sábado, 10 de enero de 2015

Un 2014 de cine.

Potente año cinematográfico el recién concluido. Muchas y muy buenas han sido las propuestas que han llegado a la gran pantalla y aunque no he terminado viendo todo lo que quería ver si que he visto mucho. De todo ello estas son las cinco que más me han gustado.


5.- Capitán América 2: El Soldado de Inverno.- Hasta este año, practicante la totalidad de la películas marvel excepto Los Vengadores parecían más una suerte de capitulo piloto o mero entremés en espera de la llegada del plato fuerte (los ya mentados Vengadores). Películas siempre bien hechas, más o menos entretenidas pero en general escasamente ambiciosas y con muy poca personalidad y repercusiones. Capitán América 2 ha cambiado todo esto, bien hecha si, entretenida también, pero ambiciosa y con enormes repercusiones en el universo marvel cinematográfico. La película de los hermanos Russo marca un antes y un después en un universo cinemático en el que no todo deberá estar ya en función de Los Vengadores y sus secuelas.


4.- La isla mínima.- Años 80, con la democracia recién estrenada dos policías contrapuestos habrá de investiga en la marismas del Guadalquivir la desaparición de dos jóvenes en extrañas circunstancias. Con este argumento, en apariencia tan manido (mezcla de thriller y buddy movie) el director Albero Rodríguez construye una película sostenida por el excepcional trabajo de Raúl Arevalo y (sobre todo) Javier Gutierrez, en el que la podredumbre moral y casi física del entorno se extiende por una sociedad que tiene demasiados esqueletos en el armario. Tensa, dura y directa, La isla mínima es la enésima muestra del que el cine español si quiere, puede.


3.- Boyhood (Momentos de una vida).- Ya solo por lo que tiene de experiencia cinematográfica, la película de Richard Linklater merece la pena, (rodada a lo largo de 12 años, creciendo así a la par que los personajes) pero más allá de eso, la grandeza de Boyhood es que sabe trasmitir, desde su primer fotograma eso tan difícil de captar en el cine que es la vida. A la par que los distintos personajes de la película crecen, el espectador crece con ellos, siente sus alegrías y sus penas, asistiendo a una de esas obras cinematográficas que consigue que salgas con una sonrisa del cine, sitiéndote mejor, algo que en los tiempos que corren siempre es de agradecer.


2.- Perdida.- Fincher dirige con maestría y solidez, alejado cada vez más de sus antiguas pirotecnias visuales, esta despiadada sátira de nuestra sociedad que jugando con un argumento propia de telefilme de sobremesa de antena 3, consigue poner el dedo en la llaga tanto del tipo de periodismo que tenemos en nuestra sociedad (solo hay que ver las noticias de los últimos días con los telediarios cebándose en mostrar una y otra vez el asesinato a sangre fría de un policía), como de la relaciones de pareja y los mundos ficticios que en muchas ocasiones se construyen en torno a ellas. La película consigue además mantener en tensión al espectador en todo momento mientras juega con sus expectativas y cuenta con uno de los personajes más fascinantes y temibles de los últimos tiempos, Amy Dunne interpretada magistralmente por Rosamund Pike.


1.- El lobo de Wall Street.- Excesiva en todos sus aspectos, El lobo de Wall Street, al igual que Perdida en cierto sentido, nos muestra aspectos de nuestro mundo que no queremos ver, pero que están allí, a la par que señala la verdadera cara y talante de los responsables de la brutal crisis económica que todavía padecemos. Scorsese aquí se aleja sin embargo de la sobriedad de la película de Fincher y recupera su tradicional estilo nervioso y dinámico a mayor gloria de un DiCaprio que devora la pantalla. El lobo de Wall Street serie una excelente comedia, si no fuera por que lo que cuenta es demasiado real y expone a la claras el funcionamiento podrido hasta al médula del sistema que rige nuestra vidas. Sin embargo tiene el inmenso acierto (al contrario de lo que pasa con otras películas de Scorsese, pienso en Infiltrados) de no juzgar, se limita a enseñar un mundo de opulencia y podredumbre y deja que sea el espectador el que saque sus propias conclusiones.