Tenía tantas ganas de leer este libro como pocas esperanzas de que se tradujera al castellano. Por suerte al final ha sido así y hemos podido disfrutar de una edición en el idioma de Cervantes del primer ensayo escrito por el guionista más interesante, valiente e inteligente del cómic comercial americano actual.
Hay tres almas en el libro escrito por Grant Morrison. Por un lado encontramos el análisis de la historia del género. Un análisis lleno de pasión en el que Morrison demuestra que realmente ama los superhéroes. Plagado de momentos realmente brillantes como puedan ser su visión de Watchmen, esas tres páginas dedicadas a analizar la portada de Action Comics 1... Se trata de un estudio cronológico que busca enlazar la evolución en paralelo del genero y la sociedad en la que esta ha ido creciendo. Bien es cierto que, ni este planteamiento, ni lo que Morrison cuenta suponen novedad alguna para aquellos que tengan nociones básicas del tema (aunque sin duda si será interesante para los neófitos), pero que en todo caso esta escrito con pulso, es ameno, ágil e informativo.
Nos encontramos luego con la biografía del autor. Aquí Morrison intenta entrelazar su propia vida con la historia del género y con su trabajo para el mismo. Hay que señalar que en esta aspecto el libro puede resultar algo fallido en el sentido de que el escoces no consigue entremezclar ambos elementos con fluidez. El libro esta hablando de tal o cual cómic cuando de repente empieza a hablar de su vida sin que en la mayoría de los casos encontremos una verdadera vinculación que permita un transición fluida. En este aspecto el libro parece estructurado demasiado a trompicones, con frenazos y arrancadas que no terminan de agilizar la lectura. Pese a todo encontramos aquí también elementos muy interesantes, en especial cuando al hablar de su obra si consigue dar una buen panorama sobre como funciona el mundo editorial americano y a la vez como lo hace la cabeza del genial creador de Los Invisibles.
El tercer elemento que impregna el libro es el tremendo ego de Morrison, un ego sin el que probablemente el autor no seria tan interesante como es. Ya desde el principio puede sonar presuntuoso el que el guionista de Doom Patrol se ponga al mismo nivel que los superhéores, a los que el mismo define como figura míticas, aunque esto es sin duda entendible habida cuenta del propósito en torno al que se estructura el libro. El ego de Morrison se puede apreciar desde su cierta condescendencia (¿y algo de resquemor, quizá?) para con Mark Millar, sus continua puyas hacia Alan Moore (aunque hay que decir que lo trata con un respeto no tan visible en declaraciones pasadas suyas) o ese afán permanente por poner sus ideas y obras como capitales en el crecimiento del cómic de superhéroes (cosa que es cierta, pero que dicho por él mismo puede sonar presuntuoso). En este aspecto resulta curioso como apenas habla de Swamp Thing, obra clave para entender su Animal Man o como ignora en su gran mayoría la línea ABC del barbudo de Northampton, línea en su mayoría destinada a cubrir los mismos objetivos que Morrison dice defender para el cómic de superhéroes.
Con estos mimbres Morrison termina construyendo una obra siempre bien escrita, pero irregular en cuanto a sus estructura que sin embargo merece muy mucho la pena. Tanto por ser una visión desde dentro del género que tanta felicidad nos ha proporcionado, como por el que esa visión este realizada por una de la figuras más interesantes del mismo a día de hoy e incluso me atrevería a decir de toda su historia.
Queda en el capitulo negativo el precio del libro en España (y la portada que han escogido que también tiene tela), casi 30 euros para una edición digna si, pero a años luz de la que Pda ha sacado con su reciente libro sobre Alan Moore (que por cierto también ha costado 30€). Entiendo que puede ser una obra minoritaria, que tal vez tanto su tirada como sus ventas no sean nada del otro mundo, pero a nivel de libros teóricos tenemos ejemplos de obras de Norma, Dolmen o Alberto Santos Editor que en condiciones similares han sido puestas a la ventas a precios mucho más recomendables.
viernes, 9 de noviembre de 2012
viernes, 2 de noviembre de 2012
La Patrulla X de Claremont-Cokrum-Byrne: en permanente retorno.
Hay etapas creativas que define tanto a un personaje (a un grupo de personajes), que lo dejan tan marcado que a partir de ese momento solo se puede tirar hacia delante o en permanente remake de esa etapa o tratando de hacer todo lo contrario de lo que en ella sucedió, es decir avanzando por oposición. Pasa con el Daredevil de Miller y en cierta medida pasa lo mismo con La Patrulla X de Claremont-Cokrum-Byrne.
Este mes llega en España y de la mano de Panini el tercer tomo de los llamados Omnigold dedicado a La Patrulla X. He de decir que nunca he sido demasiado partidario de este tipo de tochales demasiado grandes y que en cierta medida van en contra del espíritu (popular) con el que nacieron estos cómics. Aun así no se puede negar que la edición de Panini es muy buena. Buen papel (lejos del satinado que tan mal queda en obra no actuales), las portadas antes de cada cómic, precio ajustado en relación al volumen de páginas....
Los dos tomos publicados hasta ahora, incluyen la totalidad de la etapa Claremont-Cokrum-Byrne y lo cierto es que dice muy poco a favor de las editoriales de nuestro país, que esta sea la primera edición a color y en tamaño original que incluye los cómics con las potadas originales tal y como fueron publicados en su momento: sin añadidos de Classics X-Men, sin grapas partidas etc. Como decía que esa etapa, una de las cumbres de la historia de Marvel no haya tenido una edición así hasta ahora en España es como poco significativo.
Aunque lo realmente significativo, es que aún a estas alturas esta etapa aparezca en el horizonte no solo como la mejor que han vivido nunca los mutantes, si no que la inmensa mayoría de la grandes etapas que vienen a la mente de la ahora todopoderosa e inabarcable franquicia remiten directamente a esta fase primigenia de la Nueva Patrulla X. Como si no fuera posible ir más allá de lo aquí contado.
Si uno piensa en los X-Men de Alan Davis, en los de Morrison o en los de Whedon por citar solo algunas de las etapas más reconocidas de los mutantes, la labor de Claremont-Cokrum-Byrne se muestra no solo como referente ineludible sino es más, como losa insuperable a la que siempre hay que remitirse. Y es que pese a los cambios, la innegable evolución de los personajes y el talento que ha impregnado a los X-Men con los años, desde la macha de Byrne casi todo lo que se ha creado para la franquicia tiene ecos de lo que en esta etapa se narro. Como si los mutantes estuvieran envueltos en un remake permanente del que nadie quiere o sabe salir. El actual Avengers vs X-Men con el Fenix de por medio no hace si no confirmar esta impresión.
¿Pero que hace que la etapa Claremont-Cokrum-Byrne sea tan definitoria, tan en apariencia insuperable? Leída hoy en día, pese sus innegables defectos (la mala caracterización de personajes como Cíclope, la excesiva verborrea de un Claremont que subraya en exceso lo que ya esta dibujado y que abusa de diálogos en ocasiones demasiado rimbonbantes), La Patrulla X Claremont-Cokrum-Byrne conserva toda la fuerza y la energía que en su momento la hicieron tan especial. Momentos épicos como el sacrificio de Jean Grey/Fenix o Lobezno saliendo de las alcantarillas dispuesto a tomarse cumplida revancha de la derrota de La Patrulla X ante el Club del Fuego Infernal siguen poniendo los pelos como escarpias.
El cómic funciona a muchos niveles: desde la fastuosa space-opera de los Shi´ar, pasando por el exotismo de una primitiva Tierra Salvaje hasta el viaje a Japón, ampliando el foco sobre el pasado y el carácter de Lobezno. La Patrulla X amplia el espectro de sus aventuras yendo mucho más lejos de lo que nunca llego la clásica y sentando las bases del futuro que ha seguido bebiendo de esta etapa sobre todo de sus tres pilares fundamentales: El Imperio Shi´ar, La Saga de Fenix Oscura y Días del Futuro Pasado. Elementos que de una forma u otra son siempre retomados en la franquicia. Ante Brian Michael Bendis, recién nombrado arquitecto de la franquicia se abre ahora la posibilidad de explorar otras vías. Y es que si el calvo de oro ya cambio (para bien o para mal, ese es otro tema) la faz de Los Vengadores, tal vez consiga hacer lo mismo con los X-Men. Yo desde luego tengo ganas de leerlo.
Este mes llega en España y de la mano de Panini el tercer tomo de los llamados Omnigold dedicado a La Patrulla X. He de decir que nunca he sido demasiado partidario de este tipo de tochales demasiado grandes y que en cierta medida van en contra del espíritu (popular) con el que nacieron estos cómics. Aun así no se puede negar que la edición de Panini es muy buena. Buen papel (lejos del satinado que tan mal queda en obra no actuales), las portadas antes de cada cómic, precio ajustado en relación al volumen de páginas....
Los dos tomos publicados hasta ahora, incluyen la totalidad de la etapa Claremont-Cokrum-Byrne y lo cierto es que dice muy poco a favor de las editoriales de nuestro país, que esta sea la primera edición a color y en tamaño original que incluye los cómics con las potadas originales tal y como fueron publicados en su momento: sin añadidos de Classics X-Men, sin grapas partidas etc. Como decía que esa etapa, una de las cumbres de la historia de Marvel no haya tenido una edición así hasta ahora en España es como poco significativo.
Aunque lo realmente significativo, es que aún a estas alturas esta etapa aparezca en el horizonte no solo como la mejor que han vivido nunca los mutantes, si no que la inmensa mayoría de la grandes etapas que vienen a la mente de la ahora todopoderosa e inabarcable franquicia remiten directamente a esta fase primigenia de la Nueva Patrulla X. Como si no fuera posible ir más allá de lo aquí contado.
Si uno piensa en los X-Men de Alan Davis, en los de Morrison o en los de Whedon por citar solo algunas de las etapas más reconocidas de los mutantes, la labor de Claremont-Cokrum-Byrne se muestra no solo como referente ineludible sino es más, como losa insuperable a la que siempre hay que remitirse. Y es que pese a los cambios, la innegable evolución de los personajes y el talento que ha impregnado a los X-Men con los años, desde la macha de Byrne casi todo lo que se ha creado para la franquicia tiene ecos de lo que en esta etapa se narro. Como si los mutantes estuvieran envueltos en un remake permanente del que nadie quiere o sabe salir. El actual Avengers vs X-Men con el Fenix de por medio no hace si no confirmar esta impresión.
¿Pero que hace que la etapa Claremont-Cokrum-Byrne sea tan definitoria, tan en apariencia insuperable? Leída hoy en día, pese sus innegables defectos (la mala caracterización de personajes como Cíclope, la excesiva verborrea de un Claremont que subraya en exceso lo que ya esta dibujado y que abusa de diálogos en ocasiones demasiado rimbonbantes), La Patrulla X Claremont-Cokrum-Byrne conserva toda la fuerza y la energía que en su momento la hicieron tan especial. Momentos épicos como el sacrificio de Jean Grey/Fenix o Lobezno saliendo de las alcantarillas dispuesto a tomarse cumplida revancha de la derrota de La Patrulla X ante el Club del Fuego Infernal siguen poniendo los pelos como escarpias.
El cómic funciona a muchos niveles: desde la fastuosa space-opera de los Shi´ar, pasando por el exotismo de una primitiva Tierra Salvaje hasta el viaje a Japón, ampliando el foco sobre el pasado y el carácter de Lobezno. La Patrulla X amplia el espectro de sus aventuras yendo mucho más lejos de lo que nunca llego la clásica y sentando las bases del futuro que ha seguido bebiendo de esta etapa sobre todo de sus tres pilares fundamentales: El Imperio Shi´ar, La Saga de Fenix Oscura y Días del Futuro Pasado. Elementos que de una forma u otra son siempre retomados en la franquicia. Ante Brian Michael Bendis, recién nombrado arquitecto de la franquicia se abre ahora la posibilidad de explorar otras vías. Y es que si el calvo de oro ya cambio (para bien o para mal, ese es otro tema) la faz de Los Vengadores, tal vez consiga hacer lo mismo con los X-Men. Yo desde luego tengo ganas de leerlo.
jueves, 25 de octubre de 2012
New 52: Balance parcial.
Con el fin de la primera saga de la Liga de la Justicia de Johns y Lee (emblema de New 52) creo que ya ha pasado el suficiente tiempo desde su llegada a España como para hacer un breve balance de lo que este reboot ha supuesto en el Universo DC (UDC a partir de ahora).
New 52 como concepto: Más allá de otras consideraciones entorno a la calidad de la series, las ventas o el amago de retorno a lo peor de los 90, una de las claves de New 52 ha sido el supuesto reinicio total de la continuidad del UDC. Bajo este prisma el relanzamiento en un fracaso absoluto. Sin paliativos. Mientras unos personajes como Batman o Green Lantern (ya muy exitosos antes del reboot) han visto continuar sus aventuras sin apenas retoques, otros como Superman o Wonder Woman se han reiniciado por completo. Un día se dice que Batman ha tenido cinco Robin en cinco años para al siguiente decir que no, que Tim Drake fue Red Robin directamente. Hay series que parecen contradecirse y nunca terminan de dejar claro que se esta contando desde el principio y que cinco años después del reboot. Un caos brutal que deja a las claras que detrás de New 52 no hay un concepto global de universo compartido, que las cosas se han hecho deprisa y corriendo sin un plan establecido y que por desgracia todo suena, bajo este punto de vista al menos, a chapuza total.
New 52 ¿éxito comercial: A la hora de hablar de este punto hay que analizar dos elementos bien diferenciados. Por un lado solo el más ciego (o el más troll) puede negar que DC ha mejorado y mucho sus números. De estar a un abismo porcentual de Marvel ha pasado a un empate técnico e incluso a veces a superarla. Algo que, por los motivos que fuera antes de New 52 parecía una quimera. Desde este punto vista el reboot ha sido un éxito. Pero claro como decía hay que tener en cuenta otro elemento. 52 son muchas series, demasiadas. Superman, Batman, La Liga de las Justicia o Wonder Woman (series muchas de ellas que ya vendían bien antes de relanzamiento) han mejorado, en algunos casos de forma espectacular sus números. Series como Frankestein, Blue Bettle o Capitan Atom apenas sin han vendido, algunas ya han sido canceladas y otras se encuentra al borde. Prácticamente la mitad de las New 52 tiene unas ventas ridículas. ¿Eso puede calificarse de éxito? Difícilmente, y más cuando persiste la sensación de que DC lejos de atraer nuevo público lo que ha hecho es atraer a ya convencidos que o habían abandonado el UDC o los comics en general y han vuelto aprovechando la coyuntura.
