Vivimos una época bastante interesante en lo que a recuperación de material inédito en España se refiere. Así a los esfuerzos de Panini por recuperar series mutantes de los 90 que en su momento quedaron a medias, podemos añadir la publicación por Planeta del esperadisimo Black Dossier o de Aleta con el Robocop vs Terminator. Dentro de este ámbito cabria enmarcar este Martha Wasingthon dies de Norma editorial.
Martha Washington, creada por Frank Miller y Dave Gibbons a principios de los 90 para Dark Horse en la excelente Give Me Liberty (1990), era un vehículo del pensamiento político de Miller en aquellos años y de sus dudas tanto de la “dureza” republicana como de las “buenas intenciones” de los demócratas. Se enmarcaba dentro de las colaboraciones que el creador de Elektra realizó durante esa década con autores del talento de Geoff Darrow (Hard Boiled, Big Guy and Rusty de boy robot) o Simon Bisley (Bad Boy) y contaba con un Gibbons cuya solida narrativa y estilo realista le iba como anillo al dedo a la historia que se estaba contando. El éxito de la miniserie provoco dos secuelas (también publicada en España por Norma) con el mismo equipo creativo y que bajo el titulo de Martha Washington Goes To the War (1994) y Martha Washington Saves The World (1998) seguían la trayectoria del personaje principal de Give Me Liberty con mucho menos interés y acierto.
Por el camino, en 1995, se había publicado un par de especiales, Happy Birthay, Martha Washington y Martha Washington, Stranded In Space que en España no habían llegado a ver la luz tal vez por su carácter anecdótico, tal vez porque su escaso número de páginas dificultaban su inclusión en un tomo. Cuando a la altura de 2007 se publico el especial Martha Washington Dies que venia a poner fin a la trayectoria del personaje, se especulo con la posibilidad de que por fin Norma se decidiera a publicar todo lo que había quedado inédito. Sin embargo no fue así y han tenido que pasar 8 años para ver por fin publicado este material en España. El tomo de estética idéntica a los otros tres del personaje esta excelentemente editado, con las portadas delante de cada cómic y buen papel, pero claro 15€ por 80 páginas de tebeo se antoja a todas luces excesivo.
Dejando aparte la odisea editorial que ha culminado con la publicación de este cómic y entrando en material en si mismo, resulta claro que, como decíamos más arriba tanto Happy Birthay, Martha Washington como Martha Washington, Stranded In Space son meros divertimentos tanto para Miller como para Gibbons; lo que no impide que dentro de las historias cortas que componen los especiales haya elementos de interés. Así en Stranded In Space encontramos un curioso y entretenido crossover con Big Guy el robot creado por Miller y Darrow para Big Guy and Rusty, the boy robot, en una historia que pone en contraste el luminoso y limpio mundo de Big Guy con el sucio y oscuro de Martha a la par que ahonda en su carácter sacrificial, irredento y en cierto sentido optimista. En al segunda historia del especial Miller ironiza con bastante mala leche con el polémico final de Watchmen. El que Gibbons sea el dibujante no hace si no darle más gracia al asunto.
Happy Birthay por su parte, además de contar con una breve historia sobre lo absurdo de la guerra y lo mucho en común que suelen tener los soldados, usados como carne de cañón, de ambos bandos tiene especial interés por la historia centrada en una suerte de sosias del Capitán América, que superado por los acontecimientos del oscuro y frío mundo en el que vive esta dispuesto conseguir que su ultima batalla signifique algo. La historia además sirve para dar un paso más en el crecimiento personal de Martha. Dies es otra cosa, el pensamiento político de Miller, mucho más conservador en 2007 que en 1990 a la vez que menos optimista, lo que se traduce en un guion cargado de simbolismos religiosos (siempre presentes en su obra, aquí, sin embargo mucho más obvios) dibujados por Gibbons con su habitual oficio, en los que Martha en los últimos estertores de su vida y convertida en una suerte de monja con un pequeño grupo de seguidores, observa como su mundo sigue siendo frío y cruel sin que haya podido marcar una autentica diferencia real en el mismo. Un final un tanto oscuro y negativo para un personaje que tras un excelente inicio en Give Me Liberty fue perdiendo fuerza en sus siguientes apariciones. Con todo un final que merece la pena ser leído.
viernes, 20 de febrero de 2015
domingo, 15 de febrero de 2015
Historia de un hombre sin miedo especial: Daredevil, guerrero en la carretera.
No son muchos los one-shots que uno puede encontrar a lo largo de la vida editorial de Daredevil, sin embargo en la actual etapa, con Mark Waid al frente de los guiones ya van dos: el especial 50 aniversario y el que hoy nos ocupa, lo que viene a demostrar que si bien a nivel de ventas no esta siendo una etapa especialmente gloriosa, su prestigio le permite ampliar su influencia más allá de la serie regular.
Daredevil: Road Warrior fue originalmente concebida como una miniserie digital de cuatro relatos cortos, que cubriría el hueco entre el cierre del volumen III del personaje con la salida del mismo de Nueva York y el inicio del volumen IV con su llegada a San Francisco. Con guiones del propio Mark Waid y dibujos de Peter Krause (colaborador habitual de Waid en su proyecto independiente Irredeemable publicado en España por Norma Editorial) las diferentes partes que compusieron el experimento fueron recopiladas por Marvel en papel en un one-shot (con portada de los habituales Chris Samnee y Javier Rodríguez) que Panini ha tenido a bien incluir en el tomo Daredevil: El diablo en la bahía que recopila además los cinco primeros números de la nueva serie del personaje, serie con la que especial enlaza más claramente al ser considerado el número 0.1 del actual volumen del personaje.
El especial, que al final viene a tener una duración más o menos equivalente a lo que serian dos números de la serie regular, narra el accidentado viaje de Nueva York a San Francisco de Matt Murdock y su “más que amiga” Kirsten McDuffie y sirve tanto para poner en antecedentes a los potenciales nuevos lectores sobre el actual status del personaje y el motivo de su marcha a San Francisco, como para narrar una historia plagada de acción que se abre con un enfrentamiento con un villano tan clásico de la era premiller como olvidado después (El Toro) y que continua con la aparición de un misterioso personaje de identidad desconocida que llevara a Matt a meterse en peligrosos problemas con el Pensador Loco (enemigo clásico de Los 4 Fantásticos) de por medio. Una historia, en definitiva funcional, entretenida y sin demasiadas pretensiones.
Con todo el cómic cumple a la perfección sus objetivos, y es que aunque el dibujo de Krause esta lejos en cuanto a calidad del de Samnee, si resulta dinámico y solido, contribuyendo a que Waid configure un especial que además de servir de transición, permita al potencial nuevo lector captar el tono de su Daredevil, mucho más aventurero y superheróico de lo que había venido siendo habitual en los últimos años. Además Waid muestra los recursos del personaje y su habilidad para el pensamiento lateral consiguiendo encontrar soluciones imaginativas a situaciones complejas y de muy difícil salida, construyendo un personaje menos dado a resolver todo con los puños, en la medida en que esto es posible en un cómic de superhéroes, claro. Tal vez lo peor del especial, aunque inevitable teniendo en cuenta las intenciones del mismo, es la enésima descripción de los poderes de Daredevil y el funcionamiento de su sentido radar que en todo caso están bastante bien visualizados por Krause. Queda así configurando así un cómic interesante tanto para el lector nuevo que se acerque al mismo para catar una serie de prestigio y multipremiada, como al seguidor habitual que encontrara sensaciones muy parecidas a las que trasmite la serie regular.
Daredevil: Road Warrior fue originalmente concebida como una miniserie digital de cuatro relatos cortos, que cubriría el hueco entre el cierre del volumen III del personaje con la salida del mismo de Nueva York y el inicio del volumen IV con su llegada a San Francisco. Con guiones del propio Mark Waid y dibujos de Peter Krause (colaborador habitual de Waid en su proyecto independiente Irredeemable publicado en España por Norma Editorial) las diferentes partes que compusieron el experimento fueron recopiladas por Marvel en papel en un one-shot (con portada de los habituales Chris Samnee y Javier Rodríguez) que Panini ha tenido a bien incluir en el tomo Daredevil: El diablo en la bahía que recopila además los cinco primeros números de la nueva serie del personaje, serie con la que especial enlaza más claramente al ser considerado el número 0.1 del actual volumen del personaje.
El especial, que al final viene a tener una duración más o menos equivalente a lo que serian dos números de la serie regular, narra el accidentado viaje de Nueva York a San Francisco de Matt Murdock y su “más que amiga” Kirsten McDuffie y sirve tanto para poner en antecedentes a los potenciales nuevos lectores sobre el actual status del personaje y el motivo de su marcha a San Francisco, como para narrar una historia plagada de acción que se abre con un enfrentamiento con un villano tan clásico de la era premiller como olvidado después (El Toro) y que continua con la aparición de un misterioso personaje de identidad desconocida que llevara a Matt a meterse en peligrosos problemas con el Pensador Loco (enemigo clásico de Los 4 Fantásticos) de por medio. Una historia, en definitiva funcional, entretenida y sin demasiadas pretensiones.
Con todo el cómic cumple a la perfección sus objetivos, y es que aunque el dibujo de Krause esta lejos en cuanto a calidad del de Samnee, si resulta dinámico y solido, contribuyendo a que Waid configure un especial que además de servir de transición, permita al potencial nuevo lector captar el tono de su Daredevil, mucho más aventurero y superheróico de lo que había venido siendo habitual en los últimos años. Además Waid muestra los recursos del personaje y su habilidad para el pensamiento lateral consiguiendo encontrar soluciones imaginativas a situaciones complejas y de muy difícil salida, construyendo un personaje menos dado a resolver todo con los puños, en la medida en que esto es posible en un cómic de superhéroes, claro. Tal vez lo peor del especial, aunque inevitable teniendo en cuenta las intenciones del mismo, es la enésima descripción de los poderes de Daredevil y el funcionamiento de su sentido radar que en todo caso están bastante bien visualizados por Krause. Queda así configurando así un cómic interesante tanto para el lector nuevo que se acerque al mismo para catar una serie de prestigio y multipremiada, como al seguidor habitual que encontrara sensaciones muy parecidas a las que trasmite la serie regular.
domingo, 8 de febrero de 2015
Sin City 2: Una dama por la que matar.
Sin estreno previsto en España y con salida en DVD con fecha aún desconocida, Sin City 2 ha sido uno de los fracasos más sonados de critica y público del pasado año ahondando en la mala racha creativa que atraviesa Frank Miller.
Corría el año 2005 cuando tras lustros huyendo de Hollywood ante el esperpento sufrido por su guiones para Robocop 2 y 3, Frank Miller se tornaba en toda una estrella cinematográfica gracias al estreno de Sin City dirigida por Robert Rodriguez. Su estética, su extrema fidelidad al cómic, su plantel de actores, todo en general contribuyo a que Sin City se convirtiera en un éxito de critica y público y llevara a Frank Miller a convertirse en al nueva niña bonita de La Meca del cine algo que no hizo si no incrementarse tras la magnifica 300 de Zack Snyder dos años después.
A la altura de 2014 la situación de Frank Miller había cambiado radicalmente. El fracaso de The Spirit puso en duda sus habilidades como director y sus últimas obras en cómic (All Star Batman & Robin y Holy Terror) han sido en general masacradas por la critica a lo que ha contribuido la exacerbación de su (muy derechista) discurso político. En estas y en una situación que podría verse desde determinado punto de vista como un run for cover en toda regla el año recién finalizado supuso en estreno de las segundas partes de las dos películas que le lanzaron a la gloria. De 300 2 ya hemos hablado por aquí y lo mejor que se puede decir de ella es que fue recibida con indiferencia, de Sin City 2...
Todo el proceso que ha llevado a la elaboración de Sin City 2 resulta cuando menos complicado, es extraño que una película del éxito de Sin City tarde casi una década en tener secuela, es extraño todo el proceso de rumores (desde el casting, hasta el presunto distanciamiento entre en Miller y Rodrigurez) que rodeo la producción y es extraño todos los anuncios y cancelaciones de fechas de estreno...en fin que Sin City 2 ya desde su misma concepción parecía maldita, algo que su estreno no ha venido más que a confirmar.
La película, repite en general el casting de la primera parte, salvo el cambio de Clive Owen sustituido por Josh Brolin, e incorpora actores tan interesantes como Eva Green, en el papel de Ava, el prototipo de mujer fatal milleriano que en principio estaba destinado a Angelina Jolie o Joseph Gordon-Levitt que interpreta a un personaje nuevo creado expresamente para la película. La estructura también es idéntica, un breve prologo en este caso protagonizado por Marv (Mike Rourke) y tres historias que se van narrando de forma paralela. La estética por supuesto, tanto visual como sonora también es la misma que en la primera parte, si acaso aún más exagerada.
Con estos mimbres cabria esperar que, si bien era casi imposible repetir el fenómeno que fue Sin City, si al menos podíamos esta ante una película rentable y satisfactoria. Por desgracia no es así y es que varios son los problemas de los que adolece la película: el primero y más obvio, nueve años son muchos, el cine, el publico ha cambiado, la estética, muy imitada desde entonces ya no sorprende en absoluto y la frágil memoria del público ya esta en otras cosas. En segundo lugar las mejores historia de Sin City ya se habían rodado en la primera parte y para esta segunda como historia realmente potente solo quedaba la que da nombre a la película, Una dama por la que matar, que es precisamente la que mejor se sostiene gracias sobre todo a un magnifico trabajo de la magnética Eva Green (que curiosamente es casi lo único salvable también de 300 2), pero las otras dos historias....
Creadas específicamente para el filme las otras dos tramas que componen Sin City 2 son un desastre sin paliativos. Una, protagonizada por Joseph Gordon-Levitt que con todo da dignidad a su papel y que narra las vivencias de un trilero que desafía al todopoderoso senador Roark (Powers Boothe), carece de todo sentido dramático e intereses. Otra, protagonizado por Nancy Callahan (Jessica Alba) y que narra su venganza contra Roark por la muerte de Hartigan (con un pequeño papel de Bruce Willis muy en plan El sexto sentido) es, además de totalmente incoherente desde todo punto de vista cronológico y de continuidad, un despropósito que cuestiona además la supuesta invulnerabilidad de Roark. Sin City 2 se torna así en una película profundamente desequilibrada, con una historia central que si recuerda los mejores momentos de la primera parte pese a carecer de la fuerza de Ese cobarde bastardo o El largo adiós y unas historias adyacentes carentes de todo interés y que uno no sabe muy bien que pintan en la película. En definitiva una lastima que parece cerrar además la puerta a cualquier otra adaptación del cómic y quien sabe si a Frank Miller en el mundo del cine.
Corría el año 2005 cuando tras lustros huyendo de Hollywood ante el esperpento sufrido por su guiones para Robocop 2 y 3, Frank Miller se tornaba en toda una estrella cinematográfica gracias al estreno de Sin City dirigida por Robert Rodriguez. Su estética, su extrema fidelidad al cómic, su plantel de actores, todo en general contribuyo a que Sin City se convirtiera en un éxito de critica y público y llevara a Frank Miller a convertirse en al nueva niña bonita de La Meca del cine algo que no hizo si no incrementarse tras la magnifica 300 de Zack Snyder dos años después.
A la altura de 2014 la situación de Frank Miller había cambiado radicalmente. El fracaso de The Spirit puso en duda sus habilidades como director y sus últimas obras en cómic (All Star Batman & Robin y Holy Terror) han sido en general masacradas por la critica a lo que ha contribuido la exacerbación de su (muy derechista) discurso político. En estas y en una situación que podría verse desde determinado punto de vista como un run for cover en toda regla el año recién finalizado supuso en estreno de las segundas partes de las dos películas que le lanzaron a la gloria. De 300 2 ya hemos hablado por aquí y lo mejor que se puede decir de ella es que fue recibida con indiferencia, de Sin City 2...
Todo el proceso que ha llevado a la elaboración de Sin City 2 resulta cuando menos complicado, es extraño que una película del éxito de Sin City tarde casi una década en tener secuela, es extraño todo el proceso de rumores (desde el casting, hasta el presunto distanciamiento entre en Miller y Rodrigurez) que rodeo la producción y es extraño todos los anuncios y cancelaciones de fechas de estreno...en fin que Sin City 2 ya desde su misma concepción parecía maldita, algo que su estreno no ha venido más que a confirmar.
La película, repite en general el casting de la primera parte, salvo el cambio de Clive Owen sustituido por Josh Brolin, e incorpora actores tan interesantes como Eva Green, en el papel de Ava, el prototipo de mujer fatal milleriano que en principio estaba destinado a Angelina Jolie o Joseph Gordon-Levitt que interpreta a un personaje nuevo creado expresamente para la película. La estructura también es idéntica, un breve prologo en este caso protagonizado por Marv (Mike Rourke) y tres historias que se van narrando de forma paralela. La estética por supuesto, tanto visual como sonora también es la misma que en la primera parte, si acaso aún más exagerada.
Con estos mimbres cabria esperar que, si bien era casi imposible repetir el fenómeno que fue Sin City, si al menos podíamos esta ante una película rentable y satisfactoria. Por desgracia no es así y es que varios son los problemas de los que adolece la película: el primero y más obvio, nueve años son muchos, el cine, el publico ha cambiado, la estética, muy imitada desde entonces ya no sorprende en absoluto y la frágil memoria del público ya esta en otras cosas. En segundo lugar las mejores historia de Sin City ya se habían rodado en la primera parte y para esta segunda como historia realmente potente solo quedaba la que da nombre a la película, Una dama por la que matar, que es precisamente la que mejor se sostiene gracias sobre todo a un magnifico trabajo de la magnética Eva Green (que curiosamente es casi lo único salvable también de 300 2), pero las otras dos historias....
