca, distinta, nueva en definitiva, recurra a este tipo de autores.

Ya, pero ¿y las series que?: Realmente este el tema fundamental y el que como aficionado más me interesa, ¿Hay buenas series en New 52 o es todo un desastre absoluto? Por supuesto hay buenas series. O al menos las hay entre aquellas que yo he elegido seguir. Empezando por Batman, a parte de que Morrison siga rondando por ahí, el Batman de Snyder y Capullo es bueno, muy bueno. De lo mejorcito en grapa que se puede leer a día de hoy. El Superman de Morrison y Morales es entretenido y dinámico, una lectura que merece la pena. En Wonder Woman, Azzarello y Chiang están haciendo un gran trabajo, lento pero seguro que se disfruta y se lee con ganas. Animal Man y Sawmp Thing, series hermanadas conceptualmente y muy cercanas a la forma Vertigo de hacer cómics, resultan también interesantes y disfrutables, aunque quizá demasiado lentas. Aquaman de Johns y Reis, no serie ni la mitad de interesante con otro dibujante pero al menos es un buen cómic de superhéoes sin pretensiones y ameno. Green Lantern por su parte sigue más o menos igual que antes del relanzamiento: bien pero sin alardes y todo empieza a sonar ya ha repetido. Con todo tal vez la peor serie de las que sigo es la Liga de la Justicia de Johns y Lee. La serie padece todos los males de los cómics de superhéroes actuales: extrema lentitud, abuso de splah page, historia pensada para el tomo...Pero por contra ninguna de sus virtudes: buena caracterización de personajes, diálogos, situaciones imposibles...El emblema de este New 52 esta lejos de ser el más interesante de sus cómics.

¿Era todo esto necesario?: Y aquí viene la clave de todo. Visto lo visto ¿era necesario reiniciar el UDC?, ¿era necesario reiniciarlo además así?, ¿no podía Johns y Lee o Snyder y Capullo hacer La Liga de la Justicia o Batman en el anterior UDC? La respuesta es que no, esto no era necesario. Ni era necesario un rebooteo de continuidad, ni si este se hace, era necesario hacerlo a medias, ni las principales estrellas del proyecto estaban impedidos para trabajar en el antiguo UDC. Con New 52 queda sobre todo la sensación de que estamos ante una mera maniobra comercial sin un plan claro, que no le ha ido mal a DC pero que parece tener fecha de caducidad y no muy lejana además. Veremos.

viernes, 24 de agosto de 2012

Batman: El regreso del Caballero Oscuro y Batman: El contraataque del Caballero Oscuro; afianzado el mito del superhéroe.

Esta es el post que envíe a Zona Negativa para su reciente concurso. De nuevo no ha habido suerte así que para que no quede inédito y ya que lo escribí aprovecho y lo publico por aquí.


Hablar (escribir) hoy en día de la influencia de Batman: El regreso del Caballero Oscuro (DK a partir de ahora) en el cómic de superhéroes es un ejercicio harto repetitivo, se han llenado páginas y se han realizado sesudos estudios sobre la mala interpretación de la obra en los 90 y sobre como su fuerza sigue presente incluso hoy en día. Pese a todo, su coincidencia en el tiempo con el Watchmen de Alan Moore y Dave Gibbons, si resulta como poco remarcable, habida cuenta, más que del tremendo impacto de ambas obras, sus evidentes diferencias. Así, si el cerebral trabajo del dúo británico supuso la deconstrucción del mito del superhéroe, la pasional obra del de Maryland busca el afianzamiento de ese mito. El (super)héroe se convierte en una fuerza de la naturaleza, más grande que la propia vida, alcanzando una condición quintaesencial que situá a DK en las antípodas intelectuales de Watchmen.

Miller narra en DK una reivindicación del concepto más clásico de superhéroe puro, un concepto que funciona en un mundo parecido pero a la vez muy diferente al nuestro, en el que el maniqueismo esta mucho más marcado y en el que, curiosamente, el héroe para serlo, ha de ser por fuerza un revolucionario. En contraste con el Batman dirigido por Nolan, en la, por otro lado estimable The Dark Knight Rises, el guionista de Born Again situá a Batman en enfrentamiento directo con el poder establecido. Un poder que corrupto hasta la médula ha dejado de servir al ciudadano (si es que alguna vez lo hizo) para pasar a servirse del ciudadano. Frente a esta situación, un Batman cuarentón, retirado y al borde del suicidio se rebela, rompe la baraja y lucha por modificar un status quo a todas luces injusto e ineficaz.