New 52, retorno a los 90: Bob Harras, Jim Lee, Rob Liefeld, números 0, cómics que a veces parecen realizados por el primero que pasaba por ahí, control editorial brutal con continuos cambios de planes...¿Supone New 52 un retorno a lo peor de los 90? Si y no. Si porque evidentemente parte de los autores implicados son figuras claves de aquellas época y muchas de las estrategias comerciales recuerdan a esos años. No porque hay suficiente sangre nueva, autores con ideas interesantes implicados como para que la idea global sea que todo es un desastre. Algo, que hay que decir tampoco fueron los 90 (hay series muy buenas, incluso en las fases más duras de la década), pero que a nivel de imagen es lo que ha quedado. Por eso sorprende tanto que DC que se supone quiere parecer fresca, distinta, nueva en definitiva, recurra a este tipo de autores.
Ya, pero ¿y las series que?: Realmente este el tema fundamental y el que como aficionado más me interesa, ¿Hay buenas series en New 52 o es todo un desastre absoluto? Por supuesto hay buenas series. O al menos las hay entre aquellas que yo he elegido seguir. Empezando por Batman, a parte de que Morrison siga rondando por ahí, el Batman de Snyder y Capullo es bueno, muy bueno. De lo mejorcito en grapa que se puede leer a día de hoy. El Superman de Morrison y Morales es entretenido y dinámico, una lectura que merece la pena. En Wonder Woman, Azzarello y Chiang están haciendo un gran trabajo, lento pero seguro que se disfruta y se lee con ganas. Animal Man y Sawmp Thing, series hermanadas conceptualmente y muy cercanas a la forma Vertigo de hacer cómics, resultan también interesantes y disfrutables, aunque quizá demasiado lentas. Aquaman de Johns y Reis, no serie ni la mitad de interesante con otro dibujante pero al menos es un buen cómic de superhéoes sin pretensiones y ameno. Green Lantern por su parte sigue más o menos igual que antes del relanzamiento: bien pero sin alardes y todo empieza a sonar ya ha repetido. Con todo tal vez la peor serie de las que sigo es la Liga de la Justicia de Johns y Lee. La serie padece todos los males de los cómics de superhéroes actuales: extrema lentitud, abuso de splah page, historia pensada para el tomo...Pero por contra ninguna de sus virtudes: buena caracterización de personajes, diálogos, situaciones imposibles...El emblema de este New 52 esta lejos de ser el más interesante de sus cómics.
¿Era todo esto necesario?: Y aquí viene la clave de todo. Visto lo visto ¿era necesario reiniciar el UDC?, ¿era necesario reiniciarlo además así?, ¿no podía Johns y Lee o Snyder y Capullo hacer La Liga de la Justicia o Batman en el anterior UDC? La respuesta es que no, esto no era necesario. Ni era necesario un rebooteo de continuidad, ni si este se hace, era necesario hacerlo a medias, ni las principales estrellas del proyecto estaban impedidos para trabajar en el antiguo UDC. Con New 52 queda sobre todo la sensación de que estamos ante una mera maniobra comercial sin un plan claro, que no le ha ido mal a DC pero que parece tener fecha de caducidad y no muy lejana además. Veremos.
New 52 como concepto: Más allá de otras consideraciones entorno a la calidad de la series, las ventas o el amago de retorno a lo peor de los 90, una de las claves de New 52 ha sido el supuesto reinicio total de la continuidad del UDC. Bajo este prisma el relanzamiento en un fracaso absoluto. Sin paliativos. Mientras unos personajes como Batman o Green Lantern (ya muy exitosos antes del reboot) han visto continuar sus aventuras sin apenas retoques, otros como Superman o Wonder Woman se han reiniciado por completo. Un día se dice que Batman ha tenido cinco Robin en cinco años para al siguiente decir que no, que Tim Drake fue Red Robin directamente. Hay series que parecen contradecirse y nunca terminan de dejar claro que se esta contando desde el principio y que cinco años después del reboot. Un caos brutal que deja a las claras que detrás de New 52 no hay un concepto global de universo compartido, que las cosas se han hecho deprisa y corriendo sin un plan establecido y que por desgracia todo suena, bajo este punto de vista al menos, a chapuza total.
New 52 ¿éxito comercial: A la hora de hablar de este punto hay que analizar dos elementos bien diferenciados. Por un lado solo el más ciego (o el más troll) puede negar que DC ha mejorado y mucho sus números. De estar a un abismo porcentual de Marvel ha pasado a un empate técnico e incluso a veces a superarla. Algo que, por los motivos que fuera antes de New 52 parecía una quimera. Desde este punto vista el reboot ha sido un éxito. Pero claro como decía hay que tener en cuenta otro elemento. 52 son muchas series, demasiadas. Superman, Batman, La Liga de las Justicia o Wonder Woman (series muchas de ellas que ya vendían bien antes de relanzamiento) han mejorado, en algunos casos de forma espectacular sus números. Series como Frankestein, Blue Bettle o Capitan Atom apenas sin han vendido, algunas ya han sido canceladas y otras se encuentra al borde. Prácticamente la mitad de las New 52 tiene unas ventas ridículas. ¿Eso puede calificarse de éxito? Difícilmente, y más cuando persiste la sensación de que DC lejos de atraer nuevo público lo que ha hecho es atraer a ya convencidos que o habían abandonado el UDC o los comics en general y han vuelto aprovechando la coyuntura.
New 52, retorno a los 90: Bob Harras, Jim Lee, Rob Liefeld, números 0, cómics que a veces parecen realizados por el primero que pasaba por ahí, control editorial brutal con continuos cambios de planes...¿Supone New 52 un retorno a lo peor de los 90? Si y no. Si porque evidentemente parte de los autores implicados son figuras claves de aquellas época y muchas de las estrategias comerciales recuerdan a esos años. No porque hay suficiente sangre nueva, autores con ideas interesantes implicados como para que la idea global sea que todo es un desastre. Algo, que hay que decir tampoco fueron los 90 (hay series muy buenas, incluso en las fases más duras de la década), pero que a nivel de imagen es lo que ha quedado. Por eso sorprende tanto que DC que se supone quiere parecer fresca, distinta, nueva en definitiva, recurra a este tipo de autores.
Ya, pero ¿y las series que?: Realmente este el tema fundamental y el que como aficionado más me interesa, ¿Hay buenas series en New 52 o es todo un desastre absoluto? Por supuesto hay buenas series. O al menos las hay entre aquellas que yo he elegido seguir. Empezando por Batman, a parte de que Morrison siga rondando por ahí, el Batman de Snyder y Capullo es bueno, muy bueno. De lo mejorcito en grapa que se puede leer a día de hoy. El Superman de Morrison y Morales es entretenido y dinámico, una lectura que merece la pena. En Wonder Woman, Azzarello y Chiang están haciendo un gran trabajo, lento pero seguro que se disfruta y se lee con ganas. Animal Man y Sawmp Thing, series hermanadas conceptualmente y muy cercanas a la forma Vertigo de hacer cómics, resultan también interesantes y disfrutables, aunque quizá demasiado lentas. Aquaman de Johns y Reis, no serie ni la mitad de interesante con otro dibujante pero al menos es un buen cómic de superhéoes sin pretensiones y ameno. Green Lantern por su parte sigue más o menos igual que antes del relanzamiento: bien pero sin alardes y todo empieza a sonar ya ha repetido. Con todo tal vez la peor serie de las que sigo es la Liga de la Justicia de Johns y Lee. La serie padece todos los males de los cómics de superhéroes actuales: extrema lentitud, abuso de splah page, historia pensada para el tomo...Pero por contra ninguna de sus virtudes: buena caracterización de personajes, diálogos, situaciones imposibles...El emblema de este New 52 esta lejos de ser el más interesante de sus cómics.
¿Era todo esto necesario?: Y aquí viene la clave de todo. Visto lo visto ¿era necesario reiniciar el UDC?, ¿era necesario reiniciarlo además así?, ¿no podía Johns y Lee o Snyder y Capullo hacer La Liga de la Justicia o Batman en el anterior UDC? La respuesta es que no, esto no era necesario. Ni era necesario un rebooteo de continuidad, ni si este se hace, era necesario hacerlo a medias, ni las principales estrellas del proyecto estaban impedidos para trabajar en el antiguo UDC. Con New 52 queda sobre todo la sensación de que estamos ante una mera maniobra comercial sin un plan claro, que no le ha ido mal a DC pero que parece tener fecha de caducidad y no muy lejana además. Veremos.
miércoles, 17 de octubre de 2012
Entrevista en Radio León Cadena Ser.
Dejo por aquí el audio de la entrevista que me hicieron hoy en Radio León en el programa Hoy por Hoy y un enlace al blog de Ricardo Chao que fue quien contacto conmigo para la entrevista. La verdad es que me sentí muy cómodo y aunque estaba algo nervioso al principio creo que al final quedo bien. Desde aquí dar las gracias a Ricardo y a Chechu el conductor del programa.
domingo, 14 de octubre de 2012
Holy Terror. Frank Miller fuera de su tiempo.
Holy Terror era un cómic que ya nacía torcido. Machacado por la critica y despreciado por el público (que sin embargo no dudo en comprarlo), parecía que no había nada salvable en el último trabajo de Miller. Ahora, “gracias” a Norma Editorial (en uno de los precios más desorbitados que recuerdo en este tipo de productos) el lector español puede por si mismo comprobar la veracidad de todas estas afirmaciones. Por desgracia, no hay nada peor que una obra confirme todos los prejuicios que sobre ella se pudieran tener.
Tras la entrada de EEUU en la II Guerra Mundial la importancia de los cómics como vehículo propagandístico fue fundamental. Cómics en la que deshumanización del enemigo y la exaltación de los valores patrióticos estaban por encima de cualquier cosa, incluso muchas veces de la calidad del producto. Cuando Frank Miller tras los brutales atentados del 11-S decidió recuperar ese espíritu en un explicito Batman vs Al-Qaeda uno no sabía muy bien como tomarse aquello.
Sin duda ya no estábamos en los años 40, lo que no quita para que en gran medida el cómic-book americano siga teniendo mucho de vehículo propagandístico, aunque de forma mucho más sutil. Y es que, al menos en teoría, la sociedad actual mucho más cínica y tecnificada no aceptaría con la misma facilidad un discurso tan obvio y carente de matices. Pese a esto cabría preguntarse que habría sido de ese hipotético Batman vs Al-Qaeda de haber salido en 2002, con los atentados tan recientes, un ejercicio de rabia pura sin condicionantes, podría haber tenido cierto interés como reflejo del sentir de parte del pueblo americano ante una barbarie sin justificación, pero eso queda para la especulación. Batman vs al-Qaeda no llego a existir más que como mero proyecto de partida y lo que surgió de todo aquello, Holy Terror ha llegado a nuestra manos en 2012. Lo que tal vez sea lo peor del cómic.
Si uno observa la trayectoria artística de Frank Miller con un poco de perspectiva es innegable que nos encontramos ante un autor polémico, con un discurso político muy marcado, pero lo suficiente ambiguo como para que en el quepan muchas interpretaciones. Un discurso, duro y sin concesiones en el que los golpes caen tanto para un lado como para otro con una sutilidad e ironía de la que Holy Terror carece por completo. También encontramos en la obra de Frank Miller a un autor comprometido su tiempo, consciente de la realidad en la que vive y critico con ella. Tampoco encontramos nada en Holy Terror de todo ello.
Y es que como decíamos más arriba, si Holy Terror pudo ser relevante en algún momento ese momento pasó hace diez años. Ahora, con tiburones financieros que arrasan economías enteras, con gente perdiendo sus casas a cientos, con una situación de desesperación asfixiante en la que la salida no se atisba por ningún lado, venir a contar una historia propagandística para exaltar los valores patrióticos de una América que según Miller debería centrarse solamente en la guerra contra el terrorismo islámico, resulta desfasado, antiguo y carente de sentido.
Lo peor de Holy Terror no es la deshumanización del enemigo, lo simple de sus discurso, el que sus personajes sean Batman, Catwoman o Gordon ligeramente camuflados, al fin y al cabo así es como nació el proyecto: una suerte de cómic propagandístico de los años 40 con Batman enfrentándose a Al-Qaeda. No, lo peor de Holy Terror es que es un cómic totalmente fuera de su época, un cómic que refleja un mundo que no es el nuestro, que habla de una amenaza, que si bien puede ser real, palidece ante las dosis de brutalidad que el capitalismo más salvaje nos proporciona día a día. El mundo actual, que se parece mucho al que Miller anticipara en Robocop o en los dos primeros números de DK2 se encuentra en una disyuntiva mucho más compleja que la de enfrentarse a hostias con unos fanáticos radicales empeñados en volver al mundo a la Edad Media.
Lo curioso de todo esto no es que en gran medida parte de lo que se ve en Holy Terror ya se empieza a atisbar en el tercer número de DK2. La obra que hasta entonces había transcurrido como una lucha de Batman contra un mundo dominado por tiranos que tiene a los políticos como meros títeres para controlar a un pueblo al que desprecian, pasa a transformarse, todavía ligeramente, cuando tras el 11-S (acontecimiento que parece haber transformado a Miller por completo) el guionista de Born Again se da cuenta de que no quiere mostrar a Batman como un terrorista que recurre a la violencia para transformar el mundo.
A partir de ahí el viaje ideológico de Miller, que le lleva a concebir algo como Holy Terror puede resultar más entendible pero vuelve a marcar una clara diferencia: mientras DK2 (cuyos 2 primeros números son excepcionales) es una obra anticipada a su tiempo que cada vez es más revindicada. Holy Terror, concebido como instrumento de apoyo a una supuesta guerra mucho más compleja de lo que Miller plasma, es una obra que nace ya caduca.
Con todo encontramos en Holy Terror algún elementos estimables. Desde un punto de vista gráfico, cuenta con soluciones narrativamente inteligentes y en ella se observa un Miller que ha depurado hasta casi la abstracción el estilo derivado de Sin City ahondando en la faceta caricaturesca que tanta polémica causo en DK2 y que cada queda más claro es el siguiente paso en la evolución artística de un creador que siempre ha buscado, desde un punto de vista visual, reinventarse a si mismo. El resultado global del la labor gráfica del autor de 300 es Holy Terror, es, pese a sus innegables aciertos, irregular, ya que al igual que encontramos esas soluciones narrativamente interesantes a las que aludíamos antes, también es cierto que abundan las páginas profundamente descuidadas y demasiado sucias que llegan a entorpecer la lectura. En todo caso es innegable que es una lastima que un autor de tanta solvencia, que gráficamente sigue arriesgando y queriendo evolucionar, lo haga aquí al servicio de una obra tan reaccionaria y casi carente de todo contacto con la realidad.
Tras la entrada de EEUU en la II Guerra Mundial la importancia de los cómics como vehículo propagandístico fue fundamental. Cómics en la que deshumanización del enemigo y la exaltación de los valores patrióticos estaban por encima de cualquier cosa, incluso muchas veces de la calidad del producto. Cuando Frank Miller tras los brutales atentados del 11-S decidió recuperar ese espíritu en un explicito Batman vs Al-Qaeda uno no sabía muy bien como tomarse aquello.