Creadas específicamente para el filme las otras dos tramas que componen Sin City 2 son un desastre sin paliativos. Una, protagonizada por Joseph Gordon-Levitt que con todo da dignidad a su papel y que narra las vivencias de un trilero que desafía al todopoderoso senador Roark (Powers Boothe), carece de todo sentido dramático e intereses. Otra, protagonizado por Nancy Callahan (Jessica Alba) y que narra su venganza contra Roark por la muerte de Hartigan (con un pequeño papel de Bruce Willis muy en plan El sexto sentido) es, además de totalmente incoherente desde todo punto de vista cronológico y de continuidad, un despropósito que cuestiona además la supuesta invulnerabilidad de Roark. Sin City 2 se torna así en una película profundamente desequilibrada, con una historia central que si recuerda los mejores momentos de la primera parte pese a carecer de la fuerza de Ese cobarde bastardo o El largo adiós y unas historias adyacentes carentes de todo interés y que uno no sabe muy bien que pintan en la película. En definitiva una lastima que parece cerrar además la puerta a cualquier otra adaptación del cómic y quien sabe si a Frank Miller en el mundo del cine.
domingo, 18 de enero de 2015
Mis series de 2014.
Culmino el repaso de lo mejor que ha dado el 2014 en lo que a ocio se refiere con el top de las series que más me han gustado del año.
5.- Utopia: Miniserie del Channel 4 británico (los de Black Mirror), Utopía fue una de las series más desconcertantes a la par que fascinantes de 2013. Basada en la existencia de un cómic (Los Experimentos de Utopía) que encierra tras de si una compleja conspiración, su peculiar paleta de colores (saturada de claridad con especial presencia del amarillo) y su puesta en escena le daba un empaque visual diferente, lo que unido a su despiadada violencia y a su incorrección política hizo de Utopia una delas series más interesantes de ese año. Llegado 2014, la segunda temporada, de nuevo de solo 6 episodios, reinventa desde un punto de vista visual la serie (la paleta de colores es mucho más fría con predominio del azul) pero mantiene su violencia e incorrección a la vez que ahonda en la conspiración sobre la que gira toda la serie. Menos compleja que la primera (donde al final termina quedando clara la base y objetivos de la conspiración) y más centrada en los personajes, Utopia sigue siendo igual de dura y fascinante dejando con ganas de más.
4.- Boardwalk Empire: La excepcional serie de Martin Scorsese y Terence Winter alcanzaba este año su final con un esplendida y corta (solo 8 episodios) quinta temporada. El que esta no sea su mejor temporada demuestra el enorme nivel de una serie que uno no puede dejar de pensar que ha pasado algo desapercibida entre la inmensa cantidad de series de calidad actuales. Contada en tres tiempos narrativos, la quinta temporada narra a modo de flashback los pauperrimos inicios de Nucky Thompson y su paulatino ascenso al poder a la par que nos muestra como su mundo se va desmoronando. El final, excelente, deja un sabor amargo, pero permite completar una serie maravillosa que ha de figurar por méritos propios entre las grandes no solo de la HBO si no de las series en general.
3.- Juego de Tronos: Adaptando libremente gran parte del mejor libro de la saga hasta ahora (Tormenta de Espadas) no es de extrañar que esta temporada, Juego de Tronos haya brillado con especial fuerza. Desde su impactante inicio hasta su sangriento final, la serie ha sabido captar el tono e intención de Martin y aún pese a los cambios introducidos mantiene la fuerza y el interés de la propuesta original. Con un aparatare técnico de primer nivel, las complejas conspiraciones políticas del libro encuentran adecuada respuesta en una pequeña pantalla que hace ya tiempo que demuestra que puede ser grande. Queda por ver como conseguirán sacar adelante un libro más de transición como Festín de Cuervos, pero de momento esta cuarta temporada ha sido magnifica.
2.- Fargo: Captando el espíritu e intenciones de la excepcional película de los hermanos Coen, Fargo ha sido una de las series del año. La miserias humanas y los personajes tan estúpidos como extremos que nos mostraron los Coen en la gran pantalla encuentran sus reflejo en una serie trufada de grandes interpretaciones y que además sabe conectar de manera inteligente y sutil con su referente espiritual.
1.- Sons of Anarchy: La cualidad shakesperiana de Sons of Anarchy se vuelve más evidente que nunca en esta última temporada. Traiciones familiares, dobles juegos, la tragedia en definitiva, que como un destino ineludible se dibuja en el camino, alcanzara una resolución final que se antoja como la única posible, tras los acontecimientos de la anterior (y también sobresaliente) temporada. Ineludible si, pero que no por ello menos impactante. Sons of Anarchy una de las grandes olvidadas por los premios allende los mares demuestra no necesitarlos para tornarse como una de la series más interesantes e importantes de esta actual edad de oro de la ficción televisiva.
5.- Utopia: Miniserie del Channel 4 británico (los de Black Mirror), Utopía fue una de las series más desconcertantes a la par que fascinantes de 2013. Basada en la existencia de un cómic (Los Experimentos de Utopía) que encierra tras de si una compleja conspiración, su peculiar paleta de colores (saturada de claridad con especial presencia del amarillo) y su puesta en escena le daba un empaque visual diferente, lo que unido a su despiadada violencia y a su incorrección política hizo de Utopia una delas series más interesantes de ese año. Llegado 2014, la segunda temporada, de nuevo de solo 6 episodios, reinventa desde un punto de vista visual la serie (la paleta de colores es mucho más fría con predominio del azul) pero mantiene su violencia e incorrección a la vez que ahonda en la conspiración sobre la que gira toda la serie. Menos compleja que la primera (donde al final termina quedando clara la base y objetivos de la conspiración) y más centrada en los personajes, Utopia sigue siendo igual de dura y fascinante dejando con ganas de más.
4.- Boardwalk Empire: La excepcional serie de Martin Scorsese y Terence Winter alcanzaba este año su final con un esplendida y corta (solo 8 episodios) quinta temporada. El que esta no sea su mejor temporada demuestra el enorme nivel de una serie que uno no puede dejar de pensar que ha pasado algo desapercibida entre la inmensa cantidad de series de calidad actuales. Contada en tres tiempos narrativos, la quinta temporada narra a modo de flashback los pauperrimos inicios de Nucky Thompson y su paulatino ascenso al poder a la par que nos muestra como su mundo se va desmoronando. El final, excelente, deja un sabor amargo, pero permite completar una serie maravillosa que ha de figurar por méritos propios entre las grandes no solo de la HBO si no de las series en general.
3.- Juego de Tronos: Adaptando libremente gran parte del mejor libro de la saga hasta ahora (Tormenta de Espadas) no es de extrañar que esta temporada, Juego de Tronos haya brillado con especial fuerza. Desde su impactante inicio hasta su sangriento final, la serie ha sabido captar el tono e intención de Martin y aún pese a los cambios introducidos mantiene la fuerza y el interés de la propuesta original. Con un aparatare técnico de primer nivel, las complejas conspiraciones políticas del libro encuentran adecuada respuesta en una pequeña pantalla que hace ya tiempo que demuestra que puede ser grande. Queda por ver como conseguirán sacar adelante un libro más de transición como Festín de Cuervos, pero de momento esta cuarta temporada ha sido magnifica.
2.- Fargo: Captando el espíritu e intenciones de la excepcional película de los hermanos Coen, Fargo ha sido una de las series del año. La miserias humanas y los personajes tan estúpidos como extremos que nos mostraron los Coen en la gran pantalla encuentran sus reflejo en una serie trufada de grandes interpretaciones y que además sabe conectar de manera inteligente y sutil con su referente espiritual.
1.- Sons of Anarchy: La cualidad shakesperiana de Sons of Anarchy se vuelve más evidente que nunca en esta última temporada. Traiciones familiares, dobles juegos, la tragedia en definitiva, que como un destino ineludible se dibuja en el camino, alcanzara una resolución final que se antoja como la única posible, tras los acontecimientos de la anterior (y también sobresaliente) temporada. Ineludible si, pero que no por ello menos impactante. Sons of Anarchy una de las grandes olvidadas por los premios allende los mares demuestra no necesitarlos para tornarse como una de la series más interesantes e importantes de esta actual edad de oro de la ficción televisiva.
sábado, 10 de enero de 2015
Un 2014 de cine.
Potente año cinematográfico el recién concluido. Muchas y muy buenas han sido las propuestas que han llegado a la gran pantalla y aunque no he terminado viendo todo lo que quería ver si que he visto mucho. De todo ello estas son las cinco que más me han gustado.
5.- Capitán América 2: El Soldado de Inverno.- Hasta este año, practicante la totalidad de la películas marvel excepto Los Vengadores parecían más una suerte de capitulo piloto o mero entremés en espera de la llegada del plato fuerte (los ya mentados Vengadores). Películas siempre bien hechas, más o menos entretenidas pero en general escasamente ambiciosas y con muy poca personalidad y repercusiones. Capitán América 2 ha cambiado todo esto, bien hecha si, entretenida también, pero ambiciosa y con enormes repercusiones en el universo marvel cinematográfico. La película de los hermanos Russo marca un antes y un después en un universo cinemático en el que no todo deberá estar ya en función de Los Vengadores y sus secuelas.
4.- La isla mínima.- Años 80, con la democracia recién estrenada dos policías contrapuestos habrá de investiga en la marismas del Guadalquivir la desaparición de dos jóvenes en extrañas circunstancias. Con este argumento, en apariencia tan manido (mezcla de thriller y buddy movie) el director Albero Rodríguez construye una película sostenida por el excepcional trabajo de Raúl Arevalo y (sobre todo) Javier Gutierrez, en el que la podredumbre moral y casi física del entorno se extiende por una sociedad que tiene demasiados esqueletos en el armario. Tensa, dura y directa, La isla mínima es la enésima muestra del que el cine español si quiere, puede.
3.- Boyhood (Momentos de una vida).- Ya solo por lo que tiene de experiencia cinematográfica, la película de Richard Linklater merece la pena, (rodada a lo largo de 12 años, creciendo así a la par que los personajes) pero más allá de eso, la grandeza de Boyhood es que sabe trasmitir, desde su primer fotograma eso tan difícil de captar en el cine que es la vida. A la par que los distintos personajes de la película crecen, el espectador crece con ellos, siente sus alegrías y sus penas, asistiendo a una de esas obras cinematográficas que consigue que salgas con una sonrisa del cine, sitiéndote mejor, algo que en los tiempos que corren siempre es de agradecer.
2.- Perdida.- Fincher dirige con maestría y solidez, alejado cada vez más de sus antiguas pirotecnias visuales, esta despiadada sátira de nuestra sociedad que jugando con un argumento propia de telefilme de sobremesa de antena 3, consigue poner el dedo en la llaga tanto del tipo de periodismo que tenemos en nuestra sociedad (solo hay que ver las noticias de los últimos días con los telediarios cebándose en mostrar una y otra vez el asesinato a sangre fría de un policía), como de la relaciones de pareja y los mundos ficticios que en muchas ocasiones se construyen en torno a ellas. La película consigue además mantener en tensión al espectador en todo momento mientras juega con sus expectativas y cuenta con uno de los personajes más fascinantes y temibles de los últimos tiempos, Amy Dunne interpretada magistralmente por Rosamund Pike.
1.- El lobo de Wall Street.- Excesiva en todos sus aspectos, El lobo de Wall Street, al igual que Perdida en cierto sentido, nos muestra aspectos de nuestro mundo que no queremos ver, pero que están allí, a la par que señala la verdadera cara y talante de los responsables de la brutal crisis económica que todavía padecemos. Scorsese aquí se aleja sin embargo de la sobriedad de la película de Fincher y recupera su tradicional estilo nervioso y dinámico a mayor gloria de un DiCaprio que devora la pantalla. El lobo de Wall Street serie una excelente comedia, si no fuera por que lo que cuenta es demasiado real y expone a la claras el funcionamiento podrido hasta al médula del sistema que rige nuestra vidas. Sin embargo tiene el inmenso acierto (al contrario de lo que pasa con otras películas de Scorsese, pienso en Infiltrados) de no juzgar, se limita a enseñar un mundo de opulencia y podredumbre y deja que sea el espectador el que saque sus propias conclusiones.
5.- Capitán América 2: El Soldado de Inverno.- Hasta este año, practicante la totalidad de la películas marvel excepto Los Vengadores parecían más una suerte de capitulo piloto o mero entremés en espera de la llegada del plato fuerte (los ya mentados Vengadores). Películas siempre bien hechas, más o menos entretenidas pero en general escasamente ambiciosas y con muy poca personalidad y repercusiones. Capitán América 2 ha cambiado todo esto, bien hecha si, entretenida también, pero ambiciosa y con enormes repercusiones en el universo marvel cinematográfico. La película de los hermanos Russo marca un antes y un después en un universo cinemático en el que no todo deberá estar ya en función de Los Vengadores y sus secuelas.
4.- La isla mínima.- Años 80, con la democracia recién estrenada dos policías contrapuestos habrá de investiga en la marismas del Guadalquivir la desaparición de dos jóvenes en extrañas circunstancias. Con este argumento, en apariencia tan manido (mezcla de thriller y buddy movie) el director Albero Rodríguez construye una película sostenida por el excepcional trabajo de Raúl Arevalo y (sobre todo) Javier Gutierrez, en el que la podredumbre moral y casi física del entorno se extiende por una sociedad que tiene demasiados esqueletos en el armario. Tensa, dura y directa, La isla mínima es la enésima muestra del que el cine español si quiere, puede.
3.- Boyhood (Momentos de una vida).- Ya solo por lo que tiene de experiencia cinematográfica, la película de Richard Linklater merece la pena, (rodada a lo largo de 12 años, creciendo así a la par que los personajes) pero más allá de eso, la grandeza de Boyhood es que sabe trasmitir, desde su primer fotograma eso tan difícil de captar en el cine que es la vida. A la par que los distintos personajes de la película crecen, el espectador crece con ellos, siente sus alegrías y sus penas, asistiendo a una de esas obras cinematográficas que consigue que salgas con una sonrisa del cine, sitiéndote mejor, algo que en los tiempos que corren siempre es de agradecer.
2.- Perdida.- Fincher dirige con maestría y solidez, alejado cada vez más de sus antiguas pirotecnias visuales, esta despiadada sátira de nuestra sociedad que jugando con un argumento propia de telefilme de sobremesa de antena 3, consigue poner el dedo en la llaga tanto del tipo de periodismo que tenemos en nuestra sociedad (solo hay que ver las noticias de los últimos días con los telediarios cebándose en mostrar una y otra vez el asesinato a sangre fría de un policía), como de la relaciones de pareja y los mundos ficticios que en muchas ocasiones se construyen en torno a ellas. La película consigue además mantener en tensión al espectador en todo momento mientras juega con sus expectativas y cuenta con uno de los personajes más fascinantes y temibles de los últimos tiempos, Amy Dunne interpretada magistralmente por Rosamund Pike.
1.- El lobo de Wall Street.- Excesiva en todos sus aspectos, El lobo de Wall Street, al igual que Perdida en cierto sentido, nos muestra aspectos de nuestro mundo que no queremos ver, pero que están allí, a la par que señala la verdadera cara y talante de los responsables de la brutal crisis económica que todavía padecemos. Scorsese aquí se aleja sin embargo de la sobriedad de la película de Fincher y recupera su tradicional estilo nervioso y dinámico a mayor gloria de un DiCaprio que devora la pantalla. El lobo de Wall Street serie una excelente comedia, si no fuera por que lo que cuenta es demasiado real y expone a la claras el funcionamiento podrido hasta al médula del sistema que rige nuestra vidas. Sin embargo tiene el inmenso acierto (al contrario de lo que pasa con otras películas de Scorsese, pienso en Infiltrados) de no juzgar, se limita a enseñar un mundo de opulencia y podredumbre y deja que sea el espectador el que saque sus propias conclusiones.
sábado, 3 de enero de 2015
“Mis comis” de 2014.
Un año más voy con mis preferencias de las novedades del año. Este 2014 ha sido muy interesante tanto en novedades como en reediciones y todo apunta a que el 2015 seguirá el mismo camino. Como el año pasado, este haré solo el top cinco en lugar del antaño habitual top diez.
5.- Locke & Key de Joe Hill y Gabriel Rodríguez (Panini/IdwPublishing): La historia de fantasía y horror que ha tanto ha dado que hablar y tantos premios ha obtenido llegaba a mediados de año a su gran final. Un final a la altura de una historia disfrutable a muchos niveles (misterio, horror, relaciones familiares, legados malditos, mentiras y secretos...) y donde la evolución gráfica de Rodríguez ha sido espectacular. El panorama del cómic mainstream americano ha cambiado mucho en los últimos años y Locke & Key se ha convertido en uno de los emblemas de un cambio que muestra que hay mucho más que superhéroes en el cómic comercial de allende los mares.
4.- Fear Agent de Rick Remender, Tony Moore y Jerome Opeña. (Norma/Image Comics): Dentro del cambio en el mainstream americano al que nos referíamos antes, Image Comics se ha convertido en la cabeza más visible del mismo. Este Fear Agent es un claro ejemplo de ello, el cómic nos narra las andanzas de Health Huston un alcohólico, malencarado y depresivo exterminador de plagas especiales que con un oscuro pasado que le atormenta ve ahora la oportunidad de arreglar los errores del mismo. Tomando elementos clásicos de la ciencia ficción (invasiones especiales, viajes en el tiempo, variopintas razas extraterrestres...), Remender, Moore y Opeña trazan un relato, divertido y triste por momentos, con un personaje carismático y una historia que no por clásica resulta menos interesante.
3.- Battling Boy de Paul Pope y Hillary Sycamore (Random House/DeFirst Second): En un mundo asediado por terrible monstruos que acaba de perder a su mayor héroe, Battling Boy hijo de los dioses aparece como salvador y esperanza de un mañana mejor. El que Battilng Boy sea apenas un adolescente, que no sabe realmente lo que esta haciendo y que haya acabado en ese mundo contra sus deseos, siguiendo las ordenes de su padre para pasar un peculiar rito de transición hacia la edad adulta, es mejor que no lo sepan sus nuevos protegidos, y menos aún sus enemigos. Paul Pope uno de los mayores talentos del cómic americano de los últimos años traza un relato que pretende recuperar la esencia de una forma de hacer cómics de superhéroes que parece olvidada por Marvel y DC. Cómics dirigidos a los adolescentes que llenan las salas de cine pero que hace tiempo que dejaron atrás a unos personajes creados hace más de 50 años a los que han sustituido, en el mejor de los casos por el manga. Pope apela a esos lectores imitando en forma (y en menor medida en fondo) esa estética y lo hace con una historia rebosante de imaginación que se disfruta de principio a fin y que deja con ganas de más.