Bajo este prisma y aunque es innegable que el autor de Sin City va a la esencia misma del mito superheróico, resulta curioso comprobar como da la vuelta al concepto más clásico del género, y lo hace insisto, respetando su esencia. Así, el Batman de DK lejos de ser un defensor del status quo (rol tradicional del héroe en el género) pase a desafiarlo erigiendo planes en su contra, lo que siguiendo el esquema más tradicional del cómic de superhéroes transformaría a Batman en un villano. De esta manera quedaría libre el hueco del “héroe” en la historia, rol que cabría atribuir a Superman, defensor del orden establecido a lo largo de la obra.


Siguiendo este razonamiento, Batman: El contraataque del Caballero Oscuro (DK2 a partir de ahora) toma otro sentido como continuación de la obra original, y es que tras lo sucedido en DK parece lógico pensar en un Batman convertido en un “terrorista”, al menos desde el punto de vista del sistema. También es lógico que DK2 alcance uno de sus puntos culminantes cuando Superman, se da cuenta de lo injusto de status que defiende (o que más bien se ve obligado a defender) y termine por rebelarse contra el mismo, pasando así (de nuevo bajo el prisma del sistema) al “lado oscuro”.

Con todo, pese a su modernidad formal, sin duda anticipada a su tiempo, DK2 vuelve a ser una obra que va a la quintaesencia del cómic de superhéroes ya que en gran medida es un clásico enfrentamiento entre la JLA y Luthor/Brainac...pasado por el tamiz excesivo y gamberro de un Miller con ganas de fiesta. El paso del tiempo para haber hecho mucho bien a DK2, que si bien es cierto puede ser inferior a la obra original, ni es tan diferente en cuanto a sus pretensiones, ni desde luego en cuanto a su impacto formal y atrevimiento de sus planteamientos. Lo mejor es que ambas obras son totalmente independientes pero a la vez complementarias dando un cuadro global de la evolución de la visión del dibujante de Lobezno: Honor sobre el género superheróico.

sábado, 28 de abril de 2012

Flashpoint, punto de arranque.

Llega a sus fin en España el último gran evento DC, tal vez el más polémico de los últimos años, no tanto por si mismo sino por todo aquello que ha generado tras su final y que aquí veremos desde el mes que viene.

En universos de ficción con vocación continuista e integradora como son los de Marvel o DC jugar con la idea de mundos alternativos, de pequeños cambios en la historia que lo alteran todo es sin duda muy atractivo. Por ese camino se puede situar a los principales personajes del cosmos de ficción en cuestión, en situaciones nunca antes imaginadas y que probablemente nunca se verán en la continuidad normal, debido precisamente a su vocación de perdurar en el tiempo. Este tipo de historias, tan abundantes en el género superheróico, tiene una clara tendencia a sufrir lo que se podría llamar el “síndrome What if?”. Y es que en aquella mítica cabecera Marvel, donde se planteaba la idea de como hubieran sido las cosas si tal o cual acontecimiento no hubiera pasado como paso, el continuo abuso de cataclismos, situaciones brutalmente dramáticas y muertes de algunos de los principales personajes Marvel, eran el pan de cada día. El que no hubiera ningún limite, puesto que la historia allí planteada no iba a seguir, hacía que los finales atroces para alguno de los principales héroes de la casa superaran con creces a los finales felices (que alguno hubo). Casi como si los autores quisieran vengarse de unos personajes a los que en la continuidad normal no podían hacerles lo que en los What if? si.

Este tipo de historias han encontrado también proyectos más ambiciosos que han buscado repercutir en la continuidad tradicional, tal vez en el más conocido de ellos se la Era de Apocalipsis mutante, una saga que en los 90 supuso un autentico boom y que aún hoy es recordada y revindicada con cariño por los aficionados. Más recientemente tendríamos el ejemplo de Dinastía de M, de nuevo en Marvel, una historia que pese a sus limitaciones es el evento que más repercusiones ha tenido en el Universo Marvel y donde en gran medida se asientan las bases del Avengers vs X-Men que asoma en el horizonte.

