domingo, 6 de marzo de 2016

Historia de un hombre sin miedo especial: El Daredevil de Mark Waid III. La llegada de Chris Samnee.

La llegada de Chris Samnee se produjo a la altura del número 12 del volumen III del personaje y aporto la estabilidad gráfica suficiente que la colección requería para que Waid pudiera ir más allá de sus interesantes pero intrascendentes historias iniciales.

Tras diferentes trabajado para Image, Vertigo e independientes donde destacaría sobre todo su trabajo con Greg Rucka en Queen & Country, Samnee vio como Daredevil le daba la oportunidad de dejar de ser un gran promesa para convertirse en uno de los dibujantes más valorados de la industria. Su estilo que entroncaba con el trabajo de Martín o Rivera en el especial cuidado en el diseño de página o su sólida narrativa resultaba a primera vista menos llamativo que el de aquellos, pero sin duda adecuado para el tono e intenciones de Waid para la colección.

Precisamente con su llegada y en apenas un par de números Waid puso fin a toda la historia del Disco Omega que venía lastrando a la colección los últimos meses sin llevar realmente a ninguna parte y pudo poner por fin el acelerador. Con Samnee a bordo Waid siguió profundizando en la relación de Matt con Kirsten McDuffie, implicando más al personaje en el Universo Marvel, destacando aquí su amistad con Hank Pym, su encuentro ni más ni menos que con Silver Surfer, el enfrentamiento con el Superior Spiderman, la presencia de la Legión de Monstruos o el viaje del personaje al Latveria donde Iron Man juega un papel clave. Waid mantiene así el tono más netamente te superheroico, sin embargo fue en este momento cuando los acontecimientos se dispararon y el drama tan querido a la serie empezó a asomar con más fuerza la cabeza a la vez que la repercusión de lo narrado cobraba otra dimensión.

Desde el fin de la saga del Disco Omega hasta el fin del volumen III en su número 36 y con Samnee como dibujante regular, salvo contadas excepciones, Waid se embarco en un tour de force que le llevo a afrontar el regreso de Bullseye de una forma que jamas se había hecho antes, enfrentar a los personajes al mundo real con el cáncer que asola a Foggy y que permite de paso revaluar su relación y dar por fin una salida definitiva al tema de la identidad secreta que se venía arrastrando desde el fin de la etapa Bendis. A esto se añade una profundización en los orígenes del personaje, con el retorno del matón de la infancia que le puso sobrenombre de Daredevil y que ahora necesitara su ayuda como abogado, lo que de paso permitirá que Matt vea su infancia y adolescencia desde un punto de vista muy diferente.

En lo que respecta a Bullseye, mientras que Kingpin era algo así como la némesis intelectual de Daredevil, Bullseye representaba su contrario a nivel físico. En los acontecimientos de Shadowland el villano había encontrado la muerte a manos de un poseído Daredevil. Waid aprovecha La Mano y su conocida capacidad resurrectora para traer de vuelta al personaje pero de un modo muy distinto al que antes se había visto. Con el cuerpo físicamente destrozado a todos los niveles, incapaz de moverse y con enormes ansias de venganza, Bullseye esta detrás de un maquiavelico plan más propio de Fisk que le lleva a intentar reproducir el accidente que dio sus poderes a Daredevil para crear un nuevo villano con sus supersentidos y su sentido del radar, así llega Ikari cuyo impactante diseño, a medio camino entre La Mano y el primer traje de DD es su mejor carta de presentación. Sera Ikari junto a Lady Bullseye quienes pongan a DD contra las cuerdas en una historia que ayuda a ahondar más en la conexión del personaje con el Universo Marvel, mostrando de nuevo a un DD más consciente que nunca de que no esta solo en el mundo y que tiene muchos amigos que lo quieren y están dispuestos a ayudarle en su momento de mayor necesidad.

En cuanto a la enfermedad de Foggy, sin caer en ningún momento en el sensacionalismo barato, Waid redefine la relación entre Matt y Foggy. Si este siempre había sido para Murdock una especie de muleta en la que apoyarse, su conexión con el mundo real, su eterno aliado y casi siempre comprensivo amigo, será ahora Matt quien ha de convertirse en la muleta de Foggy, quien ha de estar a su lado incluso cuando el tratamiento de quimioterapia arrasa sus supersentidos, quien ha de ser fuerte junto a su amigo que lo necesita de verdad. Waid muestra aquí una gran compresión de la relación que une a ambos personajes, una relación plagada de altibajos pero forjada desde el mismísimo inicio de la colección en los lejanos años 60. Más sensacionalismao si hubo durante la etapa de Brubaker con el internamiento psiquiatrico de Milla Donovan ex-mujer de Matt y victima de las maquinaciones de Mr. Miedo, Waid recupera también al personaje para dejar claro que no se ha olvidado de ella y lo hace con ternura e inteligencia, mostrando de paso que por mucho que intente combatirla o incluso negarla, la oscuridad siempre estará presente en su vida.

Sobre el tema de la identidad, la situación llevaba ya mucho tiempo pendiente y casi se había convertido en un chiste recurrente entre un Matt que negaba ser DD y una Kirsten que no paraba de insinuar lo contrario. La realidad era que todo el mundo sabía que Murdock era Daredevil pero nadie podía probarlo a ciencia cierta ante la continua negativa de Matt a reconocerlo. Así las cosas el tema sobrevolaba de fondo toda la etapa hasta que coincidiendo con el fin del volumen III Waid decidió darle una resolución definitiva. Lo curioso del tema es que consiguió hacerlo sin traicionar el espíritu de su etapa. En una enrevesada trama en la que la racista Sociedad Serpiente pone en jaque todo el sistema judicial de Nueva York, Murdock usa la única carta que le queda para salvar la situación y reconoce públicamente que es Daredevil, lo que conlleva su expulsión inmediata (otra vez) de la abogacía...al menos en el estado de NuevaYork lo que permite justificar argumentalmente la marcha a San Francisco acompañado de Kirsten y Foggy.

La historia resulta un broche de oro al volumen que muestra la valentía de Waid al cortar un nudo gordiano al que nadie se atrevía a hacer frente, y al hacerlo usando las armas e intenciones que han configurado su etapa al frente del hombre sin miedo y propiciando de paso una excusa argumental perfecta para hacer borrón y cuenta nueva ; lo que en estos tiempos supuso un nuevo número uno, el cuarto de la historia del personaje, pero eso queda ya para otro día.