2.- The League of Extraordinay Gentlemen: Black Dossier de Alan Moore y Kevin O´Neill (Planeta/Wilsdstorm-DC Comics): Inédito en estos lares por problemas de derechos, este volumen que supone un transición entre el volumen II (todavía mucho más aventurero y de tono más clásico) y el III (mucho más desenfrenado y experimental) se trata de un extraordinaria cómic en el que Moore y O´Neill tratan de unificar toda la ficción universal en un mismo mundo a la vez que presentan al magnifico Orlando y ahondan en el pasado de la liga y sus predecesores. Cargado de mala leche y con el mejor O´Neill hasta la fecha, Black Dossier era desde sus anuncio una de las novedades del año y desde luego no ha defraudado.
1.- Robocop vs Terminator de Frank Miller y Walter Simonson (Aleta/Dark Horse Comics): Juntar a dos autores míticos en uno de los mejores momentos de sus carreras con dos iconos cinematográficos en un tiempo donde estaban muy en boga parecía sin duda una muy buena idea, y los resultados de esta miniserie así lo demostró. Todo esto no ha impedido que el cómic haya estado inédito durante más de 20 años en España. Aleta ha terminado este año por fin con una situación realmente incomprensible y lo ha hecho con una edición más que digna para un material que no necesita lujos innecesarios, solo ganas de pasar un buen rato con dos grandes autores a los que se le nota que lo pasaron muy bien con este cómic.
5.- Locke & Key de Joe Hill y Gabriel Rodríguez (Panini/IdwPublishing): La historia de fantasía y horror que ha tanto ha dado que hablar y tantos premios ha obtenido llegaba a mediados de año a su gran final. Un final a la altura de una historia disfrutable a muchos niveles (misterio, horror, relaciones familiares, legados malditos, mentiras y secretos...) y donde la evolución gráfica de Rodríguez ha sido espectacular. El panorama del cómic mainstream americano ha cambiado mucho en los últimos años y Locke & Key se ha convertido en uno de los emblemas de un cambio que muestra que hay mucho más que superhéroes en el cómic comercial de allende los mares.
4.- Fear Agent de Rick Remender, Tony Moore y Jerome Opeña. (Norma/Image Comics): Dentro del cambio en el mainstream americano al que nos referíamos antes, Image Comics se ha convertido en la cabeza más visible del mismo. Este Fear Agent es un claro ejemplo de ello, el cómic nos narra las andanzas de Health Huston un alcohólico, malencarado y depresivo exterminador de plagas especiales que con un oscuro pasado que le atormenta ve ahora la oportunidad de arreglar los errores del mismo. Tomando elementos clásicos de la ciencia ficción (invasiones especiales, viajes en el tiempo, variopintas razas extraterrestres...), Remender, Moore y Opeña trazan un relato, divertido y triste por momentos, con un personaje carismático y una historia que no por clásica resulta menos interesante.
3.- Battling Boy de Paul Pope y Hillary Sycamore (Random House/DeFirst Second): En un mundo asediado por terrible monstruos que acaba de perder a su mayor héroe, Battling Boy hijo de los dioses aparece como salvador y esperanza de un mañana mejor. El que Battilng Boy sea apenas un adolescente, que no sabe realmente lo que esta haciendo y que haya acabado en ese mundo contra sus deseos, siguiendo las ordenes de su padre para pasar un peculiar rito de transición hacia la edad adulta, es mejor que no lo sepan sus nuevos protegidos, y menos aún sus enemigos. Paul Pope uno de los mayores talentos del cómic americano de los últimos años traza un relato que pretende recuperar la esencia de una forma de hacer cómics de superhéroes que parece olvidada por Marvel y DC. Cómics dirigidos a los adolescentes que llenan las salas de cine pero que hace tiempo que dejaron atrás a unos personajes creados hace más de 50 años a los que han sustituido, en el mejor de los casos por el manga. Pope apela a esos lectores imitando en forma (y en menor medida en fondo) esa estética y lo hace con una historia rebosante de imaginación que se disfruta de principio a fin y que deja con ganas de más.
2.- The League of Extraordinay Gentlemen: Black Dossier de Alan Moore y Kevin O´Neill (Planeta/Wilsdstorm-DC Comics): Inédito en estos lares por problemas de derechos, este volumen que supone un transición entre el volumen II (todavía mucho más aventurero y de tono más clásico) y el III (mucho más desenfrenado y experimental) se trata de un extraordinaria cómic en el que Moore y O´Neill tratan de unificar toda la ficción universal en un mismo mundo a la vez que presentan al magnifico Orlando y ahondan en el pasado de la liga y sus predecesores. Cargado de mala leche y con el mejor O´Neill hasta la fecha, Black Dossier era desde sus anuncio una de las novedades del año y desde luego no ha defraudado.
1.- Robocop vs Terminator de Frank Miller y Walter Simonson (Aleta/Dark Horse Comics): Juntar a dos autores míticos en uno de los mejores momentos de sus carreras con dos iconos cinematográficos en un tiempo donde estaban muy en boga parecía sin duda una muy buena idea, y los resultados de esta miniserie así lo demostró. Todo esto no ha impedido que el cómic haya estado inédito durante más de 20 años en España. Aleta ha terminado este año por fin con una situación realmente incomprensible y lo ha hecho con una edición más que digna para un material que no necesita lujos innecesarios, solo ganas de pasar un buen rato con dos grandes autores a los que se le nota que lo pasaron muy bien con este cómic.
domingo, 28 de diciembre de 2014
300: El origen de un imperio.
Todavía inédito, de Xerxes el cómic de Frank Miller en el que supuestamente se basa esta película se pueden ver algunas páginas animadas en los créditos finales de la misma. En espera que el cómic termine llegando algún día a las estanterías (junto al final de All Star Batman & Robin, al fin y al cabo la esperanza es al ultimo que se pierde) la película, estrenada en marzo del 2014, viene a mostrar a la claras que Miller tampoco atraviesa su mejor momento en el campo cinematográfico.
Tras el éxito de critica y publico de 300 y Sin City, a Frank Miller parecía que el cómic se le había quedado pequeño y que su destino era devorar el mismo Hollywood del que tanto renegó en su momento por la escabechina que hicieron con sus guiones para Robocop 2 y 3. The Spirit, su primera película como director enfrió los ánimos (fue un fracaso total tanto de critica como de publico) y su, por ahora último trabajo en cómic, Holy Terror, vino a demostrar que el guionista de Born Again no estaba atravesando su mejor momento creativo. Lo que no ha impedido que esta año 2014 dos obras cinematográficas hayan llevado de una manera u otra su sello: esta 300: El origen de un Imperio y Sin City: A Dame to Kill For, secuelas ambas de los filmes que lo lanzaron al estrellato hollywoodiense.
300: El origen de un Imperio no ha sido ni mucho menos un fracaso (eso queda para Sin City 2 de la que ya hablaremos otros día), en taquilla ha ido bastante bien, y a nivel critico, aunque lo que ha predominado es la indiferencia, no ha sido desde luego machacada sin piedad como The Spirit. Pese a todo, y aunque el material de partida era interesante (la continuación de las guerras greco-persas), si de algo adolece la película es de falta de garra. Algo sorprendente, ya que si algo tiene 300 y en general casi todo el trabajo relacionado con el autor de DK2 es garra y energía a raudales.
Ya sea porque la historia carece de la carga épica y sacrificial de 300, ya sea porque ni Miller ni los guionistas del flim (entre los que figura el propio Zack Snyder, director de 300) hayan sabido transmitirlo, 300: El origen de un imperio se queda en la superficie de lo que fue la primera película, copiando apenas si meramente su estética y olvidandose en todo momento de lo que la hizo grande: la inmensa energía que trasmitía. No ayuda claro que su director Noam Murro apenas pase de mero emulador de Snyder, cineasta a día de hoy bastante (e injustamente, al menos para quien esto escribe) despreciado. Lo que de paso viene demostrar que aunque el estilo de Snyder pueda ser fácil de imitar en la superficie, no lo es tanto conseguir dar a las películas el ritmo y la fuerza que el director de Watchmen consigue, casi siempre, transmitir.
Con todo lo que más brilla en la película es un ajustado reparto, donde destaca por encima de todos una magnética Eva Green que interpreta a la líder persa Artemisa, mujer fatal prototipica de Miller y cuya actuación justifica por si misma la existencia de esta película. Por contra quien más sale desfavorecido es su protagonista Sullivan Stapleton, que interpreta al general griego Temistocles, papel que cumple con dignidad pero que esta a años luz del Leonidas de Gerard Butler. No tanto por el actor, como por las bases misma del personaje, que como toda la película resulta mucho menos interesante que su contrapartida espartana. Así las cosas 300: El origen de un imperio, es una propuesta que busca seguir la estela el éxito de 300, algo que no consigue en ningún momento, quedando apenas en un descafeinado intento de construcción de un flim épico que se deja ver pero que si no fuera por la presencia de Eva Green se olvidaría en el mismo momento en el que alcanza su final.
Queda por ver si Xerxes cuando finalmente salga (si es que lo hace) consigue sobreponerse a los múltiples problemas de la película. Vista esta resulta difícil de creer, pero pese a todo Frank Miller tiene tras de si las suficientes obras maestras como para darle un voto de confianza. De momento lo poco del cómic que se ha podido ver en la película presenta un aspecto visual bastante prometedor, claro que Holy Terror visualmente también es muy potente y luego...En fin sea como hay ganas por comprobarlo.
Tras el éxito de critica y publico de 300 y Sin City, a Frank Miller parecía que el cómic se le había quedado pequeño y que su destino era devorar el mismo Hollywood del que tanto renegó en su momento por la escabechina que hicieron con sus guiones para Robocop 2 y 3. The Spirit, su primera película como director enfrió los ánimos (fue un fracaso total tanto de critica como de publico) y su, por ahora último trabajo en cómic, Holy Terror, vino a demostrar que el guionista de Born Again no estaba atravesando su mejor momento creativo. Lo que no ha impedido que esta año 2014 dos obras cinematográficas hayan llevado de una manera u otra su sello: esta 300: El origen de un Imperio y Sin City: A Dame to Kill For, secuelas ambas de los filmes que lo lanzaron al estrellato hollywoodiense.
300: El origen de un Imperio no ha sido ni mucho menos un fracaso (eso queda para Sin City 2 de la que ya hablaremos otros día), en taquilla ha ido bastante bien, y a nivel critico, aunque lo que ha predominado es la indiferencia, no ha sido desde luego machacada sin piedad como The Spirit. Pese a todo, y aunque el material de partida era interesante (la continuación de las guerras greco-persas), si de algo adolece la película es de falta de garra. Algo sorprendente, ya que si algo tiene 300 y en general casi todo el trabajo relacionado con el autor de DK2 es garra y energía a raudales.
Ya sea porque la historia carece de la carga épica y sacrificial de 300, ya sea porque ni Miller ni los guionistas del flim (entre los que figura el propio Zack Snyder, director de 300) hayan sabido transmitirlo, 300: El origen de un imperio se queda en la superficie de lo que fue la primera película, copiando apenas si meramente su estética y olvidandose en todo momento de lo que la hizo grande: la inmensa energía que trasmitía. No ayuda claro que su director Noam Murro apenas pase de mero emulador de Snyder, cineasta a día de hoy bastante (e injustamente, al menos para quien esto escribe) despreciado. Lo que de paso viene demostrar que aunque el estilo de Snyder pueda ser fácil de imitar en la superficie, no lo es tanto conseguir dar a las películas el ritmo y la fuerza que el director de Watchmen consigue, casi siempre, transmitir.
Con todo lo que más brilla en la película es un ajustado reparto, donde destaca por encima de todos una magnética Eva Green que interpreta a la líder persa Artemisa, mujer fatal prototipica de Miller y cuya actuación justifica por si misma la existencia de esta película. Por contra quien más sale desfavorecido es su protagonista Sullivan Stapleton, que interpreta al general griego Temistocles, papel que cumple con dignidad pero que esta a años luz del Leonidas de Gerard Butler. No tanto por el actor, como por las bases misma del personaje, que como toda la película resulta mucho menos interesante que su contrapartida espartana. Así las cosas 300: El origen de un imperio, es una propuesta que busca seguir la estela el éxito de 300, algo que no consigue en ningún momento, quedando apenas en un descafeinado intento de construcción de un flim épico que se deja ver pero que si no fuera por la presencia de Eva Green se olvidaría en el mismo momento en el que alcanza su final.
Queda por ver si Xerxes cuando finalmente salga (si es que lo hace) consigue sobreponerse a los múltiples problemas de la película. Vista esta resulta difícil de creer, pero pese a todo Frank Miller tiene tras de si las suficientes obras maestras como para darle un voto de confianza. De momento lo poco del cómic que se ha podido ver en la película presenta un aspecto visual bastante prometedor, claro que Holy Terror visualmente también es muy potente y luego...En fin sea como hay ganas por comprobarlo.
viernes, 26 de diciembre de 2014
Daredevil: El diablo en la bahía.
Tras los acontecimiento narrados en el anterior tomo, El camino del guerrero, Daredevil se ha visto obligado a dejar Nueva York para ir a San Francisco, circunstancia aprovechad en los EEUU para abrir un nuevo volumen en la serie del personaje (el cuarto ya) cuyos primeros cinco números, más el especial de transición Road Warrior, Panini recopila ahora en este tomo, sexto ya desde la llegada de Mark Waid a la colección.
Aunque manteniendo el mismo equipo creativo (Mark Waid, Chris Samnee y Javier Rodriguez) ha sido un mero cambio de estatus en el personaje lo que ha permitido a Marvel remunerar la colección por enésima vez en los últimos años. Una estrategia con la que la editorial pretende emular el concepto de temporada televisiva y de paso no asustar a los posibles nuevos lectores a los que supuestamente les puede resultar mucho más fácil incorporarse en un número 5 que no es un hipotético 553. En cualquier caso, esta estrategia de marketing (que, para quien esto escribe no tiene en si nada de malo) no ha condicionado el desarrollo natural de una etapa que tras lo narrado hasta ahora, atravesaba su mejor momento. Así, con este nuevo volumen no estamos ante una ruptura si no ante una continuidad lógica de lo que hasta ahora se venia narrando.
Obligado a alejarse de Nueva York para poder seguir ejerciendo la abogacía, San Francisco se antojaba como la mejor opción posible, no en vano Matt ya vivió allí un tiempo durante su relación con la Viuda Negra. Será ahora otra mujer, Kirsten McDuffie, quien le termine de convencer de la necesidad de cambiar de costa, sobre todo dada la delicada situación de salud de Foggy Nelson. Siendo estos dos personajes, junto al propio Matt, los pilares sobre los que se esta construyendo esta etapa. El camino sin embargo no estará precisamente sembrado de rosas y no solo por el accidentado viaje que le llevara a San Francisco (narrado en Road Warrior, con el Pensador Loco y un adaptoide que quiere ser algo más, de por medio) ni siquiera por el hecho de que su identidad sea publica, lo que evidentemente complica las cosas, no, el problema estriba, al menos al principio, en que Nueva York y San Francisco son dos ciudades completamente diferentes, y aunque Matt ya había estado en la ciudad californinana, eso fue hace mucho tiempo.
En Nueva York, Matt conoce de memoria las texturas, los olores, las distancias entre los distintos edificios, es casi uno con la ciudad. Puede saltar de azotea en azotea solo guiándose por sus instintos, en San Francisco, es apenas un turista todavía, casi todo le resulta nuevo y ha de ir conociendo la ciudad poco a poco mientras que se sientan las bases de las que serán las nuevas amenazas a las que ha de enfrentarse (encabezadas por el Búho y por Mortaja, un héroe desquiciado por la perdida de su amor y que no dará precisamente la bienvenida al hombre sin miedo). Esta idea, magníficamente visualizada por el dúo Samnee-Rodriguez es la de mejores que se pueden leer en estos cinco números incluidos en el tomo. Waid consciente de que Daredevil es un héroe quintaesencialmente neoyorkino, juega con la idea de que en San Francisco es poco más que un pez fuera del agua teniendo tanto él, como sus supersentidos que adaptarse a un entorno completamente diferente.
Junto a esto, Waid ahonda en la relación de Matt con las autoridades locales, que al menos por ahora parecen más colaborativas que las neoyorkinas, avanza en su relación con Kirsten y da una solución imaginativa (que curiosamente en época de Chichester ya había usado el propio Matt para si mismo) a la situación de Foggy, para conseguir mantenerlo seguro mientras combate su enfermedad. El tono sigue siendo más aventurero y superheroico de lo que hasta la llegada de Waid era habitual en la colección y en espera de ver lo que realmente se esta construyendo en torno a Mortaja y al Búho, esta etapa sigue siendo a día de hoy de las mejores series que se producen actualmente en la antigua Casa de la Ideas y tiene todos los números para colarse en un lugar de honor entre las mejores etapas de una colección plagada de nombres y épocas ilustres. A nosotros nos toca seguir disfrutándolo.
Aunque manteniendo el mismo equipo creativo (Mark Waid, Chris Samnee y Javier Rodriguez) ha sido un mero cambio de estatus en el personaje lo que ha permitido a Marvel remunerar la colección por enésima vez en los últimos años. Una estrategia con la que la editorial pretende emular el concepto de temporada televisiva y de paso no asustar a los posibles nuevos lectores a los que supuestamente les puede resultar mucho más fácil incorporarse en un número 5 que no es un hipotético 553. En cualquier caso, esta estrategia de marketing (que, para quien esto escribe no tiene en si nada de malo) no ha condicionado el desarrollo natural de una etapa que tras lo narrado hasta ahora, atravesaba su mejor momento. Así, con este nuevo volumen no estamos ante una ruptura si no ante una continuidad lógica de lo que hasta ahora se venia narrando.