Sin duda ya no estábamos en los años 40, lo que no quita para que en gran medida el cómic-book americano siga teniendo mucho de vehículo propagandístico, aunque de forma mucho más sutil. Y es que, al menos en teoría, la sociedad actual mucho más cínica y tecnificada no aceptaría con la misma facilidad un discurso tan obvio y carente de matices. Pese a esto cabría preguntarse que habría sido de ese hipotético Batman vs Al-Qaeda de haber salido en 2002, con los atentados tan recientes, un ejercicio de rabia pura sin condicionantes, podría haber tenido cierto interés como reflejo del sentir de parte del pueblo americano ante una barbarie sin justificación, pero eso queda para la especulación. Batman vs al-Qaeda no llego a existir más que como mero proyecto de partida y lo que surgió de todo aquello, Holy Terror ha llegado a nuestra manos en 2012. Lo que tal vez sea lo peor del cómic.
Si uno observa la trayectoria artística de Frank Miller con un poco de perspectiva es innegable que nos encontramos ante un autor polémico, con un discurso político muy marcado, pero lo suficiente ambiguo como para que en el quepan muchas interpretaciones. Un discurso, duro y sin concesiones en el que los golpes caen tanto para un lado como para otro con una sutilidad e ironía de la que Holy Terror carece por completo. También encontramos en la obra de Frank Miller a un autor comprometido su tiempo, consciente de la realidad en la que vive y critico con ella. Tampoco encontramos nada en Holy Terror de todo ello.
Y es que como decíamos más arriba, si Holy Terror pudo ser relevante en algún momento ese momento pasó hace diez años. Ahora, con tiburones financieros que arrasan economías enteras, con gente perdiendo sus casas a cientos, con una situación de desesperación asfixiante en la que la salida no se atisba por ningún lado, venir a contar una historia propagandística para exaltar los valores patrióticos de una América que según Miller debería centrarse solamente en la guerra contra el terrorismo islámico, resulta desfasado, antiguo y carente de sentido.
Lo peor de Holy Terror no es la deshumanización del enemigo, lo simple de sus discurso, el que sus personajes sean Batman, Catwoman o Gordon ligeramente camuflados, al fin y al cabo así es como nació el proyecto: una suerte de cómic propagandístico de los años 40 con Batman enfrentándose a Al-Qaeda. No, lo peor de Holy Terror es que es un cómic totalmente fuera de su época, un cómic que refleja un mundo que no es el nuestro, que habla de una amenaza, que si bien puede ser real, palidece ante las dosis de brutalidad que el capitalismo más salvaje nos proporciona día a día. El mundo actual, que se parece mucho al que Miller anticipara en Robocop o en los dos primeros números de DK2 se encuentra en una disyuntiva mucho más compleja que la de enfrentarse a hostias con unos fanáticos radicales empeñados en volver al mundo a la Edad Media.
Lo curioso de todo esto no es que en gran medida parte de lo que se ve en Holy Terror ya se empieza a atisbar en el tercer número de DK2. La obra que hasta entonces había transcurrido como una lucha de Batman contra un mundo dominado por tiranos que tiene a los políticos como meros títeres para controlar a un pueblo al que desprecian, pasa a transformarse, todavía ligeramente, cuando tras el 11-S (acontecimiento que parece haber transformado a Miller por completo) el guionista de Born Again se da cuenta de que no quiere mostrar a Batman como un terrorista que recurre a la violencia para transformar el mundo.
A partir de ahí el viaje ideológico de Miller, que le lleva a concebir algo como Holy Terror puede resultar más entendible pero vuelve a marcar una clara diferencia: mientras DK2 (cuyos 2 primeros números son excepcionales) es una obra anticipada a su tiempo que cada vez es más revindicada. Holy Terror, concebido como instrumento de apoyo a una supuesta guerra mucho más compleja de lo que Miller plasma, es una obra que nace ya caduca.
Con todo encontramos en Holy Terror algún elementos estimables. Desde un punto de vista gráfico, cuenta con soluciones narrativamente inteligentes y en ella se observa un Miller que ha depurado hasta casi la abstracción el estilo derivado de Sin City ahondando en la faceta caricaturesca que tanta polémica causo en DK2 y que cada queda más claro es el siguiente paso en la evolución artística de un creador que siempre ha buscado, desde un punto de vista visual, reinventarse a si mismo. El resultado global del la labor gráfica del autor de 300 es Holy Terror, es, pese a sus innegables aciertos, irregular, ya que al igual que encontramos esas soluciones narrativamente interesantes a las que aludíamos antes, también es cierto que abundan las páginas profundamente descuidadas y demasiado sucias que llegan a entorpecer la lectura. En todo caso es innegable que es una lastima que un autor de tanta solvencia, que gráficamente sigue arriesgando y queriendo evolucionar, lo haga aquí al servicio de una obra tan reaccionaria y casi carente de todo contacto con la realidad.
sábado, 6 de octubre de 2012
Temporada de series.
Aprovechando el que hace poco que se ha iniciado el grueso de la temporada de serie en los USA hago por aquí un repaso a las que tengo intención de seguir. Tanto las que se han estrenado recientemente, como las que lo van a hacer en nada y yendo incluso a 2013 para dar un vistazo global a todas las series que estoy siguiendo a día de hoy. A estas habría que añadir la recientemente finalizada Damages que ha concluido en una quinta y magnifica temporada o Alias que también estoy viendo en estos momentos.
Grimm: Aunque excesivamente formulaica, centrada en el monstruo de la semana, la serie tiene un cierto aire a Buffy (a lo que sin duda contribuye la figura de David Greenwalt) que la hace bastante interesante. Con todo un legado detrás aún por explorar, Grimm resulta más atractiva por lo que promete y por la historia de fondo que apenas si apunta que por los episodios en si que pueden resultar algo repetitivos. Lo que no es óbice para señalar la presencia de unos personajes carismáticos, que enganchan y que contribuyen a que la serie se siga con gusto aunque sin alardes.
Once upon a time: Otro de los grandes estrenos de la pasada temporada. Empezó floja, muy floja. Parecía una versión light sin alma y aburrida del Fabulas. Sin embargo poco a poco la historia fue creciendo, los personajes se fueron asentando y aunque sin perder nunca esa cierta sensación de noñeria lo cierto es que tuvo un sprint final espectacular que deja enormes ganas de ver la segunda temporada.
Boardwalk Empire: Tres temporadas ya al pie del cañón para una serie que tal vez sea junto a Juego de Tronos el emblema actual de HBO. El paso de las temporadas no han disminuido un ápice la impresión inicial de estar ante una serie de cuida ambientación, magnificas interpretaciones, interesante tema pero que en conjunto produce una cierta sensación de frialdad, no llegando no ya empatizar, si no siquiera a interesarte de verdad por el destino de unos personajes que se antojan demasiado lejanos.
Treme: Y si en Boadwalk Empire se puede hablar de ausencia de alma todo lo contrario se puede decir de esta otra gran serie de la HBO que acaba de estrenar su tercera temporada. Personajes llenos de fuerza arrolladora que se niegan a dejar que su ciudad caiga en el olvido. Una ciudad que parece viva, que crece a través de la música encontrando su misma esencia en el Jazz que ilumina un escenario depauperado olvidado por lo políticos y en manos de especuladores. Una autentica joyita de un David Simon que se muestra una vez más como una de los grandes creadores audiovisuales del siglo XXI.
Dexter: Difícil, por no decir imposible el reto de estar no ya a la altura de las dos primeras temporadas (sobre todo de la primera), si no siquiera el rozaras,. En la cuarta estuvo a punto de conseguirlo, pero la quinta volvió a demostrar que si bien el proceso de humanización de Dexter era inevitable si se quería continuar con la serie, restaba a su vez gran parte del atractivo a un personaje que ya empieza a caer en al repetición. Y es que si bien el brutal continuara de la quinta temporada, seguido con un interesante primer episodio de la sexta promete emociones fuertes, el tema no deja de ser el ya tratado en la segunda temporada pero elevado a la enésima potencia. Eso si la serie se sigue viendo con ganas, y es que al contrario de por ejemplo House, el que Dexter solo tenga 12 episodios por temporada y el que evite en la formula hacen que esa sensación de repetición quede un poco más disimulada.
Fringe: Surgida del deseo de J.J Abrams de tener su propio “Expediente X” es curioso lo de esta serie. Empezó demasiado formulaica, apuntando tramas secundarias nunca desarrolladas posteriormente. Cuando la cancelación sobrevoló por su cabeza se marco una tercera temporada espectacular que podía haber cerrado la serie en lo más alto y sin embargo tuvo una cuarta temporada tan sosa como innecesaria. De ella apenas si son salvables un par de episodios...que son precisamente la base de una quinta temporada que apunta muy buena maneras. Primero por el tema en un futuro distópico que en gran medida recuerda a lo que podría haber sido una temporada de Expediente X con Mulder y Scully tras un hipotética invasión aliénigena y segundo por su duración. Serán 12-13 episodios que obligaran a ir más al grano. Habrá que ver, pero de momento el primer episodio apunta maneras.
Walking Dead: No se muy bien que esperar de esta serie. La primera temporada tuvo un piloto prodigioso para luego diluirse cual azucarillo. La segunda era exasperantemente lenta y aburrida pero sus 2-3 episodios finales fueron muy buenos. Es verdad que un total de 3-4 episodios decentes sobre 20 no es buena señal, pero la serie tiene un potencial tan grande que realmente merece la pena seguirla. Al menos una temporada más. Veremos.
How i met your mother: Ya van ocho temporadas y en fin el tema de la madre empieza a resultar aburrido. Esta temporada parece que apunta maneras, pero son tantas ya las veces que los guionistas han hecho trampas con el tema que uno no sabe muy bien que esperar. Sea como sea, la serie continua siendo agradable de ver, pero incluso el gran Barney empieza a ser ya demasiado predecible y los intentos porque siente la cabeza recuerdan cada vez más a las cansinas relaciones de Ted: no parecen ir a ningún lado. Estaría bien que se resolviera el tema de la madre de una vez y comprobar si después de eso la serie conseguía seguir hacia delante.
The Big bang Theory: El no tener un tema central entorno al que configurarse hace que la serie se haga más amena que la anterior. Aunque es cierto que ha perdido la frescura de sus primeras temporadas, algo inevitable en cualquier caso, su intrascendencia y facilidad de visión hacen de ella una serie plenamente disfrutable en aquellos tiempos muertos en los que uno no tiene nada mejor que hacer.
Californication: La primera temporada fue magnifica, luego poco a poco fue decayendo hasta esta última ha estado bastante bien. Continua siendo irreverente, entretenida, soez por momentos pero en todo caso muy simpática. A Duchovny se le nota muy cómodo en el papel de un Hank Moody personaje que aún estando en las antípodas del genial Fox Mulder resulta cuando menos tan carismático como este.
Spartacus: No deja de sorprenderme esta serie. Lo mal que empezó y lo grande que ha terminado siendo. Esta que viene se anuncia como la última temporada en lo que parece será un final glorioso de una serie que, usando el sexo y la violencia explicita como reclamo ha construido un poderoso relato sobre la ambición, la libertad, la venganza y el amor.
Game of Thrones: Sin duda la serie estrella de la HBO y una de las series más interesantes que en todos los aspecto pueden verse hoy en día. Tiene el reto en la tercera temporada de adaptar el que es por ahora el mejor libro de toda la saga Tormenta de Espadas. Reto difícil pero del que vistos los antecedentes, no cabe duda que la cadena saldrá airosa. En todo caso lo mejor de la serie hasta ahora es que, aún siendo extremadamente fiel al trabajo de Martin ha conseguido pese a todo dar su propia visión sobre la saga y asentarse como un producto con personalidad propia. Sin duda una de las series más esperadas cada año.
Breaking Bad: Pese la jugarreta de esta temporada que se suponía iba a ser última de la serie, para luego pasar a dividirse en dos partes una en verano otra en marzo, para finalmente acabar teniendo una sexta temporada de facto en verano de 2013. Breaking Bad se ha convertido por méritos propios en una de las series más prestigiosas de la actualidad. Con unos guiones brillantes y unas actuaciones a la altura, la serie promete un final que será recordado y que tiene pinta de ser negro, negrisimo.
Grimm: Aunque excesivamente formulaica, centrada en el monstruo de la semana, la serie tiene un cierto aire a Buffy (a lo que sin duda contribuye la figura de David Greenwalt) que la hace bastante interesante. Con todo un legado detrás aún por explorar, Grimm resulta más atractiva por lo que promete y por la historia de fondo que apenas si apunta que por los episodios en si que pueden resultar algo repetitivos. Lo que no es óbice para señalar la presencia de unos personajes carismáticos, que enganchan y que contribuyen a que la serie se siga con gusto aunque sin alardes.
Once upon a time: Otro de los grandes estrenos de la pasada temporada. Empezó floja, muy floja. Parecía una versión light sin alma y aburrida del Fabulas. Sin embargo poco a poco la historia fue creciendo, los personajes se fueron asentando y aunque sin perder nunca esa cierta sensación de noñeria lo cierto es que tuvo un sprint final espectacular que deja enormes ganas de ver la segunda temporada.
Boardwalk Empire: Tres temporadas ya al pie del cañón para una serie que tal vez sea junto a Juego de Tronos el emblema actual de HBO. El paso de las temporadas no han disminuido un ápice la impresión inicial de estar ante una serie de cuida ambientación, magnificas interpretaciones, interesante tema pero que en conjunto produce una cierta sensación de frialdad, no llegando no ya empatizar, si no siquiera a interesarte de verdad por el destino de unos personajes que se antojan demasiado lejanos.
Treme: Y si en Boadwalk Empire se puede hablar de ausencia de alma todo lo contrario se puede decir de esta otra gran serie de la HBO que acaba de estrenar su tercera temporada. Personajes llenos de fuerza arrolladora que se niegan a dejar que su ciudad caiga en el olvido. Una ciudad que parece viva, que crece a través de la música encontrando su misma esencia en el Jazz que ilumina un escenario depauperado olvidado por lo políticos y en manos de especuladores. Una autentica joyita de un David Simon que se muestra una vez más como una de los grandes creadores audiovisuales del siglo XXI.
Dexter: Difícil, por no decir imposible el reto de estar no ya a la altura de las dos primeras temporadas (sobre todo de la primera), si no siquiera el rozaras,. En la cuarta estuvo a punto de conseguirlo, pero la quinta volvió a demostrar que si bien el proceso de humanización de Dexter era inevitable si se quería continuar con la serie, restaba a su vez gran parte del atractivo a un personaje que ya empieza a caer en al repetición. Y es que si bien el brutal continuara de la quinta temporada, seguido con un interesante primer episodio de la sexta promete emociones fuertes, el tema no deja de ser el ya tratado en la segunda temporada pero elevado a la enésima potencia. Eso si la serie se sigue viendo con ganas, y es que al contrario de por ejemplo House, el que Dexter solo tenga 12 episodios por temporada y el que evite en la formula hacen que esa sensación de repetición quede un poco más disimulada.
