martes, 19 de febrero de 2008

Robocop 3, y Miller se despidió del cine.

Atrás quedaba ya la ilusión de Robocop 2, atrás quedaban ya las continuas visitas al rodaje y la lucha por que se respetara el guión. En Robocop 3 Miller opto por un toma la pasta y corre que condiciono una película plagada de buenas ideas de fondo pero de desastrosa ejecución.

Estrenada en 1992 la película que contó con 22 millones de dólares de presupuestó (9 más que la primera) supone un despropósito total en lo que a actuación y efectos especiales se refiere. Actores poco creíbles y sobreactuados se combinan con una falta de imaginación total en los ¿efectos especiales?, en una película que desprende cutrerio por todas partes, (ese Robocop “volando” es de lo peorcito que he visto en el cine supuestamente comercial), un cutrerio que además contribuye a ocultar un guión, que si bien flojo y lleno de tópicos, parecía tener potencial para al menos entretener, objetivo clave de este tipo de películas y en el que Robocop 3 falla estrepitosamente ante la permanente chapuza que uno puede ver en la pantalla.

Entrado de lleno en el guión, que es lo que al fin y al cabo interesa a efectos del este post, este viene firmado al alimón por Fred Dekker (“director” de la película) y el propio Frank Miller, y en él se pueden apreciar muchas reminiscencias de lo que se vio en la segunda parte, señalando el propio Miller que muchas de las ideas y elementos que se pueden ver en esta película estaban pensadas originalmente para la 2. De nuevo nos encontramos ante un Detroit desolado en manos de una brutal megacorparación que mientras hecha a la gente de sus casas, usa a su antojo los medios de comunicación para dar una buena imagen manipulando hasta el extremo la verdad y convirtiendo en terroristas a la resistencia frente a los desmanes de la empresa (aspecto este de interesante lectura, del que sería interesante conocer las ideas actuales de Miller tras el cambio que afirma han sufrido sus ideales con los atentados del 11-S). Robocop en un principio como servidor de la ley trata de acabar con estos “terroristas”, para finalmente al descubrir la verdad, ponerse de su lado y luchas contra las fuerzas mercenarias de la megacorporación, fuerzas a las que también se terminaran oponiendo la policía, en una batalla final que se supone debiera haber sido espectacular, pero que se torna en un absurdo y cutre, muy cutre enfrentamiento callejero.

El guión peca por lo tanto, de falta de originalidad al repetir muchos de los esquemas de una ya de por si no demasiado brillante (por ser suaves) segunda parte, (incluso Robocop vuelve a petarse para después ser arreglado, tratan de reprogramarlo para borrar su parte humana, etc). Sin embargo aun y con esas en la película posee algunas de las constantes de Miller: la defensa del individualismo frente a la fuerza uniformizadora de (en este caso) una megacorporación, la aparición de un héroe de firmes ideales dispuesto a luchar por lo que cree más allá de hacer lo que se espera de él, rebelándose así contra sus supuesto rol, un futuro oscuro y decadente en el que el hombre apenas si es una sombra de si mismo etc. Son en todo caso elementos suavizados en extremo, casi desaparecidos, elementos que se adivinan, que están ahí, pero que desgraciadamente apenas si se esbozan.

Tras Robocop 3, Miller huiría de Hollywood como alma que lleva el diablo, volvería al mundo del comic y haría lo que llevaba años soñando con hacer, Sin City. Solo con el paso de los años, (de muchos años), ante la insistencia de Robert Rodríguez y ante la posibilidad de ejercer un control creativo casi total, Miller volvería al mundo del cine, un mundo que siempre le ha fascinado y al que ahora parece haber vuelto para quedarse. ¿Hemos perdido un autor de comics y ganado un director de cine? Solo el tiempo lo dirá, mientras tanto y no, ahí queda su paso inicial por Hollywood a través de Robocop, experiencia que al menos sirvió a Miller para nunca volver al mundo del cine si no era bajo sus propios términos.