Obligado a alejarse de Nueva York para poder seguir ejerciendo la abogacía, San Francisco se antojaba como la mejor opción posible, no en vano Matt ya vivió allí un tiempo durante su relación con la Viuda Negra. Será ahora otra mujer, Kirsten McDuffie, quien le termine de convencer de la necesidad de cambiar de costa, sobre todo dada la delicada situación de salud de Foggy Nelson. Siendo estos dos personajes, junto al propio Matt, los pilares sobre los que se esta construyendo esta etapa. El camino sin embargo no estará precisamente sembrado de rosas y no solo por el accidentado viaje que le llevara a San Francisco (narrado en Road Warrior, con el Pensador Loco y un adaptoide que quiere ser algo más, de por medio) ni siquiera por el hecho de que su identidad sea publica, lo que evidentemente complica las cosas, no, el problema estriba, al menos al principio, en que Nueva York y San Francisco son dos ciudades completamente diferentes, y aunque Matt ya había estado en la ciudad californinana, eso fue hace mucho tiempo.
En Nueva York, Matt conoce de memoria las texturas, los olores, las distancias entre los distintos edificios, es casi uno con la ciudad. Puede saltar de azotea en azotea solo guiándose por sus instintos, en San Francisco, es apenas un turista todavía, casi todo le resulta nuevo y ha de ir conociendo la ciudad poco a poco mientras que se sientan las bases de las que serán las nuevas amenazas a las que ha de enfrentarse (encabezadas por el Búho y por Mortaja, un héroe desquiciado por la perdida de su amor y que no dará precisamente la bienvenida al hombre sin miedo). Esta idea, magníficamente visualizada por el dúo Samnee-Rodriguez es la de mejores que se pueden leer en estos cinco números incluidos en el tomo. Waid consciente de que Daredevil es un héroe quintaesencialmente neoyorkino, juega con la idea de que en San Francisco es poco más que un pez fuera del agua teniendo tanto él, como sus supersentidos que adaptarse a un entorno completamente diferente.
Junto a esto, Waid ahonda en la relación de Matt con las autoridades locales, que al menos por ahora parecen más colaborativas que las neoyorkinas, avanza en su relación con Kirsten y da una solución imaginativa (que curiosamente en época de Chichester ya había usado el propio Matt para si mismo) a la situación de Foggy, para conseguir mantenerlo seguro mientras combate su enfermedad. El tono sigue siendo más aventurero y superheroico de lo que hasta la llegada de Waid era habitual en la colección y en espera de ver lo que realmente se esta construyendo en torno a Mortaja y al Búho, esta etapa sigue siendo a día de hoy de las mejores series que se producen actualmente en la antigua Casa de la Ideas y tiene todos los números para colarse en un lugar de honor entre las mejores etapas de una colección plagada de nombres y épocas ilustres. A nosotros nos toca seguir disfrutándolo.
sábado, 20 de diciembre de 2014
Robocop vs Terminator de Frank Miller y Walter Simonson, por fin en España.
Recupero y re-elaboro una reseña que hice hace ya la friolera de 6 años aprovechando que por fin se ha publicado este cómic en España de la mano de Aleta, algo que hasta hace no tanto parecía casi imposible.
El contexto.
Publicado en forma de miniserie de 4 números por Dark Horse a la altura de 1992, el cómic cabe enmarcarse tanto en el contexto de las obras que Miller escribió en los 90 para ser dibujada por alguno de los mejores artistas del medio, como en una especie de resarcimiento por no haber podido dar su visión de Robocop ni en Robocop 2 (1989), ni en Robocop 3 (1992). Las lastima es que haya habido que esperar más de 20 años para verla por fin editada en España. Cabria aplicar aquí aquello tan manido de más vale tarde que nunca.
Como siempre en este tipo de proyectos Miller sabe con quien trabaja y no duda en elaborar un guión lleno de acción y de fuerza para que un Simonson inspiradísimo de lo mejor de si. Páginas llenas de onomatopeyas, espectaculares composiciones, y un Robocop que parece comerse la página, son algunas de las virtudes de un trabajo en el que Simonson demuestra estar muy en forma y disfrutar enormemente de la historia concebida por su compañero. Por su parte Miller, plantea un guión desde los parámetros clásicos de la franquicia de Terminator: viajes en el tiempo, futuro apocalíptico, cambiar ese futuro desde el pasado etc, consiguiendo por el camino unir ambos mundos de manera muy lógica y coherente. De paso que se ríe un poco de las posibilidad de estar continuamente viajando en el tiempo y critica sin piedad determinados aspectos de la sociedad americana.
La historia.
En un futuro no muy lejano las maquinas están a punto de ganar la guerra contra el hombre, este al borde de la extinción fija todas sus esperanzas en Florece Langer, una soldado que retrocede al pasado apareciendo, como no podía ser de otra manera, desnuda en medio de Detroit y buscando la muerte de Robocop. El motivo simple a la par que lógico demuestra la inteligencia de Miller al enlazar ambas franquicias: Skynet, la computadora que declaro la guerra a la humanidad adquirió conciencia propia gracias a su unión con Robocop, el cual perfecta simbiosis entre hombre y maquina se convirtió en una especia de “padre” de los Terminators. A partir de ese momento se desarrolla toda una historia plagada de viajes temporales en la que el sombrío futuro de la humanidad parece evitarse solo para que la llegada de nuevos Terminators al pasado terminen por restaurarlo.
El cómic de nuevo esta lleno de arquetipos millerianos, con una mujer dura y segura de si misma (que también enlaza con a mujeres de Cameron en su cine) que termina por descubrir una nobleza inesperada en aquel al que había venido a matar, por su parte Robocop se convierte en el personaje central de la obra. Un héroe muy milleriano, que pese a dudar continuamente de su humanidad (¿es su conciencia solo un programa informático? se preguntara más de una vez) estará más que dispuesto a dar su propia vida para salvar aquello que un día fue y que por mucho que él lo dude sigue siendo. Un tema el del sacrifico heroico central en la obra de Miller. Son temas (como el familiar, al fin y al cabo Robocop es el creador, involuntario de los Terminators) apenas si esbozados, no en vano el guión de Miller esta ante todo puesto a disposición del lucimiento de su pareja de baile a los lápices, pero que muestra que el autor de 300 es ante todo un guionista de obsesiones.
Conclusiones.
Resulta curioso analizar la trayectoria de Frank Miller con Robocop, la película original, evidentemente influenciada por el trabajo del autor de Sin City dio como resultado dos secuelas guionizadas por Miller que vio como en Hollywood el trabajo del guionista es de un mero eslabón (y no de los más importantes) en la cadena de montaje del cine más puramente comercial. Desencantado con el resultado, Miller pudo resarcirse en parte con este Robocop vs Terminator que se antoja a las claras como el mejor trabajo del guionista con el personaje y más viendo la posterior adaptación de sus guiones de cine al cómic, una adaptación que demuestra que las películas podían haber sido mucho más interesantes, pero que se sitúan muy por debajo de este trabajo concebido directamente como cómic, medio donde, al contrario que el cine, Miller es un autentico maestro.
Con todo puede que el guion de esta obra no profundice como en otras en aquellos aspectos que más definen a su autor y con ello se podría considerar que Robocop vs Terminator es un trabajo menor dentro de la trayectoria de Miller. Probablemente lo sea, pero estamos ante un cómic dinámico, lleno de acción, espectacularmente dibujado, con dosis adecuadas de humor e ironía y ante todo enormemente entretenido. Poco más se puede pedir a la que sin duda es una de las novedades editoriales más destacadas del año y que algunos llevábamos mucho tiempo esperando que se publicara en España.
El contexto.
Publicado en forma de miniserie de 4 números por Dark Horse a la altura de 1992, el cómic cabe enmarcarse tanto en el contexto de las obras que Miller escribió en los 90 para ser dibujada por alguno de los mejores artistas del medio, como en una especie de resarcimiento por no haber podido dar su visión de Robocop ni en Robocop 2 (1989), ni en Robocop 3 (1992). Las lastima es que haya habido que esperar más de 20 años para verla por fin editada en España. Cabria aplicar aquí aquello tan manido de más vale tarde que nunca.
Como siempre en este tipo de proyectos Miller sabe con quien trabaja y no duda en elaborar un guión lleno de acción y de fuerza para que un Simonson inspiradísimo de lo mejor de si. Páginas llenas de onomatopeyas, espectaculares composiciones, y un Robocop que parece comerse la página, son algunas de las virtudes de un trabajo en el que Simonson demuestra estar muy en forma y disfrutar enormemente de la historia concebida por su compañero. Por su parte Miller, plantea un guión desde los parámetros clásicos de la franquicia de Terminator: viajes en el tiempo, futuro apocalíptico, cambiar ese futuro desde el pasado etc, consiguiendo por el camino unir ambos mundos de manera muy lógica y coherente. De paso que se ríe un poco de las posibilidad de estar continuamente viajando en el tiempo y critica sin piedad determinados aspectos de la sociedad americana.
La historia.
En un futuro no muy lejano las maquinas están a punto de ganar la guerra contra el hombre, este al borde de la extinción fija todas sus esperanzas en Florece Langer, una soldado que retrocede al pasado apareciendo, como no podía ser de otra manera, desnuda en medio de Detroit y buscando la muerte de Robocop. El motivo simple a la par que lógico demuestra la inteligencia de Miller al enlazar ambas franquicias: Skynet, la computadora que declaro la guerra a la humanidad adquirió conciencia propia gracias a su unión con Robocop, el cual perfecta simbiosis entre hombre y maquina se convirtió en una especia de “padre” de los Terminators. A partir de ese momento se desarrolla toda una historia plagada de viajes temporales en la que el sombrío futuro de la humanidad parece evitarse solo para que la llegada de nuevos Terminators al pasado terminen por restaurarlo.
El cómic de nuevo esta lleno de arquetipos millerianos, con una mujer dura y segura de si misma (que también enlaza con a mujeres de Cameron en su cine) que termina por descubrir una nobleza inesperada en aquel al que había venido a matar, por su parte Robocop se convierte en el personaje central de la obra. Un héroe muy milleriano, que pese a dudar continuamente de su humanidad (¿es su conciencia solo un programa informático? se preguntara más de una vez) estará más que dispuesto a dar su propia vida para salvar aquello que un día fue y que por mucho que él lo dude sigue siendo. Un tema el del sacrifico heroico central en la obra de Miller. Son temas (como el familiar, al fin y al cabo Robocop es el creador, involuntario de los Terminators) apenas si esbozados, no en vano el guión de Miller esta ante todo puesto a disposición del lucimiento de su pareja de baile a los lápices, pero que muestra que el autor de 300 es ante todo un guionista de obsesiones.
Conclusiones.
Resulta curioso analizar la trayectoria de Frank Miller con Robocop, la película original, evidentemente influenciada por el trabajo del autor de Sin City dio como resultado dos secuelas guionizadas por Miller que vio como en Hollywood el trabajo del guionista es de un mero eslabón (y no de los más importantes) en la cadena de montaje del cine más puramente comercial. Desencantado con el resultado, Miller pudo resarcirse en parte con este Robocop vs Terminator que se antoja a las claras como el mejor trabajo del guionista con el personaje y más viendo la posterior adaptación de sus guiones de cine al cómic, una adaptación que demuestra que las películas podían haber sido mucho más interesantes, pero que se sitúan muy por debajo de este trabajo concebido directamente como cómic, medio donde, al contrario que el cine, Miller es un autentico maestro.
Con todo puede que el guion de esta obra no profundice como en otras en aquellos aspectos que más definen a su autor y con ello se podría considerar que Robocop vs Terminator es un trabajo menor dentro de la trayectoria de Miller. Probablemente lo sea, pero estamos ante un cómic dinámico, lleno de acción, espectacularmente dibujado, con dosis adecuadas de humor e ironía y ante todo enormemente entretenido. Poco más se puede pedir a la que sin duda es una de las novedades editoriales más destacadas del año y que algunos llevábamos mucho tiempo esperando que se publicara en España.
domingo, 7 de diciembre de 2014
El Daredevil de Alan Davis: Daredevil y el Clan Destine.
En los últimos años Marvel ha ido recuperando la tradición antaño olvidada de los anuales. Tradición que en el caso de Daredevil ha supuesto que en el 2012 y dentro del relanzamiento llevado a cabo por Mark Waid y compañía, el personaje haya contado con el que sería su treceavo anual (una cifra más bien escasa en 50 años de historia). Realizado por la ya clásica pareja formada por Alan Davis y Mark Farmer, cuentan para la ocasión con el color de Javier Rodríguez, único lazo de unión autoral con la colección regular del personaje.
Si hay un autor de prestigio casi universal en el mainstream americano actual, ese es sin duda Alan Davis. Autor clave del genero superhéroico desde los años 80, el británico, al contrario de lo que ha pasado con otros mitos de esos años, no ha caído en desgracia para el aficionado actual, sabiendo adaptar su estilo a los gustos del mercado a día de hoy, sin por ello copiar a nadie ni perder su propia identidad, es más es él el que ha creado escuela. Por sus expertos lápices han pasado casi todos los personajes clave de Marvel y DC. Aposentado actualmente en la antigua Casa de la Ideas, su plástico trabajo sigue aportando fuerza y dinamismo a algunos de los eventos y personajes principales de la casa, a la vez que, de vez en cuando tiene manga ancha para afrontar sus propios proyectos personales, siendo Marvel muy consciente de que además de su calidad, Davis aporta prestigio por lo que es mejor tenerle contento.
Dentro de este tipo de proyectos personales es donde entraría este primer (y único) anual del volumen 3 americano de Daredevil, que Panini ha tenido a bien recopilar en un interesante tomo bajo el sobrenombre “El Universo Marvel de Alan Davis”. Aunque como decíamos antes casi todos los grandes iconos de Marvel y DC habían pasado por los lápices de Davis, Daredevil vendría a ser una de la excepciones que confirman la regla y este anual viene a subsanar en gran medida tal situación. Todo un acierto ya que no cabe duda que un personaje tan acrobático, de tanta plasticidad visual y mucho más fibroso que musculado, se adapta como anillo al dedo al estilo del dibujante de Miracleman. El anual se engloba dentro de una trilogía de anuales (junto a Los 4 Fantásticos, donde se inicia la historia y a Lobezno donde concluye) que supone el retorno de la familia Destine, uno de los proyectos más personales que Davis creara en la Marvel de los 90.
Concebida como un linaje superpoderoso, con siglos de vida, que prefieren mantenerse ocultos ante el resto de la humanidad (una mezcla de conceptos entre los inhumanos y lo mutantes), se han de enfrentar ahora a un status totalmente diferente cuando las nuevas generaciones deciden salir a la luz desterrando la mascarada de sus familiares. El Clan Destine tuvo una serie original de corta duración (12 números) de la que Davis se marcho pronto (a los 8) por desavenencias con la editorial y que supuso en sus primeros números una de la joyas de los 90 una década desastrosa a nivel global para Marvel pero que con todo tuvo grandes cómics en su haber. Desde entonces Davis ha ido retomando a los personajes, con plena libertad a través de una miniserie (de cinco números en 2008 ) o especiales (el que les enfrento a los X-Men en 2 números de 1996) como el anual que ahora nos ocupa.
La relación de Daredevil con la trama es tangencial, meramente accidental, pero permite a Davis explayarse agusto con su visión del personaje que luce más superherócio y atlético que nunca. La abundancia de splash-page permiten al autor lucir su inmenso talento para el genero en su vertiente más clásica y espectacular lo que unido a su dominio narrativo muestran una vez más a Davis como el prototipo de dibujante de superhéroes perfecto. Lastima que se haya prodigado tan poco por las páginas del hombre sin miedo. En cualquier caso en el anual de Daredevil se desarrolla el nudo de la antes mencionada trilogía y tiene como hilo conductor la presencia del Doctor Extraño, gran amigo del cuernecitos y un misterio familiar que afecta al mismo corazón del Clan Destine y que no parece que vaya a permanecer oculto mucho más. La aventura es entretenida y aunque intrascendente en la historia del hombre si miedo si es clave para una familia Destine a la que las ventas, por desgracia, nunca han acompañado pese al excepcional talento y mimo de su autor.
Si hay un autor de prestigio casi universal en el mainstream americano actual, ese es sin duda Alan Davis. Autor clave del genero superhéroico desde los años 80, el británico, al contrario de lo que ha pasado con otros mitos de esos años, no ha caído en desgracia para el aficionado actual, sabiendo adaptar su estilo a los gustos del mercado a día de hoy, sin por ello copiar a nadie ni perder su propia identidad, es más es él el que ha creado escuela. Por sus expertos lápices han pasado casi todos los personajes clave de Marvel y DC. Aposentado actualmente en la antigua Casa de la Ideas, su plástico trabajo sigue aportando fuerza y dinamismo a algunos de los eventos y personajes principales de la casa, a la vez que, de vez en cuando tiene manga ancha para afrontar sus propios proyectos personales, siendo Marvel muy consciente de que además de su calidad, Davis aporta prestigio por lo que es mejor tenerle contento.
Dentro de este tipo de proyectos personales es donde entraría este primer (y único) anual del volumen 3 americano de Daredevil, que Panini ha tenido a bien recopilar en un interesante tomo bajo el sobrenombre “El Universo Marvel de Alan Davis”. Aunque como decíamos antes casi todos los grandes iconos de Marvel y DC habían pasado por los lápices de Davis, Daredevil vendría a ser una de la excepciones que confirman la regla y este anual viene a subsanar en gran medida tal situación. Todo un acierto ya que no cabe duda que un personaje tan acrobático, de tanta plasticidad visual y mucho más fibroso que musculado, se adapta como anillo al dedo al estilo del dibujante de Miracleman. El anual se engloba dentro de una trilogía de anuales (junto a Los 4 Fantásticos, donde se inicia la historia y a Lobezno donde concluye) que supone el retorno de la familia Destine, uno de los proyectos más personales que Davis creara en la Marvel de los 90.