Fringe: Surgida del deseo de J.J Abrams de tener su propio “Expediente X” es curioso lo de esta serie. Empezó demasiado formulaica, apuntando tramas secundarias nunca desarrolladas posteriormente. Cuando la cancelación sobrevoló por su cabeza se marco una tercera temporada espectacular que podía haber cerrado la serie en lo más alto y sin embargo tuvo una cuarta temporada tan sosa como innecesaria. De ella apenas si son salvables un par de episodios...que son precisamente la base de una quinta temporada que apunta muy buena maneras. Primero por el tema en un futuro distópico que en gran medida recuerda a lo que podría haber sido una temporada de Expediente X con Mulder y Scully tras un hipotética invasión aliénigena y segundo por su duración. Serán 12-13 episodios que obligaran a ir más al grano. Habrá que ver, pero de momento el primer episodio apunta maneras.
Walking Dead: No se muy bien que esperar de esta serie. La primera temporada tuvo un piloto prodigioso para luego diluirse cual azucarillo. La segunda era exasperantemente lenta y aburrida pero sus 2-3 episodios finales fueron muy buenos. Es verdad que un total de 3-4 episodios decentes sobre 20 no es buena señal, pero la serie tiene un potencial tan grande que realmente merece la pena seguirla. Al menos una temporada más. Veremos.
How i met your mother: Ya van ocho temporadas y en fin el tema de la madre empieza a resultar aburrido. Esta temporada parece que apunta maneras, pero son tantas ya las veces que los guionistas han hecho trampas con el tema que uno no sabe muy bien que esperar. Sea como sea, la serie continua siendo agradable de ver, pero incluso el gran Barney empieza a ser ya demasiado predecible y los intentos porque siente la cabeza recuerdan cada vez más a las cansinas relaciones de Ted: no parecen ir a ningún lado. Estaría bien que se resolviera el tema de la madre de una vez y comprobar si después de eso la serie conseguía seguir hacia delante.
The Big bang Theory: El no tener un tema central entorno al que configurarse hace que la serie se haga más amena que la anterior. Aunque es cierto que ha perdido la frescura de sus primeras temporadas, algo inevitable en cualquier caso, su intrascendencia y facilidad de visión hacen de ella una serie plenamente disfrutable en aquellos tiempos muertos en los que uno no tiene nada mejor que hacer.
Californication: La primera temporada fue magnifica, luego poco a poco fue decayendo hasta esta última ha estado bastante bien. Continua siendo irreverente, entretenida, soez por momentos pero en todo caso muy simpática. A Duchovny se le nota muy cómodo en el papel de un Hank Moody personaje que aún estando en las antípodas del genial Fox Mulder resulta cuando menos tan carismático como este.
Spartacus: No deja de sorprenderme esta serie. Lo mal que empezó y lo grande que ha terminado siendo. Esta que viene se anuncia como la última temporada en lo que parece será un final glorioso de una serie que, usando el sexo y la violencia explicita como reclamo ha construido un poderoso relato sobre la ambición, la libertad, la venganza y el amor.
Game of Thrones: Sin duda la serie estrella de la HBO y una de las series más interesantes que en todos los aspecto pueden verse hoy en día. Tiene el reto en la tercera temporada de adaptar el que es por ahora el mejor libro de toda la saga Tormenta de Espadas. Reto difícil pero del que vistos los antecedentes, no cabe duda que la cadena saldrá airosa. En todo caso lo mejor de la serie hasta ahora es que, aún siendo extremadamente fiel al trabajo de Martin ha conseguido pese a todo dar su propia visión sobre la saga y asentarse como un producto con personalidad propia. Sin duda una de las series más esperadas cada año.
Breaking Bad: Pese la jugarreta de esta temporada que se suponía iba a ser última de la serie, para luego pasar a dividirse en dos partes una en verano otra en marzo, para finalmente acabar teniendo una sexta temporada de facto en verano de 2013. Breaking Bad se ha convertido por méritos propios en una de las series más prestigiosas de la actualidad. Con unos guiones brillantes y unas actuaciones a la altura, la serie promete un final que será recordado y que tiene pinta de ser negro, negrisimo.
viernes, 28 de septiembre de 2012
Expediente X: La verdad sigue estado ahí fuera.
Poco a poco voy cerrando temas pendientes en esto de las series y si hace un par de años pude ver completa por fin Twin Peaks, hace poco le ha tocado el turno a otra de las grandes precursoras de esta edad dorada de la ficción televisiva estadounidense: Expediente X.
Nueve temporadas, son muchas, tal vez demasiadas. Hace un tiempo leía en el “otro” blog de Pedro a cuenta del final de House que siete es el número ideal de temporadas, que sobrepasado ese número la cosa ya empieza por fuerza a repetirse demasiado y la cancelación llega no tanto por el fin lógico de la serie como por la caída en el interés hacia la misma, algo que en el caso de House ya pasó desde la quinta, pero ese es otro tema. Tal vez sea demasiado generalizar, pero en el caso de Expediente X uno piensa que tal vez el 7 debió ser el número clave para la serie. Sus 2 temporadas finales, carecen de la fuerza del resto lastradas sobre todo por la idas y venidas de Duchovny/Mulder y por no apostar firmemente por la nueva pareja de protagonistas (John Dogget y Mónica Reyes), personajes con potencial pero limitados ante la enorme sombra que Scully con su presencia y Mulder con su ausencia ejercía sobre ellos.
Visualizar Expediente X ahora, de seguido a lo largo de varios meses permite ver con claridad que hay cosas que no terminan de encajar, que la conspiración alienígena resulta en ocasiones indescifrable y que de cosas como el escepticismo de Scully o en el continuo cierre/reapertura de los expedientes X se abusa demasiado. Algo de injusto hay en esta percepción, la serie fue concebida para verse año a año y esta claro que más allá de una ideas generales, la conspiración y el final de la serie no estaban ni mucho menos planificados de antemano, habiendo mucha improvisación por el camino. Lo que no impide que con sus deficiencias, la serie presenta un todo más o menos coherente y con un final, que resulta bastante simbólico en relación a lo desesperado de la lucha de Mulder y Scully.
Sea como sea Expediente X conserva ese halo especial que hizo de ella una autentica serie de culto que de haber coincidido en una época en la que Internet hubiera estado más generalizado hubiera creado un fenómeno especulativo a su alrededor que ríete tu de Lost. Fenómeno que en gran medida se creo, pero sin tantas posibilidades colaborativas como las que ofrece la red de redes ya plenamente implantada.
Pegada a la formula del "monstruo de la semana" pero con una interesante trama detrás (la conspiración extrarrestre), Expediente X se asentado en el carisma innegable de sus personajes principales, pese a sus (o tal vez gracias a ello) evidentes taras como el egoísmo a veces insufrible de Mulder, o la dependencia excesiva de Scully. El tema, la teoría de la conspiración siempre resulta atractiva en la ficción y más en un mundo donde todos sabemos que hay verdades ocultas que el poder no quiere que se sepan. Así como la cuidada ambientación y planificación que mezclaban la sordidez de la investigación criminal más pura con el fantástico más inteligente dando lugar a un mezcla de lo más estimulante. Expediente X es una serie realizada con mimo que no tiene nada que envidiar a la mejores producciones de la HBO, ni en presentación formal ni complejidad dramática de la historia y los personajes.
El balance global de la serie es sin duda positivo. Es cierto que es irregular y que tal vez se prolongo demasiado en el tiempo, pero con Expediente X estamos tal vez ante la serie más importante de imagen real de los 90, heredera directa del Twin Peaks lynchiano y precursora clara de la ola de calidad televisiva de aspecto cinematográfico que ha traído el nuevo siglo. Una ola que debe mucho a Expediente X y al camino que trazo tras 9 temporadas plagadas de grandes momentos y episodios memorables.
Fuente vídeo: Youtube.
Nueve temporadas, son muchas, tal vez demasiadas. Hace un tiempo leía en el “otro” blog de Pedro a cuenta del final de House que siete es el número ideal de temporadas, que sobrepasado ese número la cosa ya empieza por fuerza a repetirse demasiado y la cancelación llega no tanto por el fin lógico de la serie como por la caída en el interés hacia la misma, algo que en el caso de House ya pasó desde la quinta, pero ese es otro tema. Tal vez sea demasiado generalizar, pero en el caso de Expediente X uno piensa que tal vez el 7 debió ser el número clave para la serie. Sus 2 temporadas finales, carecen de la fuerza del resto lastradas sobre todo por la idas y venidas de Duchovny/Mulder y por no apostar firmemente por la nueva pareja de protagonistas (John Dogget y Mónica Reyes), personajes con potencial pero limitados ante la enorme sombra que Scully con su presencia y Mulder con su ausencia ejercía sobre ellos.
Visualizar Expediente X ahora, de seguido a lo largo de varios meses permite ver con claridad que hay cosas que no terminan de encajar, que la conspiración alienígena resulta en ocasiones indescifrable y que de cosas como el escepticismo de Scully o en el continuo cierre/reapertura de los expedientes X se abusa demasiado. Algo de injusto hay en esta percepción, la serie fue concebida para verse año a año y esta claro que más allá de una ideas generales, la conspiración y el final de la serie no estaban ni mucho menos planificados de antemano, habiendo mucha improvisación por el camino. Lo que no impide que con sus deficiencias, la serie presenta un todo más o menos coherente y con un final, que resulta bastante simbólico en relación a lo desesperado de la lucha de Mulder y Scully.
Sea como sea Expediente X conserva ese halo especial que hizo de ella una autentica serie de culto que de haber coincidido en una época en la que Internet hubiera estado más generalizado hubiera creado un fenómeno especulativo a su alrededor que ríete tu de Lost. Fenómeno que en gran medida se creo, pero sin tantas posibilidades colaborativas como las que ofrece la red de redes ya plenamente implantada.
Pegada a la formula del "monstruo de la semana" pero con una interesante trama detrás (la conspiración extrarrestre), Expediente X se asentado en el carisma innegable de sus personajes principales, pese a sus (o tal vez gracias a ello) evidentes taras como el egoísmo a veces insufrible de Mulder, o la dependencia excesiva de Scully. El tema, la teoría de la conspiración siempre resulta atractiva en la ficción y más en un mundo donde todos sabemos que hay verdades ocultas que el poder no quiere que se sepan. Así como la cuidada ambientación y planificación que mezclaban la sordidez de la investigación criminal más pura con el fantástico más inteligente dando lugar a un mezcla de lo más estimulante. Expediente X es una serie realizada con mimo que no tiene nada que envidiar a la mejores producciones de la HBO, ni en presentación formal ni complejidad dramática de la historia y los personajes.
El balance global de la serie es sin duda positivo. Es cierto que es irregular y que tal vez se prolongo demasiado en el tiempo, pero con Expediente X estamos tal vez ante la serie más importante de imagen real de los 90, heredera directa del Twin Peaks lynchiano y precursora clara de la ola de calidad televisiva de aspecto cinematográfico que ha traído el nuevo siglo. Una ola que debe mucho a Expediente X y al camino que trazo tras 9 temporadas plagadas de grandes momentos y episodios memorables.
Fuente vídeo: Youtube.
viernes, 24 de agosto de 2012
Batman: El regreso del Caballero Oscuro y Batman: El contraataque del Caballero Oscuro; afianzado el mito del superhéroe.
Esta es el post que envíe a Zona Negativa para su reciente concurso. De nuevo no ha habido suerte así que para que no quede inédito y ya que lo escribí aprovecho y lo publico por aquí.
Hablar (escribir) hoy en día de la influencia de Batman: El regreso del Caballero Oscuro (DK a partir de ahora) en el cómic de superhéroes es un ejercicio harto repetitivo, se han llenado páginas y se han realizado sesudos estudios sobre la mala interpretación de la obra en los 90 y sobre como su fuerza sigue presente incluso hoy en día. Pese a todo, su coincidencia en el tiempo con el Watchmen de Alan Moore y Dave Gibbons, si resulta como poco remarcable, habida cuenta, más que del tremendo impacto de ambas obras, sus evidentes diferencias. Así, si el cerebral trabajo del dúo británico supuso la deconstrucción del mito del superhéroe, la pasional obra del de Maryland busca el afianzamiento de ese mito. El (super)héroe se convierte en una fuerza de la naturaleza, más grande que la propia vida, alcanzando una condición quintaesencial que situá a DK en las antípodas intelectuales de Watchmen.
Miller narra en DK una reivindicación del concepto más clásico de superhéroe puro, un concepto que funciona en un mundo parecido pero a la vez muy diferente al nuestro, en el que el maniqueismo esta mucho más marcado y en el que, curiosamente, el héroe para serlo, ha de ser por fuerza un revolucionario. En contraste con el Batman dirigido por Nolan, en la, por otro lado estimable The Dark Knight Rises, el guionista de Born Again situá a Batman en enfrentamiento directo con el poder establecido. Un poder que corrupto hasta la médula ha dejado de servir al ciudadano (si es que alguna vez lo hizo) para pasar a servirse del ciudadano. Frente a esta situación, un Batman cuarentón, retirado y al borde del suicidio se rebela, rompe la baraja y lucha por modificar un status quo a todas luces injusto e ineficaz.
Bajo este prisma y aunque es innegable que el autor de Sin City va a la esencia misma del mito superheróico, resulta curioso comprobar como da la vuelta al concepto más clásico del género, y lo hace insisto, respetando su esencia. Así, el Batman de DK lejos de ser un defensor del status quo (rol tradicional del héroe en el género) pase a desafiarlo erigiendo planes en su contra, lo que siguiendo el esquema más tradicional del cómic de superhéroes transformaría a Batman en un villano. De esta manera quedaría libre el hueco del “héroe” en la historia, rol que cabría atribuir a Superman, defensor del orden establecido a lo largo de la obra.
Siguiendo este razonamiento, Batman: El contraataque del Caballero Oscuro (DK2 a partir de ahora) toma otro sentido como continuación de la obra original, y es que tras lo sucedido en DK parece lógico pensar en un Batman convertido en un “terrorista”, al menos desde el punto de vista del sistema. También es lógico que DK2 alcance uno de sus puntos culminantes cuando Superman, se da cuenta de lo injusto de status que defiende (o que más bien se ve obligado a defender) y termine por rebelarse contra el mismo, pasando así (de nuevo bajo el prisma del sistema) al “lado oscuro”.
