viernes, 16 de diciembre de 2011

The Boys: El afable escocés.

A lo tonto ya son ocho tomos los publicados en nuestro país de The Boys, serie que no ha hecho más que crecer desde sus polémicos comienzos cuando tras publicarse el primer arco en DC tuvo que pasar a editarse bajo la independiente Dynamite.

El género superheroico siempre ha sido facilimente parodiable, sus propias características hacen que así sea, lo cual todo sea dicho no tiene nada de malo, más bien al contrario ya que de ahí han salido clásicos tan remarcables como el Superduperman de Harvey Kurtzman y Wally Wood e incluso a cierto nivel obras como Watchmen pueden verse como una parodia seria del género. En este contexto, The Boys vendría a ser en gran medida la parodia más brutal y escatologica del genero de la mano de Garth Ennis, aún hoy uno de los guionistas más interesantes que trabajan al otro lado del atlántico.

El guionista de Predicador siempre ha tenido una relación bastante conflictiva con los superhéroes, casi podríamos calificarla como de amor-odio. Él mismo reconoce que muchas de las lecturas que le hicieron amar el medio vienen de los cómics de superhéroes, por contra no termina de entender como la industria norteamericana es tan obtusa como para cerrar las puertas comerciales a todo aquello que no tenga que ver con los mismos. The Boys viene a reflejar todo esto ya que ante todo en el cómic lo que se puede ver es una brutal critica a la majors y su cerrazón para con otros tipos de cómics. Aquí tal vez cabría echarle en cara al guionista irlandés que su critica es quizá demasiado tardía: ni la industria es lo que era, ni los superhéroes son ahora los dominadores del mercado. Un mercado que abierto con éxito el camino del cómic adulto, parece cada vez más limitado para un género enfrascado en su indefinición sobre el target al que va dirigido

Dejando todo esto a un lado y centrándonos en el cómic que nos ocupa, El afable escocés, supone el octavo tomo de la colección en España y en el se recopila la miniserie de seis números original “The Boys Highland Laddie”, donde Ennis deja de lado al habitual Darrick Robertson para colaborar con una de sus más celebradas parejas de baile, John McCrea con quien ya trabajara en la magnifica Hitman.

Guionista plagado de obsesiones (como todos los grandes, por otro lado), toda la obra de Ennis trata en mayor o menor medida sus grandes temas y The Boys no es una excepción. Con la incorrección política por bandera, el gamberrismo desenfrenado y la violencia como permanente recurso humoristico (un humor muy negro eso si), temas como la amistad o las relaciones de pareja son sobre los que terminan girando gran parte de su trabajo, y este tomo es una muestra clara de ello.

Centrado en Hughie, el personaje más humano de la colección, el tío simpático y algo ingenuo a través de cuyos ojos hemos ido descubriendo un mundo corrupto dominado por presuntos superhéroes, más preocupados en realidad por follar, matar y drogarse (no necesariamente por este orden) que por “hacer el bien”. Harto de lo que ha visto, de lo que ha vivido, de lo que se ha visto obligado a hacer y devastado por una tragedia personal que termina de desbordar el vaso, decide regresar a su casa, a Escocia con sus padres para intentar encontrar un sentido a todo lo que le ha pasado en los últimos tiempos. El regreso al hogar marcado por sentimientos contradictorios (ya que en el fondo y aunque él se niegue a admitirlo, sabe que por mucho que hayan cambiado las cosas en casa, el que de verdad ha cambiado ha sido él), se verá interrumpido cuando alguien de su pasado más reciente regrese con preguntas difíciles y dilemas para los que Hugie tal vez no este preparado.

En El afable escocés podemos encontrar todos los tics que han hecho famoso a Ennis: personajes extremos, diálogos ágiles y cortantes, momentos escatologicos y violencia desbocada, pero todo con un ritmo mucho más tranquilo (tanto que el guionista parece haberse apuntado al famoso decompressive storytelling), ya que en el fondo el tebeo lo que trata es de recomponer el alma de un personaje que ha sufrido mucho y que en el fondo ha resultado ser demasiado bueno, demasiado ingenuo para el mundo en el que le ha tocado vivir.