Todo esto nos lleva a Flashpoint, el mundo alternativo creado por Geoff Johns y Andy Kubert y que recientemente ha finalizado en España de la mano de ECC. La historia como Dinastía de M, como la Era de Apocalipsis, parte de la idea de que alguien ha alterado algo en el pasado que ha creado ecos en el presente dando como resultado (no podía ser de otra manera) un mundo atroz y sin esperanza. En el caso de Flashpoint asistimos a un mundo en guerra, donde Wonder Woman y Aquaman han entrado en conflicto destruyendo casi toda Europa, donde no hay un Superman que sirva de referente moral y donde un Batman más desquiciado que nunca no duda en asesinar sin piedad a sus enemigos. En este contexto solo Flash (como Bishop en la Era de Apocalipsis o Lobezno en Dinastía de M) es consciente de que algo va mal, de que el mundo no es como tiene que ser y de que probablemente el sea el único que pueda poner las cosas en su sitio.

El concepto no es desde luego original pero ese no es el problema de Flashpoint, el problema es que estamos ante un cómic concebido con una idea: relanzar el Universo DC desde... ¿5?, para lo cual la calidad intrínseca de la miniserie es irrelevante. Es solo un medio para obtener un fin y a lo largo de todo el cómic se plasma la idea de que lo que aquí se esta narrando ni tiene excesivo interés ni va ir más allá de la última página del cómic. Lo que termina haciendo que nos encontremos ante un tebeo profundamente convencional en el que realmente no importa demasiado el destino de la inmensa mayoría de los personajes que en el aparecen y al que ni siquiera se le puede conceder el que sea entretenido. Demasiado fragmentada, la miniserie no parece apenas sostenerse por si misma para mostrar un mundo coherente. Se supone que este se construye en las distintas miniseries que surgen a sus alrededor, pero lo cierto es que (al igual que sucedía en Dinastía de M) lo que se muestra en la miniserie central no es lo suficientemente atractivo como para querer profundizar en el apocalíptico mundo imaginado por el guionista de La Noche Más Oscura.

Con todo no se puede decir que Flashpoint sea un cómic fallido, más bien al contrario, ha cumplido con creces el objetivo para el que nació: dejar el Universo DC en disposición de un relanzamiento multipublicitado con el polémico New 52 que el mes que viene inicia su desembarco en España. El que solo haga con apenas la mitad de las series que lo componen viene a demostrar la oportunidad que DC ha desaprovechado para construir algo nuevo y sorprendente, tomando camino tan trillados como por los que se circula a lo largo de Flashpoint.

miércoles, 18 de abril de 2012

“Soy el jodido Batman”

Ya que hace tiempo que no escribo por aquí voy a publicar la reseña que envíe al concurso de Zona Negativa sobre la caja de Frank Miller para que no quede inédita. Esta basada sobre el post que escribí en su día sobre la obra aunque (o al menos eso intente) con otro enfoque.

Vivimos en una sociedad en la que vales tanto como lo último que has hecho. El pasado no cuenta, la rabiosa actualidad y el cinismo inherente a la era de la información ha traído un paradójico resultado: la gente no tiene memoria. Esto que se aplica a tantos ámbitos de la vida tiene su claro reflejo en el mundo del cómic. Pese a todo, uno (tal vez algo ingenuo) pensaba que aún había figuras intocables. Figuras cuya aportación no a un género en concreto, si no al medio como tal harían suponer que, aunque sus últimas obras pudieran ser más o menos discutibles, su trabajo, su trayectoria nunca sería olvidada. Frank Miller parecía jugar en esa liga, sin embargo solo era eso, apariencia. Basto con que tras acomodarse en exceso en su Ciudad del Pecado, Miller regresara al mainstream para hacer DK2, para que muchos saltarán al cuello como aves rapaces en busca de carroña. Miller como siempre, nada acomodaticio, inconformista nato, hizo en DK2 una apuesta arriesgada, un trabajo diferente, plagado de aciertos que sin duda superaban con creces a los errores que hubiera podido cometer, pero claro, se esperaba al Miller de los 80, se esperaba otro DK, olvidando que esa obra ya estaba escrita y dibujada, que ya había marcado una época en su momento y que el escriba de Born Again, no era, ni podía ser el mismo a principios del siglo XXI que a mediados de los 80. Así que Miller hizo lo más valiente, lo que siempre ha hecho por otro lado, hizo lo que dio la gana, y pese a quien pese lo hizo espectacularmente bien.