Con todo, pese a su modernidad formal, sin duda anticipada a su tiempo, DK2 vuelve a ser una obra que va a la quintaesencia del cómic de superhéroes ya que en gran medida es un clásico enfrentamiento entre la JLA y Luthor/Brainac...pasado por el tamiz excesivo y gamberro de un Miller con ganas de fiesta. El paso del tiempo para haber hecho mucho bien a DK2, que si bien es cierto puede ser inferior a la obra original, ni es tan diferente en cuanto a sus pretensiones, ni desde luego en cuanto a su impacto formal y atrevimiento de sus planteamientos. Lo mejor es que ambas obras son totalmente independientes pero a la vez complementarias dando un cuadro global de la evolución de la visión del dibujante de Lobezno: Honor sobre el género superheróico.
Hablar (escribir) hoy en día de la influencia de Batman: El regreso del Caballero Oscuro (DK a partir de ahora) en el cómic de superhéroes es un ejercicio harto repetitivo, se han llenado páginas y se han realizado sesudos estudios sobre la mala interpretación de la obra en los 90 y sobre como su fuerza sigue presente incluso hoy en día. Pese a todo, su coincidencia en el tiempo con el Watchmen de Alan Moore y Dave Gibbons, si resulta como poco remarcable, habida cuenta, más que del tremendo impacto de ambas obras, sus evidentes diferencias. Así, si el cerebral trabajo del dúo británico supuso la deconstrucción del mito del superhéroe, la pasional obra del de Maryland busca el afianzamiento de ese mito. El (super)héroe se convierte en una fuerza de la naturaleza, más grande que la propia vida, alcanzando una condición quintaesencial que situá a DK en las antípodas intelectuales de Watchmen.
Miller narra en DK una reivindicación del concepto más clásico de superhéroe puro, un concepto que funciona en un mundo parecido pero a la vez muy diferente al nuestro, en el que el maniqueismo esta mucho más marcado y en el que, curiosamente, el héroe para serlo, ha de ser por fuerza un revolucionario. En contraste con el Batman dirigido por Nolan, en la, por otro lado estimable The Dark Knight Rises, el guionista de Born Again situá a Batman en enfrentamiento directo con el poder establecido. Un poder que corrupto hasta la médula ha dejado de servir al ciudadano (si es que alguna vez lo hizo) para pasar a servirse del ciudadano. Frente a esta situación, un Batman cuarentón, retirado y al borde del suicidio se rebela, rompe la baraja y lucha por modificar un status quo a todas luces injusto e ineficaz.
Bajo este prisma y aunque es innegable que el autor de Sin City va a la esencia misma del mito superheróico, resulta curioso comprobar como da la vuelta al concepto más clásico del género, y lo hace insisto, respetando su esencia. Así, el Batman de DK lejos de ser un defensor del status quo (rol tradicional del héroe en el género) pase a desafiarlo erigiendo planes en su contra, lo que siguiendo el esquema más tradicional del cómic de superhéroes transformaría a Batman en un villano. De esta manera quedaría libre el hueco del “héroe” en la historia, rol que cabría atribuir a Superman, defensor del orden establecido a lo largo de la obra.
Siguiendo este razonamiento, Batman: El contraataque del Caballero Oscuro (DK2 a partir de ahora) toma otro sentido como continuación de la obra original, y es que tras lo sucedido en DK parece lógico pensar en un Batman convertido en un “terrorista”, al menos desde el punto de vista del sistema. También es lógico que DK2 alcance uno de sus puntos culminantes cuando Superman, se da cuenta de lo injusto de status que defiende (o que más bien se ve obligado a defender) y termine por rebelarse contra el mismo, pasando así (de nuevo bajo el prisma del sistema) al “lado oscuro”.
Con todo, pese a su modernidad formal, sin duda anticipada a su tiempo, DK2 vuelve a ser una obra que va a la quintaesencia del cómic de superhéroes ya que en gran medida es un clásico enfrentamiento entre la JLA y Luthor/Brainac...pasado por el tamiz excesivo y gamberro de un Miller con ganas de fiesta. El paso del tiempo para haber hecho mucho bien a DK2, que si bien es cierto puede ser inferior a la obra original, ni es tan diferente en cuanto a sus pretensiones, ni desde luego en cuanto a su impacto formal y atrevimiento de sus planteamientos. Lo mejor es que ambas obras son totalmente independientes pero a la vez complementarias dando un cuadro global de la evolución de la visión del dibujante de Lobezno: Honor sobre el género superheróico.
viernes, 3 de agosto de 2012
¿Hay un solo Batman?
Aprovechado el estreno de la nueva peli de Batman, y vista la cierta polémica desatada sobre la fidelidad o infidelidad de Nolan para con el personaje, me decido a recuperar este post que escribí en su día y que creo que puede resultar pertinente.
Batman el icono: Símbolo absoluto de la oscuridad, Batman es casi más un concepto que un ser humano. Una fuerza de la naturaleza destinada a repartir justicia de una forma u otra. Bajo este prisma su contraposición con Superman (símbolo absoluto de la luz), engrandece y enriquece a ambos personajes, en un contraste buscado que hace realmente épicos sus encuentros. Destaca en este campo el increíble trabajo de Miller en DK, lleva al extremo todo lo aquí expuesto y va más allá. La versión definitiva del personaje esta allí.
Batman el detective: El mejor detective del mundo, ¿cuántas veces hemos leído esto? Batman es un superdotado, inteligente calculador, imposible de sorprender o engañar. Batman en el Sherlock Holmes, de la era moderna. Las historias de Batman como detective partiendo de los pilares clásicos del género funcionan a diversos niveles y muestran el enorme potencial del personaje. Son demasiadas las historias de este estilo como para quedarse con una como definitiva. Como muestra tal vez valga lo que Dini esta hizó para Detective Comics hace unos años..
Batman el superhéroe: ¿Que es Batman si no un superhéroes? Vale no tiene poderes, pero se disfraza como tal, se comporta como tal y colabora con otros superhéroes. Aunque sabe que su “trabajo” es casi imposible e inabarcable, que su labor surge de la venganza y la tragedia, bajo esta visón, Batman, casi disfruta con lo que hace, casi sonríe y casi se puede permitir ser feliz. Destaca aquí la excelente labor de Alan Davis en Detective Comics.
Batman la leyenda: Robin, Batgirl, el Joker, Dos Caras, el Comisario Gordon. El paso de los años han traído toda una serie de elementos comunes a todas las visiones del personaje. Bajo este prisma destaca especialmente la fastuosa labor de Bruce Timm y Paul Dini en la ya mítica Batman TAS, donde se puede observar la maestría con la que se entremezclan las cuatro visiones vistas hasta ahora: la icónica, la leyenda, la detectivesca y por supuesto la superheroica.
Batman el solitario: Batman el mito, la leyenda urbana, ¿existe Batman realmente? Hay muy pocas aproximaciones a este punto de vista, muy pocas, casi hay que remitirse a lo orígenes mismos del personaje. En los Archivos de Batman, sus creadores Bill Finger y Bob Kane, nos aproximan a este visión del personaje, visión que por su parte Miller toca en Batman Año Uno.
Batman y el género negro: Mafiosos, corrupción, un protagonista de comportamiento dudoso y poco ejemplarizante, calles lúgubres, mujeres fatales, no, no hablo de Sin City, aunque si de nuevo de Miller y de Batman Año Uno. Loeb y Sale se acercaron (con menos éxito) en El largo Halloween y Dark Victory, donde por otra parte se pone en cuestión la figura de Batman como mejor detective del mundo, pero ese es otro tema.
Batman la “locaza”: Años 60, pop, psicodélia. ¿Qué se fumaron los guionistas de la serie de imagen real de los 60? Nunca lo sabremos, pero la imagen esta hay, un recuerdo imborrable que todavía marca de una forma u otra al personaje. En papel tenemos las historias del personaje en la Edad de Plata, que el rey de la descontextualización Jotace tan hábilmente nos recuerda y a las que tanto partido ha sacado Morrison en su revisión del personaje.
Batman el líder: ¿Solitario?, ¿Batman solitario?, Outsiders, JLA, Batfamilia…pues va ser que no.La visión de Batman como referente, líder en la sombra (como no) del Universo DC es una constante en el personaje, destaca bajo este prisma los primeros números de la JLA de Morrison, con un Batman inmenso, que prácticamente devoraba a todos sus “compañeros de reparto”.
Batman la obsesión: Un callejón oscuro, una familia indefensa, un asesino sin escrúpulos, una pistola. Bruce Wayne murió en aquel callejón, se fue para siempre con sus padres, ahí nació una obsesión, ahí nació Batman. No volvería a permitir que sucediera, dedicaría su vida entera y más a que nadie volviera a sufrir lo que Bruce Wayne sufrió en aquel oscuro callejón. No pudo salvarlos a ellos, no puedo salvarse a si mismo, pero salvara a los demás, a todos los demás o morira en el intento. De nuevo Batman Año Uno aparece en el horizonte.
Batman ¿el terrorista?: No permitirá que el gobierno le diga lo que ha de hacer. No dejara que le impidan llevar a cabo su misión. Él es Batman, él es más grande que ellos, él lucha por algo más importante y acabara con ellos si es necesario. Miller, DK y DK2, en la visión más extrema hasta ahora del personaje.
Batman el….
¿Quién es Batman?, no lo se, pero desde luego es uno de los personajes más grandes jamás creado, un personaje que ha trascendido el papel donde nacio y se ha convertido en uno de los elementos más visibles de la cultura contemporánea. Si, Batman es mucho más que un personaje de comic, es todo un símbolo y su grandeza viene en gran medida dada por su increible capacidad de adaptación, por soportar casi cualquier visión, algo de lo que muy pocos iconos pueden presumir.
Batman el icono: Símbolo absoluto de la oscuridad, Batman es casi más un concepto que un ser humano. Una fuerza de la naturaleza destinada a repartir justicia de una forma u otra. Bajo este prisma su contraposición con Superman (símbolo absoluto de la luz), engrandece y enriquece a ambos personajes, en un contraste buscado que hace realmente épicos sus encuentros. Destaca en este campo el increíble trabajo de Miller en DK, lleva al extremo todo lo aquí expuesto y va más allá. La versión definitiva del personaje esta allí.
Batman el detective: El mejor detective del mundo, ¿cuántas veces hemos leído esto? Batman es un superdotado, inteligente calculador, imposible de sorprender o engañar. Batman en el Sherlock Holmes, de la era moderna. Las historias de Batman como detective partiendo de los pilares clásicos del género funcionan a diversos niveles y muestran el enorme potencial del personaje. Son demasiadas las historias de este estilo como para quedarse con una como definitiva. Como muestra tal vez valga lo que Dini esta hizó para Detective Comics hace unos años..
Batman el superhéroe: ¿Que es Batman si no un superhéroes? Vale no tiene poderes, pero se disfraza como tal, se comporta como tal y colabora con otros superhéroes. Aunque sabe que su “trabajo” es casi imposible e inabarcable, que su labor surge de la venganza y la tragedia, bajo esta visón, Batman, casi disfruta con lo que hace, casi sonríe y casi se puede permitir ser feliz. Destaca aquí la excelente labor de Alan Davis en Detective Comics.
Batman la leyenda: Robin, Batgirl, el Joker, Dos Caras, el Comisario Gordon. El paso de los años han traído toda una serie de elementos comunes a todas las visiones del personaje. Bajo este prisma destaca especialmente la fastuosa labor de Bruce Timm y Paul Dini en la ya mítica Batman TAS, donde se puede observar la maestría con la que se entremezclan las cuatro visiones vistas hasta ahora: la icónica, la leyenda, la detectivesca y por supuesto la superheroica.
Batman el solitario: Batman el mito, la leyenda urbana, ¿existe Batman realmente? Hay muy pocas aproximaciones a este punto de vista, muy pocas, casi hay que remitirse a lo orígenes mismos del personaje. En los Archivos de Batman, sus creadores Bill Finger y Bob Kane, nos aproximan a este visión del personaje, visión que por su parte Miller toca en Batman Año Uno.
Batman y el género negro: Mafiosos, corrupción, un protagonista de comportamiento dudoso y poco ejemplarizante, calles lúgubres, mujeres fatales, no, no hablo de Sin City, aunque si de nuevo de Miller y de Batman Año Uno. Loeb y Sale se acercaron (con menos éxito) en El largo Halloween y Dark Victory, donde por otra parte se pone en cuestión la figura de Batman como mejor detective del mundo, pero ese es otro tema.
Batman la “locaza”: Años 60, pop, psicodélia. ¿Qué se fumaron los guionistas de la serie de imagen real de los 60? Nunca lo sabremos, pero la imagen esta hay, un recuerdo imborrable que todavía marca de una forma u otra al personaje. En papel tenemos las historias del personaje en la Edad de Plata, que el rey de la descontextualización Jotace tan hábilmente nos recuerda y a las que tanto partido ha sacado Morrison en su revisión del personaje.
Batman el líder: ¿Solitario?, ¿Batman solitario?, Outsiders, JLA, Batfamilia…pues va ser que no.La visión de Batman como referente, líder en la sombra (como no) del Universo DC es una constante en el personaje, destaca bajo este prisma los primeros números de la JLA de Morrison, con un Batman inmenso, que prácticamente devoraba a todos sus “compañeros de reparto”.
Batman la obsesión: Un callejón oscuro, una familia indefensa, un asesino sin escrúpulos, una pistola. Bruce Wayne murió en aquel callejón, se fue para siempre con sus padres, ahí nació una obsesión, ahí nació Batman. No volvería a permitir que sucediera, dedicaría su vida entera y más a que nadie volviera a sufrir lo que Bruce Wayne sufrió en aquel oscuro callejón. No pudo salvarlos a ellos, no puedo salvarse a si mismo, pero salvara a los demás, a todos los demás o morira en el intento. De nuevo Batman Año Uno aparece en el horizonte.
Batman ¿el terrorista?: No permitirá que el gobierno le diga lo que ha de hacer. No dejara que le impidan llevar a cabo su misión. Él es Batman, él es más grande que ellos, él lucha por algo más importante y acabara con ellos si es necesario. Miller, DK y DK2, en la visión más extrema hasta ahora del personaje.Batman el….
¿Quién es Batman?, no lo se, pero desde luego es uno de los personajes más grandes jamás creado, un personaje que ha trascendido el papel donde nacio y se ha convertido en uno de los elementos más visibles de la cultura contemporánea. Si, Batman es mucho más que un personaje de comic, es todo un símbolo y su grandeza viene en gran medida dada por su increible capacidad de adaptación, por soportar casi cualquier visión, algo de lo que muy pocos iconos pueden presumir.
miércoles, 1 de agosto de 2012
The Dark Knight Rises, una cuestión de ambición.
Ha sido sin duda uno de los estrenos más esperados del año y ha cerrado de paso el ciclo de las tres grandes películas de superhéroes del 2012: Los Vengadores, The Amazing Spiderman y la propia The Dark Knight Rises. Tres películas muy distintas entre si pero que se pueden conectar por la ambición (o falta de ella) de sus planteamientos.