Concebida como un linaje superpoderoso, con siglos de vida, que prefieren mantenerse ocultos ante el resto de la humanidad (una mezcla de conceptos entre los inhumanos y lo mutantes), se han de enfrentar ahora a un status totalmente diferente cuando las nuevas generaciones deciden salir a la luz desterrando la mascarada de sus familiares. El Clan Destine tuvo una serie original de corta duración (12 números) de la que Davis se marcho pronto (a los 8) por desavenencias con la editorial y que supuso en sus primeros números una de la joyas de los 90 una década desastrosa a nivel global para Marvel pero que con todo tuvo grandes cómics en su haber. Desde entonces Davis ha ido retomando a los personajes, con plena libertad a través de una miniserie (de cinco números en 2008 ) o especiales (el que les enfrento a los X-Men en 2 números de 1996) como el anual que ahora nos ocupa.
La relación de Daredevil con la trama es tangencial, meramente accidental, pero permite a Davis explayarse agusto con su visión del personaje que luce más superherócio y atlético que nunca. La abundancia de splash-page permiten al autor lucir su inmenso talento para el genero en su vertiente más clásica y espectacular lo que unido a su dominio narrativo muestran una vez más a Davis como el prototipo de dibujante de superhéroes perfecto. Lastima que se haya prodigado tan poco por las páginas del hombre sin miedo. En cualquier caso en el anual de Daredevil se desarrolla el nudo de la antes mencionada trilogía y tiene como hilo conductor la presencia del Doctor Extraño, gran amigo del cuernecitos y un misterio familiar que afecta al mismo corazón del Clan Destine y que no parece que vaya a permanecer oculto mucho más. La aventura es entretenida y aunque intrascendente en la historia del hombre si miedo si es clave para una familia Destine a la que las ventas, por desgracia, nunca han acompañado pese al excepcional talento y mimo de su autor.
domingo, 12 de octubre de 2014
Frank Miller Robocop: Ultimo asalto.
Al igual que ocurriera con su guión cinematográfico para Robocop 2, las ideas que Frank Miller trato de llevar a la gran pantalla en Robocop 3, han terminado viendo la luz en formato cómic con guiones una vez más de Steve Grant y lápices en esta ocasión de Korkut Öztekin.
Resulta curioso observar como de la trilogía original de Robocop, es la primera, la única que no cuenta con el trabajo de Miller a los guiones la que más se ve influida por su mundo y sus ideas, en especial por su trabajo en Dark Knignt. Y es que si ya en Robocop 2 la mano de Miller se intuye más que se ve, en Robocop 3 esta totalmente desaparecida. Del ultraviolento y expeditivo mundo narrado por Verhoeven en la primera, pasamos a un película de marcado carácter infantil que desnaturaliza el personaje y reduce la critica social hasta casi hacerla desaparecer.
Por lo que podemos apreciar en esta adaptación, el guion de Miller para Robocop 3 debió ser bastante más esquemático que el de Robocop 2. Aunque en la adaptación de Grant se aprecian los tradicionales temas del autor de Sin City (la individualidad, el sacrificio, la corrupción del poder institucionalizado...), todo aparece reflejado casi como ruido de fondo en una orgía de caos y destrucción, en una película que de haberse rodado tal cual hubiese sido tal vez un glorioso espectáculo de acción, pero hubiera perdido gran parte de la acidez critica de la primera y lo que Miller quería contar para la segunda.
La trama es ya conocida y heredera directa de la situación dejada en lo que hubiera sido Robocop 2. De nuevo nos situamos en un Detroit destrozado, donde la gente se esfuerza por sobrevivir ante el control total ejercido por una gran megacoporación (OCP) y de nuevo Robocop, dibujado por los medios de comunicación como un terrorista, es la única esperanza de salvación para los habitantes de la ciudad. Un concepto que se va desarrollando ya en al primera parte, donde la OCP aún no es tan poderosa, pero va camino de ello, que Miller pretendía llevar más allá en la segunda y que debía tener su (proverbial) asalto final en la tercera, donde Robocop se convierte en catalizador de la resistencia de una ciudad que se da cuenta que ha de tomar la riendas de su propio destino.
En el cómic se ven ideas interesantes como esos ciborg de ultima generación que parecen más humanos que maquinas por fuera pero que se comportan y actúan como máquinas reflejando la humanidad desnaturalizada de sus creadores, frente a un Robocop que parece más maquina por fuera pero por dentro es más humano que los lideres de la asesina OCP. Destacan también ideas entorno al control mediante el sexo, la posibilidad del amor para Robocop, o la lucha de la gente por no perder sus casas (tema por desgracia de innegable actualidad), sin embargo todo esta en segundo plano frente a la desbocada acción que es el eje conductor principal del guión.
Así las cosas si ya Robocop 3 fue con diferencia la peor de la trilogía original (la segunda aún tenia muchas cosas reivindicables), algo parecido sucede con este cómic que uno tiene la sensación que podía haberse contado en al mitad de páginas. Contribuye también a ello Korkut Öztekin, con un dibujo feista que pretende imitar a Miller sin terminar de conseguirlo y que no logra ser desde luego tan llamativo como es el de Juan José Ryp en la adaptación del guión de Robocop 2, adoleciendo además de problemas parecidos en el ritmo y narración que tenía aquel.
Con todo y pese a sus defectos de lo que no cabe duda es que tras la lectura de Robocop: Ultimo asalto uno tiene la clara sensación de que Robocop 3 pudo ser mucho más interesante de lo que fue y que si no llega a ser por los intentos de infantilizar la franquicia para rentabilizarla por otros lados podríamos estar ante una saga, y no solo ante película (la primera) mítica.
Cabe destacar como reflexión final, la pertinencia de comparar el estado actual de Detroit, antaño orgullosa capital del automóvil estadounidense y actual monumento al capitalismo salvaje, con el Detroit que se muestra en Robocop, tanto en la película original (de evidente influencia milleriana) como en los guiones firmados por Miller. De nuevo la capacidad de anticipación del guionista de Born Again asombra por su lucidez, lo que lleva a preguntarse una vez más como pudo firmar algo tan fuera de su tiempo como Holy Terror, pero eso es otra historia.
Resulta curioso observar como de la trilogía original de Robocop, es la primera, la única que no cuenta con el trabajo de Miller a los guiones la que más se ve influida por su mundo y sus ideas, en especial por su trabajo en Dark Knignt. Y es que si ya en Robocop 2 la mano de Miller se intuye más que se ve, en Robocop 3 esta totalmente desaparecida. Del ultraviolento y expeditivo mundo narrado por Verhoeven en la primera, pasamos a un película de marcado carácter infantil que desnaturaliza el personaje y reduce la critica social hasta casi hacerla desaparecer.
Por lo que podemos apreciar en esta adaptación, el guion de Miller para Robocop 3 debió ser bastante más esquemático que el de Robocop 2. Aunque en la adaptación de Grant se aprecian los tradicionales temas del autor de Sin City (la individualidad, el sacrificio, la corrupción del poder institucionalizado...), todo aparece reflejado casi como ruido de fondo en una orgía de caos y destrucción, en una película que de haberse rodado tal cual hubiese sido tal vez un glorioso espectáculo de acción, pero hubiera perdido gran parte de la acidez critica de la primera y lo que Miller quería contar para la segunda.
La trama es ya conocida y heredera directa de la situación dejada en lo que hubiera sido Robocop 2. De nuevo nos situamos en un Detroit destrozado, donde la gente se esfuerza por sobrevivir ante el control total ejercido por una gran megacoporación (OCP) y de nuevo Robocop, dibujado por los medios de comunicación como un terrorista, es la única esperanza de salvación para los habitantes de la ciudad. Un concepto que se va desarrollando ya en al primera parte, donde la OCP aún no es tan poderosa, pero va camino de ello, que Miller pretendía llevar más allá en la segunda y que debía tener su (proverbial) asalto final en la tercera, donde Robocop se convierte en catalizador de la resistencia de una ciudad que se da cuenta que ha de tomar la riendas de su propio destino.
En el cómic se ven ideas interesantes como esos ciborg de ultima generación que parecen más humanos que maquinas por fuera pero que se comportan y actúan como máquinas reflejando la humanidad desnaturalizada de sus creadores, frente a un Robocop que parece más maquina por fuera pero por dentro es más humano que los lideres de la asesina OCP. Destacan también ideas entorno al control mediante el sexo, la posibilidad del amor para Robocop, o la lucha de la gente por no perder sus casas (tema por desgracia de innegable actualidad), sin embargo todo esta en segundo plano frente a la desbocada acción que es el eje conductor principal del guión.
Así las cosas si ya Robocop 3 fue con diferencia la peor de la trilogía original (la segunda aún tenia muchas cosas reivindicables), algo parecido sucede con este cómic que uno tiene la sensación que podía haberse contado en al mitad de páginas. Contribuye también a ello Korkut Öztekin, con un dibujo feista que pretende imitar a Miller sin terminar de conseguirlo y que no logra ser desde luego tan llamativo como es el de Juan José Ryp en la adaptación del guión de Robocop 2, adoleciendo además de problemas parecidos en el ritmo y narración que tenía aquel.
Con todo y pese a sus defectos de lo que no cabe duda es que tras la lectura de Robocop: Ultimo asalto uno tiene la clara sensación de que Robocop 3 pudo ser mucho más interesante de lo que fue y que si no llega a ser por los intentos de infantilizar la franquicia para rentabilizarla por otros lados podríamos estar ante una saga, y no solo ante película (la primera) mítica.
Cabe destacar como reflexión final, la pertinencia de comparar el estado actual de Detroit, antaño orgullosa capital del automóvil estadounidense y actual monumento al capitalismo salvaje, con el Detroit que se muestra en Robocop, tanto en la película original (de evidente influencia milleriana) como en los guiones firmados por Miller. De nuevo la capacidad de anticipación del guionista de Born Again asombra por su lucidez, lo que lleva a preguntarse una vez más como pudo firmar algo tan fuera de su tiempo como Holy Terror, pero eso es otra historia.
domingo, 5 de octubre de 2014
Daredevil especial 50 aniversario.
Cincuenta años ya de nuestro hombre sin miedo, en medio de los aniversarios de Batman, Superman, Spiderman o Los 4 Fantásticos lo cierto es que el cumpleaños del cuernecitos ha pasado algo más desapercibido, lo que no ha impedido que desde Marvel hayan lanzado un especial conmemorando el aniversario incluido por Panini en el tomo El Camino del Guerrero.
El especial estructurado en torno a tres historias tiene como núcleo central el trabajo de Mark Waid y Javier Rodríguez, dos de los responsables de la actual etapa de Daredevil. En el, un Matt cincuentón y padre de familia se ve metido en una suerte de ultima batalla para vencer a la hija del Búho que ha cegado a gran parte de Nueva York. La historia que permite echar un vistazo a alguno de los planes que Waid tiene para el futuro de la serie destaca por su tono optimista y aventurero, a lo que ayuda el dibujo, limpio y dinámico de un Rodríguez que vuelve a dar muestras de su talento más allá de la paleta de colores. El tono es un contraste claro con la serie limitada El fin de los días donde Brian Michael Bendis imaginaba un futuro mucho más oscuro para el hombre sin miedo, un futuro donde por cierto la paternidad también tenia su importancia.
Precisamente Bendis será el guionista del relato ilustrado que compone la segunda historia del especial, una historia que supone la reunión con Alex Maleev y que recupera el tono oscuro y pesimista de su celebrada etapa al frente del titulo. El relato ahonda una vez más en el cruel destino que parece esperar a todas las mujeres que se acercan a Daredevil y se enfoca al igual que en El fin de los días desde la perspectiva que un tercero tiene sobre Matt y lo que hace. Una historia que contrasta enormemente con la de Waid/Rodríguez y que muestra a la claras el amplio scope que admite el personaje.
Mucho más cercana al tono de Waid es la tercera historia, escrita y dibujada por Karl Kesel con tintas del mítico Tom Palmer. La historia recupera una de las situaciones más surrealistas vividas en los 50 años de aventuras del personaje: la invención por parte de Matt Murdock de un hermano gemelo (Mike Murdock) para proteger su identidad secreta. Con Gene Colan a los lápices (al que aquí Kesel trata de imitar con éxito relativo) y con un desbocado Stan Lee a los guiones, Mike Murdock fue una respuesta de emergencia de Matt ante una situación que mostraba a la claras que su identidad secreta era un autentico quebradero de cabeza ya en aquellos primeros años. El que Kesel (precursor en cierta media del tono empleado por Waid en la colección a día de hoy, a lo largo de su breve pero intensa etapa en los 90) recupere esta historia y su misma presencia en este especial es un recordatorio más de que había vida en Daredevil antes de Frank Miller y de que, a parte de la oscuridad y el dramatismo, el humor y la aventura desenfadada también tiene cabida en el mundo del hombre sin miedo.
El especial se completa con multitud de portadas alternativas entre las que destacan con fuerza las cinco compuestas por Marcos Martín que rememoran con elegancia compositiva sin parangón alguno de los highlights del personaje: su origen, su primeros años como abogado con Karen y Foggy, la muerte de Elektra, Born Again y la actual era de optimismo donde el diablo vuelve a sonreír. Las portadas se completan con dos más una, la principal a cargo de Paolo Rivera y otra de Chris Samnee y Javier Rodríguez con lo que los principales artistas que han conducido al personaje en su actual relanzamiento están presentes en el cómic.
Este especial se torna así en una buena muestra del potencial del personaje, a la par que contrata con los fastos y grandes celebraciones de los aniversarios de los principales iconos del genero, dejando claro el perfil más discreto pero de calidad contrastada de un Daredevil que a la chita callando y casi siempre en segundo plano ha conseguido estar de manera ininterrumpida durante 50 años en un mercado tan competitivo y cada vez más raquítico, como es el de los superhéroes. Todo un merito sin duda para un personaje al que a poco que le acompañe la fortuna, puede vivir días de gloria gracias tanto a la magnifica etapa que están construyendo Waid/Samnee/Rodríguez como a la serie de televisión que para el 2015 se prepara sobre el mismo.
El especial estructurado en torno a tres historias tiene como núcleo central el trabajo de Mark Waid y Javier Rodríguez, dos de los responsables de la actual etapa de Daredevil. En el, un Matt cincuentón y padre de familia se ve metido en una suerte de ultima batalla para vencer a la hija del Búho que ha cegado a gran parte de Nueva York. La historia que permite echar un vistazo a alguno de los planes que Waid tiene para el futuro de la serie destaca por su tono optimista y aventurero, a lo que ayuda el dibujo, limpio y dinámico de un Rodríguez que vuelve a dar muestras de su talento más allá de la paleta de colores. El tono es un contraste claro con la serie limitada El fin de los días donde Brian Michael Bendis imaginaba un futuro mucho más oscuro para el hombre sin miedo, un futuro donde por cierto la paternidad también tenia su importancia.
Precisamente Bendis será el guionista del relato ilustrado que compone la segunda historia del especial, una historia que supone la reunión con Alex Maleev y que recupera el tono oscuro y pesimista de su celebrada etapa al frente del titulo. El relato ahonda una vez más en el cruel destino que parece esperar a todas las mujeres que se acercan a Daredevil y se enfoca al igual que en El fin de los días desde la perspectiva que un tercero tiene sobre Matt y lo que hace. Una historia que contrasta enormemente con la de Waid/Rodríguez y que muestra a la claras el amplio scope que admite el personaje.
Mucho más cercana al tono de Waid es la tercera historia, escrita y dibujada por Karl Kesel con tintas del mítico Tom Palmer. La historia recupera una de las situaciones más surrealistas vividas en los 50 años de aventuras del personaje: la invención por parte de Matt Murdock de un hermano gemelo (Mike Murdock) para proteger su identidad secreta. Con Gene Colan a los lápices (al que aquí Kesel trata de imitar con éxito relativo) y con un desbocado Stan Lee a los guiones, Mike Murdock fue una respuesta de emergencia de Matt ante una situación que mostraba a la claras que su identidad secreta era un autentico quebradero de cabeza ya en aquellos primeros años. El que Kesel (precursor en cierta media del tono empleado por Waid en la colección a día de hoy, a lo largo de su breve pero intensa etapa en los 90) recupere esta historia y su misma presencia en este especial es un recordatorio más de que había vida en Daredevil antes de Frank Miller y de que, a parte de la oscuridad y el dramatismo, el humor y la aventura desenfadada también tiene cabida en el mundo del hombre sin miedo.
El especial se completa con multitud de portadas alternativas entre las que destacan con fuerza las cinco compuestas por Marcos Martín que rememoran con elegancia compositiva sin parangón alguno de los highlights del personaje: su origen, su primeros años como abogado con Karen y Foggy, la muerte de Elektra, Born Again y la actual era de optimismo donde el diablo vuelve a sonreír. Las portadas se completan con dos más una, la principal a cargo de Paolo Rivera y otra de Chris Samnee y Javier Rodríguez con lo que los principales artistas que han conducido al personaje en su actual relanzamiento están presentes en el cómic.
Este especial se torna así en una buena muestra del potencial del personaje, a la par que contrata con los fastos y grandes celebraciones de los aniversarios de los principales iconos del genero, dejando claro el perfil más discreto pero de calidad contrastada de un Daredevil que a la chita callando y casi siempre en segundo plano ha conseguido estar de manera ininterrumpida durante 50 años en un mercado tan competitivo y cada vez más raquítico, como es el de los superhéroes. Todo un merito sin duda para un personaje al que a poco que le acompañe la fortuna, puede vivir días de gloria gracias tanto a la magnifica etapa que están construyendo Waid/Samnee/Rodríguez como a la serie de televisión que para el 2015 se prepara sobre el mismo.
domingo, 7 de septiembre de 2014
Daredevil: El camino del guerrero.
Quinto tomo de la etapa Waid, que de la mano de Panini recopila los últimos números del tercer volumen americano del personaje, y lo deja listo para un nuevo relanzamiento a cargo del mismo equipo creativo: Mark Waid, Chris Samnee y Javier Rodriguez.
Superhéroes e identidad secreta.
Si uno piensa en el genero superheróico el tema de la dualidad, de la identidad secreta ha tenido siempre (o casi) un peso fundamental en el mismo, incluso las excepciones (4F) destacaban por eso, por ser excepciones que se mostraban así como revolucionarias. Cuando Bendis y Maleev decidieron que la identidad secreta de Daredevil se hiciese publica, a la vez que Matt por pura fuerza de voluntad lo negara y luchara contra la revelación con todos los medios legales a su disposición, dieron un paso valiente y trazaron una historia relevante para el personaje y su entorno. Cuando no cerraron la historia ni dieron una salida salida definitiva al tema, en un sentido o en otro, condicionaron por completo el futuro del mismo.
