martes, 12 de febrero de 2013

Fringe, cinco años después.

La secreta agencia gubernamental Fringe encargada de investigar fenómenos inexplicables y paranormales, tiene su mejor agente en Olivia Dunham, que pese a los recelos de su jefe Philip Broyles, decide recurrir al genio loco Walter Bishop en su cruzada para descubrir la verdad detrás de los “fenómenos fringe”. El problema es que Bishop esta internado en un psiquiátrico y solo su prófugo de al justicia hijo, Peter puede sacarle de allí...Siempre que le convenza de que vuelva a ver su padre tras años sin querer saber nada de él.

A grandes rasgos esta podría ser la presentación de Fringe que en todo caso nació bajo el deseo de J.J. Abrams de hacer su propia Expediente X y que termino por transformarse en una estimulante y desbocada serie de ciencia ficción. Tan interesante como compleja, la dificulta de engancharse a la serie si no se había seguido desde el principio, así como lo bizarro de no pocos de los conceptos manejados por la misma, probablemente condicionaran el escaso calado del producto entre los espectadores, a la par que permitió que aquellos que la siguieran lo hicieran con la pasión y energía suficientes como para mantener el show cinco años en antena, completando la nada desdeñable cantidad de cien episodios. Si una analiza las cinco temporadas que componen la serie resulta llamativo observar como es en realidad la primera la que más se asemeja al concepto de Expediente X, concepto del que poco a poco se va despegando a media que la serie va entrando en barrena comercial. Si en la primera temporada tenemos un exceso de formulismo (el monstruo de la semana como casi único argumento) con apenas insinuaciones de una trama mucho más grande detrás, sera en la segunda y sobre todo en la magnifica tercera temporada cuando la formula quede totalmente atrás, adquiriendo la serie un ritmo trepidante a base de espectaculares cliffhanger y dejando a la claras el tema central de la serie: la perdida, la dificultad de aceptarla y lo que se esta dispuesto a hacer para evitarla.

Aunque al final lograse completar cinco temporadas y pudiese cerrar con acierto todas las tramas abiertas, lo cierto es que Fringe podría haber concluido perfectamente en su tercera temporada, donde casi todo aquello que se había narrado hasta ese momento encuentra su respuesta, teniendo además un final muy simbólico con respecto a la ya mencionada idea central de la serie. Con todo, hay en las tres primeras temporadas mucho de improvisación. No puede ser de otra forma en una serie siempre al borde de la cancelación, con un panorama futuro nada claro. Así si en la primera temporada se plantean ideas como la del maltratador padre de Olivia que siempre regresa por su cumpleaños para recordarle que no ha muerto o los mafiosos que persiguen a Peter cuando regresa a Boston para sacar a su padre Walter del psiquiátrico, son elementos que pronto se abandonan en pos del corazón central de este ciclo argumental que componen las tres primeras temporadas: la existencia de un universo paralelo al nuestro, con pequeñas diferencias que amenaza con colapsarse (y de paso el nuestro) debido a algo que hizo Walter en el pasado.

Así las cosas con el eje central de la serie cerrado en la tercera temporada, la cuarta pareció una prolongación un tanto irrelevante al ahondar en algo en lo que la serie ya parecía haber dicho todo lo que tenía que decir: el peligro de que el hombre juegue a ser Dios y las consecuencias de tales acciones. La cuarta temporada al diferencia de lo hasta entonces visto en una historia en si misma con un principio y un final dentro de la misma temporada y que tiene muchos de los elementos que antes estuvieron estructurados en tres años. Así el primer tramo de la temporada recurre como la primera a la formula, en su segundo tramo se acelera la historia dejando poco a poco su aspecto formulaico de lado (a imagen y semejanza de la segunda) y para el final entra de lleno en la trama sin apenas atisbo de formula (como la tercera). Tal vez por repetir esquemas, tal vez por sonar todo demasiado, la cuarta temporada resulta ser tal vez la más aburrida y previsible del conjunto. Esconde sin embargo a lo largo de sus 22 episodios un par de huevos de pascua de lo más interesantes. Apenas dos episodios que muestran un futuro distópico controlado con mano de hierro por dictadores venidos del futuro y donde no se sabe que ha sido del equipo Fringe original.

Son como digo apenas dos episodios pero dejan con ganas de más, de mucho más. Algo que se vería en toda su gloria en una quinta temporada que si bien es cierto nunca alcanza la fuerza y la energía de esos dos episodios si recupera la magia para una serie que parecía haber perdido algo de su espontaneidad y atrevimiento en la sosa cuarta temporada. La quinta temporada, construida ya con un horizonte final claro (13 episodios para completar la redonda cifra de 100) cierra el único de los cabos que realmente quedo pendiente al final de la tercera y concluye con un final justo para los personajes, lleno de emotividad pero que quizá resulta demasiado convencional y previsible para una serie que siempre trato (y muchas veces consiguió) ser todo lo contrario. Sea como sea la serie se ha ganado un hueco entre lo más granado de la historia de la ficción televisiva.