domingo, 10 de abril de 2011

Historia de un hombre sin miedo especial: Daredevil, un vistazo al futuro.

Como paso previo a su publicación en mi otro blog, dejo caer por aqui unas breves reflexiones sobre el futuro próximo de Daredevil.



Mientras que escribimos estas líneas la colección de Daredevil hace poco que ha cerrador una larga andadura en grapa (la friolera de 119 números seguidos en dos volúmenes de 70 y 49 números, los dos más largos de los que nunca ha gozado el personaje) y apenas si ha iniciado con un tomo (que abre la etapa de Andy Diggle y Roberto de la Torre) su enésimo relanzamiento en España, todo ello a la espera de la llegada de la ya anunciada Shadowland, el mayor crossover de la historia del personaje.

Todo esto mientras en los USA la breve pero intensa etapa de Diggle apenas si ha concluido con al miniserie Daredevil Reborn y se espera la llegada del tercer volumen del personaje con Mark Waid, Marcos Martín y Paolo Rivera.

La inmediatez y lo efímero de Internet dejará en breve obsoletas todas las consideraciones que por aquí vamos a hacer, lo que no es óbice para que las hagamos, y es que si algo ha quedado claro tras el largo y éxitoso (al menos en su mayoría) segundo volumen americano del personaje, es que pese a que el enfoque del personaje es claro (genero negro, relativo aislamiento, lejanía de los focos etc), su tratamiento ya empezaba a dar síntomas de agotamiento.

Siempre al límite, siempre al borde de una nueva crisis mental, Daredevil parece necesitar un nuevo enfoque, una nueva forma de hacer las cosas, que sin traicionar la esencia del personaje pueda llevarle por caminos menos transitados, y es que ¿cuántas crisis mentales?, ¿cuántas derrotas?, ¿cuántas decisiones moralmente cuestionables puede aguantar el personaje sin estallar del todo?



La ejemplar etapa Bendis/Maleev, que ha marcado a fuego este segundo volumen americano supo mantener el equilibrio, pese a contar con el personaje siempre al limite, supo darle el equilibrio y las victorias necesarias como para que pudiera seguir adelante, su final, aunque lleno de potencial no permitió mucho margen de maniobra a sus herederos, el dúo formado por Ed Brubaker y Michael Lark (aunque en este caso la responsabilidad cae enteramente del lado del guionista), que pese a su prometedor inicio, terminaron llevando al personaje a un callejón sin salida de continuas derrotas, egoísmo incomprensible y auto despreció.

Era necesaria una limpieza, era necesario que el personaje renaciera, en este sentido y a falta de leer los comics en si, la labor de Diggle con el personaje parece recordar a la de que DeMatties hiciera en su momento, someter al personaje a una nueva ordalía que le permitiera “nacer de nuevo”, para que sus sucesores pudieran retomar al personaje limpio este de polvo y paja.

Desde que Miller y Mazzuchelli realizarán la seminal “Born Again” (que tal debiera haber puesto punto y final al personaje), este esquema se ha repetido demasiadas veces, ante la tendencia natural de los guionistas de llevar al personaje, antes o después un paso más allá de lo que puede aguantar, la naturaleza cíclica (repetiva, hasta la nausea. más bien) del género, al menos en su vertiente más industrial se hace evidente también en uno de sus personajes más marginales.

Con todo, leyendo los últimos años de Daredevil, y entendiendo la necesidad de seguir adelante con la serie (pese a sus escasa ventas es un personaje de más cuarenta años de vida y con más de 500 números a sus espaldas) este enésimo renacimiento se antoja como imprescindible, esperemos que al menos Mark Waid sepa tratar con el personaje con la eficacia y buen hacer acostumbrados para si no evitar (algo que a estas alturas es poco más que una entelequia) si retrasar lo máximo posible el siguiente (y probablemente también necesario) renacimiento.