Pese a todo dejar el tema de la identidad secreta de Daredevil colgando parecía, al principio al menos, algo positivo: se desterraba la idea de etapa-estanco tan común en los últimos años en Marvel, un concepto según el cual cada nuevo equipo creativo olvidaba lo que había hecho el anterior y se dedicaba a contar su historia y de paso se dejaba un cabo suelto de gran potencial que los futuros equipos creativos podían llevar por múltiples direcciones. El paso del tiempo ha venido a demostrar que tal vez no fuera tan buena idea. El que la identidad de Daredevil fuera semipública había abierto la caja de los truenos y era algo que no se podía deshacer con facilidad. Habida cuenta del tono de la serie y el carácter del personaje soluciones “fáciles” del estilo pacto con Mefisto (Spider-man) o maquina que hace olvidar todo (Iron Man) estaban totalmente descartadas, con lo que la única solución parecía consistir en tirar adelante como buenamente se pudiera con un status quo de difícil resolución.
Cogiendo al diablo por los cuernos.
Cuando Mark Waid llego a la colección, acompañado primero por Paolo Rivera y Marcos Martin y más tarde por Chris Samnee y Javier Rodriguez, el personaje venia de atravesar una época muy oscura, condicionado en fondo y forma por la decisión de Bendis/Maleev. Deseando darle un toque distinto, retornando sus raíces más heroicas y alejándose del noir imperante en los últimos años Waid opto al principio por historias ligeras, sin demasiada trascendencia en las que sin embargo el tema de la identidad secreta desvelada estaba siempre de fondo, como una barrera infranqueable, un peso ineludible, aunque afrontado no pocas veces con sentido del humor, con ese Matt con la camiseta de “No soy Daredevil” puesta o las continuas puyas sobre el tema con Kirsten McDuffie. Con todo, lo cierto es que la situación era algo que siempre estaba ahí y que no parecía poder resolverse, como una suerte de nudo gordiano que nadie se atrevía a cortar.
Poco a poco y a medida que Waid fue ganando confianza con el personaje y haciéndose con el control de la colección, el peso dramático fue ganado importancia (la cabra tira al momento y Daredevil es como es) sin perder nunca el trasfondo más netamente superherioco que Waid quería imprimir en la serie. Llegados a este punto (que se alcanzo sobre todo a partir del tomo anterior, El hombre con miedo) y para librarse de una vez del peso de pasado era necesario afrontar y resolver la pesada carga que el personaje arrastraba desde hacía ya tanto tiempo y precisamente eso es lo que pasa en este El camino del guerrero. Waid decide mirar adelante pero sin olvidar el pasado para de una vez por todas desatascar una situación en apariencia imposible, y como no podía ser de otra manera lo hace con valentía tomando tal vez el único camino que se podía tomar, pero que nadie hasta ahora se había atrevido a tomar.
Mirando al futuro.
Así las cosas el tomo se inicia cuando una subtrama que había estado de fondo en los anteriores números pasa ahora a primer plano: la amenaza de la racista Sociedad Serpiente y su infiltración en el sistema judicial de Nueva York. Para detenerlos Matt se vera obligado a afrontar decisiones que le pondrán contra las cuerdas en el peor momento posible y que le llevaran a tomar la única decisión que un héroe como él podría tomar: la de sacrificarse a si mismo por el bien común. Una idea muy “milleriana”, que por tanto va como un guante con el personaje y que aquí el guionista de Kingdom Come adopta sin dramatismos y sin alejarse un ápice del tono que ha querido establecer en la colección desde un principio.
Para tener la oportunidad de vencer a la Sociedad Serpiente, Daredevil contara con la ayuda de personajes tan dispares como Hank Pym, Elektra y el Doctor Extraño, lo que enlaza con la intención de imbricar más al personaje con el resto del Universo Marvel. Habrá de engañar a una renovada Legión de Monstruos a la par que se enfrentara con un enemigo clásico como es El Bufón, lo que de nuevo ahonda en el tono más aventurero que Waid ha establecido desde el principio. Todo para culminar en un final que ahora si, deja al personaje limpio de polvo y paja para afrontar un futuro que por primera vez en mucho tiempo se abre frente a él con esperanza. Y es que si bien es cierto que aún hay muchas dificultades en el camino (la mayor de las cuales es sin duda el estado de salud de Foggy) Matt se ha librado de hipotecas y puede empezar una nueva vida que estará una vez más regida por Mark Waid, Chris Samnee y Javier Rodriguez. No podemos imaginar manos más capaces.
Superhéroes e identidad secreta.
Si uno piensa en el genero superheróico el tema de la dualidad, de la identidad secreta ha tenido siempre (o casi) un peso fundamental en el mismo, incluso las excepciones (4F) destacaban por eso, por ser excepciones que se mostraban así como revolucionarias. Cuando Bendis y Maleev decidieron que la identidad secreta de Daredevil se hiciese publica, a la vez que Matt por pura fuerza de voluntad lo negara y luchara contra la revelación con todos los medios legales a su disposición, dieron un paso valiente y trazaron una historia relevante para el personaje y su entorno. Cuando no cerraron la historia ni dieron una salida salida definitiva al tema, en un sentido o en otro, condicionaron por completo el futuro del mismo.
Pese a todo dejar el tema de la identidad secreta de Daredevil colgando parecía, al principio al menos, algo positivo: se desterraba la idea de etapa-estanco tan común en los últimos años en Marvel, un concepto según el cual cada nuevo equipo creativo olvidaba lo que había hecho el anterior y se dedicaba a contar su historia y de paso se dejaba un cabo suelto de gran potencial que los futuros equipos creativos podían llevar por múltiples direcciones. El paso del tiempo ha venido a demostrar que tal vez no fuera tan buena idea. El que la identidad de Daredevil fuera semipública había abierto la caja de los truenos y era algo que no se podía deshacer con facilidad. Habida cuenta del tono de la serie y el carácter del personaje soluciones “fáciles” del estilo pacto con Mefisto (Spider-man) o maquina que hace olvidar todo (Iron Man) estaban totalmente descartadas, con lo que la única solución parecía consistir en tirar adelante como buenamente se pudiera con un status quo de difícil resolución.
Cogiendo al diablo por los cuernos.
Cuando Mark Waid llego a la colección, acompañado primero por Paolo Rivera y Marcos Martin y más tarde por Chris Samnee y Javier Rodriguez, el personaje venia de atravesar una época muy oscura, condicionado en fondo y forma por la decisión de Bendis/Maleev. Deseando darle un toque distinto, retornando sus raíces más heroicas y alejándose del noir imperante en los últimos años Waid opto al principio por historias ligeras, sin demasiada trascendencia en las que sin embargo el tema de la identidad secreta desvelada estaba siempre de fondo, como una barrera infranqueable, un peso ineludible, aunque afrontado no pocas veces con sentido del humor, con ese Matt con la camiseta de “No soy Daredevil” puesta o las continuas puyas sobre el tema con Kirsten McDuffie. Con todo, lo cierto es que la situación era algo que siempre estaba ahí y que no parecía poder resolverse, como una suerte de nudo gordiano que nadie se atrevía a cortar.
Poco a poco y a medida que Waid fue ganando confianza con el personaje y haciéndose con el control de la colección, el peso dramático fue ganado importancia (la cabra tira al momento y Daredevil es como es) sin perder nunca el trasfondo más netamente superherioco que Waid quería imprimir en la serie. Llegados a este punto (que se alcanzo sobre todo a partir del tomo anterior, El hombre con miedo) y para librarse de una vez del peso de pasado era necesario afrontar y resolver la pesada carga que el personaje arrastraba desde hacía ya tanto tiempo y precisamente eso es lo que pasa en este El camino del guerrero. Waid decide mirar adelante pero sin olvidar el pasado para de una vez por todas desatascar una situación en apariencia imposible, y como no podía ser de otra manera lo hace con valentía tomando tal vez el único camino que se podía tomar, pero que nadie hasta ahora se había atrevido a tomar.
Mirando al futuro.
Así las cosas el tomo se inicia cuando una subtrama que había estado de fondo en los anteriores números pasa ahora a primer plano: la amenaza de la racista Sociedad Serpiente y su infiltración en el sistema judicial de Nueva York. Para detenerlos Matt se vera obligado a afrontar decisiones que le pondrán contra las cuerdas en el peor momento posible y que le llevaran a tomar la única decisión que un héroe como él podría tomar: la de sacrificarse a si mismo por el bien común. Una idea muy “milleriana”, que por tanto va como un guante con el personaje y que aquí el guionista de Kingdom Come adopta sin dramatismos y sin alejarse un ápice del tono que ha querido establecer en la colección desde un principio.
Para tener la oportunidad de vencer a la Sociedad Serpiente, Daredevil contara con la ayuda de personajes tan dispares como Hank Pym, Elektra y el Doctor Extraño, lo que enlaza con la intención de imbricar más al personaje con el resto del Universo Marvel. Habrá de engañar a una renovada Legión de Monstruos a la par que se enfrentara con un enemigo clásico como es El Bufón, lo que de nuevo ahonda en el tono más aventurero que Waid ha establecido desde el principio. Todo para culminar en un final que ahora si, deja al personaje limpio de polvo y paja para afrontar un futuro que por primera vez en mucho tiempo se abre frente a él con esperanza. Y es que si bien es cierto que aún hay muchas dificultades en el camino (la mayor de las cuales es sin duda el estado de salud de Foggy) Matt se ha librado de hipotecas y puede empezar una nueva vida que estará una vez más regida por Mark Waid, Chris Samnee y Javier Rodriguez. No podemos imaginar manos más capaces.
lunes, 4 de agosto de 2014
Los 4 Fantásticos de Matt Fraction y Mark Bagley.
Si bien es cierto que la mayoría de las series relanzadas en la primera fase de Marvel Now han mantenido cuando menos en su faceta literaria, una estabilidad envidiable, no lo es menos que ha habido notables excepciones. Una de las más llamativas ha sido sin duda la de Los 4 Fantásticos. Tras la larga etapa de Hickman al frente de la colección parecía que la relativa inestabilidad de la misma tras la marcha de Mark Waid, había llegado a su fin y que el nuevo equipo creativo, Matt Fraction y Mark Bagley iba a dar lugar a una larga y sólida etapa. La cosa ha quedado sin embargo en apenas dieciséis números con Bagley fuera en los últimos y con Fraction apenas esbozando los argumentos de la fase final.
La etapa como decíamos apuntaba maneras: Fractión aunque irregular y por ello capaz tanto de lo mejor (Ojo de Halcón) como de lo peor (Miedo Encarnado) tenía una idea de partida interesante y que encajaba a la perfección con el scope que uno espera en Los 4F. Bagley por su parte se presentaba como un dibujante cumplidor, no demasiado espectacular pero capaz de entregar un cómic al mes bien hecho y con una solida narrativa, algo de lo que desde luego no pueden presumir la mayoría de los dibujantes hot actuales.
La idea de partida de la etapa se centraba en el descubrimiento por parte de Reed Richards de que los poderes de Los 4F estaban degenerando y lentamente iban a acabar con sus vidas, incapaz de encontrar una solución decide emprender un viaje a lo largo del espacio-tiempo con su familia con el fin de encontrar un remedio a la situación. Tenemos así alguno de los elementos clásicos que definen a Los 4F reunidos en un contexto que daba mucho juego. Por un lado como auténticos imaginautas y exploradores, la idea de recorrer el espacio y el tiempo era no solo perfecta, si no que permitía narrar todo tipo de aventuras y situaciones que podía alargar la etapa, sin aburrir al personal y sin traicionar la esencia del grupo. Por otro el que Reed ocultara a la familia su descubrimiento, mostraba de nuevo a Richards como autentico motor del grupo y sus acciones, a la vez que reflejaba a la perfección su carácter: culpabilidad por la situación en la que se encontraba su gente y cierta desconfianza para con sus seres queridos a la hora de buscar soluciones. Solo él se cree capaz de arreglar el asunto y solo él con engaños y manipulaciones es capaz de convencer a su familia de que le sigan sin rechistar.
Esto último resulta muy interesante, después de todos estos años Reed sigue tomando decisiones unilaterales que, sin consultar con su familia terminan desencadenando conflictos que ponen a Los 4F en situaciones muy complicadas. Sin ir muy lejos lo hemos visto recientemente en la Civil War o en la etapa Hickman con la construcción y utilización del Puente. Sin embargo, en su etapa, Fraction se limita a usar esta faceta del personaje sin profundizar demasiado en ella, es el motor que permite arrancar la historia pero tiene poco incidencia cuando la verdad es revelada.
Con estos mimbres y tras la presentación del concepto en los dos primeros números, la etapa arranca con cómics casi autoconclusivos que permiten ver a los personajes en muy variadas situaciones tanto en el espacio (enfrentados a planetas devoradores o encontrándose con razas desconocidas), como en el tiempo (en la antigua Roma o en el mismísimo fin del tiempo), sin que el motivo de la degeneración de sus poderes se llegue a solventar o al menos a conocer sus causas. Son números entretenidos donde tanto Fractión como Bagley cumplen, aunque sin que ninguno dé el do de pecho, pese lo lo cual la etapa se lee con agrado y cierto interés. Destacan aquí especialmente los episodios centrados en Ben Grimm y su viaje al pasado para reencontrase con alguien al que debe demasiado y al que ahora pretende devolver al menos algo y el de Reed y el propio Ben a sus años universitarios durante los que se gesto el nacimiento del Doctor Muerte, un Muerte que en palabras del propio Richards es inevitable, como inevitable es que cualquiera que se acerque a Los 4F termine haciendo una historia sobre este personaje.
Sin embargo cuando llevamos aproximadamente diez números de la etapa algo parece romperse, Fraction empieza a coescribir el cómic con Christopher Sebela (¿?) y su compromiso para con la serie parece quedar en nada. Elegido para relanzar a Los Inhumanos tras los sucesos de Infinito y ocupado con sus trabajos en Image, Fraction decide abandonar Los 4F y lo hace de la peor manera posible: sin terminar su etapa (los últimos números son escritos por Karl Kesel bajo argumento de Fraction) y con un cierre ridículo (¿Muerte el Conquistador-Aniquilador?, ¿en serio?, por favor) que torna una etapa que prometía mucho en una de la mayores decepciones de una serie que desde Heroes Return ha sido irregular, con momentos gloriosos (los primeros números de Hickman o Waid) y otros olvidables (la etapa de JMS o los primeros números de Claremont) pero ninguno tan decepcionante y vacuo como estos cómics. Una situación que guarda ciertos paralelismos con la espantada de J.M. Straczynski en el Superman y la Wonder Woman preNew 52.
Tal vez nunca sepamos los motivos reales por los que Fraction dejo Los 4F como los dejo, (arrastrando de paso a Bagley, que cuando vio el percal prefirió irse lejos), ni tampoco cual es su relación real con Marvel (para la que, pese a todo sigue trabando) a día de hoy, no hay que olvidar que finalmente no escribió
Los Inhumanos (salvo en sus dos primeros números). Pero sea como sea, cuesta creer que una etapa que empezó con una idea tan buena y que en sus primeros números era como poco simpática y entretenida terminara degenerando (al igual que la enfermedad que afectaba a Los 4F, cuya explicación si tiene al menos algo de sentido), en algo tan malo y ridículo. Fraction tiene más talento que eso e incluso sus peores trabajos tiene un mínimo de calidad (a veces eso si, muy mínimo como es el caso de Miedo Encarnado), que aquí en su fase final ha brillado por su ausencia. Tiene que haber alguna explicación, pero probablemente que nunca la sepamos.
La etapa como decíamos apuntaba maneras: Fractión aunque irregular y por ello capaz tanto de lo mejor (Ojo de Halcón) como de lo peor (Miedo Encarnado) tenía una idea de partida interesante y que encajaba a la perfección con el scope que uno espera en Los 4F. Bagley por su parte se presentaba como un dibujante cumplidor, no demasiado espectacular pero capaz de entregar un cómic al mes bien hecho y con una solida narrativa, algo de lo que desde luego no pueden presumir la mayoría de los dibujantes hot actuales.
La idea de partida de la etapa se centraba en el descubrimiento por parte de Reed Richards de que los poderes de Los 4F estaban degenerando y lentamente iban a acabar con sus vidas, incapaz de encontrar una solución decide emprender un viaje a lo largo del espacio-tiempo con su familia con el fin de encontrar un remedio a la situación. Tenemos así alguno de los elementos clásicos que definen a Los 4F reunidos en un contexto que daba mucho juego. Por un lado como auténticos imaginautas y exploradores, la idea de recorrer el espacio y el tiempo era no solo perfecta, si no que permitía narrar todo tipo de aventuras y situaciones que podía alargar la etapa, sin aburrir al personal y sin traicionar la esencia del grupo. Por otro el que Reed ocultara a la familia su descubrimiento, mostraba de nuevo a Richards como autentico motor del grupo y sus acciones, a la vez que reflejaba a la perfección su carácter: culpabilidad por la situación en la que se encontraba su gente y cierta desconfianza para con sus seres queridos a la hora de buscar soluciones. Solo él se cree capaz de arreglar el asunto y solo él con engaños y manipulaciones es capaz de convencer a su familia de que le sigan sin rechistar.
Esto último resulta muy interesante, después de todos estos años Reed sigue tomando decisiones unilaterales que, sin consultar con su familia terminan desencadenando conflictos que ponen a Los 4F en situaciones muy complicadas. Sin ir muy lejos lo hemos visto recientemente en la Civil War o en la etapa Hickman con la construcción y utilización del Puente. Sin embargo, en su etapa, Fraction se limita a usar esta faceta del personaje sin profundizar demasiado en ella, es el motor que permite arrancar la historia pero tiene poco incidencia cuando la verdad es revelada.