Con todo estaba claro que fuese como fuese la polémica iba acompañar el siguiente proyecto del guionista de Give Me Liberty y así fue. Su colaboración con Jim Lee en All Star Batman y Robin ha sido criticada hasta la saciedad. Objeto de todo tipo de mofas y befas, se han multiplicado las preguntas del tipo ¿qué le pasa a Miller? Leída la aún inconclusa obra, uno no puede más que esbozar una sonrisa y responder, nada, no le pasa nada. Ahondando un poco más en el tema, a la hora de analizar esta obra hay que tener en cuenta múltiples elementos, el más relevante de los cuales es sin duda el dibujante. Jim Lee autentica superestrella del cómic américo, autor para el que prácticamente se inventó el concepto “hot artist”, símbolo clave de los 90 con todo lo que ello significa (de bueno y de malo) para el cómic de superhéroes, es fundamental para entender lo que Miller pretende con este trabajo.

Si algo ha caracterizado al autor de 300 cuando ha colaborado con otros artistas, es su capacidad de adaptación a los puntos fuertes de su pareja de baile. Lo hizo con el barroco Geoff Darrow en Hard Boiled, con el realista Dave Gibbons en Give Me Liberty o con la maestría narrativa y noir de Mazzuchelli en Año Uno. Y lo hace aquí con Lee en All Star. ¿ y cuales son los puntos fuertes de Lee?, cabría preguntarse. Desde luego no es la narrativa, ni el dinamismo de sus páginas, no, si Lee destaca por algo es por su espectacularidad vacua pero visualmente poderosa. Hombres musculosos siempre posando para la foto, playmates espectaculares que no podrían llevar ropa más ceñida aunque quisieran, acción y explosiones por un tubo, y una fuerza especial que hace que en un vistazo superficial sus defectos pasen desapercibidos. Miller le da a Lee lo que sabe dibujar y lo curioso es que además lo hace escojonandose por el camino de lo peor que tuvieron los 90, de los que como decíamos, para bien o para mal, Lee es un símbolo

Resulta curioso observar los caminos que unen DK, DK2 y All Star. La mala interpretación de la primera por parte de autores mediocres fue una de las “responsables” de los dientes apretados, los héroes inmorales y la oscuridad de los 90 (lo que no deja de resultar curioso, DK es una obra que al final se revela como luminosa y optimista). En DK2, Miller trato en cierta manera de “enmendarse” (no tenía motivo, el no es responsable de la mediocridad ajena, pero ese es otro tema), buscando recuperar la luz, hacer que lo héroes se comportaran como tales y planteando una historia clásica de superhéroes desde una perspectiva, eso si, totalmente moderna y quizá adelantada a su tiempo. En All Star, retoma todas las características de aquellos cómics noventeros y las lleva a su máximo exponente, al extremo (Miller siempre lleva todo al extremo), mostrando lo ridículo de aquel enfoque y riéndose en cierta medida de su pareja de baile en esta obra, y lo hace además en un cómic cargado de mala baba, que recuerda en cierta medida a aquel divertimento sin pretensiones que fue el Spawn/Batman donde colaboraba con otra estrella de los 90: Todd McFarlane.

Lo mejor de todo, lo que demuestra el talento del autor de Ronin es que All Star Batman y Robin se puede disfrutar enormemente como una parodia pasada de vueltas que sin embargo si enlaza con el Batman que nos ha venido mostrando Miller. Así en Año Uno teníamos a un Hombre Murciélago primerizo, aprendiendo a ser lo que llegaría a ser. En DK contábamos con un personaje poderosos y seguro de si mismo, una autentica fuerza de la naturaleza al que sin embargo aún le quedaban cosas por aprender. En DK2 se nos mostraba a un Batman que ya había dado el salto definitivo llevando su guerra a los auténticos villanos de este mundo. En All Star, por su parte, se retrata a un Batman mucho más confiado que en Año Uno, pero aún lejos de lo que veríamos en DK, un personaje que pese a su aparente rudeza y auto confianza, sigue dudando de si mismo y de sus acciones. Visto en conjunto, y para ser un trabajo menor, All Star no deja de tener facetas muy interesantes entre las que sin duda sobresale el que pese a ser un cómic concebido como mero divertimento, Miller consiga hacerlo suyo y enlazarlo con la trayectoria que a lo largo de las décadas ha pergeñado para el cruzado de la capa. Algo solo al alcance de los más grandes, categoría en la que Miller, sigue estando aunque muchos se empeñen en dudarlo.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Esto si que es Batman Holy Terror.