Se ha escrito ya tanto sobre la nueva película de Batman que poco ya puede decirse. Con su mensaje conservador, con su visión personal (demasiado para algunos) del personaje y con su innegable calidad, lo que más me llama la atención de The Dark Knight Rises (el titulo español es un tanto ridículo, ¿no?) es su inmensa ambición. Ambición ciertamente excesiva por momentos que incluso llega a ahogar a la película y que tal vez sea uno de los motivos de que se recibimiento sea más equiparable a Batman Begins (de la que es mucho más deudora e incluso cabría decir secuela directa) que no al de The Dark Knight.
En todo caso, el motivo fundamental por el que me parece destacable esta ambición es por el contraste con la inmensa mayoría de las películas superhérocias de los últimos tiempos. Sin ir muy lejos este mismo año tenemos el ejemplo de The Amazing Spiderman, película de presupuesto parejo a TDKR pero a años luz en cuanto a planteamiento y fuerza. Y es que independientemente de que lo consiga o no, Nolan en TDKR intenta construir un relato inmenso, poderoso, complejo, intenta ir más allá, intenta hacer la película más grande de la historia. El que fracase, incluso el que lo haga estrepitosamente no ha de servir para ocultar su atrevimiento, su osadía, su (de nuevo la clave) ambición.
Frente a esto tenemos The Amazing Spiderman, una película construida con un molde en torno al cual parece que se configuran todas las películas de supertipos. De nuevo perdemos casi la mitad del metraje en contar un origen de sobra conocido por todos, de nuevo tenemos una suerte de capitulo piloto que apenas si presenta un mundo y personajes estereotipados a más no poder, de nuevo tenemos escenas “espectaculares” mil veces vista que ya ni emocionan ni impactan como lo pudieron hacer hace años y de nuevo hay una sensación final de “no esta mal, entretenidilla”, aunque en este caso ni eso, la película es mortalmente aburrida.
The Amazing Spiderman, apenas si se diferencia de Thor, del Capitán América o de Green Lantern en que el personaje es distinto, el resto es igual siguiendo el particular libro de estilo del género. No hay fuerza, no hay ganas de hacer algo grande, no hay imaginación, no hay nada de nada. Lo único por lo que destaca la película de Marc Webb es por su total y absoluta falta de ambición y personalidad.
TDKR puede resultar un tanto decepcionante en su conjunto, puede no estar a la altura de su inmensa predecesora, puede haber sido ahogada por el hipe y por el exceso de un director que tal vez tenga un punto de megalomaníaco, pero lo cierto es que este es el planteamiento con el que pienso que se deberían hacer este tipo de películas: buscando siempre la grandeza. Al fin y al cabo hablamos de mitos modernos, de dioses o semidioses que pisan la Tierra.
Lo curioso es que el de Nolan no es ni mucho el único camino para hacer algo grande en el cine con los superheroes, ahí tenemos a Whedon y sus Vengadores. En las antípodas conceptuales de TDKR, pero que se hace grande por su sentido de la maravilla y la épica, por dejarnos pegados a a la pantalla ante el glorioso espectáculo de entretenimiento en estado puro al que estamos asistiendo. A su manera Los Vengadores son tan ambiciosos, tan grandes como TDKR, más incluso y lo son huyendo del molde preestablecido, teniendo imaginación y ganas de hacer algo diferente.
Al final lo que queda claro es que no es el dinero lo que marca la diferencia (las tres pelis tienen un presupuesto similar) si no el talento, las ganas y si, sobre todo la ambición, aunque como en el caso de TDKR se peque por exceso.
Se ha escrito ya tanto sobre la nueva película de Batman que poco ya puede decirse. Con su mensaje conservador, con su visión personal (demasiado para algunos) del personaje y con su innegable calidad, lo que más me llama la atención de The Dark Knight Rises (el titulo español es un tanto ridículo, ¿no?) es su inmensa ambición. Ambición ciertamente excesiva por momentos que incluso llega a ahogar a la película y que tal vez sea uno de los motivos de que se recibimiento sea más equiparable a Batman Begins (de la que es mucho más deudora e incluso cabría decir secuela directa) que no al de The Dark Knight.
En todo caso, el motivo fundamental por el que me parece destacable esta ambición es por el contraste con la inmensa mayoría de las películas superhérocias de los últimos tiempos. Sin ir muy lejos este mismo año tenemos el ejemplo de The Amazing Spiderman, película de presupuesto parejo a TDKR pero a años luz en cuanto a planteamiento y fuerza. Y es que independientemente de que lo consiga o no, Nolan en TDKR intenta construir un relato inmenso, poderoso, complejo, intenta ir más allá, intenta hacer la película más grande de la historia. El que fracase, incluso el que lo haga estrepitosamente no ha de servir para ocultar su atrevimiento, su osadía, su (de nuevo la clave) ambición.
Frente a esto tenemos The Amazing Spiderman, una película construida con un molde en torno al cual parece que se configuran todas las películas de supertipos. De nuevo perdemos casi la mitad del metraje en contar un origen de sobra conocido por todos, de nuevo tenemos una suerte de capitulo piloto que apenas si presenta un mundo y personajes estereotipados a más no poder, de nuevo tenemos escenas “espectaculares” mil veces vista que ya ni emocionan ni impactan como lo pudieron hacer hace años y de nuevo hay una sensación final de “no esta mal, entretenidilla”, aunque en este caso ni eso, la película es mortalmente aburrida.
The Amazing Spiderman, apenas si se diferencia de Thor, del Capitán América o de Green Lantern en que el personaje es distinto, el resto es igual siguiendo el particular libro de estilo del género. No hay fuerza, no hay ganas de hacer algo grande, no hay imaginación, no hay nada de nada. Lo único por lo que destaca la película de Marc Webb es por su total y absoluta falta de ambición y personalidad.
TDKR puede resultar un tanto decepcionante en su conjunto, puede no estar a la altura de su inmensa predecesora, puede haber sido ahogada por el hipe y por el exceso de un director que tal vez tenga un punto de megalomaníaco, pero lo cierto es que este es el planteamiento con el que pienso que se deberían hacer este tipo de películas: buscando siempre la grandeza. Al fin y al cabo hablamos de mitos modernos, de dioses o semidioses que pisan la Tierra.
Lo curioso es que el de Nolan no es ni mucho el único camino para hacer algo grande en el cine con los superheroes, ahí tenemos a Whedon y sus Vengadores. En las antípodas conceptuales de TDKR, pero que se hace grande por su sentido de la maravilla y la épica, por dejarnos pegados a a la pantalla ante el glorioso espectáculo de entretenimiento en estado puro al que estamos asistiendo. A su manera Los Vengadores son tan ambiciosos, tan grandes como TDKR, más incluso y lo son huyendo del molde preestablecido, teniendo imaginación y ganas de hacer algo diferente.
Al final lo que queda claro es que no es el dinero lo que marca la diferencia (las tres pelis tienen un presupuesto similar) si no el talento, las ganas y si, sobre todo la ambición, aunque como en el caso de TDKR se peque por exceso.
jueves, 26 de julio de 2012
Daredevil: la (tan necesaria) sonrisa del diablo.
En formato 100% Marvel y con los 6 primeros números del volumen III americano del personaje en su interior, Panini publica por fin una de las series más esperadas y con mejores criticas de la Marvel actual: el Daredevil de Mark Waid, Marcos Martín y Paolo Rivera.
Hacía ya tiempo que Daredevil necesitaba un cambio de rumbo. La alargada sombra de Frank Miller ha calado tan hondo en el personaje que para trabajar con él parece condición indispensable el tratar de hundirlo, de hacerle sufrir sin limites, de llevarle más allá de la razón. Dentro de esta desesperación continua que es la vida de Matt Murdock ha habido guionistas (Nocenti, DeMatties o Bendis) que han sabido sacar partido al carácter indomable del protagonista, a su inquebrantable fe en si mismo. El ciclo de caída/redención de nuestro héroe también esta presente en manos de estos autores, pero consiguiendo que el personaje salga fortalecido cada vez. Por contra otros escribas, ya sea por falta de talento (Chichester), de implicación, comprensión y cariño para con el personaje (Brubaker) o por imposiciones editoriales (Diggle) no han sabido tratar con el personaje, mostrandolo no en pocas ocasiones como pusilánime y convirtiendo su vida en un infierno tal que llegaba agobiar al lector. El que dos de estas etapas hayan coincido seguidas (Brubaker-Diggle) y el que se quisiera seguir adelante con el personaje (nada de dejarlo como villano o retirado) hacía imprescindible un cambio radical de dirección, cambio que ha dado lugar a un relanzamiento multipremiado que por fin hemos podido leer en España.
Al contrario que en otras ocasiones, la cabezas pensantes de Marvel han sido inteligentes y han elegido un equipo creativo ideal para lo que necesitaba el personaje. Como guionista tenemos a Mark Waid, autor de corte clásico, con una trayectoria ejemplar (Flash, Kingdome Come, Capitán América...) y con gran conocimiento de la continuidad, que se ve acompañado por dos dibujantes europeos, Marcos Martín y Paolo Rivera, de trazo limpio y sencillo claramente influidos ambos por Mazzuchelli y con una narrativa digna de admiración. El planteamiento del equipo creativo recuerda a aquel que en los años 90 Joe Kelly y sobre todo Karl Kesel siguieron para la serie (y que en su momento paso bastante desapercibido): revindicar el Daredevil más clásico, el que antes de la llegada de Miller a la colección tenía siempre la sonrisa en la boca y que vivía aventuras desbordantes de energía y muy centradas en su faceta como abogado.
Como ya hicieran Kelly y Kesel en su momento, Waid no niega el pasado de Daredevil, ni lo contradice, ni lo ignora, simplemente lo asume y decide mirar adelante consciente de que el personaje es poco menos que insostenible si se centra en las continuas tragedias que han rodeado su vida. Así el Daredevil que Waid/Martin/Rivera nos proponen, es un Daredevil más superhéroico y menos noir que nunca, un Daredevil que lucha más contra supevillanos y menos con mafiosos o ninjas, pero también un Daredevil que ha de enfrentarse a las consecuencias de su pasado más reciente (Shadowland) como bien le recuerda el Capitán América o las continuas argucias de los abogados rivales que no dejan de recordarle que Matt Murdock es Daredevil, al menos “presuntamente”.
Sin duda este planteamiento, fresco, desenfadado e inteligente (la solución que Waid encuentra a los problemas judiciales de Murdock es muy interesante) era lo que necesitaba un personaje que se había asomado al abismo demasiadas veces. Aventuras más ligeras, no por ello carentes de interés, que nos descubren nuevas facetas del cuernecitos. Si a esto añadimos un trabajo visualmente esplendoroso por parte de dos artistas que encajan como un guante en el personaje, resulta fácil entender el espectacular éxito de critica (no tanto de público) y sus, sin duda bien merecidos premisos Eisner.
No se sabe cuando va durar esta etapa, ni cuando va a volver el Daredevil más oscuro (que lo hará antes o después, el genero es su vertiente más industrial es como es), pero mientras tanto esta etapa apunta muy buenas maneras para convertirse en una de las más interesantes de un personaje que se acerca paulatinamente a su cincuenta aniversario.
Hacía ya tiempo que Daredevil necesitaba un cambio de rumbo. La alargada sombra de Frank Miller ha calado tan hondo en el personaje que para trabajar con él parece condición indispensable el tratar de hundirlo, de hacerle sufrir sin limites, de llevarle más allá de la razón. Dentro de esta desesperación continua que es la vida de Matt Murdock ha habido guionistas (Nocenti, DeMatties o Bendis) que han sabido sacar partido al carácter indomable del protagonista, a su inquebrantable fe en si mismo. El ciclo de caída/redención de nuestro héroe también esta presente en manos de estos autores, pero consiguiendo que el personaje salga fortalecido cada vez. Por contra otros escribas, ya sea por falta de talento (Chichester), de implicación, comprensión y cariño para con el personaje (Brubaker) o por imposiciones editoriales (Diggle) no han sabido tratar con el personaje, mostrandolo no en pocas ocasiones como pusilánime y convirtiendo su vida en un infierno tal que llegaba agobiar al lector. El que dos de estas etapas hayan coincido seguidas (Brubaker-Diggle) y el que se quisiera seguir adelante con el personaje (nada de dejarlo como villano o retirado) hacía imprescindible un cambio radical de dirección, cambio que ha dado lugar a un relanzamiento multipremiado que por fin hemos podido leer en España.
Al contrario que en otras ocasiones, la cabezas pensantes de Marvel han sido inteligentes y han elegido un equipo creativo ideal para lo que necesitaba el personaje. Como guionista tenemos a Mark Waid, autor de corte clásico, con una trayectoria ejemplar (Flash, Kingdome Come, Capitán América...) y con gran conocimiento de la continuidad, que se ve acompañado por dos dibujantes europeos, Marcos Martín y Paolo Rivera, de trazo limpio y sencillo claramente influidos ambos por Mazzuchelli y con una narrativa digna de admiración. El planteamiento del equipo creativo recuerda a aquel que en los años 90 Joe Kelly y sobre todo Karl Kesel siguieron para la serie (y que en su momento paso bastante desapercibido): revindicar el Daredevil más clásico, el que antes de la llegada de Miller a la colección tenía siempre la sonrisa en la boca y que vivía aventuras desbordantes de energía y muy centradas en su faceta como abogado.
Como ya hicieran Kelly y Kesel en su momento, Waid no niega el pasado de Daredevil, ni lo contradice, ni lo ignora, simplemente lo asume y decide mirar adelante consciente de que el personaje es poco menos que insostenible si se centra en las continuas tragedias que han rodeado su vida. Así el Daredevil que Waid/Martin/Rivera nos proponen, es un Daredevil más superhéroico y menos noir que nunca, un Daredevil que lucha más contra supevillanos y menos con mafiosos o ninjas, pero también un Daredevil que ha de enfrentarse a las consecuencias de su pasado más reciente (Shadowland) como bien le recuerda el Capitán América o las continuas argucias de los abogados rivales que no dejan de recordarle que Matt Murdock es Daredevil, al menos “presuntamente”.
Sin duda este planteamiento, fresco, desenfadado e inteligente (la solución que Waid encuentra a los problemas judiciales de Murdock es muy interesante) era lo que necesitaba un personaje que se había asomado al abismo demasiadas veces. Aventuras más ligeras, no por ello carentes de interés, que nos descubren nuevas facetas del cuernecitos. Si a esto añadimos un trabajo visualmente esplendoroso por parte de dos artistas que encajan como un guante en el personaje, resulta fácil entender el espectacular éxito de critica (no tanto de público) y sus, sin duda bien merecidos premisos Eisner.