Con estos mimbres y tras la presentación del concepto en los dos primeros números, la etapa arranca con cómics casi autoconclusivos que permiten ver a los personajes en muy variadas situaciones tanto en el espacio (enfrentados a planetas devoradores o encontrándose con razas desconocidas), como en el tiempo (en la antigua Roma o en el mismísimo fin del tiempo), sin que el motivo de la degeneración de sus poderes se llegue a solventar o al menos a conocer sus causas. Son números entretenidos donde tanto Fractión como Bagley cumplen, aunque sin que ninguno dé el do de pecho, pese lo lo cual la etapa se lee con agrado y cierto interés. Destacan aquí especialmente los episodios centrados en Ben Grimm y su viaje al pasado para reencontrase con alguien al que debe demasiado y al que ahora pretende devolver al menos algo y el de Reed y el propio Ben a sus años universitarios durante los que se gesto el nacimiento del Doctor Muerte, un Muerte que en palabras del propio Richards es inevitable, como inevitable es que cualquiera que se acerque a Los 4F termine haciendo una historia sobre este personaje.
Sin embargo cuando llevamos aproximadamente diez números de la etapa algo parece romperse, Fraction empieza a coescribir el cómic con Christopher Sebela (¿?) y su compromiso para con la serie parece quedar en nada. Elegido para relanzar a Los Inhumanos tras los sucesos de Infinito y ocupado con sus trabajos en Image, Fraction decide abandonar Los 4F y lo hace de la peor manera posible: sin terminar su etapa (los últimos números son escritos por Karl Kesel bajo argumento de Fraction) y con un cierre ridículo (¿Muerte el Conquistador-Aniquilador?, ¿en serio?, por favor) que torna una etapa que prometía mucho en una de la mayores decepciones de una serie que desde Heroes Return ha sido irregular, con momentos gloriosos (los primeros números de Hickman o Waid) y otros olvidables (la etapa de JMS o los primeros números de Claremont) pero ninguno tan decepcionante y vacuo como estos cómics. Una situación que guarda ciertos paralelismos con la espantada de J.M. Straczynski en el Superman y la Wonder Woman preNew 52.
Tal vez nunca sepamos los motivos reales por los que Fraction dejo Los 4F como los dejo, (arrastrando de paso a Bagley, que cuando vio el percal prefirió irse lejos), ni tampoco cual es su relación real con Marvel (para la que, pese a todo sigue trabando) a día de hoy, no hay que olvidar que finalmente no escribió
Los Inhumanos (salvo en sus dos primeros números). Pero sea como sea, cuesta creer que una etapa que empezó con una idea tan buena y que en sus primeros números era como poco simpática y entretenida terminara degenerando (al igual que la enfermedad que afectaba a Los 4F, cuya explicación si tiene al menos algo de sentido), en algo tan malo y ridículo. Fraction tiene más talento que eso e incluso sus peores trabajos tiene un mínimo de calidad (a veces eso si, muy mínimo como es el caso de Miedo Encarnado), que aquí en su fase final ha brillado por su ausencia. Tiene que haber alguna explicación, pero probablemente que nunca la sepamos.
jueves, 24 de julio de 2014
El Batman de Scott Snyder y Greg Capullo: Antes del origen.
Vamos con mi pequeña contribución al 75 aniversario de Batman con un post sobre una de la etapas (junto a la de Morrison) más interesantes que ha vivido el personaje en años.
Los autores.
Con casi tres años manteniendo el mismo equipo creativo, el Batman de Scott Snyder y Greg Capullo es además de uno de los más grandes éxitos del relanzamiento del Universo DC, una autentica rara avis en el mercado actual, donde y sobre todo (que no solo) en la vertiente artista es complicado ver a una misma pareja creativa rigiendo los destinos de la misma colección durante tanto tiempo.
La apuesta por esta pareja unida a un personaje como Batman (el más rentable con diferencia de la editorial) era casi segura y el éxito de ventas y de publico les ha acompañado desde el principio. Snyder convertido en superestrella desde el éxito de AmericanVampire, ya había escrito al personaje en una estimable etapa en Detective Comics durante los estertores del antiguo Universo DC. Aunque por entonces la capa del murciélago la llevaba Dick Grayson, el neoyorkino había demostrado gran talento para moverse por terrenos oscuros, próximos al terror, la caracterización y el estudio psicológico de los personajes y la creación de misterios donde nada era lo que parecía y la verdad se escondía tras varias capas de mentiras, cualidades todas ellas que casaban a la perfección con Batman. Capullo por su parte tras años “perdido” en los más recónditos lugares del “Mcfarlaneverso”, había evolucionado enormemente sus estilo desde los 90, dejando atrás la rigidez y estatismo que por entonces le caracterizaban. Dinámico y lleno de fuerza su grafismo acostumbrado a trabajar con personajes oscuros le hacían también candidato ideal para Batman. Personaje que el artista sabe captar en toda su icónica grandeza, tornándolo en una presencia imponente, más sólido y macizo que no estilizado, un Batman que recuerda más al que dibujara Frank Miller que no al que nos mostraran Alan Davis o Jim Lee por poner solo algunos y muy diferenciados, ejemplos
El contexto.
Aunque teóricamente New 52 supuso un relanzamiento desde cero del Universos DC, esta idea tuvo varios matices: por un lado, salvo la primera saga de La Liga de la Justicia o el Superman de Morrison, los cómics de New 52 se ambientarían cinco años después de la llegada de los superhéroes, lo que dejaba un margen muy interesante de tiempo con el que los autores podían jugar (algo que el propio Snyder esta aprovechando ahora con la saga Origen). Por otro, la continuidad de Green Lantern y de Batman no se borraba de un plumazo si no que se “comprimía” a esos cinco años. Esta idea, concebida sobre todo para salvar los logros de los últimos años con ambos personajes de Geoff Johns y Grant Morrison respectivamente. se hacía muy complicado de entender en el caso de Batman, donde teóricamente en solo cinco años habría tenido cinco Robins. A lo largo de las diferentes series de la Batfamilia se ha matizado e intentado explicar todo esto, pero a efectos de lo que aquí nos interesa debemos partir de la base de que al contrario que otros autores, Snyder y Capullo no tendrían ante si una pizarra en blanco para reescribir al personaje en función de sus intereses, si no que tendría que respetar una continuidad y unas bases previas. El que la etapa este gustando y sea un éxito viene a demostrar una vez más que no hace falta destruir siempre lo anterior para crear algo nuevo, que respetando lo que otros autores han escrito se pueden hacer cómics que gusten y funcionen. Una lección que DC parece haber olvidado y que esperemos que Marvel tenga en cuenta para no convertir en ciertos los inquietantes rumores sobre su futuro.
Llegados a este punto y entrando en al etapa en si, el trabajo de Snyder y Capullo se ha estructurado hasta ahora en tres grandes sagas (con episodios de descanso entre ellas) que han terminado afectando a toda la franquicia. Por un lado empezamos con El tribunal de los Búhos y su correspondiente crossover La Noche de los Búhos; seguimos con La muerte de la familia con el Joker en el centro de la acción y culminamos con Origen saga aún sin acabar, lo que hará que hoy nos centremos en los dos primeras historias.
El tribunal de los Búhos.
Con el paso de los años siempre hemos visto a Batman como una figura infalible, preparado para todo, con soluciones para el más inesperado de los problemas, que en el caso de Batman no parece ser tan inesperado. Planes y contraplanes, para todas las cosas imaginables o no, Batman ha sido presentado como un implacable estratega casi imposible de sorprender. Con El tribunal de los Búhos, Snyder y Capullo quieren mostrarnos al Batman más humano, indefenso y superado que se ha visto en años y lo hacen recurriendo precisamente a uno de los elementos que siempre le han definido: su relación con Gotham.
Batman conoce la ciudad como la palma de su mano, no guarda secretos para él. Batman y Gotham son uno o al menos eso cree el hombre murciélago, pero ¿y si no fuera así?, ¿y si el mal creciera dentro de su ciudad, en su mismo corazón durante años y años y Batman no lo supiera? Tan sugerente premisa esta detrás del concepto de El Tribunal de los Búhos, una misteriosa y poderosa sociedad secreta que lleva rigiendo los destinos de Gotham desde hace años y que decide que ha llegado la hora de acabar con Batman. Un Batman que será puesto contra las cuerdas y que por momentos no sabrá como salir. Ver a Batman desesperado e incluso con miedo no es habitual pero Snyder y Capullo consiguen que el lector entre en el juego, que sienta la angustia del hombre murciélago y que se pregunte como va a salir triunfante esta vez. La historia contenida en Batman resulta tensa y dramática, ampliada a toda la Bat-familia se vuelve un tanto excesiva, con situaciones innecesarias que no permiten que como conjunto sea plenamente redonda. A esto contribuye también su final donde el supuesto poder, antes reflejado casi como omnímodo, de El Tribunal de los Búhos queda muy desdibujado y donde se vuelve a jugar con el pasado familiar del personaje sin el acierto con el que lo hiciera Morrison en su muy reciente etapa. Pese a lo cual supone un excelente debut que casi ocupa todo el primer año de la colección.
La muerte de la familia.
Acabada la saga, Capullo se toma un número de descanso para que Snyder acompañado de Becky Clooman presenten a Harper y Cullen Row, personajes que volverían después en el epilogo de La muerte la Familia (de nuevo sin Capullo) y que vendría a mostrar una vez la capacidad de Batman como fuerza inspiradora del bien, lo que ha generado un entorno muy rico y variado de héroes inspirados por su labor, la llamada Bat-familia. Precisamente ese entorno, junto con el gran villano de la franquicia el Joker, serán los protagonistas claves de la segunda gran saga de Snyder y Capullo: La muerte de la familia. Una historia que parte de la idea de Grant Morrison de que el Joker tienen diferentes personalidades que se activan (o mudan su piel, en este caso casi literalmente) cada cierto tiempo. El Joker al que ahora se enfrenta Batman es más sádico y cruel que bromista y además parece haber descubierto la identidad secreta de Batman atacándolo directamente donde más le duele: a través de su gente, de sus amigos, de sus aliados. La saga que prometía convertir en literal su titulo (haciendo referencia más a la muerte de la familia como concepto, que no a la de algunos de sus miembros en concreto) ocupa la primera mitad del segundo año de Snyder y Capullo en la colección y vuelve a generar un gran crossover a su alrededor, en este caso con mucho más sentido, siendo como es la Bat-familia la victima elegida por el Joker.
Aunque su intensidad e intereses es menor que El tribunal de los Búhos, La muerte de la familia (de inevitable recuerdo a la saga que supuso la muerte del segundo Robin, Una muerte en la familia) permite ahondar tanto en la relación existente entre Batman y el Joker como sobre todo entre Batman y su peculiar familia y más cuando se descubre que es un error suyo, que decidió ocultar a su gente, el que puede haber llevado al Joker a descubrir su identidad y ponerlos a todos en peligro. Un descubrimiento que en cualquier caso permanece en la ambigüedad durante gran parte de la trama. La saga tiene grandes momentos como esa macabra reconstrucción del Joker de los 120 días de Sodoma en los que el autentico terror sobre lo que el payaso asesino ha podido hacer se apoderan de la historia, pero parece un peldaño por debajo del casi impecable debut de la colección. Tras esta saga y antes de la llegada de Origen aún quedan dos muy entretenidos números con Clayface como protagonista y donde la identidad secreta de Batman vuelve a estar contra la cuerdas. Después llegará Origen, sin duda la más ambiciosa (aunque no por ello la de más calidad e interés) aventura de toda la etapa, pero eso queda ya para otro día.
Los autores.
Con casi tres años manteniendo el mismo equipo creativo, el Batman de Scott Snyder y Greg Capullo es además de uno de los más grandes éxitos del relanzamiento del Universo DC, una autentica rara avis en el mercado actual, donde y sobre todo (que no solo) en la vertiente artista es complicado ver a una misma pareja creativa rigiendo los destinos de la misma colección durante tanto tiempo.
La apuesta por esta pareja unida a un personaje como Batman (el más rentable con diferencia de la editorial) era casi segura y el éxito de ventas y de publico les ha acompañado desde el principio. Snyder convertido en superestrella desde el éxito de AmericanVampire, ya había escrito al personaje en una estimable etapa en Detective Comics durante los estertores del antiguo Universo DC. Aunque por entonces la capa del murciélago la llevaba Dick Grayson, el neoyorkino había demostrado gran talento para moverse por terrenos oscuros, próximos al terror, la caracterización y el estudio psicológico de los personajes y la creación de misterios donde nada era lo que parecía y la verdad se escondía tras varias capas de mentiras, cualidades todas ellas que casaban a la perfección con Batman. Capullo por su parte tras años “perdido” en los más recónditos lugares del “Mcfarlaneverso”, había evolucionado enormemente sus estilo desde los 90, dejando atrás la rigidez y estatismo que por entonces le caracterizaban. Dinámico y lleno de fuerza su grafismo acostumbrado a trabajar con personajes oscuros le hacían también candidato ideal para Batman. Personaje que el artista sabe captar en toda su icónica grandeza, tornándolo en una presencia imponente, más sólido y macizo que no estilizado, un Batman que recuerda más al que dibujara Frank Miller que no al que nos mostraran Alan Davis o Jim Lee por poner solo algunos y muy diferenciados, ejemplos
El contexto.
Aunque teóricamente New 52 supuso un relanzamiento desde cero del Universos DC, esta idea tuvo varios matices: por un lado, salvo la primera saga de La Liga de la Justicia o el Superman de Morrison, los cómics de New 52 se ambientarían cinco años después de la llegada de los superhéroes, lo que dejaba un margen muy interesante de tiempo con el que los autores podían jugar (algo que el propio Snyder esta aprovechando ahora con la saga Origen). Por otro, la continuidad de Green Lantern y de Batman no se borraba de un plumazo si no que se “comprimía” a esos cinco años. Esta idea, concebida sobre todo para salvar los logros de los últimos años con ambos personajes de Geoff Johns y Grant Morrison respectivamente. se hacía muy complicado de entender en el caso de Batman, donde teóricamente en solo cinco años habría tenido cinco Robins. A lo largo de las diferentes series de la Batfamilia se ha matizado e intentado explicar todo esto, pero a efectos de lo que aquí nos interesa debemos partir de la base de que al contrario que otros autores, Snyder y Capullo no tendrían ante si una pizarra en blanco para reescribir al personaje en función de sus intereses, si no que tendría que respetar una continuidad y unas bases previas. El que la etapa este gustando y sea un éxito viene a demostrar una vez más que no hace falta destruir siempre lo anterior para crear algo nuevo, que respetando lo que otros autores han escrito se pueden hacer cómics que gusten y funcionen. Una lección que DC parece haber olvidado y que esperemos que Marvel tenga en cuenta para no convertir en ciertos los inquietantes rumores sobre su futuro.
Llegados a este punto y entrando en al etapa en si, el trabajo de Snyder y Capullo se ha estructurado hasta ahora en tres grandes sagas (con episodios de descanso entre ellas) que han terminado afectando a toda la franquicia. Por un lado empezamos con El tribunal de los Búhos y su correspondiente crossover La Noche de los Búhos; seguimos con La muerte de la familia con el Joker en el centro de la acción y culminamos con Origen saga aún sin acabar, lo que hará que hoy nos centremos en los dos primeras historias.
El tribunal de los Búhos.
Con el paso de los años siempre hemos visto a Batman como una figura infalible, preparado para todo, con soluciones para el más inesperado de los problemas, que en el caso de Batman no parece ser tan inesperado. Planes y contraplanes, para todas las cosas imaginables o no, Batman ha sido presentado como un implacable estratega casi imposible de sorprender. Con El tribunal de los Búhos, Snyder y Capullo quieren mostrarnos al Batman más humano, indefenso y superado que se ha visto en años y lo hacen recurriendo precisamente a uno de los elementos que siempre le han definido: su relación con Gotham.
Batman conoce la ciudad como la palma de su mano, no guarda secretos para él. Batman y Gotham son uno o al menos eso cree el hombre murciélago, pero ¿y si no fuera así?, ¿y si el mal creciera dentro de su ciudad, en su mismo corazón durante años y años y Batman no lo supiera? Tan sugerente premisa esta detrás del concepto de El Tribunal de los Búhos, una misteriosa y poderosa sociedad secreta que lleva rigiendo los destinos de Gotham desde hace años y que decide que ha llegado la hora de acabar con Batman. Un Batman que será puesto contra las cuerdas y que por momentos no sabrá como salir. Ver a Batman desesperado e incluso con miedo no es habitual pero Snyder y Capullo consiguen que el lector entre en el juego, que sienta la angustia del hombre murciélago y que se pregunte como va a salir triunfante esta vez. La historia contenida en Batman resulta tensa y dramática, ampliada a toda la Bat-familia se vuelve un tanto excesiva, con situaciones innecesarias que no permiten que como conjunto sea plenamente redonda. A esto contribuye también su final donde el supuesto poder, antes reflejado casi como omnímodo, de El Tribunal de los Búhos queda muy desdibujado y donde se vuelve a jugar con el pasado familiar del personaje sin el acierto con el que lo hiciera Morrison en su muy reciente etapa. Pese a lo cual supone un excelente debut que casi ocupa todo el primer año de la colección.
La muerte de la familia.
Acabada la saga, Capullo se toma un número de descanso para que Snyder acompañado de Becky Clooman presenten a Harper y Cullen Row, personajes que volverían después en el epilogo de La muerte la Familia (de nuevo sin Capullo) y que vendría a mostrar una vez la capacidad de Batman como fuerza inspiradora del bien, lo que ha generado un entorno muy rico y variado de héroes inspirados por su labor, la llamada Bat-familia. Precisamente ese entorno, junto con el gran villano de la franquicia el Joker, serán los protagonistas claves de la segunda gran saga de Snyder y Capullo: La muerte de la familia. Una historia que parte de la idea de Grant Morrison de que el Joker tienen diferentes personalidades que se activan (o mudan su piel, en este caso casi literalmente) cada cierto tiempo. El Joker al que ahora se enfrenta Batman es más sádico y cruel que bromista y además parece haber descubierto la identidad secreta de Batman atacándolo directamente donde más le duele: a través de su gente, de sus amigos, de sus aliados. La saga que prometía convertir en literal su titulo (haciendo referencia más a la muerte de la familia como concepto, que no a la de algunos de sus miembros en concreto) ocupa la primera mitad del segundo año de Snyder y Capullo en la colección y vuelve a generar un gran crossover a su alrededor, en este caso con mucho más sentido, siendo como es la Bat-familia la victima elegida por el Joker.