Antes de que a Miller se le ocurriera aquello de Batman: Holy Terror a alguien ya se le había ocurrido hacer un cómic con ese nombre...aunque me da a mi que poco tiene que ver lo que planeaba Miller.

Gracias a Int he podido leer este prestigio concebido bajo el epígrafe Otros Mundos. El cómic con guiones de Alan Brennert y lápices de Norm Breyfogle nos sitúa a Batman en un Estado teocratrico pero de eminente corte fascista en el que el Estado se ha apropiado del control absoluto de la vida y la muerte de los ciudadanos con la excusa de tener a Dios de su parte. En este contexto Batman, tras descubrir la verdad sobre el asesinato de sus padres, se alzará como principal foco de esperanza de aquellos que ansían libertad. Un cómic entretenido, que tiene algunas segundas lecturas muy interpretables como una critica frontal al Estado casi como concepto en defensa de la libertad del individuo. Cuenta además, con algún momento impactante, como el descubrimiento de como el estado logro frenar el advenimiento de una edad heroica y los crueles experimentos que llevo a cabo, además de tener ideas interesantes, aunque no explotadas como ese Superman crucificado. Pero ante todo desataca por dos cosas: el dibujo de Breyfogle (autor de una más que notable etapa con el personaje en los 90, recientemente recopilada por Planeta en cinco tomos), que consigue dotar de gran dinamismo a sus páginas y que dibuja a un Batman por momentos aterrador, y la enésima constatación del poder de un concepto como Batman, capaz de funcionar en mil y un escenarios sin que el personaje sufra daño alguno.

He de reconocer que hasta hace poco desconocía la existencia de este cómic, y que no creo que me hubiese llamado mucho la atención si no llega a ser por el proyecto de Frank Miller que surgió bajo el mismo epígrafe: Batman: Holy Terror para luego transformes en algo no demasiado distinto. Todavía prefiero esperar a leerlo, pero la cosa tiene muy mala pinta (la tenía desde el principio, supongo), tenía la esperanza de que los años transcurridos desde el inicio de la obra y su culminación hubieran templado al autor dando lugar a una obra si ,visceral, al fin y al cabo estamos hablando de Miller, pero más reflexiva, más sutil. Parece que no ha sido y la única esperanza que albergo es que al menos visualmente el cómic sea interesante., las paginas que he podido ver hasta ahora apuntan en esa dirección.

El motivo de todo este rollo es porque no paro de preguntarme como hubiera sido el Holy Terror de Miller si al final lo hubiera protagonizado Batman y si hubiera salido en el contexto en el que nació. Ahora todo es especulación, pero la capacidad adaptación de un personaje (una idea, ya) como Batman a múltiples contextos y su carácter de icono mundial podría haber dotado de fuerza e interés a un cómic en el que no termino de entender porque Miller se limito a cambiar el nombre del personaje y redibujar cuatro cosas . Más cuando a todas luces parece que la obra fue sigue pareciendo un tebeo protagonizado por Batman....o alguien que se le parece mucho vaya, si no iba a usar a Batman tal vez el cambio debió ser más radical.

No se, parece raro ver a Miller equivocándose tanto de tiempo, de contexto y de enfoque, además tantos años después ni siquiera se puede ver a Holy Terror como una obra nacida de la rabia, lo que en su momento hubiera tenido otro significado hoy parece una metedura de pata que no viene mucho a cuento. En fin a estas alturas solo queda por responder preguntas morbosas, del tipo: ¿fue Miller quien desecho la idea de Batman como protagonista para sacar más por royalties?, o por contra ¿fue DC quien dijo que ni de coña Batman iba a protagonizar semejante cómic? En cualquier caso el que Holy Terror haya sido un éxito de ventas y el que una productora cinematográfica haya creado un sello de cómics solo para sacar Holy Terror habla y mucho del estatus y el peso de Miller no solo en la industria del cómic. Lastima que justo ahora haya decido dejar de comprometerse y dejando tirados a los (muchos también) lectores de All Star Batman y Robin, cómic que será lo que sea, pero al menos resultaba tremendamente divertido además de adelantado a su tiempo, miren si no el Catwoman 1 del rollo este New 52 Dcita.