No se sabe cuando va durar esta etapa, ni cuando va a volver el Daredevil más oscuro (que lo hará antes o después, el genero es su vertiente más industrial es como es), pero mientras tanto esta etapa apunta muy buenas maneras para convertirse en una de las más interesantes de un personaje que se acerca paulatinamente a su cincuenta aniversario.
sábado, 23 de junio de 2012
Una de crossovers: Miedo Encarnado y Cisma.
Hace ya tiempo que concluyeron pero como siempre he realizado por aquí comentarios sobre los distintos eventos de Marvel y DC, me apetece ahora escribir un poco sobre los dos últimos que hemos podido leer en España.

He de reconocer que tenía bastante interés en Miedo Encarnado, primero porque desde World War Hulk era el primer megaevento marvelita que no estaba escrito/dirigido por Brian Michael Bendis y segundo porque, al contrario que Invasión Secreta o Asedio parecía que aquí estábamos ante un crossover más netamente superheróico. Una historia de trasfondo mítico con una gran amenaza de esas inabarcables que ponían en jaque a todo el Universo Marvel sin necesidad de que los héroes se matasen entre si.
En cierta medida lo que esperaba de Miedo Encarnado era algo parecido a lo que el dúo Abbnet & Lanning llevan años ofreciendo en la vertiente cósmica marvelita: historias más grandes que la vida, llenas de sacrificios heroicos, epicidad a flor de piel con amenazas gargantuescas, casi inabarcables. En definitiva esperaba que se recuperar algo del sentido épico de los cómics de Los Vengadores de los 70 y que de paso se revindicara la esencia misma del héroe alejándolo de la mezquindad por la que su figura ha transitado los últimos años.
Supongo que eran unas expectativas demasiado elevadas para lo que Marvel como editorial y Matt Fracttion como guionista, pueden a día de hoy mostrar, y es que al final Miedo Encarnado ha quedado en casi nada teniendo como consecuencia principal poco más que una raja en el escudo de Capitán América. Y es que aún en los momentos que se presuponían más impactantes, como la muerte de un personaje central del Capi, o el destino final de Thor han sido resueltos sin grandeza, sin esa epicidad que reclamaba antes, sobre todo en caso del segundo con un final resuelto de manera bastante pobre por un por lo demás notable Stuart Immonen.
Tal vez lo peor de Miedo Encarnado estribe en que ni siquiera hace honor su titulo, en ningún momento (al menos en la serie principal) vemos como el miedo se apodera de la Tierra, como los héroes van cayendo presa del pánico para al final en un último esfuerzo conseguir salir victoriosos, no, parece que todo el plan del Dios del Miedo asdgariano consiste en conquistar el mundo de la manera más violenta posible y luego ir a por Odin. No hay sutilidad en el ataque de la Serpiente, no hay miedo más allá de la violencia sin freno lo que convierte el cómic en poco más que una sucesión de batallas en las que raramente vemos las verdaderas motivaciones de aquel que se presupone es el miedo encarnado y que termina pareciendo poco más que un bruto con muchos martillos.
En fin para quien esto escribe, y desde que se iniciara esta nueva etapa en Marvel con Vengadores Desunidos, Miedo Encarnado ha resultado ser el peor y más aburrido de todos los macroeventos marvelitas y el único del que ni siquiera se puede decir aquello tan socorrido de “deja por delante un montón de posibilidades nuevas a explorar”. Miedo Encarnado ha pasado como si nada, el Universo Marvel esta casi igual antes que después del evento. Sus consecuencias están lejos de tener la relevancia que tuvieron puntualmente Dinastía de M, Civil War, Invasión Secreta o Asedio, nada de interés ha salido de este cómic.

Todo lo contrario sucede con Cisma, donde Jason Aaron y alguno de los mejores artistas de la antigua Casa de las Ideas pergeñan un cómic que tiene todo aquello de lo que adolece Miedo Encarnado. Resulta curioso que una obra que a priori no viene a ser más que una Civil War mutante,(lo que muestra una vez más la subordinación de esta franquicia a los conceptos procedentes de Los Vengadores) resulte muy superior a esta en todos los aspectos y deje ante si un panorama muy interesante con multitud de conceptos por explorar.
Y es que aunque pueda parecer que Cisma no es más que un ahondamiento en la mezquindad de los superhéroes con un nuevo enfrentamiento entre ellos, lo cierto es que la lucha que aquí tienen Cíclope y Lobezno va mucho más allá y tiene mucho más sentido que lo que nunca lo tuvo Civil War a la postre un cosntructo artificial que permitiera ver a los héroes pegarse entre si porque “mola mucho”. Al contrario que allí, lo que en Cisma parece estar en juego es el alma misma del héroe, la noción de si todo vale por la supervivencia o de si existen frenos y limites que no se deben traspasar. En definitiva aquello que sirve para marcar la diferencia entre los héroes y los villanos.
En un contexto en el que apenas quedan 200 mutantes vivos, en el que Utopia, el faro de esperanza de toda una raza se ver bajo un monstruoso ataque frente al que apenas hay defensa ¿es licito utilizar a los niños como puntas de lanza de una defensa numantina?, ¿justifica la supervivencia de una especie siempre perseguida, cansada ya de estarlo, el que sus miembros más jóvenes se conviertan en soldados de un conflicto si aparente fin?
Estas son las preguntas que se habrán de hacer Cíclope y Lobezno y de sus diferentes respuestas saldrá un cisma de difícil solución. Un cisma ideológico en el que además (y al contrario que en Civil War), todos los personajes actuaran como se espera de ellos. Su actos y sus reacciones tendrán sentido dentro de sus actuales trayectoria “vitales”. La decisión de Cíclope será perfectamente comprensible dentro de la multitud de decisiones difíciles que se ha visto obligado a tomar desde el fin de Dinastía de M. La de Lobezno encajara a la perfección con todo lo que Aaron ha venido construyendo en la serie regular del personaje.
Como decía más arriba la resolución de Cisma deja abierto un panorama lleno de posibilidades ante si, un panorama que a mi por lo menos me resulta la mar de atractivo. Por primera vez en muchos años tengo ganas de ver lo que va a pasar con los mutantes, tengo ganas de leer el siguiente cómic. Solo por eso, al menos en mi caso, Cisma ha merecido la pena.

He de reconocer que tenía bastante interés en Miedo Encarnado, primero porque desde World War Hulk era el primer megaevento marvelita que no estaba escrito/dirigido por Brian Michael Bendis y segundo porque, al contrario que Invasión Secreta o Asedio parecía que aquí estábamos ante un crossover más netamente superheróico. Una historia de trasfondo mítico con una gran amenaza de esas inabarcables que ponían en jaque a todo el Universo Marvel sin necesidad de que los héroes se matasen entre si.
En cierta medida lo que esperaba de Miedo Encarnado era algo parecido a lo que el dúo Abbnet & Lanning llevan años ofreciendo en la vertiente cósmica marvelita: historias más grandes que la vida, llenas de sacrificios heroicos, epicidad a flor de piel con amenazas gargantuescas, casi inabarcables. En definitiva esperaba que se recuperar algo del sentido épico de los cómics de Los Vengadores de los 70 y que de paso se revindicara la esencia misma del héroe alejándolo de la mezquindad por la que su figura ha transitado los últimos años.
Supongo que eran unas expectativas demasiado elevadas para lo que Marvel como editorial y Matt Fracttion como guionista, pueden a día de hoy mostrar, y es que al final Miedo Encarnado ha quedado en casi nada teniendo como consecuencia principal poco más que una raja en el escudo de Capitán América. Y es que aún en los momentos que se presuponían más impactantes, como la muerte de un personaje central del Capi, o el destino final de Thor han sido resueltos sin grandeza, sin esa epicidad que reclamaba antes, sobre todo en caso del segundo con un final resuelto de manera bastante pobre por un por lo demás notable Stuart Immonen.
Tal vez lo peor de Miedo Encarnado estribe en que ni siquiera hace honor su titulo, en ningún momento (al menos en la serie principal) vemos como el miedo se apodera de la Tierra, como los héroes van cayendo presa del pánico para al final en un último esfuerzo conseguir salir victoriosos, no, parece que todo el plan del Dios del Miedo asdgariano consiste en conquistar el mundo de la manera más violenta posible y luego ir a por Odin. No hay sutilidad en el ataque de la Serpiente, no hay miedo más allá de la violencia sin freno lo que convierte el cómic en poco más que una sucesión de batallas en las que raramente vemos las verdaderas motivaciones de aquel que se presupone es el miedo encarnado y que termina pareciendo poco más que un bruto con muchos martillos.
En fin para quien esto escribe, y desde que se iniciara esta nueva etapa en Marvel con Vengadores Desunidos, Miedo Encarnado ha resultado ser el peor y más aburrido de todos los macroeventos marvelitas y el único del que ni siquiera se puede decir aquello tan socorrido de “deja por delante un montón de posibilidades nuevas a explorar”. Miedo Encarnado ha pasado como si nada, el Universo Marvel esta casi igual antes que después del evento. Sus consecuencias están lejos de tener la relevancia que tuvieron puntualmente Dinastía de M, Civil War, Invasión Secreta o Asedio, nada de interés ha salido de este cómic.

Todo lo contrario sucede con Cisma, donde Jason Aaron y alguno de los mejores artistas de la antigua Casa de las Ideas pergeñan un cómic que tiene todo aquello de lo que adolece Miedo Encarnado. Resulta curioso que una obra que a priori no viene a ser más que una Civil War mutante,(lo que muestra una vez más la subordinación de esta franquicia a los conceptos procedentes de Los Vengadores) resulte muy superior a esta en todos los aspectos y deje ante si un panorama muy interesante con multitud de conceptos por explorar.
Y es que aunque pueda parecer que Cisma no es más que un ahondamiento en la mezquindad de los superhéroes con un nuevo enfrentamiento entre ellos, lo cierto es que la lucha que aquí tienen Cíclope y Lobezno va mucho más allá y tiene mucho más sentido que lo que nunca lo tuvo Civil War a la postre un cosntructo artificial que permitiera ver a los héroes pegarse entre si porque “mola mucho”. Al contrario que allí, lo que en Cisma parece estar en juego es el alma misma del héroe, la noción de si todo vale por la supervivencia o de si existen frenos y limites que no se deben traspasar. En definitiva aquello que sirve para marcar la diferencia entre los héroes y los villanos.
En un contexto en el que apenas quedan 200 mutantes vivos, en el que Utopia, el faro de esperanza de toda una raza se ver bajo un monstruoso ataque frente al que apenas hay defensa ¿es licito utilizar a los niños como puntas de lanza de una defensa numantina?, ¿justifica la supervivencia de una especie siempre perseguida, cansada ya de estarlo, el que sus miembros más jóvenes se conviertan en soldados de un conflicto si aparente fin?
Estas son las preguntas que se habrán de hacer Cíclope y Lobezno y de sus diferentes respuestas saldrá un cisma de difícil solución. Un cisma ideológico en el que además (y al contrario que en Civil War), todos los personajes actuaran como se espera de ellos. Su actos y sus reacciones tendrán sentido dentro de sus actuales trayectoria “vitales”. La decisión de Cíclope será perfectamente comprensible dentro de la multitud de decisiones difíciles que se ha visto obligado a tomar desde el fin de Dinastía de M. La de Lobezno encajara a la perfección con todo lo que Aaron ha venido construyendo en la serie regular del personaje.
Como decía más arriba la resolución de Cisma deja abierto un panorama lleno de posibilidades ante si, un panorama que a mi por lo menos me resulta la mar de atractivo. Por primera vez en muchos años tengo ganas de ver lo que va a pasar con los mutantes, tengo ganas de leer el siguiente cómic. Solo por eso, al menos en mi caso, Cisma ha merecido la pena.
sábado, 9 de junio de 2012
50 años de Spiderman: 50 años de historia de un género.
Se cumplen 50 años desde el nacimiento de Spiderman, tal vez el único personaje que realmente se puede considerar un icono en Marvel y sin duda uno de los más reconocibles del cómic superhéroico. Son 50 años que además ejemplifican a la perfección la evolución del género en su vertiente más industrial.Resulta curioso observar como Spiderman que puede ser visto hoy en día como uno de los símbolos de todo lo que va mal en el cómic de superhéroes (sobreexplotación, nula evolución, miedo al cambio...) estuvo en su sus orígenes en la antípodas de esta situación. Ya desde su mero concepto, Spiderman es revolucionario y es que dentro de la idea global de “superhéroes con superproblemas” que trajo consigo el nacimiento de Los 4 Fántasticos, Spiderman brillaba con luz propia: el compañero del héroe, el sidekick adolescente se convierte en la estrella principal, en el héroe en si mismo. Un héroe acosado por los problemas personales, alcanzando estos incluso más protagonismo que sus hazañas heroicas, una hazañas además cuestionadas tanto por prensa como por autoridades que veían en Spiderman más un problema que una solución.
Todo ello, decía antes hacía de Spiderman un personaje realmente revolucionario a lo que se sumaba el echo de que el trepamuros crecía a medida que lo hacían sus lectores. Dejaba el instituto, iba a la universidad, se graduaba, se independizaba, se casaba... Durante esos años se seguían desmantelando pilares claves del género, es decir el personaje continuaba siendo revolucionario. Así por ejemplo, con la muerte de Gwen Stacy (uno de los tebeos más importantes históricamente hablando del cómic de superhéroes) se da carpetazo, en gran medida, al concepto de “novia eterna” inaugurado con la Lois Lane de Superman. Con la irregularidad propia de más de 20 años de historias mensuales diseminadas en varias colecciones, lo que parece innegable es que el periodo que va desde el nacimiento del arácnido en los 60 a su boda con Mary Jane en lo 80 es una época cargada de evolución, de ganas de hacer crecer. Parecía no haber limites, aunque claro los había y en cierto sentido tenían lógica.
Spiderman se había convertido en un icono, el símbolo más relevante de un poderoso imperio de entretenimiento, sus aventuras debían continuar y no lo podían hacer con un personaje treintañero, padre de familia (lo que hubiera sido el siguiente paso en la evolución del personaje, cosa que llego a suceder...de esa manera) y por tanto, al parecer de Marvel al menos, aburrido. En gran medida todo lo que ha pasado desde la boda hasta nuestros días se explica en función de esto. El personaje había crecido, había llegado todo lo lejos que podía llegar si se quería seguir adelante con sus aventuras sin final aparente en el horizonte, llegaba la hora de frenar y de, si era posible, dar marcha atrás.
Desde su matrimonio las aventuras de Spiderman han buscado recrear al tardo-adolescente con problemas económicos y soltero (sobre todo soltero) que desde la editorial se entendía como la clave para poder trabajar con el personaje. Así se explica en gran medida la larguísima Saga del Clon de los 90 (que en el fondo no es otra cosa que una enrevesada y fallida forma de volver al Spiderman de los 70...sin su evolución claro). Así se explica la infame etapa de Byrne/Mackie y así se explica también el mefistazo.