Aunque su intensidad e intereses es menor que El tribunal de los Búhos, La muerte de la familia (de inevitable recuerdo a la saga que supuso la muerte del segundo Robin, Una muerte en la familia) permite ahondar tanto en la relación existente entre Batman y el Joker como sobre todo entre Batman y su peculiar familia y más cuando se descubre que es un error suyo, que decidió ocultar a su gente, el que puede haber llevado al Joker a descubrir su identidad y ponerlos a todos en peligro. Un descubrimiento que en cualquier caso permanece en la ambigüedad durante gran parte de la trama. La saga tiene grandes momentos como esa macabra reconstrucción del Joker de los 120 días de Sodoma en los que el autentico terror sobre lo que el payaso asesino ha podido hacer se apoderan de la historia, pero parece un peldaño por debajo del casi impecable debut de la colección. Tras esta saga y antes de la llegada de Origen aún quedan dos muy entretenidos números con Clayface como protagonista y donde la identidad secreta de Batman vuelve a estar contra la cuerdas. Después llegará Origen, sin duda la más ambiciosa (aunque no por ello la de más calidad e interés) aventura de toda la etapa, pero eso queda ya para otro día.
lunes, 14 de julio de 2014
El Aquaman de Geoff Johns, Ivan Reis, Paul Pelletier y otros.
Articulo originalmente publicado en Zona Negativa.
Un icóno minusvalorado.
Aunque incluido siempre de los llamados siete grandes de DC (junto a Superman, Batman, Wonder Woman, Flash, Geen Lantern y el Detective Marciano) y encarnación icónica de los elementos fundamentales de la vida (el agua), Aquaman ha sido tradicionalmente objeto de todo tipo de burlas que han menospreciado su interés y potencial. Reducido por muchas a una mera caricatura que en realidad “solo sabe hablar con los peces”, todos estos prejuicios olvidan dos cosas: el viejo axioma de Alan Moore “no hay malos personajes, solo malos autores” y el enorme e infinito potencial de un personaje que es soberano absoluto (¿abolutista?) del reino más grande sobre el planeta. El potencial del personaje, ya mostrado a las claras por autores de la talla de Peter David, Joe Kelly o Grant Morrison no le había permitido nunca, sin embargo situarse en primera línea del Universo DC al menos no en solitario, con una colección propia llena de vaivenes, parones e irregularidades. La llegada de New 52 parecía destinada a cambiar todo esto.
Geoff Johns es sin duda uno de los arquitectos fundamentales del Universo DC casi desde principios de siglo, guionista de innegable calidad y de ideas brillantes que no siempre sabe culminar debidamente, Johns siempre ha parecido tener debilidad por aquellos personajes que aunque tienen indudable peso en la compañía, no terminan de encontrar su sitio dentro de la misma. Así tal vez el precedente más claro dentro de la trayectoria del guionista a su labor en Aquaman lo encontraríamos su etapa Hawkman, donde acompañado por Rag Morales consiguió poner orden en la caótica continuidad del halcón deceita creando una etapa sólida y recordada. Con un objetivo similar, Johns se encargaría de presentar al Aquaman del Nuevo Universo DC y lo haría acompañado por uno de los dibujantes más importantes de la editorial: Ivan Reis, espectacular artista de sólida narrativa, con clara influencia del mejor John Byrne, lo que suponía una apuesta clara de la editorial por tornar definitivamente a Aquaman en uno de sus primeros espadas. La marcha de Reis a mitad de la etapa Johns encuentra un digno sustituto en Paul Pelletier, un artista no tan espectacular como el brasileño, pero si un sólido narrador, con un estilo visual agradable y marcadamente superheróico que sabe ser continuista con la labor de su merecidamente prestigioso antecesor.
Un héroe dividido entre dos mundos.
Johns afronta el reto de relanzar Aquaman estructurando su narración en torno a tres ejes: por un lado su relación con Mera, por otro la división entre su herencia “humana” y su herencia atlante, con todo lo que ello implica en lo que a su corona se refiere y para acabar el ahondamiento en su pasado y en la circunstancias que le han llevado a ser quien es. Johns nos presenta un Aquaman plenamente autocosciente (tanto que sabe que para muchos es poco más que un chiste), cansado tanto de las presiones que recibe desde Atlantis como del desprecio de la superficie y que decide tomar la decisión, pese a todo de vivir en esta, en el faro que cuidaba su padre, tratando así de estar lo más aislado posible, pero sin alejarse del todo de su medio natural. Contara para ello con la lealtad inquebrantable de Mera, que sin ningún vinculo con la superficie más allá del propio Aquaman, encontrara difícil adaptarse a la vida que este quiere llevar. Mera será uno de los personajes en los que más profundice Johns a lo largo de su etapa y pasara de ser mera muleta en la que el protagonista se apoya, a un personaje con entidad e interés propio que llegara a robar protagonismo hasta al propio Aquaman.
Las intenciones de Aquaman se verán pronto interrumpidas por la realidad, primero por una invasión de monstruosas criaturas marinas que ponen en jaque el pueblo donde ha elegido vivir y después por la interrupción de Los Otros, un grupo del pasado de Aquaman que ahora reaparece cuando sus miembros son paulatinamente asesinados a la par que se roban poderosas reliquias del pasado atlante, todo ello mientras el antiguo rey de Atlantis va descubriendo más misterios sobre el origen de su reino y reaparece Manta Raya enemigo clásico del personaje y reformado para la ocasión por Johns, que será el gran villano detrás de lo que esta pasando con Los Otros.
Estas sagas, primorosamente dibujadas por Reis que convierte a Aquaman en una de las series visualmente más potente de DC, sirven a Johns para ahondar en temas muy queridos por el guionista que antes o después termina tocando en toda colección que escribe. Primero profundizando en la raíces de los personajes, trastocando su pasado para construir su presente y marcar su futuro, la diferencia en este Aquaman es que no tiene que recurrir tanto a la retrocontinuidad en el sentido clásico ya que el relanzamiento del Universo DC le da un lienzo casi en blanco donde puede configurar todo aquello que necesita sin necesidad de explicar contradicciones con otras historias. El segundo aspecto en el que Johns suele moverse con soltura es en la reimaginación de los vilanos clásicos del personaje/grupo que escribe en ese momento, en el caso de Aquaman se centra primero en Manta Negra al que torna en psicópata vengativo obsesionado con Aquaman al que culpa, no sin razón, de la muerte de su padre. El Manta Negra que nos muestra Johns es un personaje terrorífico, frió y calculador; dispuesto a todo para matar a Aquaman.
El segundo gran villano de la etapa será Orm, rey de Atlantis y medio hermano de Aquaman, Orm es presentado en medio de un gran crossover con la Liga de la Justicia y que sirve para despedida de Reis camino precisamente a esa colección (cuyos números del crossover ya dibujara). La saga de explicito titula: El trono de Atlantis, es uno de los momentos cumbres de la etapa y narra un enfrentamiento entre el mundo de la superficie y Atlantis, tras un devastador ataque a esta proveniente, en principio del los EEUU. La Liga de la Justicia habrá de hacer frente a las encolerizadas tropas de Orm, mientras que Aquaman se verá de nuevo dividido entre sus dos herencias a la vez que trata de averiguar la verdad de lo ocurrido. La saga destaca por el tratamiento de Orm, personaje complejo, que en ningún caso es presentado como un villano, si no como un rey que quiere proteger a su pueblo de lo que considera es una ataque sin provocación. Orm, se muestra incapaz de comprender el mundo de la superficie pero quiere a su hermano y trata de convencerlo de la justicia de su causa.
El fin de El trono de Atlantis deja a Aquaman en una situación muy complicada, traicionado por uno de los que creía más fieles amigos, obligado a dejar su hermano abandonado en la superficie, mirado con recelo por sus aliados en la Liga de la Justicia y puesto en un torno que ni quería, ni gran parte de su pueblo quiere que ocupe. Con este escenario Johns plantea una última saga: La muerte de un rey que ahonda en los tres elementos claves que han configurado la etapa, desvelando un sorprendente secreto sobre el origen y hundimiento de Atlantis y sobre las raíces familiares de Aquaman. La saga supone el cierre perfecto de la etapa, da respuesta a todas las preguntas formuladas desde el principio y plantea un nuevo escenario a explorar.
Conclusiones.
La etapa ha sido quizá algo más corta de los esperado, apenas 24 números y algún especial, lo que una vez más le acerca como referente a su labor en Hawkman mientras le aleja de otras etapas mucho más largas como sus estancias en Flash, Green Lantern o la JSA. Pese a su relativamente escasa duración, el trabajo de Johns si ha servicio para mostrar una vez más el potencial de un personaje que al igual que el marvelita Namor, tiene tras de si todo un mundo de posibilidades para explorar. Johns ha sabido equilibrar las dos facetas del personaje, aunque siempre su relación con Atlantis y todo lo que ello conlleva ha resultado mucho más interesante que no los intentos por quedarse en la superficie, intentos que en nuestra opinión solo sirven para convencionalizar al personaje. Johns así lo ha visto y su etapa se ha centrado sobre todo en la idea de que Aquaman asumiera y aceptara en plenitud, tanto su herencia atlante como sus deberes para con ella, escribiendo una serie de cómics francamente entretenidos y que asientas de manera muy sólida las bases sobre las que ha de moverse el personaje,
Queda ahora lo más difícil, saber si los excelentes resultados en ventas de la colección sirven para consolidara en el mercado o si estos se debían solo al presencia de Johns (y más cuando estuvo acompañado de Reis), autor capaz de arrastrar mucho publico tras si. La respuesta la tienen ahora Jeff Parker (una elección cuando menos sorprendente) y Paul Pelletier, que tienen ante si una tarea difícil, pero sin duda emocionante.
Un icóno minusvalorado.
Aunque incluido siempre de los llamados siete grandes de DC (junto a Superman, Batman, Wonder Woman, Flash, Geen Lantern y el Detective Marciano) y encarnación icónica de los elementos fundamentales de la vida (el agua), Aquaman ha sido tradicionalmente objeto de todo tipo de burlas que han menospreciado su interés y potencial. Reducido por muchas a una mera caricatura que en realidad “solo sabe hablar con los peces”, todos estos prejuicios olvidan dos cosas: el viejo axioma de Alan Moore “no hay malos personajes, solo malos autores” y el enorme e infinito potencial de un personaje que es soberano absoluto (¿abolutista?) del reino más grande sobre el planeta. El potencial del personaje, ya mostrado a las claras por autores de la talla de Peter David, Joe Kelly o Grant Morrison no le había permitido nunca, sin embargo situarse en primera línea del Universo DC al menos no en solitario, con una colección propia llena de vaivenes, parones e irregularidades. La llegada de New 52 parecía destinada a cambiar todo esto.
Geoff Johns es sin duda uno de los arquitectos fundamentales del Universo DC casi desde principios de siglo, guionista de innegable calidad y de ideas brillantes que no siempre sabe culminar debidamente, Johns siempre ha parecido tener debilidad por aquellos personajes que aunque tienen indudable peso en la compañía, no terminan de encontrar su sitio dentro de la misma. Así tal vez el precedente más claro dentro de la trayectoria del guionista a su labor en Aquaman lo encontraríamos su etapa Hawkman, donde acompañado por Rag Morales consiguió poner orden en la caótica continuidad del halcón deceita creando una etapa sólida y recordada. Con un objetivo similar, Johns se encargaría de presentar al Aquaman del Nuevo Universo DC y lo haría acompañado por uno de los dibujantes más importantes de la editorial: Ivan Reis, espectacular artista de sólida narrativa, con clara influencia del mejor John Byrne, lo que suponía una apuesta clara de la editorial por tornar definitivamente a Aquaman en uno de sus primeros espadas. La marcha de Reis a mitad de la etapa Johns encuentra un digno sustituto en Paul Pelletier, un artista no tan espectacular como el brasileño, pero si un sólido narrador, con un estilo visual agradable y marcadamente superheróico que sabe ser continuista con la labor de su merecidamente prestigioso antecesor.
Un héroe dividido entre dos mundos.
Johns afronta el reto de relanzar Aquaman estructurando su narración en torno a tres ejes: por un lado su relación con Mera, por otro la división entre su herencia “humana” y su herencia atlante, con todo lo que ello implica en lo que a su corona se refiere y para acabar el ahondamiento en su pasado y en la circunstancias que le han llevado a ser quien es. Johns nos presenta un Aquaman plenamente autocosciente (tanto que sabe que para muchos es poco más que un chiste), cansado tanto de las presiones que recibe desde Atlantis como del desprecio de la superficie y que decide tomar la decisión, pese a todo de vivir en esta, en el faro que cuidaba su padre, tratando así de estar lo más aislado posible, pero sin alejarse del todo de su medio natural. Contara para ello con la lealtad inquebrantable de Mera, que sin ningún vinculo con la superficie más allá del propio Aquaman, encontrara difícil adaptarse a la vida que este quiere llevar. Mera será uno de los personajes en los que más profundice Johns a lo largo de su etapa y pasara de ser mera muleta en la que el protagonista se apoya, a un personaje con entidad e interés propio que llegara a robar protagonismo hasta al propio Aquaman.
Las intenciones de Aquaman se verán pronto interrumpidas por la realidad, primero por una invasión de monstruosas criaturas marinas que ponen en jaque el pueblo donde ha elegido vivir y después por la interrupción de Los Otros, un grupo del pasado de Aquaman que ahora reaparece cuando sus miembros son paulatinamente asesinados a la par que se roban poderosas reliquias del pasado atlante, todo ello mientras el antiguo rey de Atlantis va descubriendo más misterios sobre el origen de su reino y reaparece Manta Raya enemigo clásico del personaje y reformado para la ocasión por Johns, que será el gran villano detrás de lo que esta pasando con Los Otros.
Estas sagas, primorosamente dibujadas por Reis que convierte a Aquaman en una de las series visualmente más potente de DC, sirven a Johns para ahondar en temas muy queridos por el guionista que antes o después termina tocando en toda colección que escribe. Primero profundizando en la raíces de los personajes, trastocando su pasado para construir su presente y marcar su futuro, la diferencia en este Aquaman es que no tiene que recurrir tanto a la retrocontinuidad en el sentido clásico ya que el relanzamiento del Universo DC le da un lienzo casi en blanco donde puede configurar todo aquello que necesita sin necesidad de explicar contradicciones con otras historias. El segundo aspecto en el que Johns suele moverse con soltura es en la reimaginación de los vilanos clásicos del personaje/grupo que escribe en ese momento, en el caso de Aquaman se centra primero en Manta Negra al que torna en psicópata vengativo obsesionado con Aquaman al que culpa, no sin razón, de la muerte de su padre. El Manta Negra que nos muestra Johns es un personaje terrorífico, frió y calculador; dispuesto a todo para matar a Aquaman.
El segundo gran villano de la etapa será Orm, rey de Atlantis y medio hermano de Aquaman, Orm es presentado en medio de un gran crossover con la Liga de la Justicia y que sirve para despedida de Reis camino precisamente a esa colección (cuyos números del crossover ya dibujara). La saga de explicito titula: El trono de Atlantis, es uno de los momentos cumbres de la etapa y narra un enfrentamiento entre el mundo de la superficie y Atlantis, tras un devastador ataque a esta proveniente, en principio del los EEUU. La Liga de la Justicia habrá de hacer frente a las encolerizadas tropas de Orm, mientras que Aquaman se verá de nuevo dividido entre sus dos herencias a la vez que trata de averiguar la verdad de lo ocurrido. La saga destaca por el tratamiento de Orm, personaje complejo, que en ningún caso es presentado como un villano, si no como un rey que quiere proteger a su pueblo de lo que considera es una ataque sin provocación. Orm, se muestra incapaz de comprender el mundo de la superficie pero quiere a su hermano y trata de convencerlo de la justicia de su causa.
El fin de El trono de Atlantis deja a Aquaman en una situación muy complicada, traicionado por uno de los que creía más fieles amigos, obligado a dejar su hermano abandonado en la superficie, mirado con recelo por sus aliados en la Liga de la Justicia y puesto en un torno que ni quería, ni gran parte de su pueblo quiere que ocupe. Con este escenario Johns plantea una última saga: La muerte de un rey que ahonda en los tres elementos claves que han configurado la etapa, desvelando un sorprendente secreto sobre el origen y hundimiento de Atlantis y sobre las raíces familiares de Aquaman. La saga supone el cierre perfecto de la etapa, da respuesta a todas las preguntas formuladas desde el principio y plantea un nuevo escenario a explorar.
Conclusiones.
La etapa ha sido quizá algo más corta de los esperado, apenas 24 números y algún especial, lo que una vez más le acerca como referente a su labor en Hawkman mientras le aleja de otras etapas mucho más largas como sus estancias en Flash, Green Lantern o la JSA. Pese a su relativamente escasa duración, el trabajo de Johns si ha servicio para mostrar una vez más el potencial de un personaje que al igual que el marvelita Namor, tiene tras de si todo un mundo de posibilidades para explorar. Johns ha sabido equilibrar las dos facetas del personaje, aunque siempre su relación con Atlantis y todo lo que ello conlleva ha resultado mucho más interesante que no los intentos por quedarse en la superficie, intentos que en nuestra opinión solo sirven para convencionalizar al personaje. Johns así lo ha visto y su etapa se ha centrado sobre todo en la idea de que Aquaman asumiera y aceptara en plenitud, tanto su herencia atlante como sus deberes para con ella, escribiendo una serie de cómics francamente entretenidos y que asientas de manera muy sólida las bases sobre las que ha de moverse el personaje,
Queda ahora lo más difícil, saber si los excelentes resultados en ventas de la colección sirven para consolidara en el mercado o si estos se debían solo al presencia de Johns (y más cuando estuvo acompañado de Reis), autor capaz de arrastrar mucho publico tras si. La respuesta la tienen ahora Jeff Parker (una elección cuando menos sorprendente) y Paul Pelletier, que tienen ante si una tarea difícil, pero sin duda emocionante.
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