lunes, 22 de marzo de 2010

Damages, o el control del tiempo narrativo.

Bajo la apariencia de lo que se ha venido a denominar como una serie “de abogados”, Damages resulto en su primera temporada un espectacular thriller, con un nivel de guión, puesta en escena e interpretación pocas veces vista en la pequeña pantalla.

Damages parte de la llegada de una joven, brillante y ambiciosa abogada, (Ellen Parsons interpretada por un bellísima Rose Byrne) al bufete de abogados Hewes y Asociados, dirigido por toda un leyenda del derecho, Patty Hewes (con una colosal Glenn Close detrás), famosa tanto por su profesionalidad casi enfermiza, como por una suerte de lado oscuro que hace que no todos sus colaboradores acaben bien., el caso al que han de hacer frente es el de una estafa masiva protagonizada por un, en apariencia, todopoderoso magnate (Arthur Frobisher, interpretado por el gran Ted Danson), que presuntamente es responsable de la perdida de las pensiones de todos sus trabajadores, los cuales, asociados recurren a Hewes para recuperar su dinero, un planteamiento en principio que no tiene nada de especial, pero como no podía ser de otra forma, la cosa tiene truco.

Y es que la gran baza de Damages, lo que hace que sea especial es su peculiar estructura temporal, con un guión construido al milímetro y que encaja a la perfección (no hay más que revisionar la serie para verlo), Damages juega a descolocar al espectador desde sus mismos inicios, con continuos flashforward que adelantan acontecimientos que no adquieren toda su significado hasta el final de la serie pero que te hacen preguntarte continuamente como vamos a llegar a ese punto, probablemente como historia lineal la primera temporada de Damages hubiera sido correcta y poco más, estructurada de esta forma consigue engancharte de principio a fin, mientras intentas encajar las piezas de un puzzle que hasta su conclusión final parece irresoluble.

Tras la brillantez de la primera temporada, y como casi siempre pasa en estos casos, el principal problema de la serie, es que, tal vez por el abuso de los mismos recursos que ya no sorprenden como la primera vez, tal vez por lo redonda que resulto esa primera temporada, lo cierto es que ni la segunda, ni lo que va de la tercera han estado a la altura que la serie se marco a si misma; si, las interpretaciones están ahí, los guiones siguen siendo sólidos, la factura técnica impecable, pero la capacidad para la sorpresa, el no saber lo que va a pasar, el desear la llegada del siguiente episodio, parece haberse perdido en una serie a la que ya se le va cogiendo el truco, y es que pese a sus diferencias, tanto la segunda como lo que llevamos de la tercera temporada, han sido demasiado parecidas a la primera, haciendo que una serie que ha conseguido alejarse de los “episodios formulas” tan comunes a este tipo de proyectos, se haya tornado por contra en una serie con “temporadas formulas” que no tienen otro recurso para sorprender al espectador que el flashforward.

Con todo Damages sigue siendo una serie de gran calidad, que en ningún momento aburre o se traiciona a si misma (por suerte esto no es Prison Break) y que aunque no parezca capaz de ofrecer más de lo que ya dio en su primera temporada, esto sigue siendo tanto, que sin duda merece la pena verla.

En fin poco más que añadir, si acaso señalar que, ver como mínimo la primera temporada, debería ser obligatorio para todo aquel que quiera disfrutar de una de las mejores series que han surgido en esta edad de oro de la ficción televisiva americana, palabra de un serie-adicto.