Por el camino hay excepciones claro, como las divertidas pero intrascendentes historias de Micheline/McFarlane/Larsen de principios de los 90, o sobre todo la etapa de JMS que intento de manera limitada volver a esa evolución, asumiendo que Spiderman estaba casado con todo lo que ello conlleva. Tal vez la etapa de JMS, con el desenmascaramiento de Civil War, la “muerte” de la Tia May, la solidez del matrimonio con Mary Jane... fue la última oportunidad para llevar más lejos a un personaje que por otra parte tal vez no debería ir más lejos, al menos no tal y como se concibe desde Marvel.
En cualquier caso parece ser (lo desconozco ya que no he vuelto a leer un cómic del personaje desde One More Day) que ahora Spiderman ha encontrado un cierto equilibrio a través de una serie de una serie de historia que si bien no le van permitir evolucionar y crecer, si al menos son buenos cómics de superhéroes que de cuya lectura se disfruta. Poco más se le puede pedir todo un icono que en vísperas del estreno de una nueva y prometedora película parece atravesar un momento dulce. Es posible que Spiderman nunca más vaya a crecer, pero sin duda sigue siendo un magnifico personaje sobre el que aún se podrán escribir grandes historias.....por lo menos durante otros 50 años.
miércoles, 23 de mayo de 2012
Luck, tentando a la suerte.
Una serie de la HBO, cocreada por Michael Mann (quien dirige el primer episodio) y David Milch (responsable de Deadwood) y que entre su excelso plantel de actores cuenta entre otros con un enorme Nick Nolte o un gran Dustin Hoffman debería ser sinónimo de éxito. La fortuna no ha querido en este caso que sea así.
La serie que al final se ha quedado en los 9 episodios que componen su primera temporada, empezó ya desde un principio de manera tormentosa con el agrio enfrentamiento entre Mann y Milch, dotados ambos de una fuerte personalidad que les hizo chocar en más de una ocasión. A esto se unió el que pese al esperanzador arranque, la serie fue poco a poco perdiendo audiencia, a lo que se sumo el elevado coste de producción de la misma (el panel de actores, la cuidadísima producción...) lo que la puso muy pronto en solfa. Pese a todo parecía tener garantizada una segunda temporada que se vio parada en mitad de su rodaje al parecer por la muerte de una serie de caballos que fue la gota que colmo el vaso de una serie sin suerte.
Ambientada en el mundo de las carreras de caballos reflejaba en gran medida todos los aspectos de ese microcosmos: desde la gestión de un gigantesco hipódromo que el expresidario ligado a la mafia, Ace Berstein (encarnado por un Hoffman mucho más comedido que otras veces) quiere controlar como vía de acceso a negocios más lucrativos, pasando por los jockeys y la tremenda presión a la que son sometidos tanto en su peso como en su competitividad, los entrenadores y los propietarios de los caballos (entre los que se encuentra Nolte), a los pequeños apostaderos que prácticamente hacen su vida en hipódromo en busca de una pequeña gran fortuna que haga realidad sus sueños.
Los problemas de Luck, más allá de los aspectos que la rodean, radican en la excesiva morosidad de una trama que hace que la primera temporada en global funcione más como un gigantesco episodio piloto de presentación de ideas y personajes que algo con peso por si mismo, lo que unido a la excesiva frialdad del conjunto permite explicar el fracaso de público de la serie, fracaso relativo en cualquier caso para una cadena como la HBO y es que cabria preguntarse si acaso que es lo que realmente espera la HBO de series tan caras como esta, Roma o en su momento Carnivale, series que nacen sabiendo su elevado coste y que la cadena debería tal vez sopesar algo más antes de cerrar en falso, aunque eso tal vez sea un debate que convendría abrir otro día.
Con todo resulta innegable que Luck es una serie notable que prometía alcanzar elevadas cotas de calidad La solvencia e implicación de sus protagonistas (donde destaca un sobresaliente Nolte), los cuidados valores técnicos y de producción (tan habituales en la casa), la espectacularidad de las carreras rodadas con una fuerza tal, que rayan la épica en no pocas ocasiones, ofreciendo un desbordante espectáculo visual, así como lo interesante que se planteaba el desarrollo de las ideas apenas si esbozados en esta primera temporada, hacían prever que Luck tenía todas las papeletas para tornarse en otro clásico de la HBO.
La lastima claro, es que ninguna trama se cierra quedando la serie inconclusa de la peor manera posible. Todo esto hace que su visionado produzca una sensación de frustración equiparable al cierre en falso de otra gran serie como fue Veronica Mars, lo que no impide disfrutar de un producto plagado de valores que lo hacen digna de ser recordado, pero que supone una rémora a medida que avanza una serie que sabes que no va a alcanzar una conclusión digna de tal nombre.
La serie que al final se ha quedado en los 9 episodios que componen su primera temporada, empezó ya desde un principio de manera tormentosa con el agrio enfrentamiento entre Mann y Milch, dotados ambos de una fuerte personalidad que les hizo chocar en más de una ocasión. A esto se unió el que pese al esperanzador arranque, la serie fue poco a poco perdiendo audiencia, a lo que se sumo el elevado coste de producción de la misma (el panel de actores, la cuidadísima producción...) lo que la puso muy pronto en solfa. Pese a todo parecía tener garantizada una segunda temporada que se vio parada en mitad de su rodaje al parecer por la muerte de una serie de caballos que fue la gota que colmo el vaso de una serie sin suerte.
Ambientada en el mundo de las carreras de caballos reflejaba en gran medida todos los aspectos de ese microcosmos: desde la gestión de un gigantesco hipódromo que el expresidario ligado a la mafia, Ace Berstein (encarnado por un Hoffman mucho más comedido que otras veces) quiere controlar como vía de acceso a negocios más lucrativos, pasando por los jockeys y la tremenda presión a la que son sometidos tanto en su peso como en su competitividad, los entrenadores y los propietarios de los caballos (entre los que se encuentra Nolte), a los pequeños apostaderos que prácticamente hacen su vida en hipódromo en busca de una pequeña gran fortuna que haga realidad sus sueños.
Los problemas de Luck, más allá de los aspectos que la rodean, radican en la excesiva morosidad de una trama que hace que la primera temporada en global funcione más como un gigantesco episodio piloto de presentación de ideas y personajes que algo con peso por si mismo, lo que unido a la excesiva frialdad del conjunto permite explicar el fracaso de público de la serie, fracaso relativo en cualquier caso para una cadena como la HBO y es que cabria preguntarse si acaso que es lo que realmente espera la HBO de series tan caras como esta, Roma o en su momento Carnivale, series que nacen sabiendo su elevado coste y que la cadena debería tal vez sopesar algo más antes de cerrar en falso, aunque eso tal vez sea un debate que convendría abrir otro día.
Con todo resulta innegable que Luck es una serie notable que prometía alcanzar elevadas cotas de calidad La solvencia e implicación de sus protagonistas (donde destaca un sobresaliente Nolte), los cuidados valores técnicos y de producción (tan habituales en la casa), la espectacularidad de las carreras rodadas con una fuerza tal, que rayan la épica en no pocas ocasiones, ofreciendo un desbordante espectáculo visual, así como lo interesante que se planteaba el desarrollo de las ideas apenas si esbozados en esta primera temporada, hacían prever que Luck tenía todas las papeletas para tornarse en otro clásico de la HBO.
La lastima claro, es que ninguna trama se cierra quedando la serie inconclusa de la peor manera posible. Todo esto hace que su visionado produzca una sensación de frustración equiparable al cierre en falso de otra gran serie como fue Veronica Mars, lo que no impide disfrutar de un producto plagado de valores que lo hacen digna de ser recordado, pero que supone una rémora a medida que avanza una serie que sabes que no va a alcanzar una conclusión digna de tal nombre.
domingo, 6 de mayo de 2012
Los Vengadores la película, la espera mereció la pena.
La paulatina creación del Universo Marvel cinematográfico a lo largo de no menos de cinco películas ha culminado en Los Vengadores de Joss Whedon, el referente en torno al cual se configuraba el sacrificio emprendido en los anteriores filmes.
Nos preguntábamos no hace tanto si la condición de capítulos pilotos, de meros vehículos de presentación de películas como Thor o el Capitán América no eran un peaje demasiado elevado en aras a una película que si no se situaba por encima de sus predecesoras apenas si tendría sentido. Con el estreno de Los Vengadores todas las dudas han sido despejadas, todas las pruebas superadas y todos los errores han encontrado su solución.
Si encontrábamos que en Iron Man, tanto en la 1 como en la 2, pese a ser hasta ahora las mejores películas salidas de Marvel Studios faltaba un rival a la altura de su carismático protagonista ya que en ningún momento Tony Stark parecía estar contra las cuerdas. Si en Thor, Capitán América o El Increíble Hulk asistíamos a unas películas técnicamente bien hechas pero carentes de toda ambición y concebidas casi con un molde, en Los Vengadores encontramos todo lo contrario. Una amenaza a la altura que pone a los protagonistas contra las cuerdas y que solo puede ser detenida por la alianza de Los Héroes más Poderosos de la Tierra, lo que contribuye a la concepción una película grande y ambiciosa que busca recoger lo mejor de los cómics que la dieron lugar, sin avergonzarse nunca de sus orígenes.
Al contrario que sucede en el Dark Knight de Nolan, Los Vengadores de Whedon dejan a un lado la densidad dramática y la reflexión sobre lo que en realidad significa ser un héroe para centrarse en la parte más lúdica (dionisíaca que diría Jesús Palacios) del género, ofreciendo un espectáculo grandioso pero no hueco. La caracterización de personajes, el choque de personalidades y las disputas internas hacen reconocible a un grupo heterogéneo de personas que han de trabajar juntos por un bien mayor por mucho que en realidad no se soporten.
Sin embargo más allá de eso el acento de Los Vengadores esta puesto (como en los mejores cómics de la Marvel más clásica) en la acción y a través de ella va a la esencia misma del superhéroe, siendo en este aspecto la película más puramente superheróica que ha dado el cine del genero en su actual edad dorada. Lejos de cualquier enfoque posmoderno que mire de manera irónica a auténticos Dioses que caminan sobre la Tierra, en Los Vengadores, Whedon va a la pureza del concepto inicial (el superhéroes visto como un héroe con poderes que esta dispuesto a sacrificar todo para proteger a los demás) y le saca el máximo partido posible en una historia si, algo ingenua, casi de otro tiempo (no en vano no son pocos aquellos que revindican la película como un homenaje a los cómics de los 70), pero tremendamente poderosa que consigue rescatar algo que en estos tiempo tan cínicos parecía estar olvidado: el sentido de la maravilla.
Los Vengadores la película busca en cierta medida lo mismo que Grant Morrison intento con All Star Superman: recuperar al superhéroe original, con sus cosas absurdas (peleas sin sentido entre los héroes) pero también con toda su gloria (sacrificio definitivo, lucha contra toda esperanza etc). Pese a lo que pudiera parecer los resultados de critica y público vienen a mostrar que en gran medida lo consigue. A todo esto se le añade que estamos ante una película visualmente asombrosa, donde junto al consabido espectáculo de fuegos de artificio consustancial a todo blockbuster que se precie asistimos a una peleas coreografiadas con maestría en las que (sorpresa, sorpresa) se ve lo que pasa, todo ello sin abusar de la cámara lenta, recurso al que directores con talento sacan sin duda mucho partido pero que no siempre funciona tan bien como cabria esperar. Un espectáculo pues a la altura de Los Héroes más Poderosos de la Tierra.
Nos preguntábamos no hace tanto si la condición de capítulos pilotos, de meros vehículos de presentación de películas como Thor o el Capitán América no eran un peaje demasiado elevado en aras a una película que si no se situaba por encima de sus predecesoras apenas si tendría sentido. Con el estreno de Los Vengadores todas las dudas han sido despejadas, todas las pruebas superadas y todos los errores han encontrado su solución.
Si encontrábamos que en Iron Man, tanto en la 1 como en la 2, pese a ser hasta ahora las mejores películas salidas de Marvel Studios faltaba un rival a la altura de su carismático protagonista ya que en ningún momento Tony Stark parecía estar contra las cuerdas. Si en Thor, Capitán América o El Increíble Hulk asistíamos a unas películas técnicamente bien hechas pero carentes de toda ambición y concebidas casi con un molde, en Los Vengadores encontramos todo lo contrario. Una amenaza a la altura que pone a los protagonistas contra las cuerdas y que solo puede ser detenida por la alianza de Los Héroes más Poderosos de la Tierra, lo que contribuye a la concepción una película grande y ambiciosa que busca recoger lo mejor de los cómics que la dieron lugar, sin avergonzarse nunca de sus orígenes.
Al contrario que sucede en el Dark Knight de Nolan, Los Vengadores de Whedon dejan a un lado la densidad dramática y la reflexión sobre lo que en realidad significa ser un héroe para centrarse en la parte más lúdica (dionisíaca que diría Jesús Palacios) del género, ofreciendo un espectáculo grandioso pero no hueco. La caracterización de personajes, el choque de personalidades y las disputas internas hacen reconocible a un grupo heterogéneo de personas que han de trabajar juntos por un bien mayor por mucho que en realidad no se soporten.
Sin embargo más allá de eso el acento de Los Vengadores esta puesto (como en los mejores cómics de la Marvel más clásica) en la acción y a través de ella va a la esencia misma del superhéroe, siendo en este aspecto la película más puramente superheróica que ha dado el cine del genero en su actual edad dorada. Lejos de cualquier enfoque posmoderno que mire de manera irónica a auténticos Dioses que caminan sobre la Tierra, en Los Vengadores, Whedon va a la pureza del concepto inicial (el superhéroes visto como un héroe con poderes que esta dispuesto a sacrificar todo para proteger a los demás) y le saca el máximo partido posible en una historia si, algo ingenua, casi de otro tiempo (no en vano no son pocos aquellos que revindican la película como un homenaje a los cómics de los 70), pero tremendamente poderosa que consigue rescatar algo que en estos tiempo tan cínicos parecía estar olvidado: el sentido de la maravilla.
Los Vengadores la película busca en cierta medida lo mismo que Grant Morrison intento con All Star Superman: recuperar al superhéroe original, con sus cosas absurdas (peleas sin sentido entre los héroes) pero también con toda su gloria (sacrificio definitivo, lucha contra toda esperanza etc). Pese a lo que pudiera parecer los resultados de critica y público vienen a mostrar que en gran medida lo consigue. A todo esto se le añade que estamos ante una película visualmente asombrosa, donde junto al consabido espectáculo de fuegos de artificio consustancial a todo blockbuster que se precie asistimos a una peleas coreografiadas con maestría en las que (sorpresa, sorpresa) se ve lo que pasa, todo ello sin abusar de la cámara lenta, recurso al que directores con talento sacan sin duda mucho partido pero que no siempre funciona tan bien como cabria esperar. Un espectáculo pues a la altura de Los Héroes más Poderosos de la Tierra.
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